Enhorabuena a mis tres parientes cercanos (que trabajan y viven allí), y a mis numerosos amigos y conocidos (de mi etapa profesional) de la bonita ciudad de Murcia, por contar desde hoy mismo con los servicios del tren AVE, de la Renfe española.
Y, cómo no, mi enhorabuena es extensiva también a mi admirada y respetada escritora de este foro de Literatura, Sarasvati, con la cual cambio con frecuencia comentarios y opiniones. Mis saludos afectuosos y mi deseo a todos ellos de que pasen unas Felices Fiestas Navideñas 2022
Buena parte de la juventud de hoy en día hace guiños a la excentricidad y al ocio, es egoísta, maleducada y despectiva, también es autoritaria y desagradecida, desprecia olímpicamente a las leyes, no sabe o no quiere respetar a sus mayores, culpa a sus padres de sus frustraciones y critica todo, en lugar de estudiar o trabajar
Colegas machos y colegas hembras decían que yo era un retrógrado. Y con razón. Soy un hombre de pasiones primarias; por tanto, no puedo recaer sobre nadie la culpa de mis descalabros: yo mismo me los he ido labrando. El título de catedrático en Literatura, que ostento, y la extensa cultura, a juicio de algunos, que he podido almacenar, apenas han influido en mí. A pesar de todos esos postizos intelectuales, sigo siendo un cavernícola. Peo, aun mi atavismo, y, quizás, precisamente, a causa de él, no deja de haber en mí un cierto margen de nobleza y posibilidades. Soy bruto, no malo. He bordeado el ámbito de una existencia mejor, acaso feliz. En estos últimos años he llevado una vida loable, casi heroica, pero me han llevado a ella los remordimientos y la impotencia. Se empequeñece el rasgo ante mis ojos y no puedo verme sino como soy: un infeliz y un cobarde.
Mi ídolo desde siempre, incluso de ahora ya fallecida es Margarita Carmen Cansino (Rita Hayworth), que era de ascendencia española. Su padre nació y vivió durante algunos años en España, concretamente en una localidad de la provincia de Sevilla (Castilleja de la Cuesta). Y cuentan fuentes fifdedignas que era bético, como yo, y como no podía ser de otra manera . Emigró a USA y allí se casó con una californiana, y de esa unión salió esa belleza natural que es Margarita. Yo tuve el honor y el privilegio de conocerla en persona; ella era una madurita de unos cuarenta y pico de años, y yo un púber de apenas 21. Su belleza me impresionó, y su simpatía, y su elegancia, y sus miradas coquetas, y, sobre todo, su abrumadora amabilidad. Hasta entablamos una pequeña pero interesante charla (aún recuerdo lo que hablamos, pero no viene a cuento ahora), entendiéndonos entre mi cascajoso inglés y su atrancado español. En esa etapa de su vida era una mujer divorciada. Si quiero presumir, voy a presumir un poco y digo que por entonces, aparte de ser mi persona un chico joven, era lanzado y atractivo y en plena carrera universitaria de agrónomo. Me daba la impresión de que le gusté a mi diva, ¡oh!, pero ella a mí me chiflaba, y todavía la recuerdo con respeto y nostalgia ¡Qué maravilla de mujer, lástima nuestra diferencia de edad! De haber existido entonces los teléfonos móviles, seguro estoy de que nos los hubiésemos facilitados. Ah, bailé con ella ¡y dos piezas seguidas, casi na!; yo, más arrugado que un higo, sabiendo que tenía como pareja de baile nada menos que a la gran artista RITA HAYWORH, una autentica profesional de la cinematografía y del baile
Enhorabuena a mis tres parientes cercanos (que trabajan y viven allí), y a mis numerosos amigos y conocidos (de mi etapa profesional) de la bonita ciudad de Murcia, por contar desde hoy mismo con los servicios del tren AVE, de la Renfe española.
Y, cómo no, mi enhorabuena es extensiva también a mi admirada y respetada escritora de este foro de Literatura, Sarasvati, con la cual cambio con frecuencia comentarios y opiniones. Mis saludos afectuosos y mi deseo a todos ellos de que pasen unas Felices Fiestas Navideñas 2022
Gracias (a veces no le echo el ojo a las menciones, disculpa)
Gracias (a veces no le echo el ojo a las menciones, disculpa)
¿Eres catedrático de Literatura, Antonio?
¡Por Dios, qué halago tan maravilloso; yo, catedrático de la Excelentísima Literatura, mi vocación y profesión frustrada!
Pero no, soy ingeniero agrónomo y he ejercido como tal más de 50 años. Pasa que la Literatura ha sido y es una de mis pasiones que se puedan contar públicamente, y, ahora, con tanto tiempo libre, me prolifero en la escritura y en la lectura.
Tenía y todavía tengo y mantengo amistades profesionales en tu bella Murcia, debido precisamente a mi carrera profesional. No olvides, estimada Sarasvati, que Murcia y su provincia es la huerta por antonomasia se España, por lo que antes estaba muy vinculada a mi profesión; ya no, obviamente, por motivos de jubilación.
Créete que ese es el mejor piropo que me han echado nunca, aunque lanzado a través de una interrogación: ¿Eres catedrático de Literatura, Antonio? . Es decir, tú no te andas por las ramas al decirme nada menos que catedrático, cuando profesor es ya una grandeza.
Siempre mis buenos deseos hacia ti. Me encanta chatear contigo. Ambos aprendemos de ambos en esto de las letras.
Cuando aquel caballero desconocido y de una belleza natural increíble, llegaba a aquel pueblo, no eran pocas las mozas casaderas, y también algunas señoras casadas, que se hacían ilusiones. Y no porque el hombre mostrara un interés más allá de mera cortesía con ninguna de ellas, sino, más bien, porque en un lugar de menos de mil habitantes, toda novedad tendía a ser interpretada en clave de destino.
El recién llegado era un hombre distinguido, cortés y dispuesto, pero reservado en lo tocante a su intimidad, y en particular a las motivaciones que lo habían llevado a tan recóndita localidad.
Se instalaba en el caserío en que había vivido Antonia, antes de que ella se fuera a la ciudad. Y en el bar y en las calles y en la plaza de abastos, de acuerdo se ponían todos para informar de bulos y teorías, más o menos, fundadas sobre él.
Llevaba anillo de casado, pero nadie le escuchó hacer la más mínima referencia de su esposa. Recordaba María, mientras pesaba un kilo de garbanzos en remojo para doña Amalia, que Emilio –que así se llamaba el hombre- había estado en otra ocasión alojado en la casa de Antonia, junto con su joven y hermosa esposa. Y de esto haría tres o cuatro años. Por lo visto, él y Antonia eran familia, quizás primos hermanos, pero vayan a saber la verdadera relación entre los dos.
A partir de aquí, divagaban las mujeres sobre el estado civil: ¿un divorciado llevaría aún el anillo de casado?, y sobre la posible duración de la estancia del desconocido en el pueblo, y debatían sobre cosas como el volumen del equipaje que traía consigo o la proximidad de las Fiestas Navideñas, como indicio de unos planes futuros más elaborados.
Pero poco duraban tamañas disquisiciones, porque a finales de noviembre encontraban a Emilio ahorcado en un viejo álamo, situado a doscientos metros del pueblo. No había nota alguna junto al cadáver, ni en el caserío de Antonia, pero a nadie se le pasaba por alto que el difunto no portaba anillo de casado. El juez de guardia del juzgado de paz despachaba el expediente a instancias del informe forense, determinando que se trataba de un caso palmario de suicidio.
Mientras, las evanescentes esperanzas de las mujeres del pueblo se convertían en morbosa expectación, cuando se procedía al trámite obligado de contactar con los parientes más cercanos o lejanos del finado.
Su viuda se trasladaba a esa localidad y era informada de la trágica noticia. Se llamaba Soledad, y era tan hermosa como la recordaban en el pueblo, pese al evidente dolor que constreñía su rostro. Ante el gentil pero implacable interrogatorio al que fue sometida por las vecinas, reconocía algún que otro incipiente problema en su matrimonio, pero, según su parecer, (¿quién podría contradecirla?), perfectamente resolubles y, desde luego, no merecedores de tan trágico desenlace.
Velaba Soledad a su esposo hasta que sus fuerzas se lo permitían, y después se retiraba a reposar y a pasar la noche en el caserío de Antonia, que sobre la mesa del salón-comedor encontraba un sobre cerrado a su nombre. En su interior estaba el anillo de Emilio y una nota manuscrita:
Ahora que sé seguro que ibas a venir, y nadie más que yo lo sabía, te comunico que mi única esposa es Antonia, y no tú. Perdóname, Soledad, pero no lo lamento.
A medida que Soledad iba leyendo la nota, la espeluznante verdad empezaba a filtrarse en su cerebro como Sol de amanecer tras noche de Luna, libaciones y clavel. Los gestos de espanto de la supuesta esposa del ahorcado, eran claramente visibles, tras los visillos del viejo caserío que se alzaba frente al que habitaba.
Si tu ex mujer te sigue amando y aupando, piensas en positivo
Nos conocimos en el hospital donde trabajo de enfermera, y a él lo habían ingresado una tarde durante mis vacaciones, así que cuando volvía a trabajar, ya se encontraba allí. Estaba perdiendo la vista; aún veía un poco, pero, desgraciadamente, la perdía y no había nada que el oftalmólogo pudiera hacer. Aun el garrotazo moral que había recibido, no había perdido su buen humor, o, tal vez, por el gran flechazo que sentimos desde el primer día. A mí me parecía una buena persona, educada y respetuosa.
Estuvo internado tres meses, tiempo suficiente para que naciera algo profundo entre los dos. Cuando abandonó el hospital, seguíamos viéndonos, pero siempre era yo la que lo visitaba, porque a él le resultaba difícil llegar hasta mi casa en las condiciones en que se hallaba. Me pedía que nos casáramos, y, aunque yo imaginaba lo que podía implicar estar casado con un invidente que igual nunca encontraría un trabajo, no me lo pensé y acepté, movida, sin duda, por el amor, el deseo y la pasión que sentía por él.
Nuestras vidas transcurrían bien; el amor que sentíamos nos ayudaba, aunque él tenía de pronto unas fuertes depresiones, pero con algunos amigos comunes tratábamos de hacerle entender que no todo estaba perdido y que era posible lograr un empleo y aprender de nuevo a caminar, pero solo por la calle.
Después de enviar algunos currículum a diferentes empresas, logró un trabajo de medio día y no muy lejos de nuestra casa, que así le era más fácil el desplazamiento.
Y llegó nuestro primer bebé y con él nuestra mayor alegría. Nunca antes habíamos estado más unidos. Me resultaba bonito enseñarle a cambiar al niño, a prepararle el biberón, incluso hasta bañarlo. Cuando yo estaba en mi trabajo, se encargaba de nuestro bebé. Por esa época se sentía mucho mejor, tanto que se animaba a inscribirse en una universidad para ciegos, pero, precisamente, coincidiendo con su ingreso, empezaban nuestros problemas.
Nuestro segundo bebé nació en medio de discusiones e incertidumbres. Yo seguía trabajando y cuidando de los tres, pero mi marido estaba cada vez menos con nosotros; su trabajo, sus estudios y sus amigos consumían casi todo su tiempo.
Un mal día me dijo que ya no me amaba, que me fuera de la casa. Y me fui, y me fui con mis niños, nuestras pocas cosas y el corazón partido, a la casa de mis padres. Él se quedó con su casa, pero solo. Cada cierto tiempo llevaba a nuestros hijos para que vieran a su papá, pero yo no podía con mis nervios y, como una esclava, me ponía a limpiar la casa, a lavarle la ropa, a ordenarle todo, antes de irme. Y así casi cuatro años. Nunca jamás volvió a darme una caricia o decirme una palabra linda, pero yo, romántica que es una, mujer al cabo, continuaba soñando con que algún día podíamos volver a estar juntos.
Y tal vez fue de tanto soñar que volvíamos a compartir nuestras vidas. Él, aun sus problemas, triste y solo, fue a buscarnos, y en cinco minutos me dijo todo lo que había estado ansiando escuchar de sus labios durante nuestra separación, e igual que la primera vez, lo decidí en menos de medio segundo. ¡Sí, volví con él!
Hoy al mediodía está él en el jardín arreglando el columpio de su hermanito, que nuestro hijo mayos lo ha medio roto, y yo sigo preparando la comida para los cuatro.
Si amas de verdad a tu pareja, todo tiene arreglo. La vida son dos días y medio. y uno de ellos con lluvia y truenos, así que y no hay que estar por la labor de perder un solo segundo.
Yo sigo muy enamorada de mi marido y veo y noto a diario que soy correspondida, pasa que él se siente un inútil por su ceguera y le parece que es una carga pesada de llevar. Es un buen padre y un buen marido. No me puedo quejar.
¿Es esto la Amistad pura o yo soy un iluso majareta?
Alguien que sea próximo a uno, a quien confiar tus confidencias Alguien que comparta todo contigo, como si de una sola persona se tratase Alguien que enfoque las situaciones de su amigo con objetividad Alguien que se sienta orgulloso por ser igualmente correspondido Alguien que dé la cara por su amigo en los momentos claves Alguien que se sienta feliz por el bienestar de su amigo Alguien que luche por la Amistad, mimándola, conservándola, perpetuándola Alguien que llene u ocupe el hueco que dejó su extinto amigo de verdad Alguien que esté al tanto de las inquietudes de la otra parte Alguien que se adelante antes de que su amigo dé un paso en falso Alguien que proteja el honor de su amigo, sin alardes Alguien que intuya las inquietudes de su amigo, que se involucre Alguien altruista y desinteresado en el terreno de la compartición Alguien que llore contigo y cuyas lágrimas mojen el mismo pesar Alguien que ría contigo, con cuyas risas se festeje el corazón de cada uno Alguien que luche por aunar decisiones, por pequeñas que éstas sean Alguien... hombre/mujer, guapo/a, feo/a, obeso/a, delgado/a, rico/a, pobre, torpe, listo/a, inteligente; ¡da igual!, que se vea como una prolongación de la otra parte, y solamente por Amistad. Alguien... ¿A qué es mucho pedir? ¿A qué no existe? ¿A qué no es alguien, sino que es nadie? Jamás entenderé a esa gente que dice “mi amigo”, así porque sí, olímpicamente. A veces me pregunto: “Antonio, ¿eres un rara avis?”.
La Amistad no es una pegatina que se cuelga en el pecho. La Amista no un pavoneo por quien sea la persona, por importante que se crea. La Amistad, tampoco es un traje o unos zapatos que se cambian a discreción. La Amistad no es para el abuso, es para el uso. La Amistad, como única finalidad, debe certificar algo fetén que nos hagas sentirnos bien.
Amistad por interés, no es Amistad. Amistad obligada, causa recelos, simplemente, porque no es Amistad. Amistad por devoción, es tan enrevesada que podría trocar los términos Amistad-enemistad. Pero Amistad pura garantiza toda clase de relación como base de principios para una buena convivencia. Es más, ésa última la veo más transcendente que la fidelidad. Sí, no digo tontería, porque si nos proliferásemos más en esa clase de Amistad, se produciría tan buena comunicación y tan buen entendimiento que sería casi imposible que se produjese una traición.
Amistad es muy diferente a cualquier otra relación. A diferencia del vínculo entre extraños, el vínculo entre amigos se basa en la confianza; a diferencia entre los amantes o los cónyuges, los amigos no sienten celos; a diferencia de los lazos entre padres e hijos, los amigos pasan de las malas críticas y de los estúpidos resentimientos.
La Amistad no es un estado civil. Una sociedad mercantil se rige a través de un contrato, igualmente una sociedad conyugal. Los padres adquieren obligaciones con respecto a su hijo, que les imponen la ley. Por contra, la Amistad se da, se recibe y se ejerce libremente.
Si una Amistad no es de corazón y no ofrece un permanente amor, testículos u ovarios necesita la razón para luchar contra tamaña cerrazón.
Pocos años después de que me diesen la Primera Hostia, y de esto hace ya la tira, me daba cuenta de quien era el dueño del mundo: S.A.R. El Dinero; el constructor y destructor, el decisorio y el irrisorio, el malo y el bueno. Y a mí me gustaría, ¡sí, me gustaría muchísimo! que se le dé una oportunidad al Romanticismo. Peor no nos iría. Convencido estoy de ello. Pero no, al Romanticismo ni agua, ni oportunidad calva. Qué pena, y qué pena porque vamos condenándonos aceleradamente a la condenación. Cada vez estamos más en guardia, más a la defensiva, somos más egoístas, más altaneros, menos abiertos, menos comprensivos... Y así nos va: renqueantes, cortos de caletre, sin oxígeno casi, al límite del límite, mal, muy mal, fatal, casi mortal de necesidad… y lo peor de todo esto es que no se vislumbra un cambio a corto o medio plazo. ¡Y a ver quién me dice lo contrario!
A medida que van pasando los años, hemos ido construyendo, quizás torpemente, o quizás deliberadamente, un muro como aquél, el que ya cayó. Pero este nuevo muro nuestro es más impertérrito, de acero y cáustica, infranqueable e inaccesible a todo tipo de concordia.
Hace ya mucho que no vamos de ley, que pasamos los unos de los otros, que no conversamos, que solo preguntamos y respondemos con monosílabos, pero por pura fórmula. Y no todos precisamente. Y no siempre precisamente. Y regreso a lo mismo, a El Dinero, el enemigo universal número uno. Y por culpa del Satanás Dinero nos trabamos, nos hachamos, física y moralmente, e incluso hasta nos matamos. ¡Y cuánto progreso y bienestar tendríamos si no nos comportásemos así!
No hay que ser muy inteligente como para saber que no hay nada mejor en la vida que la vida misma, pero no siempre la valoramos. Los palos que vamos recibiendo, durante en el difícil caminar, nos van trastornando, hasta el extremo de odiar nuestra propia existencia. Un craso error. Y esto nos ocurre por no ubicar nuestros avatares en su sitio justo. Arrestos (ovarios y testículos) en la sabiduría para llevar a cabo lo que se debe hacer en cada momento, no está a tiro del necio, como tampoco el amor, y solo amando, y amándonos los unos a los otros, es como únicamente podríamos disfrutar de una mejor convivencia, con la ventaja de que sería en usufructo común.
Pero, nos hemos convertido, como por arte de magia, en indolentes, y nuestra indolencia se ha puesto tan compulsiva que es la que evita que nos entreguemos a una gimnasia espiritual. Y, claro, luego pasa lo que pasa, que olímpicamente le endosamos el marrón al azar, pero éste, carámbano es, y para la humanidad un hielo de esas características es letal. Pero si una buena parte de… No, rectifico, si la humanidad entera, sin excepción, actúa por y con amor, cabe esperar un milagro contagio (para los creyentes como yo) de ese Dios Imponente, Señor de los ejércitos y Juez inflexible, como un bálsamo divino. Consecuentemente, el mundo iría a más justo, más bondadoso, más humano, más humanitario. ¿Utopía? Es posible, pero se me antoja que utopía es el principio de un progreso, el marketing de un futuro mejor.
¿Se imaginan un mundo sin guerras, sin egoísmos o falsas ambiciones, sin maldad, sin enemistades, por contra, con mucho amor, mucha paz, mucha concordia…, y todo lo bueno que El Dador puso al alcance del hombre, que nadie ignora, pero que insensatos somos y desidiosos habemos?
No obstante, hay quienes pagan con su vida el hecho de hacer el bien por el bien. Por contra, hay quienes son la maldad en persona, que además se creen que el desiderátum de sus “heroicidades” está en su pernicioso récord, y a más peyorativos en su contra, más pus para proseguir, ufanos y afanosos, con su crueldad. Impunemente actúan, amparado en el coercitivo de presunción de inocencia. Son la ESCORIA (Estiércol-Saña-Cáncer-Odio-Ralea-Impudicia-Asco) de la humanidad.
Conseguir un mundo mejor nos obliga, necesariamente, a ser más generosos con los demás. Dar gustosamente todo, con tal de alcanzar este fin, que, sin duda, es el mayor jubileo que jamás puede soñar el más humanitario de los humanos.
Casi al final de la longeva existencia de nuestro filósofo, escritor, pintor y músico, llegaba a entender el por qué de que transmitir sentimientos, a través de la escritura, es tan difícil.
A veces, los lectores hacen que la palabra pierda su verdadero valor.
Demostrar algo con toda su pureza, sin recibir una aceptación convincente, es realmente desolador.
Nuestro protagonista, en la pintura suele utilizar toda la gama de colores; los fríos generan sentimiento de tristeza; por contra, los calientes causan alegría, contento.
Reconoce este reconocido personaje que cada pintor tiene sus colores predilectos, los cuales aparecen siempre, o casi siempre, en todos sus lienzos.
Cuando pinta un paisaje, éste se ve pleno de alegría o de tristeza, como si la propia imagen pintada estuviera a punto de reír o de llorar.
De igual forma, la pintura en general expresa abiertamente los sentimientos de su autor.
También reconoce nuestro gran hombre que la música tiene un lenguaje universal, como lo es el reconocimiento de las expresiones humanas.
Todos y cada uno de los sentimientos pueden ser interpretados con cualquier instrumento musical, solamente con oír las diferentes escalas, tonalidades, acordes y melodías, hace que tu cerebro le susurre a sovoz a tu oído lo que tienes que sentir.
Todas las pinturas son guapas para quienes quieran verlas guapas. Todas las músicas son éxtasis para quienes quieran verlas como éxtasis, y unas simples palabras escritas en un papelito son suficientes para las personas que, apremiantemente, necesitan leerlas.
Los animales irracionales se acarician y se abrasan con bastante frecuencia, y está más que comprobado que los animales racionales, nosotros, los seres humanos, no somos capaces de imitarlos, ni por asomo.
Es palmario que un abrazo da seguridad y también reconforta.
Un bebé necesita sentir que lo aman y percibir el calor protector de su mamá.
Un simple gesto de cariño, o de amistad, en el momento oportuno, es, sin duda alguna, más efectivo que la mejor de las palabras afectivas.
¡Cuánto vuelas, sonriente y feliz, con un beso auténtico!
¡Qué estimulante resulta una palmadita en la espalda!
¡Cuánta amistad y comprensión conlleva el apoyar la mano en el hombro de alguien en un momento complicado su vida!
¡Cuantísima diferencia existe entre un frío y mecánico choque de manos, con un cordial y sincero apretón de manos!
Reiterada comunicación, encuentros concertados o casuales, palpar a las personas que les profesamos cariño, reconforta, vitaliza y acerca corazones.
Algo en su interior le decía que él iba a regresar.
Llevaba ya demasiado tiempo de apatía y sin ganas de vivir. No recordaba cuántos días se hallaba estirada en la cama de su dormitorio, mirando por la ventana y con la mirada perdida en el Cielo; perdida en una Luna de espectacular y deslumbrante brillantez que, supuestamente, la protegía cada noche y que la mantenía de alguna forma despierta.
Pero la chica de esta historia llegaba a un punto en que no quería aguantar más. Habían sido muchos años de espera, muchos años de suplicas silenciosas, muchísimos años de tristeza y lágrimas, que no iban a ninguna parte. Sola se encontraba y con una nostalgia permanente que la estaba destrozando y con unos pensamientos que en nada ayudaban a su estado de ánimo, todo lo contrario.
Ahora, ya llegada a este punto, empezaba a perder la esperanza de que él regresase. Lo había llamado tantas veces en sueños, que no podía creerse que no la hubiese oído. Tal vez, no volvería a verle nunca más. Solo con pensar en eso, su corazón sufría y la pena la dejaba paralizada. Con todo el deseo de verlo, al menos una vez más, una última mirada, solamente pedía eso.
El día que la dejaba, una eternidad, la vida se le cortaba en seco. Las agujas del reloj se paraban, los días perdían sentido, pasaba horas vacías, pidiéndole al Cielo que, aunque fuese el fin del camino para ellos, le permitiera volver a ver su rostro, volver a cogerle la mano por última vez, decirle, mirándolo a los ojos, cuánto lo añoraba y lo amaba.
Cerraba los ojos tratando de contener las lágrimas, que de nuevo volvían lentamente a por sus mejillas, y volvía a revivir momentos junto a él: el día que lo conocía, cambiaba su vida para siempre. Recordaba el primer beso y los sueños que juntos forjaban durante años, que habían construido a base de amor y confianza, qué lejos estaban ya...
De repente, notaba que había a alguien a su lado. Él estaba allí, mirándola con esos ojos negros que tanto añoraba. Se acercaba a ella y con una de sus manos las lágrimas le secaba, que ahora, por fin, eran de alegría.
- ¿Por qué tardaste tanto? Llevo toda la vida esperándote.
Sin él responder, se estiraba a su lado, cogía su mano y, acercando su boca a los labio de ella, la besaba y le decía:
- Desde que te dejé, nunca más he vuelto a amar. Te quedaste con todas mis sonrisas.
Y se miraban a los ojos como si se estuvieran viendo por primera vez, como si el tiempo se hubiera parado en el primer día en el que se enamoraban, en el primer te quiero, en el primer beso...
Y desde ese momento, ya podían irse unidos y volver a vivir el amor que siempre habían sentido, hasta la eternidad que les esperaba junto a su Luna.
Una mesa rectangular pomposamente equipada con una vajilla y una cubertería de lujo, y adornada con flores variadas, y un amplio ventanal desde donde se divisaba la blancura de la espuma del agua del mar, iluminada por la luz de las farolas del puerto. Todo esto era para celebrar una cena familiar, brindada por la aristocrática y millonaria familia de ella a la familia de él, de baja extracción.
En aquella calurosa noche, todos los asistentes a la cena eran testigos directos de las pasiones ahogadas durante años, sin riendas sueltas por las diferencias de los padres de ella, al no admitirle a él como esposo para su hija.
La tenue luz tintineante de las velitas, que adornaban la mesa, proyectaba un fulgurante brillo a sus caras, enardecidos, y aquella noche más que nunca, por la intensidad de tan decisivo encuentro, que la joven pareja sabía de antemano que era lo único que quedaba para unirse con aquiescencia y felicidad.
Frente a frente, los dos; ella, dentro de un vestido largo de seda celeste mar y de alta costura, con escote palabra de honor. El, impecable, con un esmoquin de color burdeos, alquilado, a juego con su pasión.
Toda persona, ajena a las dos familias, podía notar la atracción y el amor que sentían el uno por el otro. No había más que ver cómo cada vez que se rozaban bajo aquel sobrio y lujoso mantel, trataban de detener que saliese la lava de sus volcanes, subiéndoles por sus entrañas un deseo tan intenso que desdibujaba y a la vez desintegraba todo lo que les rodeaba, hasta el punto de hacerlos sentirse solos, si no fuese porque un camarero, de un blanco inmaculado, se les había aproximado para servirles una copa de vino fino y unas ostras, cosa que había pasado desapercibida, dada la enajenación bajo la que se encontraban.
El chico alzaba su copa para sorber un poco de vino, y ella miraba cómo iba entrando en su garganta. Sentía que el caldo se iba mezclando con su saliva y su cálido aliento. Ella Imaginaba su lengua allí, fundida con la suya.
Toses discretas de él, para apartar un pensamiento pecaminoso, pero su mirada clavada estaba en la de ella, que alzando su copa. a modo de brindis, la obligaba a bajar la visión hasta una de sus manos, que ahora la imaginaba jugando con lujuria con sus dos muslos deseosos de ser acariciados.
Ella, relativamente asustada por la estrepitosa magnitud de las sensaciones y emociones del encuentro, tan esperado, tan ansiado, quería fervientemente que no se desperdiciase ni una sola letra de la decisión a punto de tomarse.
¿A qué estarían dispuestos?
Pues los dos estaban dispuestos a devorarse el uno al otro, a dar el esquinazo a todo lo que pudiese entorpecer su rumbo y a lanzarse el uno en el otro sobre la emperifollada mesa. Dispuestos estaban a arrancarse la seda, el burdeos, a comerse a besos y abrazos, sin importarles en absoluto el gran estruendo que podría causar la rotura de la costosa porcelana y el cristal fino de la firma Sevilla-Cartuja, al estamparse contra el suelo, aun las miradas atónitas de los padres de ambos.
A todo eso y a más estaban dispuestos. A echarse sobre la mesa, gemir a la luz de las farolas del puerto en una cabalgadura desbocada que los llevase a un sonoro orgasmo, a fundirse en un deliciosos y pasional abrazo casi eterno, a mecer la locura del alma de ella y la cordura de él, a cubrir el impoluto mantel, totalmente manchado por la condena de su secreto.
Y a mucho más, si no fuese porque deseaban la bendición de sus mayores. No estaban solos, también estaban sus padres, y todos rodeados de suculentos platos que ellos dos no tenían intención de degustar.
Pero, percatándose de que los progenitores de ella no se pronunciaban afirmativamente, en un súbito arrebato la sacaba del boato de la indumentaria, la suntuosidad del marco, la pomposidad de la cena, y todo lo que sobraba. Le guiñaba ojo y hacía con la cabeza un movimiento hacia la playa. Y, cual resorte, se levantaban de sus sillas, y, corriendo, se iban hacia la orilla, desparramando la ropa por el camino.
Y ahora en el agua salada, el uno al otro, impacientes y excitados, se servían platos más suculentos, cambiando las diferencias familiares por amor puro, y la clases sociales por deseo y pasión que incendiaban sus corazones.
Como entro a diario en el foro, vengo observando (tras repasos, a veces minuciosos de algunos de mis hilos) que aumentan progresivamente las entradas de foreros, pero sin recibir ningún comentario como respuesta, lo que me da a entender que este lugar tiene más movimiento del que pensábamos. Con la anterior configuración sabíamos en todo momento el número exacto de participantes, incluso recibíamos felicitaciones por parte de la dirección, cuando llegaba la fecha de nuestro cumpleaños, y esto último nos agradaba, pero como esa gentileza ha desaparecido, quizás contribuya a un descenso de participación.
Comentarios
Buenas tardes de lunes 19 diciembre 2022
Enhorabuena a mis tres parientes cercanos (que trabajan y viven allí), y a mis numerosos amigos y conocidos (de mi etapa profesional) de la bonita ciudad de Murcia, por contar desde hoy mismo con los servicios del tren AVE, de la Renfe española.
Y, cómo no, mi enhorabuena es extensiva también a mi admirada y respetada escritora de este foro de Literatura, Sarasvati, con la cual cambio con frecuencia comentarios y opiniones.
Mis saludos afectuosos y mi deseo a todos ellos de que pasen unas Felices Fiestas Navideñas 2022
Canta mi cantante extranjera favorita: MINA
Baila mi actriz extranjera favorita: RITA HAYWORTH
El Porompompero
Buena parte de la juventud de hoy en día
hace guiños a la excentricidad y al ocio,
es egoísta, maleducada y despectiva,
también es autoritaria y desagradecida,
desprecia olímpicamente a las leyes,
no sabe o no quiere respetar a sus mayores,
culpa a sus padres de sus frustraciones
y critica todo, en lugar de estudiar o trabajar
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Música: Giuseppe de Santi
Bailan: Silvana Mangano - Vitorio Gazmann
Caballo viejo e riso amaro nuevo
Buenas tardes, pero semi lluviosas, de martes 20 diciembre 2022
Colegas machos y colegas hembras decían que yo era un retrógrado. Y con razón. Soy un hombre de pasiones primarias; por tanto, no puedo recaer sobre nadie la culpa de mis descalabros: yo mismo me los he ido labrando. El título de catedrático en Literatura, que ostento, y la extensa cultura, a juicio de algunos, que he podido almacenar, apenas han influido en mí. A pesar de todos esos postizos intelectuales, sigo siendo un cavernícola. Peo, aun mi atavismo, y, quizás, precisamente, a causa de él, no deja de haber en mí un cierto margen de nobleza y posibilidades. Soy bruto, no malo. He bordeado el ámbito de una existencia mejor, acaso feliz. En estos últimos años he llevado una vida loable, casi heroica, pero me han llevado a ella los remordimientos y la impotencia. Se empequeñece el rasgo ante mis ojos y no puedo verme sino como soy: un infeliz y un cobarde.
Sevilla enero 1999
para los fines de semana
Sevilla diciembre 2022
esta colombiana de Barranquilla
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Rita a los 37 años
El Alzheimer se la llevó a los 69 años
ACHL - SEVILLA
Buenas tardes semi lluviosas de miércoles 21 diciembre 2022
para este próximo año dos mil veintitrés
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Buenas noches despejadas de jueves diciembre 2022
Buenas noches cálidas de viernes 23 diciembre 2022
Buen día de Navidad, domingo 25 diciembre 2022, a todos
antonio chavez dijo: Gracias (a veces no le echo el ojo a las menciones, disculpa)
¿Eres catedrático de Literatura, Antonio?
¡Por Dios, qué halago tan maravilloso; yo, catedrático de la Excelentísima Literatura, mi vocación y profesión frustrada!
Pero no, soy ingeniero agrónomo y he ejercido como tal más de 50 años. Pasa que la Literatura ha sido y es una de mis pasiones que se puedan contar públicamente, y, ahora, con tanto tiempo libre, me prolifero en la escritura y en la lectura.
Tenía y todavía tengo y mantengo amistades profesionales en tu bella Murcia, debido precisamente a mi carrera profesional. No olvides, estimada Sarasvati, que Murcia y su provincia es la huerta por antonomasia se España, por lo que antes estaba muy vinculada a mi profesión; ya no, obviamente, por motivos de jubilación.
Créete que ese es el mejor piropo que me han echado nunca, aunque lanzado a través de una interrogación: ¿Eres catedrático de Literatura, Antonio? . Es decir, tú no te andas por las ramas al decirme nada menos que catedrático, cuando profesor es ya una grandeza.
Siempre mis buenos deseos hacia ti. Me encanta chatear contigo. Ambos aprendemos de ambos en esto de las letras.
VA CAYENDO EN PICADO EL AVIÓN EN EL QUE VIAJA COMO PASAJERO
PAZ Y FELICIDAD PARA TODOS, PERO NO SOLO DURANTE ESTAS FIESTAS
NAVIDEÑAS, SINO TAMBIÉN IN AETÉRNUM
ACHL - SEVILLA
Su verdadera esposa no era su esposa
Cuando aquel caballero desconocido y de una belleza natural increíble, llegaba a aquel pueblo, no eran pocas las mozas casaderas, y también algunas señoras casadas, que se hacían ilusiones. Y no porque el hombre mostrara un interés más allá de mera cortesía con ninguna de ellas, sino, más bien, porque en un lugar de menos de mil habitantes, toda novedad tendía a ser interpretada en clave de destino.
El recién llegado era un hombre distinguido, cortés y dispuesto, pero reservado en lo tocante a su intimidad, y en particular a las motivaciones que lo habían llevado a tan recóndita localidad.
Se instalaba en el caserío en que había vivido Antonia, antes de que ella se fuera a la ciudad. Y en el bar y en las calles y en la plaza de abastos, de acuerdo se ponían todos para informar de bulos y teorías, más o menos, fundadas sobre él.
Llevaba anillo de casado, pero nadie le escuchó hacer la más mínima referencia de su esposa. Recordaba María, mientras pesaba un kilo de garbanzos en remojo para doña Amalia, que Emilio –que así se llamaba el hombre- había estado en otra ocasión alojado en la casa de Antonia, junto con su joven y hermosa esposa. Y de esto haría tres o cuatro años. Por lo visto, él y Antonia eran familia, quizás primos hermanos, pero vayan a saber la verdadera relación entre los dos.
A partir de aquí, divagaban las mujeres sobre el estado civil: ¿un divorciado llevaría aún el anillo de casado?, y sobre la posible duración de la estancia del desconocido en el pueblo, y debatían sobre cosas como el volumen del equipaje que traía consigo o la proximidad de las Fiestas Navideñas, como indicio de unos planes futuros más elaborados.
Pero poco duraban tamañas disquisiciones, porque a finales de noviembre encontraban a Emilio ahorcado en un viejo álamo, situado a doscientos metros del pueblo. No había nota alguna junto al cadáver, ni en el caserío de Antonia, pero a nadie se le pasaba por alto que el difunto no portaba anillo de casado. El juez de guardia del juzgado de paz despachaba el expediente a instancias del informe forense, determinando que se trataba de un caso palmario de suicidio.
Mientras, las evanescentes esperanzas de las mujeres del pueblo se convertían en morbosa expectación, cuando se procedía al trámite obligado de contactar con los parientes más cercanos o lejanos del finado.
Su viuda se trasladaba a esa localidad y era informada de la trágica noticia. Se llamaba Soledad, y era tan hermosa como la recordaban en el pueblo, pese al evidente dolor que constreñía su rostro. Ante el gentil pero implacable interrogatorio al que fue sometida por las vecinas, reconocía algún que otro incipiente problema en su matrimonio, pero, según su parecer, (¿quién podría contradecirla?), perfectamente resolubles y, desde luego, no merecedores de tan trágico desenlace.
Velaba Soledad a su esposo hasta que sus fuerzas se lo permitían, y después se retiraba a reposar y a pasar la noche en el caserío de Antonia, que sobre la mesa del salón-comedor encontraba un sobre cerrado a su nombre. En su interior estaba el anillo de Emilio y una nota manuscrita:
A medida que Soledad iba leyendo la nota, la espeluznante verdad empezaba a filtrarse en su cerebro como Sol de amanecer tras noche de Luna, libaciones y clavel. Los gestos de espanto de la supuesta esposa del ahorcado, eran claramente visibles, tras los visillos del viejo caserío que se alzaba frente al que habitaba.
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Si tu ex mujer te sigue amando y aupando, piensas en positivo
Nos conocimos en el hospital donde trabajo de enfermera, y a él lo habían ingresado una tarde durante mis vacaciones, así que cuando volvía a trabajar, ya se encontraba allí. Estaba perdiendo la vista; aún veía un poco, pero, desgraciadamente, la perdía y no había nada que el oftalmólogo pudiera hacer. Aun el garrotazo moral que había recibido, no había perdido su buen humor, o, tal vez, por el gran flechazo que sentimos desde el primer día. A mí me parecía una buena persona, educada y respetuosa.
Estuvo internado tres meses, tiempo suficiente para que naciera algo profundo entre los dos. Cuando abandonó el hospital, seguíamos viéndonos, pero siempre era yo la que lo visitaba, porque a él le resultaba difícil llegar hasta mi casa en las condiciones en que se hallaba. Me pedía que nos casáramos, y, aunque yo imaginaba lo que podía implicar estar casado con un invidente que igual nunca encontraría un trabajo, no me lo pensé y acepté, movida, sin duda, por el amor, el deseo y la pasión que sentía por él.
Nuestras vidas transcurrían bien; el amor que sentíamos nos ayudaba, aunque él tenía de pronto unas fuertes depresiones, pero con algunos amigos comunes tratábamos de hacerle entender que no todo estaba perdido y que era posible lograr un empleo y aprender de nuevo a caminar, pero solo por la calle.
Después de enviar algunos currículum a diferentes empresas, logró un trabajo de medio día y no muy lejos de nuestra casa, que así le era más fácil el desplazamiento.
Y llegó nuestro primer bebé y con él nuestra mayor alegría. Nunca antes habíamos estado más unidos. Me resultaba bonito enseñarle a cambiar al niño, a prepararle el biberón, incluso hasta bañarlo. Cuando yo estaba en mi trabajo, se encargaba de nuestro bebé. Por esa época se sentía mucho mejor, tanto que se animaba a inscribirse en una universidad para ciegos, pero, precisamente, coincidiendo con su ingreso, empezaban nuestros problemas.
Nuestro segundo bebé nació en medio de discusiones e incertidumbres. Yo seguía trabajando y cuidando de los tres, pero mi marido estaba cada vez menos con nosotros; su trabajo, sus estudios y sus amigos consumían casi todo su tiempo.
Un mal día me dijo que ya no me amaba, que me fuera de la casa. Y me fui, y me fui con mis niños, nuestras pocas cosas y el corazón partido, a la casa de mis padres. Él se quedó con su casa, pero solo. Cada cierto tiempo llevaba a nuestros hijos para que vieran a su papá, pero yo no podía con mis nervios y, como una esclava, me ponía a limpiar la casa, a lavarle la ropa, a ordenarle todo, antes de irme. Y así casi cuatro años. Nunca jamás volvió a darme una caricia o decirme una palabra linda, pero yo, romántica que es una, mujer al cabo, continuaba soñando con que algún día podíamos volver a estar juntos.
Y tal vez fue de tanto soñar que volvíamos a compartir nuestras vidas. Él, aun sus problemas, triste y solo, fue a buscarnos, y en cinco minutos me dijo todo lo que había estado ansiando escuchar de sus labios durante nuestra separación, e igual que la primera vez, lo decidí en menos de medio segundo. ¡Sí, volví con él!
Hoy al mediodía está él en el jardín arreglando el columpio de su hermanito, que nuestro hijo mayos lo ha medio roto, y yo sigo preparando la comida para los cuatro.
Si amas de verdad a tu pareja, todo tiene arreglo. La vida son dos días y medio. y uno de ellos con lluvia y truenos, así que y no hay que estar por la labor de perder un solo segundo.
Yo sigo muy enamorada de mi marido y veo y noto a diario que soy correspondida, pasa que él se siente un inútil por su ceguera y le parece que es una carga pesada de llevar. Es un buen padre y un buen marido. No me puedo quejar.
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
¿Es esto la Amistad pura o yo soy un iluso majareta?
Alguien que sea próximo a uno, a quien confiar tus confidencias
Alguien que comparta todo contigo, como si de una sola persona se tratase
Alguien que enfoque las situaciones de su amigo con objetividad
Alguien que se sienta orgulloso por ser igualmente correspondido
Alguien que dé la cara por su amigo en los momentos claves
Alguien que se sienta feliz por el bienestar de su amigo
Alguien que luche por la Amistad, mimándola, conservándola, perpetuándola
Alguien que llene u ocupe el hueco que dejó su extinto amigo de verdad
Alguien que esté al tanto de las inquietudes de la otra parte
Alguien que se adelante antes de que su amigo dé un paso en falso
Alguien que proteja el honor de su amigo, sin alardes
Alguien que intuya las inquietudes de su amigo, que se involucre
Alguien altruista y desinteresado en el terreno de la compartición
Alguien que llore contigo y cuyas lágrimas mojen el mismo pesar
Alguien que ría contigo, con cuyas risas se festeje el corazón de cada uno
Alguien que luche por aunar decisiones, por pequeñas que éstas sean
Alguien... hombre/mujer, guapo/a, feo/a, obeso/a, delgado/a, rico/a, pobre, torpe, listo/a, inteligente; ¡da igual!, que se vea como una prolongación de la otra parte, y solamente por Amistad.
Alguien... ¿A qué es mucho pedir? ¿A qué no existe? ¿A qué no es alguien, sino que es nadie? Jamás entenderé a esa gente que dice “mi amigo”, así porque sí, olímpicamente. A veces me pregunto: “Antonio, ¿eres un rara avis?”.
La Amistad no es una pegatina que se cuelga en el pecho.
La Amista no un pavoneo por quien sea la persona, por importante que se crea.
La Amistad, tampoco es un traje o unos zapatos que se cambian a discreción.
La Amistad no es para el abuso, es para el uso.
La Amistad, como única finalidad, debe certificar algo fetén que nos hagas sentirnos bien.
Amistad por interés, no es Amistad. Amistad obligada, causa recelos, simplemente, porque no es Amistad. Amistad por devoción, es tan enrevesada que podría trocar los términos Amistad-enemistad. Pero Amistad pura garantiza toda clase de relación como base de principios para una buena convivencia. Es más, ésa última la veo más transcendente que la fidelidad. Sí, no digo tontería, porque si nos proliferásemos más en esa clase de Amistad, se produciría tan buena comunicación y tan buen entendimiento que sería casi imposible que se produjese una traición.
Amistad es muy diferente a cualquier otra relación. A diferencia del vínculo entre extraños, el vínculo entre amigos se basa en la confianza; a diferencia entre los amantes o los cónyuges, los amigos no sienten celos; a diferencia de los lazos entre padres e hijos, los amigos pasan de las malas críticas y de los estúpidos resentimientos.
La Amistad no es un estado civil. Una sociedad mercantil se rige a través de un contrato, igualmente una sociedad conyugal. Los padres adquieren obligaciones con respecto a su hijo, que les imponen la ley. Por contra, la Amistad se da, se recibe y se ejerce libremente.
Si una Amistad no es de corazón y no ofrece un permanente amor, testículos u ovarios necesita la razón para luchar contra tamaña cerrazón.
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Debemos luchar por conseguir un mundo mejor
Pocos años después de que me diesen la Primera Hostia, y de esto hace ya la tira, me daba cuenta de quien era el dueño del mundo: S.A.R. El Dinero; el constructor y destructor, el decisorio y el irrisorio, el malo y el bueno. Y a mí me gustaría, ¡sí, me gustaría muchísimo! que se le dé una oportunidad al Romanticismo. Peor no nos iría. Convencido estoy de ello. Pero no, al Romanticismo ni agua, ni oportunidad calva. Qué pena, y qué pena porque vamos condenándonos aceleradamente a la condenación. Cada vez estamos más en guardia, más a la defensiva, somos más egoístas, más altaneros, menos abiertos, menos comprensivos... Y así nos va: renqueantes, cortos de caletre, sin oxígeno casi, al límite del límite, mal, muy mal, fatal, casi mortal de necesidad… y lo peor de todo esto es que no se vislumbra un cambio a corto o medio plazo. ¡Y a ver quién me dice lo contrario!
A medida que van pasando los años, hemos ido construyendo, quizás torpemente, o quizás deliberadamente, un muro como aquél, el que ya cayó. Pero este nuevo muro nuestro es más impertérrito, de acero y cáustica, infranqueable e inaccesible a todo tipo de concordia.
Hace ya mucho que no vamos de ley, que pasamos los unos de los otros, que no conversamos, que solo preguntamos y respondemos con monosílabos, pero por pura fórmula. Y no todos precisamente. Y no siempre precisamente. Y regreso a lo mismo, a El Dinero, el enemigo universal número uno. Y por culpa del Satanás Dinero nos trabamos, nos hachamos, física y moralmente, e incluso hasta nos matamos. ¡Y cuánto progreso y bienestar tendríamos si no nos comportásemos así!
No hay que ser muy inteligente como para saber que no hay nada mejor en la vida que la vida misma, pero no siempre la valoramos. Los palos que vamos recibiendo, durante en el difícil caminar, nos van trastornando, hasta el extremo de odiar nuestra propia existencia. Un craso error. Y esto nos ocurre por no ubicar nuestros avatares en su sitio justo. Arrestos (ovarios y testículos) en la sabiduría para llevar a cabo lo que se debe hacer en cada momento, no está a tiro del necio, como tampoco el amor, y solo amando, y amándonos los unos a los otros, es como únicamente podríamos disfrutar de una mejor convivencia, con la ventaja de que sería en usufructo común.
Pero, nos hemos convertido, como por arte de magia, en indolentes, y nuestra indolencia se ha puesto tan compulsiva que es la que evita que nos entreguemos a una gimnasia espiritual. Y, claro, luego pasa lo que pasa, que olímpicamente le endosamos el marrón al azar, pero éste, carámbano es, y para la humanidad un hielo de esas características es letal. Pero si una buena parte de… No, rectifico, si la humanidad entera, sin excepción, actúa por y con amor, cabe esperar un milagro contagio (para los creyentes como yo) de ese Dios Imponente, Señor de los ejércitos y Juez inflexible, como un bálsamo divino. Consecuentemente, el mundo iría a más justo, más bondadoso, más humano, más humanitario. ¿Utopía? Es posible, pero se me antoja que utopía es el principio de un progreso, el marketing de un futuro mejor.
¿Se imaginan un mundo sin guerras, sin egoísmos o falsas ambiciones, sin maldad, sin enemistades, por contra, con mucho amor, mucha paz, mucha concordia…, y todo lo bueno que El Dador puso al alcance del hombre, que nadie ignora, pero que insensatos somos y desidiosos habemos?
No obstante, hay quienes pagan con su vida el hecho de hacer el bien por el bien. Por contra, hay quienes son la maldad en persona, que además se creen que el desiderátum de sus “heroicidades” está en su pernicioso récord, y a más peyorativos en su contra, más pus para proseguir, ufanos y afanosos, con su crueldad. Impunemente actúan, amparado en el coercitivo de presunción de inocencia. Son la ESCORIA (Estiércol-Saña-Cáncer-Odio-Ralea-Impudicia-Asco) de la humanidad.
Conseguir un mundo mejor nos obliga, necesariamente, a ser más generosos con los demás. Dar gustosamente todo, con tal de alcanzar este fin, que, sin duda, es el mayor jubileo que jamás puede soñar el más humanitario de los humanos.
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Si aprendes a orientar tu vida, triunfas
Casi al final de la longeva existencia de nuestro filósofo, escritor, pintor y músico, llegaba a entender el por qué de que transmitir sentimientos, a través de la escritura, es tan difícil.
A veces, los lectores hacen que la palabra pierda su verdadero valor.
Demostrar algo con toda su pureza, sin recibir una aceptación convincente, es realmente desolador.
Nuestro protagonista, en la pintura suele utilizar toda la gama de colores; los fríos generan sentimiento de tristeza; por contra, los calientes causan alegría, contento.
Reconoce este reconocido personaje que cada pintor tiene sus colores predilectos, los cuales aparecen siempre, o casi siempre, en todos sus lienzos.
Cuando pinta un paisaje, éste se ve pleno de alegría o de tristeza, como si la propia imagen pintada estuviera a punto de reír o de llorar.
De igual forma, la pintura en general expresa abiertamente los sentimientos de su autor.
También reconoce nuestro gran hombre que la música tiene un lenguaje universal, como lo es el reconocimiento de las expresiones humanas.
Todos y cada uno de los sentimientos pueden ser interpretados con cualquier instrumento musical, solamente con oír las diferentes escalas, tonalidades, acordes y melodías, hace que tu cerebro le susurre a sovoz a tu oído lo que tienes que sentir.
Todas las pinturas son guapas para quienes quieran verlas guapas. Todas las músicas son éxtasis para quienes quieran verlas como éxtasis, y unas simples palabras escritas en un papelito son suficientes para las personas que, apremiantemente, necesitan leerlas.
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
El abrazo es, quizá, el mejor aderezo del amor
Los animales irracionales se acarician y se abrasan con bastante frecuencia, y está más que comprobado que los animales racionales, nosotros, los seres humanos, no somos capaces de imitarlos, ni por asomo.
Es palmario que un abrazo da seguridad y también reconforta.
Un bebé necesita sentir que lo aman y percibir el calor protector de su mamá.
Un simple gesto de cariño, o de amistad, en el momento oportuno, es, sin duda alguna, más efectivo que la mejor de las palabras afectivas.
¡Cuánto vuelas, sonriente y feliz, con un beso auténtico!
¡Qué estimulante resulta una palmadita en la espalda!
¡Cuánta amistad y comprensión conlleva el apoyar la mano en el hombro de alguien en un momento complicado su vida!
¡Cuantísima diferencia existe entre un frío y mecánico choque de manos, con un cordial y sincero apretón de manos!
Reiterada comunicación, encuentros concertados o casuales, palpar a las personas que les profesamos cariño, reconforta, vitaliza y acerca corazones.
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Llevaba ya demasiado tiempo de apatía y sin ganas de vivir. No recordaba cuántos días se hallaba estirada en la cama de su dormitorio, mirando por la ventana y con la mirada perdida en el Cielo; perdida en una Luna de espectacular y deslumbrante brillantez que, supuestamente, la protegía cada noche y que la mantenía de alguna forma despierta.
Pero la chica de esta historia llegaba a un punto en que no quería aguantar más. Habían sido muchos años de espera, muchos años de suplicas silenciosas, muchísimos años de tristeza y lágrimas, que no iban a ninguna parte. Sola se encontraba y con una nostalgia permanente que la estaba destrozando y con unos pensamientos que en nada ayudaban a su estado de ánimo, todo lo contrario.
Ahora, ya llegada a este punto, empezaba a perder la esperanza de que él regresase. Lo había llamado tantas veces en sueños, que no podía creerse que no la hubiese oído. Tal vez, no volvería a verle nunca más. Solo con pensar en eso, su corazón sufría y la pena la dejaba paralizada. Con todo el deseo de verlo, al menos una vez más, una última mirada, solamente pedía eso.
El día que la dejaba, una eternidad, la vida se le cortaba en seco. Las agujas del reloj se paraban, los días perdían sentido, pasaba horas vacías, pidiéndole al Cielo que, aunque fuese el fin del camino para ellos, le permitiera volver a ver su rostro, volver a cogerle la mano por última vez, decirle, mirándolo a los ojos, cuánto lo añoraba y lo amaba.
Cerraba los ojos tratando de contener las lágrimas, que de nuevo volvían lentamente a por sus mejillas, y volvía a revivir momentos junto a él: el día que lo conocía, cambiaba su vida para siempre. Recordaba el primer beso y los sueños que juntos forjaban durante años, que habían construido a base de amor y confianza, qué lejos estaban ya...
De repente, notaba que había a alguien a su lado. Él estaba allí, mirándola con esos ojos negros que tanto añoraba. Se acercaba a ella y con una de sus manos las lágrimas le secaba, que ahora, por fin, eran de alegría.
- ¿Por qué tardaste tanto? Llevo toda la vida esperándote.
Sin él responder, se estiraba a su lado, cogía su mano y, acercando su boca a los labio de ella, la besaba y le decía:
- Desde que te dejé, nunca más he vuelto a amar. Te quedaste con todas mis sonrisas.
Y se miraban a los ojos como si se estuvieran viendo por primera vez, como si el tiempo se hubiera parado en el primer día en el que se enamoraban, en el primer te quiero, en el primer beso...
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
La eterna cantinela de las escalas sociales
Una mesa rectangular pomposamente equipada con una vajilla y una cubertería de lujo, y adornada con flores variadas, y un amplio ventanal desde donde se divisaba la blancura de la espuma del agua del mar, iluminada por la luz de las farolas del puerto. Todo esto era para celebrar una cena familiar, brindada por la aristocrática y millonaria familia de ella a la familia de él, de baja extracción.
En aquella calurosa noche, todos los asistentes a la cena eran testigos directos de las pasiones ahogadas durante años, sin riendas sueltas por las diferencias de los padres de ella, al no admitirle a él como esposo para su hija.
La tenue luz tintineante de las velitas, que adornaban la mesa, proyectaba un fulgurante brillo a sus caras, enardecidos, y aquella noche más que nunca, por la intensidad de tan decisivo encuentro, que la joven pareja sabía de antemano que era lo único que quedaba para unirse con aquiescencia y felicidad.
Frente a frente, los dos; ella, dentro de un vestido largo de seda celeste mar y de alta costura, con escote palabra de honor. El, impecable, con un esmoquin de color burdeos, alquilado, a juego con su pasión.
Toda persona, ajena a las dos familias, podía notar la atracción y el amor que sentían el uno por el otro. No había más que ver cómo cada vez que se rozaban bajo aquel sobrio y lujoso mantel, trataban de detener que saliese la lava de sus volcanes, subiéndoles por sus entrañas un deseo tan intenso que desdibujaba y a la vez desintegraba todo lo que les rodeaba, hasta el punto de hacerlos sentirse solos, si no fuese porque un camarero, de un blanco inmaculado, se les había aproximado para servirles una copa de vino fino y unas ostras, cosa que había pasado desapercibida, dada la enajenación bajo la que se encontraban.
El chico alzaba su copa para sorber un poco de vino, y ella miraba cómo iba entrando en su garganta. Sentía que el caldo se iba mezclando con su saliva y su cálido aliento. Ella Imaginaba su lengua allí, fundida con la suya.
Toses discretas de él, para apartar un pensamiento pecaminoso, pero su mirada clavada estaba en la de ella, que alzando su copa. a modo de brindis, la obligaba a bajar la visión hasta una de sus manos, que ahora la imaginaba jugando con lujuria con sus dos muslos deseosos de ser acariciados.
Ella, relativamente asustada por la estrepitosa magnitud de las sensaciones y emociones del encuentro, tan esperado, tan ansiado, quería fervientemente que no se desperdiciase ni una sola letra de la decisión a punto de tomarse.
¿A qué estarían dispuestos?
Pues los dos estaban dispuestos a devorarse el uno al otro, a dar el esquinazo a todo lo que pudiese entorpecer su rumbo y a lanzarse el uno en el otro sobre la emperifollada mesa. Dispuestos estaban a arrancarse la seda, el burdeos, a comerse a besos y abrazos, sin importarles en absoluto el gran estruendo que podría causar la rotura de la costosa porcelana y el cristal fino de la firma Sevilla-Cartuja, al estamparse contra el suelo, aun las miradas atónitas de los padres de ambos.
A todo eso y a más estaban dispuestos. A echarse sobre la mesa, gemir a la luz de las farolas del puerto en una cabalgadura desbocada que los llevase a un sonoro orgasmo, a fundirse en un deliciosos y pasional abrazo casi eterno, a mecer la locura del alma de ella y la cordura de él, a cubrir el impoluto mantel, totalmente manchado por la condena de su secreto.
Y a mucho más, si no fuese porque deseaban la bendición de sus mayores. No estaban solos, también estaban sus padres, y todos rodeados de suculentos platos que ellos dos no tenían intención de degustar.
Pero, percatándose de que los progenitores de ella no se pronunciaban afirmativamente, en un súbito arrebato la sacaba del boato de la indumentaria, la suntuosidad del marco, la pomposidad de la cena, y todo lo que sobraba. Le guiñaba ojo y hacía con la cabeza un movimiento hacia la playa. Y, cual resorte, se levantaban de sus sillas, y, corriendo, se iban hacia la orilla, desparramando la ropa por el camino.
Y ahora en el agua salada, el uno al otro, impacientes y excitados, se servían platos más suculentos, cambiando las diferencias familiares por amor puro, y la clases sociales por deseo y pasión que incendiaban sus corazones.
Antonio Chávez López
Sevilla diciembre 2022
Buenas tardes-noche de martes 27 diciembre 2022
Buenas tardes de miércoles 28 diciembre 2022.
¡Cuidado con las inocentadas!
Buenas tardes nubladas (¿amenazantes de lluvia?) de jueves 29 diciembre 2022.
Una simple observación
Como entro a diario en el foro, vengo observando (tras repasos, a veces minuciosos de algunos de mis hilos) que aumentan progresivamente las entradas de foreros, pero sin recibir ningún comentario como respuesta, lo que me da a entender que este lugar tiene más movimiento del que pensábamos. Con la anterior configuración sabíamos en todo momento el número exacto de participantes, incluso recibíamos felicitaciones por parte de la dirección, cuando llegaba la fecha de nuestro cumpleaños, y esto último nos agradaba, pero como esa gentileza ha desaparecido, quizás contribuya a un descenso de participación.