Las mujeres en España tienen su primer hijo cinco años más tarde de lo que querrían.
La precariedad económica y el cambio cultural lastran la natalidad en un país que se encamina a una tasa de fecundidad similar a la de la gran crisis: 1,2 hijos por mujer.
En esta España campeona de Europa en maternidad tardía, las mujeres tienen su primer hijo cinco años después de lo que quisieran o de lo que consideran ideal. Así, el país reúne madres con más edad y, por orden de la biología, menos mujeres con hijos. Este efecto dominó ofrece una foto de la demografía patria: menos madres y mayores de lo que las propias mujeres querrían.
Los datos definitivos de la Encuesta de Fecundidad del INE cuentan que cuatro de cada 10 mujeres entre 18 y 55 años (42%) han sido primerizas más tarde de lo que les parece idóneo. El porcentaje sube a la mitad (52%) en mujeres entre 40 y 44 años y al 47% entre 35 y 39 años.
Una de cada tres mujeres entre 30 y 34 años retrasó su primera maternidad casi cuatro años. Cerca de la mitad de las de 35 a 39 años, casi cinco. Más de la mitad de las de 40 a 44 años, más de cinco (5,5) y cuatro de cada 10 de 45 años de edad o más, atrasó ser primeriza casi seis años (5,6).
Un ejemplo: si la mitad de las mujeres con 37 años de edad hubiera tenido su primer hijo cuando quería, habría sido madre a los 32. Y es posible que eso hubiera multiplicado las posibilidades de tener un segundo.
* Ll menos en la mitad de esa franja de mujeres, una probabilidad real de más hijos. * Una posibilidad de más natalidad en España. * Y eso vale para las demás franjas de edad.
Las mujeres le han contado al INE el porqué de todo esto: fundamentalmente, la suma de las razones laborales, las económicas y de conciliación trabajo/familia. También influye, menos, la ausencia de una relación estable, la salud o la falta coyuntural de preparación.
Eurostat publicó que España era el país de Europa donde más se retrasa la maternidad (casi una de cada 10 mujeres tiene su primer hijo a los 40 años), pero no dijo por qué. Los expertos en demografía y sociología hablaron ese día de los agobios económicos, la pobreza laboral, los precios de la vivienda y las complicaciones para conciliar el trabajo y la vida personal.
También resaltaron la salida de la mujer del ámbito privado del hogar hacia el público del empleo, un cambio social donde ella ya no es una mera receptora de hijos, aquel viejo «ama de casa» en retirada.
El tercer factor apunta a la peleada siembra de la cultura feminista desde los años 80 en España y la idea de que para alcanzar la plenitud como mujer no es obligatoria la maternidad.
Aun con todo, la estabilidad económica se alza como un motivo clave al analizar la natalidad de un país. Lo explica Diego Ramiro Fariñas, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): «El 'boom económico' incrementó la natalidad, pero la recesión volvió a rebajar los índices. Históricamente, hemos visto que a menor nivel educativo, la fecundidad era más alta y a mayor nivel educativo, más baja. La razón es que las mujeres dedicaban más tiempo a su formación, se casaban más tarde y retrasaban la maternidad para que ésta no interrumpiera o condicionara su carrera profesional. Pero si ponemos esa realidad en relación con la crisis, vemos que las diferencias culturales desaparecen y que lo relevante es otra cosa: en mujeres en paro o con trabajos temporales, la caída de la fecundidad es mayor que en las que tienen trabajo fijo».
Le da la razón la base de datos de Human Fertility, un servicio del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica (Alemania) y del Instituto de Demografía de Viena (Austria) que refleja los cambios y las diferencias entre países en el pasado y en la era moderna.
Ese ingente trabajo estadístico demuestra que la curva de la tasa de fecundidad total en los últimos 40 años en España es una montaña rusa. La última vez que la media era dos hijos por mujer (2,03) fue en 1981. Los años 80 y 90 y sus crisis económicas -además de otros factores- hicieron que la cifra bajara al 1,12 de 1998. A partir de ahí, la media fue subiendo hasta el 1,44 de 2008. Aquel año marca el inicio de la crisis mundial que fue espantando maternidades en España hasta una media de 1,27 en 2013. Ahí, la curva volvió a subir y se colocó en 2016 en un 1,33 por mujer o pareja. Pero la cosa ha vuelto camino del sótano: 1,25 en 2018.
Las mujeres en España tienen su primer hijo cinco años más tarde de lo que querrían.
La precariedad económica y el cambio cultural lastran la natalidad en un país que se encamina a una tasa de fecundidad similar a la de la gran crisis: 1,2 hijos por mujer.
En esta España campeona de Europa en maternidad tardía, las mujeres tienen su primer hijo cinco años después de lo que quisieran o de lo que consideran ideal. Así, el país reúne madres con más edad y, por orden de la biología, menos mujeres con hijos. Este efecto dominó ofrece una foto de la demografía patria: menos madres y mayores de lo que las propias mujeres querrían.
Los datos definitivos de la Encuesta de Fecundidad del INE cuentan que cuatro de cada 10 mujeres entre 18 y 55 años (42%) han sido primerizas más tarde de lo que les parece idóneo. El porcentaje sube a la mitad (52%) en mujeres entre 40 y 44 años y al 47% entre 35 y 39 años.
Una de cada tres mujeres entre 30 y 34 años retrasó su primera maternidad casi cuatro años. Cerca de la mitad de las de 35 a 39 años, casi cinco. Más de la mitad de las de 40 a 44 años, más de cinco (5,5) y cuatro de cada 10 de 45 años de edad o más, atrasó ser primeriza casi seis años (5,6).
Un ejemplo: si la mitad de las mujeres con 37 años de edad hubiera tenido su primer hijo cuando quería, habría sido madre a los 32. Y es posible que eso hubiera multiplicado las posibilidades de tener un segundo.
* Ll menos en la mitad de esa franja de mujeres, una probabilidad real de más hijos. * Una posibilidad de más natalidad en España. * Y eso vale para las demás franjas de edad.
Las mujeres le han contado al INE el porqué de todo esto: fundamentalmente, la suma de las razones laborales, las económicas y de conciliación trabajo/familia. También influye, menos, la ausencia de una relación estable, la salud o la falta coyuntural de preparación.
Eurostat publicó que España era el país de Europa donde más se retrasa la maternidad (casi una de cada 10 mujeres tiene su primer hijo a los 40 años), pero no dijo por qué. Los expertos en demografía y sociología hablaron ese día de los agobios económicos, la pobreza laboral, los precios de la vivienda y las complicaciones para conciliar el trabajo y la vida personal.
También resaltaron la salida de la mujer del ámbito privado del hogar hacia el público del empleo, un cambio social donde ella ya no es una mera receptora de hijos, aquel viejo «ama de casa» en retirada.
El tercer factor apunta a la peleada siembra de la cultura feminista desde los años 80 en España y la idea de que para alcanzar la plenitud como mujer no es obligatoria la maternidad.
Aun con todo, la estabilidad económica se alza como un motivo clave al analizar la natalidad de un país. Lo explica Diego Ramiro Fariñas, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): «El 'boom económico' incrementó la natalidad, pero la recesión volvió a rebajar los índices. Históricamente, hemos visto que a menor nivel educativo, la fecundidad era más alta y a mayor nivel educativo, más baja. La razón es que las mujeres dedicaban más tiempo a su formación, se casaban más tarde y retrasaban la maternidad para que ésta no interrumpiera o condicionara su carrera profesional. Pero si ponemos esa realidad en relación con la crisis, vemos que las diferencias culturales desaparecen y que lo relevante es otra cosa: en mujeres en paro o con trabajos temporales, la caída de la fecundidad es mayor que en las que tienen trabajo fijo».
Le da la razón la base de datos de Human Fertility, un servicio del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica (Alemania) y del Instituto de Demografía de Viena (Austria) que refleja los cambios y las diferencias entre países en el pasado y en la era moderna.
Ese ingente trabajo estadístico demuestra que la curva de la tasa de fecundidad total en los últimos 40 años en España es una montaña rusa. La última vez que la media era dos hijos por mujer (2,03) fue en 1981. Los años 80 y 90 y sus crisis económicas -además de otros factores- hicieron que la cifra bajara al 1,12 de 1998. A partir de ahí, la media fue subiendo hasta el 1,44 de 2008. Aquel año marca el inicio de la crisis mundial que fue espantando maternidades en España hasta una media de 1,27 en 2013. Ahí, la curva volvió a subir y se colocó en 2016 en un 1,33 por mujer o pareja. Pero la cosa ha vuelto camino del sótano: 1,25 en 2018.
Fuente: Internet
ACHL
Y es que, cuando la cosa está más difícil, uno la piensa a la hora de tener hijos. Mi novia y yo queremos tener, pero si ella no ha terminado la universidad y yo en las mismas, nos es difícil contemplarlo a largo plazo. El tiempo se nos agota, pero las esperanzas siguen en pie. Sin contar con que las cosas en Colombia no es que estén a pedir de boca, sobre todo cuando persiste esa cultura machista de que el hombre tiene que estar a cargo de todo, y por ende es más difícil para la mujer conseguir empleo...
Por eso cada vez estamos cada vez más convencidos de que lo mejor es cambiar de patria.
Si la reina, Julia la Mayor, del siglo XVI, hizo el amor con más de 80.000 hombres y no tuvo ningún hijo, y en aquellos tiempos no existía el preservativo, ni la píldora... ¿qué cosa usaba en "eso" y para "eso"?
Estudian segunda fase fatal del coronavirus, ¿por qué causa la muerte?
Según Peter Carmeliet, biólogo vascular del Instituto de investigación de Bélgica, al atacar a las células, el COVID-19 hace que los vasos se filtren y que la sangre se coagule. Esos cambios provocan inflamación en todo el cuerpo y estimulan el síndrome de dificultad respiratoria aguda, responsable de la mayoría de los fallecimientos infectados. Este mecanismo de acción podría explicar por qué la enfermedad ataca más duramente a aquellos pacientes que son obesos, tienen diabetes, o sufren de alguna condición cardiovascular comprometida.
Frank Ruschitzka, director del departamento de cardiología del Hospital Universitario de Zurich notó, a principios de marzo, que sus pacientes tenían síntomas extraños, vinculados a infecciones respiratorias.
Semanas después y luego del primer cuerpo autopsiado, se pudo comprobar que los pulmones estaban cubiertos de pequeños coágulos y células muertas.
Sus investigaciones fueron publicadas a mediados del mes de abril y, en la actualidad, hay decenas de estudios que han revelado patrones similares de daño vascular en personas que murieron por COVID-19.
Investigaciones simultáneas en niños y jóvenes han informado también de síntomas inflamatorios y accidentes cerebrovasculares. Ante estas nuevas evidencias, los investigadores creen entender mejor por qué algunos pacientes se deslizan hacia una segunda fase fatal de la enfermedad, una semana después de la hospitalización.
Cómo se desarrolla una segunda fase fatal
En los individuos sanos, las células endoteliales ayudan a regular la presión arterial, a prevenir la inflamación y al mismo tiempo a inhibir la coagulación. Esto se debe a la producción continua de óxido nítrico, NO, y sirven como guardianes de las moléculas que pasan dentro y fuera del torrente sanguíneo.
Al lesionarse, son capaces de enviar una compleja serie de señales a todas las células inmunitarias y a los factores de coagulación, para que apresuren a reparar la zona, avisando a sus pares de células endoteliales de la presencia de invasores.Pruebas coronavirus
Cuando el virus entra en los pulmones, invade las células de los sacos de aire que transfieren oxígeno a la sangre. Alrededor de esos sacos, hay capilares forrados con células endoteliales, que también son invadidas.
El resultado final es la coagulación progresiva, pues se disemina por todo el organismo y bloquea el suministro de sangre dentro de los órganos vitales.
Todas estas reacciones culminan en la fase destructiva de la inflamación. De la misma manera que en la coagulación, la inflamación es una defensa esencial y las citoquinas enfrentan al invasor, pero en el COVID-19 esta reacción se descontrola y lleva a los cuerpos a estados de shock terminales.
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Comentarios
Buenas tardes a todos. Sevilla, miércoles 12 junio 2024
La alegría que deben sentir sus amos
cuando aparezcan sus 100 hermanos
Rebanada acojonada
Por fin, una familia feliz
Alarmante descenso de la natalidad en España
Las mujeres en España tienen su primer hijo cinco años más tarde de lo que querrían.
La precariedad económica y el cambio cultural lastran la natalidad en un país que se encamina a una tasa de fecundidad similar a la de la gran crisis: 1,2 hijos por mujer.
En esta España campeona de Europa en maternidad tardía, las mujeres tienen su primer hijo cinco años después de lo que quisieran o de lo que consideran ideal. Así, el país reúne madres con más edad y, por orden de la biología, menos mujeres con hijos. Este efecto dominó ofrece una foto de la demografía patria: menos madres y mayores de lo que las propias mujeres querrían.
Los datos definitivos de la Encuesta de Fecundidad del INE cuentan que cuatro de cada 10 mujeres entre 18 y 55 años (42%) han sido primerizas más tarde de lo que les parece idóneo. El porcentaje sube a la mitad (52%) en mujeres entre 40 y 44 años y al 47% entre 35 y 39 años.
Una de cada tres mujeres entre 30 y 34 años retrasó su primera maternidad casi cuatro años. Cerca de la mitad de las de 35 a 39 años, casi cinco. Más de la mitad de las de 40 a 44 años, más de cinco (5,5) y cuatro de cada 10 de 45 años de edad o más, atrasó ser primeriza casi seis años (5,6).
Un ejemplo: si la mitad de las mujeres con 37 años de edad hubiera tenido su primer hijo cuando quería, habría sido madre a los 32. Y es posible que eso hubiera multiplicado las posibilidades de tener un segundo.
* Ll menos en la mitad de esa franja de mujeres, una probabilidad real de más hijos.
* Una posibilidad de más natalidad en España.
* Y eso vale para las demás franjas de edad.
Las mujeres le han contado al INE el porqué de todo esto: fundamentalmente, la suma de las razones laborales, las económicas y de conciliación trabajo/familia. También influye, menos, la ausencia de una relación estable, la salud o la falta coyuntural de preparación.
Eurostat publicó que España era el país de Europa donde más se retrasa la maternidad (casi una de cada 10 mujeres tiene su primer hijo a los 40 años), pero no dijo por qué. Los expertos en demografía y sociología hablaron ese día de los agobios económicos, la pobreza laboral, los precios de la vivienda y las complicaciones para conciliar el trabajo y la vida personal.
También resaltaron la salida de la mujer del ámbito privado del hogar hacia el público del empleo, un cambio social donde ella ya no es una mera receptora de hijos, aquel viejo «ama de casa» en retirada.
El tercer factor apunta a la peleada siembra de la cultura feminista desde los años 80 en España y la idea de que para alcanzar la plenitud como mujer no es obligatoria la maternidad.
Aun con todo, la estabilidad económica se alza como un motivo clave al analizar la natalidad de un país. Lo explica Diego Ramiro Fariñas, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): «El 'boom económico' incrementó la natalidad, pero la recesión volvió a rebajar los índices. Históricamente, hemos visto que a menor nivel educativo, la fecundidad era más alta y a mayor nivel educativo, más baja. La razón es que las mujeres dedicaban más tiempo a su formación, se casaban más tarde y retrasaban la maternidad para que ésta no interrumpiera o condicionara su carrera profesional. Pero si ponemos esa realidad en relación con la crisis, vemos que las diferencias culturales desaparecen y que lo relevante es otra cosa: en mujeres en paro o con trabajos temporales, la caída de la fecundidad es mayor que en las que tienen trabajo fijo».
Le da la razón la base de datos de Human Fertility, un servicio del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica (Alemania) y del Instituto de Demografía de Viena (Austria) que refleja los cambios y las diferencias entre países en el pasado y en la era moderna.
Ese ingente trabajo estadístico demuestra que la curva de la tasa de fecundidad total en los últimos 40 años en España es una montaña rusa. La última vez que la media era dos hijos por mujer (2,03) fue en 1981. Los años 80 y 90 y sus crisis económicas -además de otros factores- hicieron que la cifra bajara al 1,12 de 1998. A partir de ahí, la media fue subiendo hasta el 1,44 de 2008. Aquel año marca el inicio de la crisis mundial que fue espantando maternidades en España hasta una media de 1,27 en 2013. Ahí, la curva volvió a subir y se colocó en 2016 en un 1,33 por mujer o pareja. Pero la cosa ha vuelto camino del sótano: 1,25 en 2018.
Fuente: Internet
ACHL
RITA HAYWORTH
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SARA MONTIEL
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JUAN PABLO II
Biografía
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ACHL
Buenas tardes a todos. Sevilla, jueves 13 junio 2024
Buenas tardes a todos. Sevilla, viernes 14 junio 2024
Buenos días a todos. Sevilla, sábado 15 junio 2024
Buenas tardes a todos. Sevilla, domingo 16 junio 2024
Si la reina, Julia la Mayor, del siglo XVI,
hizo el amor con más de 80.000 hombres
y no tuvo ningún hijo, y en aquellos tiempos
no existía el preservativo, ni la píldora...
¿qué cosa usaba en "eso" y para "eso"?
Las malas ganan por goleada
ACHL
Buenas tardes a todos. Sevilla, lunes 17 junio 2024
Según Peter Carmeliet, biólogo vascular del Instituto de investigación de Bélgica, al atacar a las células, el COVID-19 hace que los vasos se filtren y que la sangre se coagule. Esos cambios provocan inflamación en todo el cuerpo y estimulan el síndrome de dificultad respiratoria aguda, responsable de la mayoría de los fallecimientos infectados. Este mecanismo de acción podría explicar por qué la enfermedad ataca más duramente a aquellos pacientes que son obesos, tienen diabetes, o sufren de alguna condición cardiovascular comprometida.
Frank Ruschitzka, director del departamento de cardiología del Hospital Universitario de Zurich notó, a principios de marzo, que sus pacientes tenían síntomas extraños, vinculados a infecciones respiratorias.
Semanas después y luego del primer cuerpo autopsiado, se pudo comprobar que los pulmones estaban cubiertos de pequeños coágulos y células muertas.
Sus investigaciones fueron publicadas a mediados del mes de abril y, en la actualidad, hay decenas de estudios que han revelado patrones similares de daño vascular en personas que murieron por COVID-19.
Investigaciones simultáneas en niños y jóvenes han informado también de síntomas inflamatorios y accidentes cerebrovasculares. Ante estas nuevas evidencias, los investigadores creen entender mejor por qué algunos pacientes se deslizan hacia una segunda fase fatal de la enfermedad, una semana después de la hospitalización.
Cómo se desarrolla una segunda fase fatal
En los individuos sanos, las células endoteliales ayudan a regular la presión arterial, a prevenir la inflamación y al mismo tiempo a inhibir la coagulación. Esto se debe a la producción continua de óxido nítrico, NO, y sirven como guardianes de las moléculas que pasan dentro y fuera del torrente sanguíneo.
Al lesionarse, son capaces de enviar una compleja serie de señales a todas las células inmunitarias y a los factores de coagulación, para que apresuren a reparar la zona, avisando a sus pares de células endoteliales de la presencia de invasores.Pruebas coronavirus
Cuando el virus entra en los pulmones, invade las células de los sacos de aire que transfieren oxígeno a la sangre. Alrededor de esos sacos, hay capilares forrados con células endoteliales, que también son invadidas.
El resultado final es la coagulación progresiva, pues se disemina por todo el organismo y bloquea el suministro de sangre dentro de los órganos vitales.
Todas estas reacciones culminan en la fase destructiva de la inflamación. De la misma manera que en la coagulación, la inflamación es una defensa esencial y las citoquinas enfrentan al invasor, pero en el COVID-19 esta reacción se descontrola y lleva a los cuerpos a estados de shock terminales.
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ACHL
El WhatSapp la trae de culo
Ahí queda su hermoso legado, y eso
que lo mataron cuando tenía 37 años
hay que ser, de partida,
cerdo para disfrutar la vida
Diccionario caló
Logros de la humanidad
Diciembre año 2012
Piedras preciosas y semipreciosas
Buenas tardes a todos. Sevilla, martes 18 junio 2024