Nicolás pasará la noche solo. Otra más. Mientras la ciudad se repliega. Alguien le dijo, "Nicolás, te vas a morir solo". Tal vez fue un ángel. Tal vez una paloma. Es igual, Nicolás no escucha. Tiene ya 90 años, por lo menos. Y las únicas voces que le interesan ya son las de su imaginación. A los 35 perdió a su esposa. Un suicidio inesperado. Como suelen ser esas cosas. Ahora Nicolás simplemente se sienta en un banco y da de comer a las palomas. Y da los buenos días a algunas personas. Andar casi no puede, se sujeta a tientas con un bastón. Por eso lo más lejos que va es al banco de la esquina. Le traen comida los de servicios sociales, y un hortelano acude a verlo con hortalizas de su campo. Pero su estómago ya ha declinado practicamente comer. Mañana es su gran día. Nicolás se desviste poco a poco como suele hacer siempre. Pero esta noche siente palpitaciones. Olvidó hacer algo, pero le importa poco. Una cosa más al lastre. Abre el cajón de la mesita. Toma sus pastillas con un poco de agua de una botella que tiene al lado. Renqueando un poco logra tumbarse sobre el colchón. Y entonces se gira un poco y apaga la luz. Sus ojos siguen abiertos, boca arriba. Y sus manos sobre el pecho. Piensa en si cuando se duerma despertará. Pero no despierta, porque como he dicho, ese es su gran día.
Comentarios
Pobre Nicolás. ¡Joder, su gran día! Más bien un día cualquiera de una presa más para la parca. Estos escritos me dan un poco de yuyu leerlos, será porque, por mi edad (casi 82), ya debo estar apuntado en ese bloc invisible.
Pues sí, todos estamos en ese bloc. Pienso que no deberías martirizarte con escritos de tamaña catadura y además escritos por ti mismo. Sabemos que "irnos" es inexorable, pero disfrutemos el tiempo estemos por aquí.
Un saludo afectuoso, Ismael
. 1 Una seta
2. Un atrapamoscas carnivora.
Ni uno ni otro...
Con permiso de Nabuk
En este hilo se está hablando de un asunto que, además de inexorable es chungo; así que ahí va un chistecito para cambiar de tercio.
El armario
Una señora compró un armario, “de fácil montaje”, en Ikea. Llegó a su casa y comenzó a ensamblarlo y lo terminó en una hora y media. Pero, al poco, pasó el Metro (vivía justo encima de una estación del Metro) y el armario se desplomó. Volvió a montarlo y cuando lo acabó... otra vez el Metro lo mandó al suelo, como si fuera un puzle.
Tras un tercer intento fallido, llamó a Ikea y expuso el problema, pero era advertida que tenía pagar 60 euros por el desplazamiento y el montaje, ella aceptó y le enviaron un montador que en poco más de diez minutos lo montó.
Pero mientras la mujer miraba su armario... otra vez el Metro y… al carajo.
Y así una vez más.
Finalmente, el montador le dijo a la señora:
- Lo voy a montar de nuevo, pero me meteré dentro y cuando pase el Metro y se caiga, desde el interior veré dónde está el fallo.
Dicho y hecho. El hombre se metió en el armario, pero casi al mismo tiempo entró en la casa el marido de la señora, que dijo:
- ¡Oh, cariño, qué armario tan bonito!
Se fue hacía él, abrió una de las puertas y vio al montador. Entre mosca y sorprendido le preguntó:
- ¡¿Se puede saber qué coño hace usted ahí?!
- Mire, señor, le voy a ser claro: he venido a follarme a su esposa, porque si le digo que estoy esperando el Metro no se lo va a creer.