Cuando se vació dentro de ti aquel individuo, guarro y sin escrúpulos, el poco pudor que te quedaba se esfumaba. A él lo insultaste, y, con asco, te limpiaste la inmundicia que escurría por tus piernas.
Nunca piensas por qué de que después de hacer el Amor, si a eso se le puede llamar Amor, te asalta una repulsión, un insatisfecho deseo que se diluye al acabar la cópula. Tu obvia ninfomanía queda en evidencia por el egos¡ de los que buscan en los pasatiempos del sexo y la lujuria sus orígenes y sus causas.
Después de fornicar con ese amante, tu minifalda terminó con manchas blancas, secuela inequívoca de una frustrada lid carnal. Un preludio de algo que nunca llega a explotar. Pero tú siempre piensas que la próxima vez te va a ir mejor.
-¡Úrsula...! ¡Úrsula!... ¡Úrsula, regresa aquí! -se oye la voz iracunda de aquél tipo. -¡No me da la gana! ¡Me das asco! -¡¿Qué es lo que has dicho?! -¡Olvídame, cabrón! -¡Me las vas a pagar, hija de puta!
Compruebas una vez más lo feroces que podemos ser los hombres cuando nos dejan 'a medias'. Pero tú sonríes satisfecha y corres a todo gas.
La luz del mediodía baña tu casi perfecta figura. El tiempo ha sido benigno con tus 38 años. Despides sensualidad, o voluptuosidad como se dice también.
Tu melena rubia reposa sobre tus hombros. Tu escasísima ropa es incapaz de cubrir la despierta desnudez de tus carnes morenas. Resumes en poesía todo lo espectacular de tu cuerpo, que atrae a los transeúntes por donde quiera que pises.
Te apresuras en buscar un taxi. Es visible el mohín en la expresión de tu cara al estirarte de puntillas al acecho de que llegue uno: el mío.
Fue así como te vi por primera y única vez, y como supe de tus escarceos para saciar el hambre sexual de tu, muy usada y muy gastada ya, flor, semi cubierta por la tirita fina y transparente de tu tangas.
-¿A dónde la llevo? -¡A cualquier sitio menos a aquí!
A esas horas, el tráfico era fluido. Mi coche, mi viejo amigo que siempre me obedece. Jornada floja la de hoy, poco servicio. Por eso en absoluto me importaba lo inexacto del destino. Conducía de una forma despreocupada. Aznavour sonaba en la radio del coche y, aunque no entendía nada de lo que cantaba, me parecía nostálgica la letra.
Avanzaba el coche y ambos íbamos en silencio. Tú mirabas altanera el paisaje citadino, con esos aires desdeñosos de áspera vanidad. De tu lujoso y costoso bolso, sacaste un paquete de cigarrillos mentolados, cogiste uno, pero no tenías encendedor.
En un semáforo en rojo me giré en redondo y te acerqué fuego. Dos bocanadas seguidas de humo de mentol invadieron nuestros pulmones.
Hasta ese momento, tú no habías reparado en mi persona.
-¿A dónde me llevas? -A cualquier sitio menos a allí.
Te respondí de la misma forma que me respondiste Me miraste por el retrovisor y me pareció ver una sonrisa cómplice en tu guapa cara, de bellos ojos y de boca con labios devoradores.
-¿Cómo te llamas? -me preguntaste. -Luis. ¿Sigo por aquí o prefiere usted otro camino? -añadí, preguntando. -Sigue por aquí. Pero no me hables de usted. -Es la costumbre. -Pues rompe tu costumbre conmigo. -De acuerdo. Así lo haré.
Nunca antes entendí a dónde ir luego de estar en ninguna parte. Fumaradas mentoladas salían de tu boca, directas al techo del coche.
Sin que yo te lo preguntase, me dijiste tu nombre.
-Me llamo Úrsula.
De pronto, entramos a un barrio conflictivo, famoso por el desprecio que se tiene a sí mismo. Después de tantas vueltas, de tanto callejear y de tantos cambios de velocidades en la caja de cambio, la aguja del combustible se iba acercando peligrosamente al último punto rojo.
Entró mi cocheen una estación de servicios.
-¿Cuánto? -preguntaron. -Lleno -dijiste tú.
Aquel hombre descarado, el empleado de la gasolinera, trataba de ver más de lo que tú enseñabas. Pero tú pasabas de él. Ni te inmutaste.
-Ten.
Tu mano, con dedos finos y con largas uñas, extendió un billete de los grandes, lo que bastó para rozar la tibieza de tu piel. Mi miembro se regocijaba frente a la esperanza de posibles emociones placenteras.
De nuevo en ruta, algo irreal parecía colgar caprichosamente en el ambiente de la tarde, que ya iba muriendo. Entró mi viejo coche en una calle semi oscura. Enfrente había un hotel 5 estrellas, que se alzaba majestuoso.
-¡Ahí, ahí! ¡Para ahí! -me dijiste, casi suplicante.
Sonó tu voz. Y yo obedecí. La calle estaba vacía, como vacía estabas tú por dentro. Pero eso no te importaba. De pronto, nuestras bocas se buscaron y se hallaron, y con un beso ansioso se saludaron. Delicadamente, una de mis manos entró por entre tu minifalda y tu tangas azul. Deseoso, te miré, asentiste y me aferré a tu caliente sexo, y tú, con total determinación, cogiste mi pene, tras salvar mis calzoncillos. Y después te lo metiste en la boca e hiciste con él lo que te apetecía hacer: devorarlo.
No sé si fueron cinco, diez minutos o media hora lo que duró aquella inesperada delicia. Pero todo lo que empieza acaba.
Nunca encontraré una respuesta. Siempre quedará una interrogante en torno a aquello que ocurrió. O mejor aún: no ocurrió nada.
Empero, te despediste de mí con un apasionado beso, y después te dejé a la puerta de aquel lujoso hotel. Tú pagaste la gasolina y yo me quedé con todo el cambio. Y, para mi satisfacción, de una cosa te diste cuenta, y es que no todos los hombres somos iguales, como aquél cerdo con el que mantuviste un diálogo corto pero obsceno. Y en mi caso, desde que te recogí en mi taxi, he sido todo el tiempo correcto contigo, pero cuando tú decidiste tener intimidad conmigo, comprobarías que soy un hombre aseado, y eso que llevo más de diez horas transitando con mi coche, con el añadido de que he descargado mi vejiga un par de veces.
Comentarios
No se te ocurra repartir,
directora de la Guardia Civil
ACHL
Pa la gerente socialista,
alimento bueno a la vista
ACHL
Cómetelo todo tú y que nadie medie,
inmoral, ladrona y alcahueta Leire
ACHL
Con esto esta familiarizado
ese ex lendakari de cuidado
ACHL
Esto y un buen carajo
pa la rubia del trabajo
ACHL
Pa que su apellido apeste más,
se lo dedico al indepe Rufián
ACHL
Y como esto es el cuento de nunca acabar
se lo ofrezco a todos los políticos en general
ACHL
Dos hermosas yeguas dos
ACHL
Cuando se vació dentro de ti aquel individuo, guarro y sin escrúpulos, el poco pudor que te quedaba se esfumaba. A él lo insultaste, y, con asco, te limpiaste la inmundicia que escurría por tus piernas.
Nunca piensas por qué de que después de hacer el Amor, si a eso se le puede llamar Amor, te asalta una repulsión, un insatisfecho deseo que se diluye al acabar la cópula. Tu obvia ninfomanía queda en evidencia por el egos¡ de los que buscan en los pasatiempos del sexo y la lujuria sus orígenes y sus causas.
Después de fornicar con ese amante, tu minifalda terminó con manchas blancas, secuela inequívoca de una frustrada lid carnal. Un preludio de algo que nunca llega a explotar. Pero tú siempre piensas que la próxima vez te va a ir mejor.
-¡Úrsula...! ¡Úrsula!... ¡Úrsula, regresa aquí! -se oye la voz iracunda de aquél tipo.
-¡No me da la gana! ¡Me das asco!
-¡¿Qué es lo que has dicho?!
-¡Olvídame, cabrón!
-¡Me las vas a pagar, hija de puta!
Compruebas una vez más lo feroces que podemos ser los hombres cuando nos dejan 'a medias'. Pero tú sonríes satisfecha y corres a todo gas.
La luz del mediodía baña tu casi perfecta figura. El tiempo ha sido benigno con tus 38 años. Despides sensualidad, o voluptuosidad como se dice también.
Tu melena rubia reposa sobre tus hombros. Tu escasísima ropa es incapaz de cubrir la despierta desnudez de tus carnes morenas. Resumes en poesía todo lo espectacular de tu cuerpo, que atrae a los transeúntes por donde quiera que pises.
Te apresuras en buscar un taxi. Es visible el mohín en la expresión de tu cara al estirarte de puntillas al acecho de que llegue uno: el mío.
Fue así como te vi por primera y única vez, y como supe de tus escarceos para saciar el hambre sexual de tu, muy usada y muy gastada ya, flor, semi cubierta por la tirita fina y transparente de tu tangas.
-¿A dónde la llevo?
-¡A cualquier sitio menos a aquí!
A esas horas, el tráfico era fluido. Mi coche, mi viejo amigo que siempre me obedece. Jornada floja la de hoy, poco servicio. Por eso en absoluto me importaba lo inexacto del destino. Conducía de una forma despreocupada. Aznavour sonaba en la radio del coche y, aunque no entendía nada de lo que cantaba, me parecía nostálgica la letra.
Avanzaba el coche y ambos íbamos en silencio. Tú mirabas altanera el paisaje citadino, con esos aires desdeñosos de áspera vanidad. De tu lujoso y costoso bolso, sacaste un paquete de cigarrillos mentolados, cogiste uno, pero no tenías encendedor.
En un semáforo en rojo me giré en redondo y te acerqué fuego. Dos bocanadas seguidas de humo de mentol invadieron nuestros pulmones.
Hasta ese momento, tú no habías reparado en mi persona.
-¿A dónde me llevas?
-A cualquier sitio menos a allí.
Te respondí de la misma forma que me respondiste Me miraste por el retrovisor y me pareció ver una sonrisa cómplice en tu guapa cara, de bellos ojos y de boca con labios devoradores.
-¿Cómo te llamas? -me preguntaste.
-Luis. ¿Sigo por aquí o prefiere usted otro camino? -añadí, preguntando.
-Sigue por aquí. Pero no me hables de usted.
-Es la costumbre.
-Pues rompe tu costumbre conmigo.
-De acuerdo. Así lo haré.
Nunca antes entendí a dónde ir luego de estar en ninguna parte. Fumaradas mentoladas salían de tu boca, directas al techo del coche.
Sin que yo te lo preguntase, me dijiste tu nombre.
-Me llamo Úrsula.
De pronto, entramos a un barrio conflictivo, famoso por el desprecio que se tiene a sí mismo. Después de tantas vueltas, de tanto callejear y de tantos cambios de velocidades en la caja de cambio, la aguja del combustible se iba acercando peligrosamente al último punto rojo.
Entró mi cocheen una estación de servicios.
-¿Cuánto? -preguntaron.
-Lleno -dijiste tú.
Aquel hombre descarado, el empleado de la gasolinera, trataba de ver más de lo que tú enseñabas. Pero tú pasabas de él. Ni te inmutaste.
-Ten.
Tu mano, con dedos finos y con largas uñas, extendió un billete de los grandes, lo que bastó para rozar la tibieza de tu piel. Mi miembro se regocijaba frente a la esperanza de posibles emociones placenteras.
De nuevo en ruta, algo irreal parecía colgar caprichosamente en el ambiente de la tarde, que ya iba muriendo. Entró mi viejo coche en una calle semi oscura. Enfrente había un hotel 5 estrellas, que se alzaba majestuoso.
-¡Ahí, ahí! ¡Para ahí! -me dijiste, casi suplicante.
Sonó tu voz. Y yo obedecí. La calle estaba vacía, como vacía estabas tú por dentro. Pero eso no te importaba. De pronto, nuestras bocas se buscaron y se hallaron, y con un beso ansioso se saludaron. Delicadamente, una de mis manos entró por entre tu minifalda y tu tangas azul. Deseoso, te miré, asentiste y me aferré a tu caliente sexo, y tú, con total determinación, cogiste mi pene, tras salvar mis calzoncillos. Y después te lo metiste en la boca e hiciste con él lo que te apetecía hacer: devorarlo.
No sé si fueron cinco, diez minutos o media hora lo que duró aquella inesperada delicia. Pero todo lo que empieza acaba.
Nunca encontraré una respuesta. Siempre quedará una interrogante en torno a aquello que ocurrió. O mejor aún: no ocurrió nada.
Empero, te despediste de mí con un apasionado beso, y después te dejé a la puerta de aquel lujoso hotel. Tú pagaste la gasolina y yo me quedé con todo el cambio. Y, para mi satisfacción, de una cosa te diste cuenta, y es que no todos los hombres somos iguales, como aquél cerdo con el que mantuviste un diálogo corto pero obsceno. Y en mi caso, desde que te recogí en mi taxi, he sido todo el tiempo correcto contigo, pero cuando tú decidiste tener intimidad conmigo, comprobarías que soy un hombre aseado, y eso que llevo más de diez horas transitando con mi coche, con el añadido de que he descargado mi vejiga un par de veces.
A Chávez López
Sevilla jul 2026
Lampando está Leonor
ser cogida por el violador
ACHL
Saben ellas posar,
pero sin mostrar
ACHL
Yo he robado mucho más que el Emérito,
pero toda Cataluña valora más mi mérito
ACHL
Esta atleta brasilera
posa en plan torera
ACHL
Sutil publicitario reclamo
de la fresa de los huelvanos
ACHL
¡Un poco de dinerito
pa este pobre negrito!
ACHL
Y a partir de ahora
no fuma más Aurora
ACHL
Político embustero y ratero,
con las mordidas es certero
ACHL
¡Ay, no sabía que mi novio es gay!
ACHL
Un agente especial
nunca se hace notar
ACHL
¡Al retrete la cosas del extinto vejete!
ACHL
Este borrico corriente
asesora al presidente
ACHL
Los viernes por la noche,
siempre hay derroches
ACHL
¡¿Y de repente se agregó otra teta?!
Ahora sí que lo tiene crudo la carreta
ACHL