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INTRUSOS

Era medianoche cuando Pedro abrió los ojos de manera brusca, con el rostro pálido y sudoroso. No podía recordar cuánto tiempo llevaba inconsciente o qué había sucedido antes, pero el ambiente le permitió hacer ciertas conjeturas. Su madre, Antonia, no solía apagar las luces de la habitación sin antes cerrar las ventanas. En ese momento, sin embargo, las cortinas se mecían con el viento que penetraba por ahí. Antonia tampoco dejaba encendida la iluminación del pasillo, pero él veía la luz colándose por debajo de la puerta desde el borde de la cama.

«¿Intrusos?», pensó para sus adentros mientras comenzaba a observar a sus alrededores en búsqueda de algún objeto con el cual defenderse. Se asustó cuando no reconoció sus juguetes o sus pertenencias en el cuarto en el que se encontraba. Tampoco estaba la cama de Simón, su hermano mayor.

—¡Mamá! —exclamó, asustado.

¿Quién pudo tomarse el trabajo de cambiar todas las cosas de lugar? ¿Y la cama de su hermano? ¿Para qué? Claro que Simón llevaba varios meses internado por tuberculosis, pero volvería a casa en algún momento. Y su madre, ¿acaso la habían lastimado? ¿Por qué permitió que se llevaran sus cosas? ¿Por qué no cerró la ventana?

Con el corazón acelerado, Pedro intentó ponerse en pie para ir al rescate de Antonia, pero sus piernas no le respondieron. Su cuerpo cayó desplomado al suelo, provocando que las muletas y la silla de ruedas —que algún extraño había dejado allí—, salieran despedidos hacia un costado.

El estruendo provocó que se hiciera un silencio repentino en la casa; los intrusos seguramente ya estaban al tanto de su despertar.

—¡Mamá! —repitió al tiempo que intentaba pararse. Fueron vanos sus esfuerzos y, en su lugar, sus ojos captaron la presencia de una figura negra y fornida en el rincón junto a la puerta.

La sombra cubría gran parte de la pared y, casi con seguridad, tenía su mirada fija en él. Cada tanto, cuando las cortinas se mecían al compás del viendo, la silueta duplicaba su tamaño y se hacía aún más aterradora.

—¡Toma esto! —Pedro atinó a lanzar una pantufla contra la pared. Su mano la había alcanzado en el medio de la oscuridad, y con impulsividad contenida la arrojó contra aquel monstruo nocturno.

Un sonido en seco se dejó oír justo cuando la puerta de la habitación se abrió de par en par. Como si la situación para Pedro no fuera ya aterradora, la luz del cuarto se encendió e iluminó a una mujer joven con el rostro pálido. A sus espaldas, un niño pequeño y desconocido lo miraba con temor.

—¡¿Dónde está mi mamá?! —gritó Pedro, tembloroso.

—¡Papá! ¿Estás bien? ¿Te has golpeado? —exclamó ella, asustada, agachándose a su lado para ayudarlo a ponerse en pie—. ¡Tomi! ¡Ve a llamar a tu papá!

—¡Sal de aquí, intrusa! —Pedro sacudió su brazo para que la mujer no lo tocara—. ¿Dónde está mi mamá? ¿Dónde está la cama de Simón?

—Mamá, ¿qué le pasa al abuelo? —inquirió el niño con las cejas arqueadas.

Pedro luchó con todas sus fuerzas, tal y como lo había hecho con aquel monstruo nocturno. Fueron pocas las palabras que logró oír cuando otros intrusos —esta vez vestidos de médicos— se hicieron presentes en la habitación.

Alucinaciones. Delirios. Traumatismo de cráneo. Demencia senil.

Nadie se detuvo a explicarle qué había sido de su madre, de Simón o de sus pertenencias, o el motivo por el que se comportaban así con un niño de tan solo nueve años.



®Lourdes Vera Rueda

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Comentarios

  • Marcelo_ChorenMarcelo_Choren Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    Tiene muy buena dinámica, me gustó.
    Como soy un meterete y maestro ciruela, te sugiero algún cambio: Léelo omitiendo (esta vez vestidos de médicos) y (Alucinaciones. Delirios. Traumatismo de cráneo. Demencia senil.) ¿A que se entiende igual?
    "Lo que el autor omite voluntariamente, refuerza el texto" Hemingway dixit.
    Recuerda, es sólo una sugerencia.

    Saludos cordiales,
    Marcelo
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado diciembre 2022

    Ese tu relato de terror está bien redactado, con un vocabulario perfecto, nada rebuscado, y con las sintaxis perfectamente sincronizadas, y se lee fácilmente y de corrido; pero (el temido "pero" que casi nunca gusta a un escritor o escritora), con tu tácito permiso, voy a hacerte una observación, sin ánimo de corregirte la plana.

    Bueno, a lo que iba...

    Era medianoche cuando Pedro abrió (abría, con la idea de respetar los tiempos de los verbos en el texto) los ojos de manera brusca, con el rostro pálido y sudoroso. No podía recordar cuánto tiempo llevaba inconsciente o qué había sucedido antes, pero el ambiente le permitió (permitía, por el mismo motivo anterior) hacer ciertas conjeturas. Su madre, Antonia, no solía apagar las luces de la habitación sin antes cerrar las ventanas. En ese momento, sin embargo, las cortinas se mecían con el viento que penetraba por ahí. Antonia tampoco dejaba encendida la iluminación del pasillo, pero él (Pedro) veía la luz colándose por debajo de la puerta desde el borde de la cama.

    «¿Intrusos?», pensó (pensaba, por igual) razón para sus adentros mientras comenzaba a observar a sus alrededores en búsqueda de algún objeto con el cual defenderse. Se asustó (asustaba, ídem de lo mismo) cuando no reconoció (reconocía) sus juguetes o sus pertenencias en el cuarto en el que se encontraba. Tampoco estaba la cama de Simón, su hermano mayor.

    —¡Toma esto! —Pedro atinó (atinaba) a lanzar una pantufla contra la pared. Su mano la había alcanzado en el medio de la oscuridad, y con impulsividad contenida la arrojó (arrojaba) contra aquel monstruo nocturno.

    Un sonido en seco se dejó (dejaba) oír justo cuando la puerta de la habitación se abrió (abría) de par en par. Como si la situación para Pedro no fuera ya aterradora, la luz del cuarto se encendió e iluminó (encendía e iluminaba) a una mujer joven con el rostro pálido. A sus espaldas, un niño pequeño y desconocido lo miraba con temor.

    Y así sucesivamente...

    ____________________________________________________________

    Pero, ojo, que sepas que no soy yo un corrector profesional, es que ni siquiera un "lector beta" (como le llaman ahora, modernamente); pero sí soy un empedernido lector de toda clase de libros, novelas, relatos, microrrelatos... en definitiva, de todo lo leíble que pille a mano.

    Y con respecto al tiempo de los verbos, que aludo anteriormente, a todas las personas que disfrutamos de y con la escritura, nos ocurre lo mismo con esos puñeteros tiempos de verbos. Nos enfrascamos tanto en llevar bien el hilo del texto que, a veces, no reparamos en ese pequeño gran detalle; es más, hasta los escritores consagrados yerran en esto. Pero no tomes muy en cuenta mi observación, que, por supuesto, lejos de molestar, lo que solo pretende es colaborar, en la medida de sus conocimientos y posibilidades.

    Saludos afectuoso, escritora

     :) 


  • Ese tu relato de terror está bien redactado, con un vocabulario perfecto, nada rebuscado, y con las sintaxis perfectamente sincronizadas, y se lee fácilmente y de corrido; pero (el temido "pero" que casi nunca gusta a un escritor o escritora), con tu tácito permiso, voy a hacerte una observación, sin ánimo de corregirte la plana.

    Bueno, a lo que iba...

    Era medianoche cuando Pedro abrió (abría, con la idea de respetar los tiempos de los verbos en el texto) los ojos de manera brusca, con el rostro pálido y sudoroso. No podía recordar cuánto tiempo llevaba inconsciente o qué había sucedido antes, pero el ambiente le permitió (permitía, por el mismo motivo anterior) hacer ciertas conjeturas. Su madre, Antonia, no solía apagar las luces de la habitación sin antes cerrar las ventanas. En ese momento, sin embargo, las cortinas se mecían con el viento que penetraba por ahí. Antonia tampoco dejaba encendida la iluminación del pasillo, pero él (Pedro) veía la luz colándose por debajo de la puerta desde el borde de la cama.

    «¿Intrusos?», pensó (pensaba, por igual) razón para sus adentros mientras comenzaba a observar a sus alrededores en búsqueda de algún objeto con el cual defenderse. Se asustó (asustaba, ídem de lo mismo) cuando no reconoció (reconocía) sus juguetes o sus pertenencias en el cuarto en el que se encontraba. Tampoco estaba la cama de Simón, su hermano mayor.

    —¡Toma esto! —Pedro atinó (atinaba) a lanzar una pantufla contra la pared. Su mano la había alcanzado en el medio de la oscuridad, y con impulsividad contenida la arrojó (arrojaba) contra aquel monstruo nocturno.

    Un sonido en seco se dejó (dejaba) oír justo cuando la puerta de la habitación se abrió (abría) de par en par. Como si la situación para Pedro no fuera ya aterradora, la luz del cuarto se encendió e iluminó (encendía e iluminaba) a una mujer joven con el rostro pálido. A sus espaldas, un niño pequeño y desconocido lo miraba con temor.

    Y así sucesivamente...

    ____________________________________________________________

    Pero, ojo, que sepas que no soy yo un corrector profesional, es que ni siquiera un "lector beta" (como le llaman ahora, modernamente); pero sí soy un empedernido lector de toda clase de libros, novelas, relatos, microrrelatos... en definitiva, de todo lo leíble que pille a mano.

    Y con respecto al tiempo de los verbos, que aludo anteriormente, a todas las personas que disfrutamos de y con la escritura, nos ocurre lo mismo con esos puñeteros tiempos de verbos. Nos enfrascamos tanto en llevar bien el hilo del texto que, a veces, no reparamos en ese pequeño gran detalle; es más, hasta los escritores consagrados yerran en esto. Pero no tomes muy en cuenta mi observación, que, por supuesto, lejos de molestar, lo que solo pretende es colaborar, en la medida de sus conocimientos y posibilidades.

    Saludos afectuoso, escritora

     :) 

    Muchas gracias por el comentario y las observaciones, Antonio! Son siempre bienvenidas! La idea es ir mejorando de a poquito, y todo suma!
    Gracias por leerme!!!
  • Tiene muy buena dinámica, me gustó.
    Como soy un meterete y maestro ciruela, te sugiero algún cambio: Léelo omitiendo (esta vez vestidos de médicos) y (Alucinaciones. Delirios. Traumatismo de cráneo. Demencia senil.) ¿A que se entiende igual?
    "Lo que el autor omite voluntariamente, refuerza el texto" Hemingway dixit.
    Recuerda, es sólo una sugerencia.

    Saludos cordiales,
    Marcelo
    Muchas gracias, Marcelo! Sí, releyendo me di cuenta que suma mucho tu observación!
    Lo voy a tener en cuenta para futuros escritos!!

    Gracias por tomarte el tiempo!
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