Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Voy a intentar modelar la eliminación y la descortesía de esas personas que llaman 'los viejos mitos, los demonios y los miedos' que siempre han acompañado a esta clase de relaciones.
Trata sobre uno de los mayores placeres que experimenta el humano; el sexo. Mi idea es destapar una de las prácticas más antiguas: conseguir el placer primitivo a través de la dominación. Imagino lo que pensarán en sus camas, envueltos en el calor y suavidad de sus sábanas leyendo esto. Seguramente que algunos, con ansía; otros, con pudor, y una mayoría, simplemente por curiosidad.
Cuando nos hablan de estas prácticas sexuales, nuestra subconsciencia nos abruma con iguales adjetivos tenebrosos: denigrantes, humillantes y depravados, junto con los artilugios de: fustas, correas, cadenas, e incluso sangre. ¿Cómo enterrar estos estigmas, comparándolos con otros estigmas? ¿Serán estigmas de una relación más estandarizada o más arraigada en nuestros días? Sus competidores son tres: el amor, que es el rey indiscutible: el matrimonio, la relación de pareja; y el último: el amante, el llamado por nuestra generación vanguardista: "follamigos".
Las comparaciones se irán haciendo a medida que vayan pasando las páginas. No pretendo que al terminar de leer esto os hagáis practicantes de este tipo de relaciones. Cuando escuchéis de alguien cercano o lejano hacer mención de esta clase de relaciones, que vuestras miradas no desprendan desprecio ni me prejuzguéis como un psicópata sexual.
El protagonista de esta historia es el encargado de ir sepultando todos los estigmas, las comparaciones con su competidor el amor y el erotismo de este tipo de prácticas:
El BDSM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo.
El protagonista es un personaje de otra categoría literaria, poética o cinematográfica. Su estilo no pertenece al género de una novela erótico-romántica. Ha sido una apuesta arriesgada el meter la seducción de este personaje dando algo nuevo al lector, rescatando ese personaje olvidado. Antes de empezar, reservaré mis primeras letras para dos preguntas con la misma semántica, pero a diferentes destinatarios, eso que se conoce como pregunta espejo. Es sólo una pregunta recíproca, simétrica como el vidrio de un espejo. Empezaré con los hombres para seguir después con el público femenino: el espejo.
¿Qué hombre no ha fantaseado alguna vez en su más ingenua intimidad con tener lo mismo que los emperadores romanos, o los faraones? Estoy refiriéndome a 'el poder de la dominación', tan primitivo que parece que nuestra sociedad contemporánea ha olvidado, o no se atreve a hacerse con ese poder de antaño. Quizás puede deberse a que en nuestras vidas ajetreadas, llenas de números y letras en nuestros aparatos electrónicos, no hay espacio suficiente para atraparnos en ella.
Poder, siempre de la mano de su milenaria compañera la seducción y su longeva amiga la elegancia. Poder que permitía a nuestros antepasados el poder elegir entre cualquier mujer de aldea, pueblo o villa, para que el marqués de turno iniciase con el ritual en su espectacular castillo. Poder para cumplir con cada una de las fantasías más ocultas de nuestros ego, por morbosas o extremas que fuesen. No podemos olvidar el pilar básico de esta clase de relaciones: la obediencia hacia la persona que nos está dominando; una obediencia tan férrea que no podemos denominarla sólo como respeto, tiene un nombre más específico: lealtad.
Es momento de lanzar la pregunta espejo. ¿Qué mujer no ha fantaseado con sentirse dominada por un hombre? ¿Cuántas de estas fantasías tan lubricantes, que humedecen nuestros sueños, nunca les han dado cobijo? Sentir como un hombre vuelve a sus principios más primarios, aislando el último grito del hombre del XXI: la metro-sexualidad. Hombres que no les inquietan si tienen su brazo izquierdo más corto que el derecho; hombres que expresan su masculinidad con algo más que no sea sólo levantando pesadas pesas entre máquinas de acero para asemejarse a los exánimes maniquíes de tiendas de ropas.
Hablo de esos hombres que aún, al día de hoy, no han renunciado a ella. Hombres que no tienen miedo de unirse con su testosterona e incluso de asfixiarla. Hacer que la mujer que comparte su lecho, que se enreda en sus sábanas, se sienta sucia, ultrajada y humillada, se sientan de nuevo algunas, o por primera vez otras, lo que la sociedad contemporánea les ha arrebatado durante todos esos años.
Ese anhelo no es otro que sentir algo muy diferente: salir del rutinario y monótono sexo del matrimonio o pareja. Tener ese clase de sexo salvaje e indecente que un buen porcentaje de mujeres desean; perder la noción de todo entre el aroma a sexo prohibido resbalando por vuestra vaporosa piel, desconociendo las arcanas intenciones de esos hombres, y tan sólo dejándose llevar como la podrida madera de una balsa en el océano, sin rumbo, pero con la seguridad abrumadora al ver como en el timón están esos capitanes. Sentir como esas mujeres al estar bajo la sumisión de los que llaman amos, vuelven a recrear la indecencia de la mujer de antaño. Sexo disímil, impredecible al arquetípico de la pauta de las compañías de pornografía, siendo sus escenas tan simples y tan predecibles como la sota, el caballo y el rey de nuestra baraja española.
Gozar del sexo, sin tener que al acabar dar explicaciones de lo sucedido, sin que la mujer no se sienta más humillada que la propia humillación del sexo con su dominante, desterrando durante estos momentos de anhelo el protocolo estandarizado por no sabemos quién. Un grupo de gente que de la noche a la mañana, no sabemos en qué época propusieron que a la mujer en la cama su trato debería ser tan dulce y tan respetuoso como el de una reina. Sólo se aceptaban besos, caricias y palabras hermosas. Me viene a la mente... ¿ese grupo de personas puede ser Hollywood?
Acabado de preguntar ambas preguntas, propondré un último argumento antes que os seduzca esta historia fantasiosa. Los pensamientos que he hecho mención, imagino que serán que estas relaciones BDSM se basan en el más pecaminoso vicio, siendo el sexo su única finalidad.
Y ahora, una última pregunta: ¿qué porcentaje damos al sexo en nuestra relación de pareja? Seguro que la media es de un 80-90%. Los que hayan coincidido con tal porcentaje, su relación de amor es más lasciva que una de BDSM. ¿La razón? Solamente nos hemos centrado en el porcentaje de amante. ¿Dónde se encuentra el porcentaje de la compañera y amiga? El porcentaje del sexo en una relación de pareja debería ser el 33%, siendo unísona al de la amistad y la compañera. ¿Y el 1% restante? Las rencillas. En cambio, en una relación de dominación, el porcentaje no llega al 50%. ¿Qué relación es más lasciva y lujuriosa?
Las mujeres que practican esta clase de sexo, se sienten vulnerables porque son tratadas de una manera vejatoria y humillantes y con adjetivos desdeñosos e insultantes.
Comentarios
Buenos días. Sevilla, domingo 26 julio 2026
Buenos días de domingo 26 julio 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
Original y Genérica limpiando el coche
para que esté guapo el viernes noche
ACHL
La Inmobiliaria no del todo pagó
y la Constructora a medias construyó
ACHL
El cordón debe ser resistente
para evitar peligro inminente
ACHL
Te iba a llamar, querido hermano,
pero no tenía un teléfono a mano
ACHL
Tantísimo dio
que nada le quedó
ACHL
Aquel famoso y prestigioso endocrino
se pasó pelín con la dieta de mi primo
ACHL
La conocida infuense Dorotea Ortiz,
hasta sus tetas da por el Real Madrid
ACHL
¡Qué no me mola el humor negro, vaya!
¡Pero un buen fin de semana en la playa!
ACHL
¡¡Qué detengan a esta moza
que es una mujer peligrosa!]
ACHL
El Otoño se cabrea y desespera
al ver el fulgor de la Primavera
ACHL
"El fumar, tómeselo usted con calma,
no olvide que sufre una aguda asma!
"No se preocupe usted, señor doctor,
que yo atenderé su poderosa razón".
ACHL
Al fabricante de este teléfono móvil
lo echaron por hortera de Chernóbil
ACHL
Las cervecitas
te crean tripita
ACHL
EL BDSM
Voy a intentar modelar la eliminación y la descortesía de esas personas que llaman 'los viejos mitos, los demonios y los miedos' que siempre han acompañado a esta clase de relaciones.
Trata sobre uno de los mayores placeres que experimenta el humano; el sexo. Mi idea es destapar una de las prácticas más antiguas: conseguir el placer primitivo a través de la dominación. Imagino lo que pensarán en sus camas, envueltos en el calor y suavidad de sus sábanas leyendo esto. Seguramente que algunos, con ansía; otros, con pudor, y una mayoría, simplemente por curiosidad.
Cuando nos hablan de estas prácticas sexuales, nuestra subconsciencia nos abruma con iguales adjetivos tenebrosos: denigrantes, humillantes y depravados, junto con los artilugios de: fustas, correas, cadenas, e incluso sangre. ¿Cómo enterrar estos estigmas, comparándolos con otros estigmas? ¿Serán estigmas de una relación más estandarizada o más arraigada en nuestros días? Sus competidores son tres: el amor, que es el rey indiscutible: el matrimonio, la relación de pareja; y el último: el amante, el llamado por nuestra generación vanguardista: "follamigos".
Las comparaciones se irán haciendo a medida que vayan pasando las páginas. No pretendo que al terminar de leer esto os hagáis practicantes de este tipo de relaciones. Cuando escuchéis de alguien cercano o lejano hacer mención de esta clase de relaciones, que vuestras miradas no desprendan desprecio ni me prejuzguéis como un psicópata sexual.
El protagonista de esta historia es el encargado de ir sepultando todos los estigmas, las comparaciones con su competidor el amor y el erotismo de este tipo de prácticas:
El BDSM (Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo.
El protagonista es un personaje de otra categoría literaria, poética o cinematográfica. Su estilo no pertenece al género de una novela erótico-romántica. Ha sido una apuesta arriesgada el meter la seducción de este personaje dando algo nuevo al lector, rescatando ese personaje olvidado. Antes de empezar, reservaré mis primeras letras para dos preguntas con la misma semántica, pero a diferentes destinatarios, eso que se conoce como pregunta espejo. Es sólo una pregunta recíproca, simétrica como el vidrio de un espejo. Empezaré con los hombres para seguir después con el público femenino: el espejo.
¿Qué hombre no ha fantaseado alguna vez en su más ingenua intimidad con tener lo mismo que los emperadores romanos, o los faraones? Estoy refiriéndome a 'el poder de la dominación', tan primitivo que parece que nuestra sociedad contemporánea ha olvidado, o no se atreve a hacerse con ese poder de antaño. Quizás puede deberse a que en nuestras vidas ajetreadas, llenas de números y letras en nuestros aparatos electrónicos, no hay espacio suficiente para atraparnos en ella.
Poder, siempre de la mano de su milenaria compañera la seducción y su longeva amiga la elegancia. Poder que permitía a nuestros antepasados el poder elegir entre cualquier mujer de aldea, pueblo o villa, para que el marqués de turno iniciase con el ritual en su espectacular castillo. Poder para cumplir con cada una de las fantasías más ocultas de nuestros ego, por morbosas o extremas que fuesen. No podemos olvidar el pilar básico de esta clase de relaciones: la obediencia hacia la persona que nos está dominando; una obediencia tan férrea que no podemos denominarla sólo como respeto, tiene un nombre más específico: lealtad.
Es momento de lanzar la pregunta espejo. ¿Qué mujer no ha fantaseado con sentirse dominada por un hombre? ¿Cuántas de estas fantasías tan lubricantes, que humedecen nuestros sueños, nunca les han dado cobijo? Sentir como un hombre vuelve a sus principios más primarios, aislando el último grito del hombre del XXI: la metro-sexualidad. Hombres que no les inquietan si tienen su brazo izquierdo más corto que el derecho; hombres que expresan su masculinidad con algo más que no sea sólo levantando pesadas pesas entre máquinas de acero para asemejarse a los exánimes maniquíes de tiendas de ropas.
Hablo de esos hombres que aún, al día de hoy, no han renunciado a ella. Hombres que no tienen miedo de unirse con su testosterona e incluso de asfixiarla. Hacer que la mujer que comparte su lecho, que se enreda en sus sábanas, se sienta sucia, ultrajada y humillada, se sientan de nuevo algunas, o por primera vez otras, lo que la sociedad contemporánea les ha arrebatado durante todos esos años.
Ese anhelo no es otro que sentir algo muy diferente: salir del rutinario y monótono sexo del matrimonio o pareja. Tener ese clase de sexo salvaje e indecente que un buen porcentaje de mujeres desean; perder la noción de todo entre el aroma a sexo prohibido resbalando por vuestra vaporosa piel, desconociendo las arcanas intenciones de esos hombres, y tan sólo dejándose llevar como la podrida madera de una balsa en el océano, sin rumbo, pero con la seguridad abrumadora al ver como en el timón están esos capitanes. Sentir como esas mujeres al estar bajo la sumisión de los que llaman amos, vuelven a recrear la indecencia de la mujer de antaño. Sexo disímil, impredecible al arquetípico de la pauta de las compañías de pornografía, siendo sus escenas tan simples y tan predecibles como la sota, el caballo y el rey de nuestra baraja española.
Gozar del sexo, sin tener que al acabar dar explicaciones de lo sucedido, sin que la mujer no se sienta más humillada que la propia humillación del sexo con su dominante, desterrando durante estos momentos de anhelo el protocolo estandarizado por no sabemos quién. Un grupo de gente que de la noche a la mañana, no sabemos en qué época propusieron que a la mujer en la cama su trato debería ser tan dulce y tan respetuoso como el de una reina. Sólo se aceptaban besos, caricias y palabras hermosas. Me viene a la mente... ¿ese grupo de personas puede ser Hollywood?
Acabado de preguntar ambas preguntas, propondré un último argumento antes que os seduzca esta historia fantasiosa. Los pensamientos que he hecho mención, imagino que serán que estas relaciones BDSM se basan en el más pecaminoso vicio, siendo el sexo su única finalidad.
Y ahora, una última pregunta: ¿qué porcentaje damos al sexo en nuestra relación de pareja? Seguro que la media es de un 80-90%. Los que hayan coincidido con tal porcentaje, su relación de amor es más lasciva que una de BDSM. ¿La razón? Solamente nos hemos centrado en el porcentaje de amante. ¿Dónde se encuentra el porcentaje de la compañera y amiga? El porcentaje del sexo en una relación de pareja debería ser el 33%, siendo unísona al de la amistad y la compañera. ¿Y el 1% restante? Las rencillas. En cambio, en una relación de dominación, el porcentaje no llega al 50%. ¿Qué relación es más lasciva y lujuriosa?
Las mujeres que practican esta clase de sexo, se sienten vulnerables porque son tratadas de una manera vejatoria y humillantes y con adjetivos desdeñosos e insultantes.
ACHL
Mi menda, como aquel bíblico "Poncio Lavamanos"
no responde cuando lleguen sus cien hermanos
ACHL
¿Y ahora qué le digo a mi marido?
ACHL
MICHAEL BENNETT
La vejez