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EL OSO GOLOSO
Benny era un osote al que le encantaba mucho el néctar tan dulce y ámbar de las abejas.
Se daba unos banquetes tan sabrosos hasta quedar muy lleno y después de comer le ganaba el sueño.
¡Por eso no en vano lo llamaban El Oso Goloso!
Una mañana fue a explorar un nuevo panal, de unas abejas muy raras y más grandes. En el trayecto se encontró con un zorro, y este le preguntó.
—A dónde vas, Oso Goloso?
Benny le contestó:
—Voy a ver el nuevo panal de las abejas más grandes… ¡Han de tener mucho néctar del que me encanta!
El zorro meneó la cabeza, y exclamó:
—¡No son abejas, son abejones! ¡Sus agujas traspasan todo el cuerpo de los osos y son muy dolorosas!
El Oso Goloso le contestó:
—Con tal de saborear ese néctar, creo que vale mucho la pena padecer un poco.
El zorro le alertó de nuevo:
—El néctar de los abejones es verde y venenoso. ¡No lo comas o tendrás un dolor de estómago muy fuerte!
El Oso Goloso chasqueo la lengua, y exclamó:
—Con tal de saborear ese néctar, creo que vale mucho la pena padecer un poco.
El zorro le comentó por tercera vez:
—Bastante dolor tendrás en tu cuerpo, y vas a estar en cama con calentura y calambres en el estómago.
El Oso Goloso exclamó de nuevo:
—Con tal de saborear ese néctar, creo que vale mucho la pena padecer un poco.
El zorro se alejó frustrado:
—Pues que el terco se quede con su terquedad! ¡No te quejes luego al estar entre dolores punzantes!
El Oso Goloso llegó hasta donde estaba el panal, y al verlo se saboreó:
—Ha llegado la hora de comer!
Meneó la colmena y empezó a gotear el néctar… Su lengua paladeó cada una de ellas y exclamó:
—Qué sabroso! ¡Su dulzura es mejor de lo que pensé!
Con coraje los abejones comenzaron a clavarle sus agujas en todo su cuerpo. El dolor era muy fuerte, pero Benny devoró… Y devoró… Y devoró…
Era más su hambre que las agujas perforando su cuerpo.
Pronto, se llenó tanto de néctar y el sueño le ganó.
Los abejones lo dejaron en paz, ya que pensaron que estaba muerto y se alejaron.
El zorro y la marmota llevaron al Oso Goloso a su casa, en donde estuvo en cama con grandes dolores en todo el cuerpo y con fuertes calambres en el estómago.
La marmota le preguntó:
—Por tu necedad estás con dolores… ¡Ahora has de estar muy contento!
Benny contestó:
—¡Dura cosa es la que estoy pasando, pero vale la pena, ya que probé el néctar más sabroso de todo el bosque!
El zorro meneó la cabeza y exclamó:
—Goloso eres, goloso serás. Es tu forma de ser y no podemos hacer nada.
El Oso Goloso aseguró no volver a comer del néctar de los abejones, y el zorro y la marmota se fueron.
Él se quedó pensando, deseando recuperarse para volver muy pronto a las andadas. Se quedó soñando en devorar otro suculento panal de abejas rayadas.
¿Ya te percataste que en todo este relato NO usé la letra “i”? ¡Lo que pasa es que el Oso Goloso tuvo tanta, pero tanta hambre, que de un solo bocado, la devoró!...
Comentarios
Gracias, Carlos. Me gusta este foro, pero desde que entré en él allá por el año 2013 y siempre dispuesto a colaborar con todos los compis forero, pero de ahí a imprescindible va un trecho larguito. Tengo mucho tiempo libre que lo empleo en leer, en escribir y en relacionarme con personas, aunque virtualmente. Confieso que sería para mí un disgusto que decidiera en adminstrador cerrar el foro. Por cierto, bonito relato tu "Oso goloso".
Saludos afectuosos
Pues si, jefa, el chocolate es uno de mis delirios, que de un tiempo a esta parte me lo tengo que dosificar, puesto que es incompatible con la medicación que tomo a diario.
Saludos
Marcelo, obviamente no soy un oso, pero un poquito de locura sí tengo. "De cuando en cuando hay que cometer una pequeña locura para no acabar siendo un loco de remate".
Saludos