También me gusta el calor, no en vano nací y vivo en la ciudad de más calor de España, Sevilla. El clima aquí durante casi todo el año es francamente bueno; cálida la primavera, que nacen flores por doquier; fuerte calor en verano, a veces demasiado; delicioso otoño con esa metamorfosis de la arboleda, y frío soportable en invierno, aunque algunos días son poco menos que insoportables, debido, sobre todo, a la humedad del Guadalquivir, que bordea la ciudad.
En Sevilla, día prácticamente veraniego,34/35º, de lunes 20 marzo 2023
(Eso de "prácticamente" viene porque en mi ciudad en verano tenemos 40/41 grados casi permanentemente; de día, claro. Y hay noches y madrugadas que se ponen en 30 grados o más. ¡Un infierno, vaya! Un infierno para gozo y disfrute del diablo Endesa, por aquello del consumo masivo de los aparatos de aire acondicionado).
Buenas tardes, casi noches, desde Alcántara. Para que no me echen tan en cuenta mi ausencia les traigo unos dulces del lugar para que acompañen al café. Me pareció mejor que un cachito de pan. Mormenteras o monumenteras la primeras, rellenas de "arajú". Empanadas. Por fuera se fríe pero por dentro queda un bizcocho riquísimo.
Buenas tardes, casi noches, desde Alcántara. Para que no me echen tan en cuenta mi ausencia les traigo unos dulces del lugar para que acompañen al café. Me pareció mejor que un cachito de pan. Mormenteras o monumenteras la primeras, rellenas de "arajú". Empanadas. Por fuera se fríe pero por dentro queda un bizcocho riquísimo.
Había nacido y vivía con mis padres en un pueblo costero de Huelva. A los 23 años empezaba a nacer una enfermedad en mi cuerpo, al parecer grave. Pero, a pesar de eso, salía de mi pueblo, sin decir nada nadie y, por supuesto, sin hablar de mi enfermedad con nadie y tampoco adonde me iba, porque no quería ser una carga para mis progenitores, que ya eran casi ancianos.
Y desde aquella luctuosa salida, no he vuelto a poner pie en mi pueblo; pero, en verdad, no quiero ni puedo negar que me gustaría mucho volver, aunque este cáncer de páncreas me tiene postrado en cama.
Recuerdo con frecuencia a mis amigos, a mi colegio y a los tesoros artísticos de mi pueblo, y me llenan de ternura mis pensamientos.
¡Cuánta ilusión y alegría iba a sentir si volviese a ver mi mar, mi lluvia y mi viento, y oír el rumor incansable de las olas! El mar, la lluvia y el viento, los evoco ahora con reverencia de dioses lares.
Pero siento pena de mí y me cuesta soportar un deseo de llorarme. Me gusta sobremanera rememorar mi pretérito al lento correr de mi pluma, mientras estoy escribiendo estas ¿memorias? Llamémoslas así, puesto que de alguna forma han de llamarse. De cuando en cuando, levanto la mirada y me quedo ensimismado cuando la desparramo sobre mi pasado próximo y remoto .
Aquel mi mar de olas bravías. Los truenos hacían temblar las paredes de mi cuarto y el resplandor de los rayos lo iluminaba. Alzaba mis manos y las bañaba en la luz espectral de las descargas eléctricas. Pegaba la nariz al helado cristal de la ventana. El viento silbaba por mi calle. Arreciaba la lluvia. La tendalera de la ropa golpeaba contra los barrotes.
Algunos días se podía oír el sonido espeluznante de la sirena de algún barco que había quedado aprisionado en el traidor bajío de la barra, y ya en toda la noche no dejaba de oírse sus quejidos, cual animal herido de muerte.
Al alba se podía ver el siniestrado inclinado de banda y las olas ensañándose con él, golpeándole los flancos y barriéndole de proa a popa.
Más tarde, aparecía el remolcador del puerto, vomitando una densa columna negra, debido al derrote de su motor. Luchaba, en vano, contra la arena. Al menos 24 horas de agonía, hasta que las olas empezaban a destrozar el casco y después esparcía su esqueleto por la playa.
Pero todo ese lejano dolor: las regañinas y los castigos injustificados de mis padres, las peleas con mis dos hermanos, mayores que yo. la corta ración de bazofia..., todo, no tiene valor ni logra empañar la visión apacible de mi pueblo. Como si en este momento en que está próxima mi muerte, la vida, con una generosidad que me niego a creer que es tardía y cruel, se echase a mis pies para apaciguar la marea de mi espíritu.
Todo es mar en esta tarde. Un resplandor rosáceo entra por la ventana de mi habitación del hospital y se posa tan delicadamente sobre la colcha de la cama que no me atrevo a tocarlo por el temor a que se me quede entre los dedos como el polvillo de las alas de las mariposas.
Limpios y sanos me llegan ahora todos los recuerdos, y mi soledad la quiero ver sólo como un murmullo acariciador de pequeñas olas.
Me desconciertan estas nuevas sensaciones mías porque yo no soy una persona blandengue. Pero no quiero engañarme, me encuentro triste y solo, y no siento rubor por confesar mi debilidad.
La joven viuda se iba alejando del panteón familiar, en él quedaban enterradas diversas cosas inútiles: el marido, los permanentes malos tratos de él a ella, las promesas de él a ella de que no iba a ocurrir nunca más, y el odio y el miedo de ella; que, de pronto, su cuerpo empezaba a moverse al compás de una música que su corazón le iba susurrando al oído y que todos sus familiares presentes podían alegrarse por ver una luminosa expresión que aparecía en su rostro, y también ver el ritmo con el que movía sus caderas, porque a partir de ese día iba a vivir libre y sin temor.
Comentarios
En Sevilla, día lluvioso de jueves 09 marzo 2023
En Sevilla, día soleado de domingo 12 marzo 2023
En Sevilla, día casi veraniego de lunes 13 marzo 2023
En Sevilla, día casi veraniego de martes 14 marzo 2023
Amo el calor.
Martes 14 de marzo de 2023.
También me gusta el calor, no en vano nací y vivo en la ciudad de más calor de España, Sevilla. El clima aquí durante casi todo el año es francamente bueno; cálida la primavera, que nacen flores por doquier; fuerte calor en verano, a veces demasiado; delicioso otoño con esa metamorfosis de la arboleda, y frío soportable en invierno, aunque algunos días son poco menos que insoportables, debido, sobre todo, a la humedad del Guadalquivir, que bordea la ciudad.
Un cordial saludo
En Sevilla, día casi veraniego de miércoles 15 marzo 2023
En Sevilla, día veraniego 34º, de jueves 16 marzo 2023
En Sevilla, día nublado pero bueno de temperatura, 30º, de viernes 17 marzo 2023
En Sevilla, día nublado pero bueno de temperatura, 28º, de sábado 18 marzo 2023
En Sevilla, día bueno de temperatura, 30º, de domingo 19 marzo 2023
En Sevilla, día prácticamente veraniego,34/35º, de lunes 20 marzo 2023
(Eso de "prácticamente" viene porque en mi ciudad en verano tenemos 40/41 grados casi permanentemente; de día, claro. Y hay noches y madrugadas que se ponen en 30 grados o más. ¡Un infierno, vaya! Un infierno para gozo y disfrute del diablo Endesa, por aquello del consumo masivo de los aparatos de aire acondicionado).
Antonio Chávez López
Sevilla marzo 2023
Antonio Chávez López
Sevilla marzo 2023
En Sevilla, día que promete buena temperatura de de martes 21 marzo 2023
En Sevilla, día caluroso de primavera de miércoles 22 marzo 2023
En Sevilla, día caluroso de primavera de jueves 23 marzo 2023
En Sevilla, día caluroso de primavera de viernes 24 marzo 2023
En Sevilla, noche cálida de sábado 25 marzo 2023
En Sevilla, día de mucho Sol de domingo 26 marzo 2023
En Sevilla, día de mucho Sol de lunes 27 marzo 2023
En Sevilla, día fresquito pero con Sol. Martes 28 marzo 2023
En Sevilla, día fresquito pero con Sol. Miércoles 29 marzo 2023
Para que no me echen tan en cuenta mi ausencia les traigo unos dulces del lugar para que acompañen al café. Me pareció mejor que un cachito de pan.
Mormenteras o monumenteras la primeras, rellenas de "arajú".
Empanadas. Por fuera se fríe pero por dentro queda un bizcocho riquísimo.
En Sevilla, día primaveral, pero, por tanto calor, día más propio de verano. Viernes 31 marzo 2023
Mándame algo de eso, porfa
Había nacido y vivía con mis padres en un pueblo costero de Huelva. A los 23 años empezaba a nacer una enfermedad en mi cuerpo, al parecer grave. Pero, a pesar de eso, salía de mi pueblo, sin decir nada nadie y, por supuesto, sin hablar de mi enfermedad con nadie y tampoco adonde me iba, porque no quería ser una carga para mis progenitores, que ya eran casi ancianos.
Y desde aquella luctuosa salida, no he vuelto a poner pie en mi pueblo; pero, en verdad, no quiero ni puedo negar que me gustaría mucho volver, aunque este cáncer de páncreas me tiene postrado en cama.
Recuerdo con frecuencia a mis amigos, a mi colegio y a los tesoros artísticos de mi pueblo, y me llenan de ternura mis pensamientos.
¡Cuánta ilusión y alegría iba a sentir si volviese a ver mi mar, mi lluvia y mi viento, y oír el rumor incansable de las olas! El mar, la lluvia y el viento, los evoco ahora con reverencia de dioses lares.
Pero siento pena de mí y me cuesta soportar un deseo de llorarme. Me gusta sobremanera rememorar mi pretérito al lento correr de mi pluma, mientras estoy escribiendo estas ¿memorias? Llamémoslas así, puesto que de alguna forma han de llamarse. De cuando en cuando, levanto la mirada y me quedo ensimismado cuando la desparramo sobre mi pasado próximo y remoto .
Aquel mi mar de olas bravías. Los truenos hacían temblar las paredes de mi cuarto y el resplandor de los rayos lo iluminaba. Alzaba mis manos y las bañaba en la luz espectral de las descargas eléctricas. Pegaba la nariz al helado cristal de la ventana. El viento silbaba por mi calle. Arreciaba la lluvia. La tendalera de la ropa golpeaba contra los barrotes.
Algunos días se podía oír el sonido espeluznante de la sirena de algún barco que había quedado aprisionado en el traidor bajío de la barra, y ya en toda la noche no dejaba de oírse sus quejidos, cual animal herido de muerte.
Al alba se podía ver el siniestrado inclinado de banda y las olas ensañándose con él, golpeándole los flancos y barriéndole de proa a popa.
Más tarde, aparecía el remolcador del puerto, vomitando una densa columna negra, debido al derrote de su motor. Luchaba, en vano, contra la arena. Al menos 24 horas de agonía, hasta que las olas empezaban a destrozar el casco y después esparcía su esqueleto por la playa.
Pero todo ese lejano dolor: las regañinas y los castigos injustificados de mis padres, las peleas con mis dos hermanos, mayores que yo. la corta ración de bazofia..., todo, no tiene valor ni logra empañar la visión apacible de mi pueblo. Como si en este momento en que está próxima mi muerte, la vida, con una generosidad que me niego a creer que es tardía y cruel, se echase a mis pies para apaciguar la marea de mi espíritu.
Todo es mar en esta tarde. Un resplandor rosáceo entra por la ventana de mi habitación del hospital y se posa tan delicadamente sobre la colcha de la cama que no me atrevo a tocarlo por el temor a que se me quede entre los dedos como el polvillo de las alas de las mariposas.
Limpios y sanos me llegan ahora todos los recuerdos, y mi soledad la quiero ver sólo como un murmullo acariciador de pequeñas olas.
Me desconciertan estas nuevas sensaciones mías porque yo no soy una persona blandengue. Pero no quiero engañarme, me encuentro triste y solo, y no siento rubor por confesar mi debilidad.
Antonio Chávez López
Sevilla marzo 2023
Uno menos
La joven viuda se iba alejando del panteón familiar, en él quedaban enterradas diversas cosas inútiles: el marido, los permanentes malos tratos de él a ella, las promesas de él a ella de que no iba a ocurrir nunca más, y el odio y el miedo de ella; que, de pronto, su cuerpo empezaba a moverse al compás de una música que su corazón le iba susurrando al oído y que todos sus familiares presentes podían alegrarse por ver una luminosa expresión que aparecía en su rostro, y también ver el ritmo con el que movía sus caderas, porque a partir de ese día iba a vivir libre y sin temor.
Sevilla marzo 2023