Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
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Los animales irracionales se acarician con frecuencia, pero está más que comprobado que los animales racionales, los seres humanos, no hacemos lo mismo.
Una caricia proporciona seguridad y también placer. Un bebé necesita sentir que lo aman y percibir el calor amoroso y protector de su mamá.
Un simple gesto en un momento oportuno es más efectivo que la mejor de las palabras. ¡Cuánto consuela un abrazo auténtico! ¡Qué estimulante es una palmadita en la espalda! ¡Cuánta consuelo lleva apoyar la mano en el hombro de alguien que lo está pasando mal! ¡Cuánta diferencia entre un frío y mecánico dar la mano con un cordial y sincero apretón de manos!
Una buena comunicación con alguien que le profesamos cariño, reconforta, vitaliza y acerca corazones.
Los latidos de los dos corazones colmaban la
cama de un ritmo que se intercalaba de un corazón a otro. Mis vaqueros se
deslizaban a través de mis piernas, causando un sonido por el roce de la
cremallera con el suelo, mientras que la hembra se agitaba con lujuria el
clítoris, apretaba lo más que podía sus glúteos, y mi erguido miembro, sin
contemplaciones, iba a clavarse en el orificio bucal de mi añeja amante, y ella
no perdía tiempo y empezaba a prodigarle lamidas electrizantes; mi glande
aparecía y desaparecía en sus labios, y cada vez que salía adquiría un color
oscuro, como amoratado.
La excitación estaba en primera fila. La
hembra se dejaba caer de espalda en la pecaminosa cama, jalándome consigo y
provocando de un modo impresionante que mi canario entrara directamente en su encharcada
jaula. Era tanta la humedad de su vagina que la capacidad de mi pene
reemplazaba una cantidad equivalente de jugos, que entraban surfeando en un mar
de placer y a la vez mi miembro seguía empujando fuertemente para ahondar más
en las profundidades de aquel agujero famélico.
Como no podía ser de otra forma, mi
instinto animal salía a escena. Clavaba las rodillas en la cama, cogía de una
pierna a la hembra y la alzaba a la altura de mi vientre, para enseguida
perforar su intimidad. La sensación era lo mejor del momento. La hembra sentía
que su interior era invadido por un trozo
de carne sin hueso, y no quería que el intruso se fugase y, precisamente por
eso, apretaba las piernas para aprisionarlo, y este encarcelamiento me daba un
placer difícil de explicar.
Decidía incorporarme y paralelamente
aprisionaba las nalgas de la hembra, y lo hacía con tanta vehemencia que
parecía partirse en dos. Literalmente la estaba descuartizando. Con los ojos
cerrados levantaba sus muslos y mi pene perforaba lo más recóndito de su
intimidad, pero la hembra veía que su cabeza no rozaba la cama, con la mano intentaba
dar estabilidad a su cuerpo, sintiendo que la penetración le daba un placer de
proporciones grandiosas a su sexo. Un leve dolor mixturado con un cosquilleo
placentero anunciaba un próximo acto de clausura. La sangre se calentaba al
mismo compás de las embestidas.
Los compases cardíacos subían el placer.
Los cuerpos se tensaban y las piernas temblaban. La fuerza con la que apretaba
la pelvis de la hembra hacía que su tronco se doblase. Sus piernas abrazaban mi
cintura y las dos bocas se fundían en un fogoso, lubricado y prolongado beso.
Sus dos pechos comprimían su volumen en mi torso y súbitamente se producía una
inevitable descarga viscosa. Una corriente eléctrica recorría nuestros cuerpos,
que a mí me obligaba a doblar las piernas y a caer de bruces en la cama,
mientras la hembra, exhausta, se desplomaba sobre mi pecho, sin soltar el mástil
envainado.
La fuerza de ella se iba agotando.
Pesadamente caía sobre un costado. Su jadeante respiración delataba un acalorado ajetreo. Por contra, mi
juventud mantenía erecta mi
virilidad.
Lisi llegó a Hollywood a mediados de los años sesenta. Para entonces la hermosa actriz italiana llevaba una década actuando y había participado en treinta películas, incluyendo dos títulos de Christian-Jaque, Les Bonnes Causes (1963) y La Tulipe Noire (1964), este último junto a Alain Delon.
En Hollywood se buscaba un reemplazo para Marilyn Monroe y fue el productor George Axelrod quien creyó haberlo encontrado en Virna Lisi, a quien vio en el Hotel George V en París para caer hechizado por su belleza. Aunque no hablara inglés no fue obstáculo para hacerle un casting e incluirla en el reparto de la comedia "Cómo asesinar a su esposa", que el propio Axelrod escribió y produjo.
Lisi –según un reportaje en la revista LIFE– al llegar a Hollywood sólo sabía pronunciar tres frases en inglés. Pero eso no impidió que entrar en el reparto junto a Jack Lemmon. Vestida e negligé negro, se supone que ella despierta tras haberse casado con Lemmon luego de una noche de borrachera.
La llegada de Virna a Hollywood fue promocionada en Variety y The Hollywood Reporter– mediante tiras cómicas satíricas protagonizadas por ella y un agente secreto, Steve, cuyo apellido va cambiando con cada aparición de la caricatura.
Durante el rodaje de Cómo asesinar a su esposa ocurrió una anécdota que la mayoría de las biografías de Jack Lemmon evocan. Virna Lisi estaba casada desde 1960 con un arquitecto y constructor italiano, Franco Pesci, que la acompaño al rodaje. En la primera escena en la que aparece en el filme emerge de un gigantesco pastel, en medio de una despedida de soltero. Con su cabello teñido de rubio platinado, solo está cubierta de crema, puesta estratégicamente como si se tratara de un bikini. Todos en el plató empezaron a silbar y a aplaudir su aparición, pero su esposo tuvo un ataque de celos e ira y empezó a gritar insultos en italiano. La actriz lo calmó y se lo llevó a su camerino. El director Quine ordenó un receso de treinta minutos mientras se bajaban los ánimos.
Durante el receso, Lemmon decidió pasar el tiempo en su propio camerino. Recuerda el actor que “Por accidente entré al camerino equivocado, y ahí estaba Virna. Por completo desnuda, de pie frente a un espejo de cuerpo entero, ocupándose de su maquillaje. A metro y medio estaba su marido en un sofá, mirando muy infeliz. Naturalmente yo salí con una brillante línea de diálogo. Dije, -Lo siento… discúlpenme. Él me miró, luego a Virna, luego de nuevo a mí, y se paró de ese sofá bramando. Cerré la puerta y salí volando como un pájaro. Corrí por el lote [del estudio], atravesé el portón hasta la calle y no me detuve ni miré hacia atrás hasta que azoté la puerta de atrás del restaurante Nickodel” (1). Todo esto ocurrió antes del medio día y solo hasta las 3 pm se pudieron tranquilizar las cosas lo suficiente como para reiniciar el rodaje. Por fortuna Lemmon pudo explicar la situación y la pareja y el actor se hicieron buenos amigos.
La filmación no estuvo exenta de otros sucesos, pues el guion implicaba una serie de retos físicos para el actor, y como este era su propio doble, por poco sufre un grave accidente cuando un tubo del que colgaba se rompió. Lemmon interpreta en la película a un exitoso caricaturista, Stanley Ford, que tiene una tira cómica publicada en numerosos diarios a lo largo del país y que trata de un agente secreto –Bash Brannigan- cuyas trepidantes aventuras Ford recrea, con ayuda de actores contratados y toda una puesta en escena perfectamente dispuesta, para afectos de verosimilitud.
El caricaturista y su personaje comparten además un estilo de vida sofisticado, dictado por las normas de una soltería licenciosamente bien llevada, cuyas ventajas son permanentemente resaltadas en el filme. Esa manera de vivir, exaltada por publicaciones como Playboy, encuentra en el matrimonio una prisión y en la esposa una virtual castración.
La misoginia de la premisa –que convierte a las mujeres en un objeto que paga con favores sexuales la manutención que le otorga su marido, mientras lentamente va controlando todos sus actos- se suaviza por el tono de farsa de la película, detrás del cual se camuflan dos o tres verdades respecto a la relación conyugal como se entendía a mediados de los años sesenta. El núcleo dramático de esta comedia tiene que ver con las implicaciones que para Stanley Ford tiene el hecho de haberse casado, borracho, con una modelo (Virna Lisi) de la que quedó prendado al verla salir de un pastel. Al otro día despierta junto a ella para descubrirse no solo con un nuevo estado civil, sino con que su mujer no habla su idioma. “¡Dios mío, eres italiana!”, exclama Ford como para subrayar que se casó con una perfecta desconocida.
Pese a sus intentos de divorcio, su nueva esposa se encarga de seducirlo permanentemente, mientras va introduciendo cambios en su vida dirigidos a “domesticarlo” y que incluso se reflejan en su tira cómica, que ya pasa a llamarse “The Brannigans” convirtiéndose en una exitosa comedia familiar. Es acá donde el guión del filme es más inteligente, contrastando de manera muy graciosa la vida previa de Stanley con la que tiene ahora de casado. Lo que sigue es la crisis y el desesperado intento del caricaturista por recuperar su masculinidad. “¡El hombre estadounidense lleva demasiado tiempo sintiéndose intimidado, mimado, malcriado, esclavizado como un idiota sin cerebro por la hembra de la especie!”, exclama el protagonista en un momento particularmente crucial del filme, cuando tiene la atención de muchos hombres que comparten su situación.
Virna Lisi cumple a cabalidad su rol dual de tentación erótica y de supresora de la libertad de Stanley. Sus intentos de hacerse entender en inglés le añaden exotismo y comicidad a un papel diseñado exclusivamente para resaltar su extraordinaria belleza y su enorme sensualidad. Jack Lemmon demuestra sin dificultad sus grandes dotes de comediante en esta, su sexta cinta para Richard Quine. “Con Jack Lemmon tuve gran éxito. Pero sabes, ellos decían ‘Lisi es hermosa’ y yo añadía ‘Sí, pero también es una actriz’”, se quejaba Virna Lisi décadas más tarde en The New York Times.
Cómo asesinar a su esposa se estrenó con éxito el 26 de enero de 1965. Dos meses después Virna Lisi sacudiría al país al aparecer en la portada de Esquire simulando estar afeitándose el rostro, en una foto que ya es icónica. Haría otras dos películas en Hollywood, Assault on a Queen (1966), junto a Frank Sinatra, y Not With My Wife, You Don’t! (1966), con Tony Curtis y George C Scott. Paralelamente continuó haciendo filmes en Europa como Signori e Signore (1966), de Pietro Germi, cinta que ganaría la Palma de Oro en Cannes. Tras rechazar la oferta de Dino De Laurentiis para estelarizar Barbarella (1968), regresó a Italia cansada de las propuestas que solo querían lucrarse de su aspecto físico y continúo allí su prolífica y valiosa carrera. Será imposible olvidarla.
Comentarios
No, no, si yo no me enfado por eso,
pero que sepa que le corto el pescuezo
ACHL
Buenos días. Sevilla, viernes 31 julio 2026
Buenos días de viernes 31 julio 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
Se le quedó pequeña su ciudad,
y ella busca pasta y popularidad
ACHL
¡Y no sabía qué decir
cuando se ponía así!
ACHL
¡Señor ginecólogo, este mes
la regla me ha bajado como ve!
ACHL
Yo me considero una chica muy lanzada,
pero a la hora de la verdad, nada de nada
ACHL
que Carmela era tu amada
ACHL
¿Qué yo estoy chupando?
¡Se está usted equivocando!
ACHL
¡Siempre lo mismo cada vez que habla,
hasta que un día me dé por aplastarla!
ACHL
Ha dejado su teléfono móvil
en un desconocido automóvil
ACHL
Desde aquel husmeante arrumaco,
empezó a gustarle el tabaco
ACHL
puede encenderle mil cerillas
ACHL
No necesito una ducha fría,
me lo enfrían todos los días
ACHL
Trabajar en lo que fuera,
menos en lo que antes era
ACHL
Buenos días. Sevilla, sábado 01 agosto 2026
Buenos días de sábado 01 agosto 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
¡Espabila, como sigas así
los cuernos están al venir!
ACHL
¡Espabila, lila, que eres un lila!
Si no cumples con tu mujer
un par de cuernos están al car!
ACHL
Buenos días. Sevilla, domingo 02 agosto 2026
Buenos días de domingo 02 agosto 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
Abrazar y acariciar son dos aderezos del Amor
Los animales irracionales se acarician con frecuencia, pero está más que comprobado que los animales racionales, los seres humanos, no hacemos lo mismo.
Una caricia proporciona seguridad y también placer. Un bebé necesita sentir que lo aman y percibir el calor amoroso y protector de su mamá.
Un simple gesto en un momento oportuno es más efectivo que la mejor de las palabras. ¡Cuánto consuela un abrazo auténtico! ¡Qué estimulante es una palmadita en la espalda! ¡Cuánta consuelo lleva apoyar la mano en el hombro de alguien que lo está pasando mal! ¡Cuánta diferencia entre un frío y mecánico dar la mano con un cordial y sincero apretón de manos!
Una buena comunicación con alguien que le profesamos cariño, reconforta, vitaliza y acerca corazones.
A Chávez López
Sevilla ago 2026
Descripción a mi sui géneris de un acto sexual
Ya habían sido puestas las cartas sobre la mesa, y, sin más recatos, la hembra procedía a bajarme la cremallera que ocultaba su ansia, que se iba enrojeciendo debido a la sangre que la recorría con una velocidad espantosa. La liberaba y con la mano empezaba un deseado masaje que a mi cuerpo transportaba a un sublime placer. Mi pene parecía invadido por una enredadera, la cual lo abarcaba en toda su longitud y grosor.
Los latidos de los dos corazones colmaban la cama de un ritmo que se intercalaba de un corazón a otro. Mis vaqueros se deslizaban a través de mis piernas, causando un sonido por el roce de la cremallera con el suelo, mientras que la hembra se agitaba con lujuria el clítoris, apretaba lo más que podía sus glúteos, y mi erguido miembro, sin contemplaciones, iba a clavarse en el orificio bucal de mi añeja amante, y ella no perdía tiempo y empezaba a prodigarle lamidas electrizantes; mi glande aparecía y desaparecía en sus labios, y cada vez que salía adquiría un color oscuro, como amoratado.
La excitación estaba en primera fila. La hembra se dejaba caer de espalda en la pecaminosa cama, jalándome consigo y provocando de un modo impresionante que mi canario entrara directamente en su encharcada jaula. Era tanta la humedad de su vagina que la capacidad de mi pene reemplazaba una cantidad equivalente de jugos, que entraban surfeando en un mar de placer y a la vez mi miembro seguía empujando fuertemente para ahondar más en las profundidades de aquel agujero famélico.
Como no podía ser de otra forma, mi instinto animal salía a escena. Clavaba las rodillas en la cama, cogía de una pierna a la hembra y la alzaba a la altura de mi vientre, para enseguida perforar su intimidad. La sensación era lo mejor del momento. La hembra sentía que su interior era invadido por un trozo de carne sin hueso, y no quería que el intruso se fugase y, precisamente por eso, apretaba las piernas para aprisionarlo, y este encarcelamiento me daba un placer difícil de explicar.
Decidía incorporarme y paralelamente aprisionaba las nalgas de la hembra, y lo hacía con tanta vehemencia que parecía partirse en dos. Literalmente la estaba descuartizando. Con los ojos cerrados levantaba sus muslos y mi pene perforaba lo más recóndito de su intimidad, pero la hembra veía que su cabeza no rozaba la cama, con la mano intentaba dar estabilidad a su cuerpo, sintiendo que la penetración le daba un placer de proporciones grandiosas a su sexo. Un leve dolor mixturado con un cosquilleo placentero anunciaba un próximo acto de clausura. La sangre se calentaba al mismo compás de las embestidas.
Los compases cardíacos subían el placer. Los cuerpos se tensaban y las piernas temblaban. La fuerza con la que apretaba la pelvis de la hembra hacía que su tronco se doblase. Sus piernas abrazaban mi cintura y las dos bocas se fundían en un fogoso, lubricado y prolongado beso. Sus dos pechos comprimían su volumen en mi torso y súbitamente se producía una inevitable descarga viscosa. Una corriente eléctrica recorría nuestros cuerpos, que a mí me obligaba a doblar las piernas y a caer de bruces en la cama, mientras la hembra, exhausta, se desplomaba sobre mi pecho, sin soltar el mástil envainado.
La fuerza de ella se iba agotando. Pesadamente caía sobre un costado. Su jadeante respiración delataba un acalorado ajetreo. Por contra, mi juventud mantenía erecta mi virilidad.
Sevilla ago 2026
el Diablo lo publicará por todos lados
ACHL
Este rubito mamón
succiona a todo pulmón
ACHL
Lisi llegó a Hollywood a mediados de los años sesenta. Para entonces la hermosa actriz italiana llevaba una década actuando y había participado en treinta películas, incluyendo dos títulos de Christian-Jaque, Les Bonnes Causes (1963) y La Tulipe Noire (1964), este último junto a Alain Delon.
En Hollywood se buscaba un reemplazo para Marilyn Monroe y fue el productor George Axelrod quien creyó haberlo encontrado en Virna Lisi, a quien vio en el Hotel George V en París para caer hechizado por su belleza. Aunque no hablara inglés no fue obstáculo para hacerle un casting e incluirla en el reparto de la comedia "Cómo asesinar a su esposa", que el propio Axelrod escribió y produjo.
Lisi –según un reportaje en la revista LIFE– al llegar a Hollywood sólo sabía pronunciar tres frases en inglés. Pero eso no impidió que entrar en el reparto junto a Jack Lemmon. Vestida e negligé negro, se supone que ella despierta tras haberse casado con Lemmon luego de una noche de borrachera.
La llegada de Virna a Hollywood fue promocionada en Variety y The Hollywood Reporter– mediante tiras cómicas satíricas protagonizadas por ella y un agente secreto, Steve, cuyo apellido va cambiando con cada aparición de la caricatura.
Durante el rodaje de Cómo asesinar a su esposa ocurrió una anécdota que la mayoría de las biografías de Jack Lemmon evocan. Virna Lisi estaba casada desde 1960 con un arquitecto y constructor italiano, Franco Pesci, que la acompaño al rodaje. En la primera escena en la que aparece en el filme emerge de un gigantesco pastel, en medio de una despedida de soltero. Con su cabello teñido de rubio platinado, solo está cubierta de crema, puesta estratégicamente como si se tratara de un bikini. Todos en el plató empezaron a silbar y a aplaudir su aparición, pero su esposo tuvo un ataque de celos e ira y empezó a gritar insultos en italiano. La actriz lo calmó y se lo llevó a su camerino. El director Quine ordenó un receso de treinta minutos mientras se bajaban los ánimos.
Durante el receso, Lemmon decidió pasar el tiempo en su propio camerino. Recuerda el actor que “Por accidente entré al camerino equivocado, y ahí estaba Virna. Por completo desnuda, de pie frente a un espejo de cuerpo entero, ocupándose de su maquillaje. A metro y medio estaba su marido en un sofá, mirando muy infeliz. Naturalmente yo salí con una brillante línea de diálogo. Dije, -Lo siento… discúlpenme. Él me miró, luego a Virna, luego de nuevo a mí, y se paró de ese sofá bramando. Cerré la puerta y salí volando como un pájaro. Corrí por el lote [del estudio], atravesé el portón hasta la calle y no me detuve ni miré hacia atrás hasta que azoté la puerta de atrás del restaurante Nickodel” (1). Todo esto ocurrió antes del medio día y solo hasta las 3 pm se pudieron tranquilizar las cosas lo suficiente como para reiniciar el rodaje. Por fortuna Lemmon pudo explicar la situación y la pareja y el actor se hicieron buenos amigos.
La filmación no estuvo exenta de otros sucesos, pues el guion implicaba una serie de retos físicos para el actor, y como este era su propio doble, por poco sufre un grave accidente cuando un tubo del que colgaba se rompió. Lemmon interpreta en la película a un exitoso caricaturista, Stanley Ford, que tiene una tira cómica publicada en numerosos diarios a lo largo del país y que trata de un agente secreto –Bash Brannigan- cuyas trepidantes aventuras Ford recrea, con ayuda de actores contratados y toda una puesta en escena perfectamente dispuesta, para afectos de verosimilitud.
El caricaturista y su personaje comparten además un estilo de vida sofisticado, dictado por las normas de una soltería licenciosamente bien llevada, cuyas ventajas son permanentemente resaltadas en el filme. Esa manera de vivir, exaltada por publicaciones como Playboy, encuentra en el matrimonio una prisión y en la esposa una virtual castración.
La misoginia de la premisa –que convierte a las mujeres en un objeto que paga con favores sexuales la manutención que le otorga su marido, mientras lentamente va controlando todos sus actos- se suaviza por el tono de farsa de la película, detrás del cual se camuflan dos o tres verdades respecto a la relación conyugal como se entendía a mediados de los años sesenta. El núcleo dramático de esta comedia tiene que ver con las implicaciones que para Stanley Ford tiene el hecho de haberse casado, borracho, con una modelo (Virna Lisi) de la que quedó prendado al verla salir de un pastel. Al otro día despierta junto a ella para descubrirse no solo con un nuevo estado civil, sino con que su mujer no habla su idioma. “¡Dios mío, eres italiana!”, exclama Ford como para subrayar que se casó con una perfecta desconocida.
Pese a sus intentos de divorcio, su nueva esposa se encarga de seducirlo permanentemente, mientras va introduciendo cambios en su vida dirigidos a “domesticarlo” y que incluso se reflejan en su tira cómica, que ya pasa a llamarse “The Brannigans” convirtiéndose en una exitosa comedia familiar. Es acá donde el guión del filme es más inteligente, contrastando de manera muy graciosa la vida previa de Stanley con la que tiene ahora de casado. Lo que sigue es la crisis y el desesperado intento del caricaturista por recuperar su masculinidad. “¡El hombre estadounidense lleva demasiado tiempo sintiéndose intimidado, mimado, malcriado, esclavizado como un idiota sin cerebro por la hembra de la especie!”, exclama el protagonista en un momento particularmente crucial del filme, cuando tiene la atención de muchos hombres que comparten su situación.
Virna Lisi cumple a cabalidad su rol dual de tentación erótica y de supresora de la libertad de Stanley. Sus intentos de hacerse entender en inglés le añaden exotismo y comicidad a un papel diseñado exclusivamente para resaltar su extraordinaria belleza y su enorme sensualidad. Jack Lemmon demuestra sin dificultad sus grandes dotes de comediante en esta, su sexta cinta para Richard Quine. “Con Jack Lemmon tuve gran éxito. Pero sabes, ellos decían ‘Lisi es hermosa’ y yo añadía ‘Sí, pero también es una actriz’”, se quejaba Virna Lisi décadas más tarde en The New York Times.
Cómo asesinar a su esposa se estrenó con éxito el 26 de enero de 1965. Dos meses después Virna Lisi sacudiría al país al aparecer en la portada de Esquire simulando estar afeitándose el rostro, en una foto que ya es icónica. Haría otras dos películas en Hollywood, Assault on a Queen (1966), junto a Frank Sinatra, y Not With My Wife, You Don’t! (1966), con Tony Curtis y George C Scott. Paralelamente continuó haciendo filmes en Europa como Signori e Signore (1966), de Pietro Germi, cinta que ganaría la Palma de Oro en Cannes. Tras rechazar la oferta de Dino De Laurentiis para estelarizar Barbarella (1968), regresó a Italia cansada de las propuestas que solo querían lucrarse de su aspecto físico y continúo allí su prolífica y valiosa carrera. Será imposible olvidarla.
ACHL
A la belleza turca
la criminaliza el burka
ACHL
siga percibiendo de ESPAÑA un pastón
es el más terrible asesinato a la razón
ACHL
¡A este pirómano que no da la cara, un pringao,
mi maravillosa nación, ESPAÑA, le da de lao!
ACHL
Era y seguirá siendo "la más grande", pero en todo,
que tomen nota su Rociito y sus satélites sabelotodo
ACHL