¿Pasa eso a menudo? Tú podrías escribir muchas novelas, aunque me temo que no te apetecerá volver sobre el trabajo en tu tiempo de ocio. Saludos.
Por suerte, no. Pero 14 años e en esto da para muchas batallitas. Como bien dices, cuando salgo lo que menos me apetece es volver sobre ello para escribir. Tal vez cuando me jubile... Ah, que no, que a mí eso de la jubilación ya no me va a llegar.
¿Pasa eso a menudo? Tú podrías escribir muchas novelas, aunque me temo que no te apetecerá volver sobre el trabajo en tu tiempo de ocio. Saludos.
Por suerte, no. Pero 14 años e en esto da para muchas batallitas. Como bien dices, cuando salgo lo que menos me apetece es volver sobre ello para escribir. Tal vez cuando me jubile... Ah, que no, que a mí eso de la jubilación ya no me va a llegar.
No te precipites, que yo, como un gran optimista que soy, la jubilación (pensión) le llegará a todo español, pero debo reconocer que esto se va a producir porque... ¡cómo se iban a quedar sin su pensión los superdotados, angelitos y pobrecitos forbes políticos! ¡No tendría perdón de Dios esta horrible omisión!
A ver que os parece el bosquejo frl primer capítulo de mi nuevo libro....
¿Era el amor de mi vida?
UNO
Les tengo que confesar algo terrible. Apenas tuve noticias de que Ana se estaba muriendo, no me sentí especialmente triste. Es probable que esto pueda
ser cruel, sobre todo por venir de un médico, pero es que no puedo pensar en ella
como un paciente más. En realidad, cuando supe que iba a venir a mi consulta,
después de todo este tiempo, pensé que se trataba de un acto de reconciliación.
Me pregunto qué ideas
cruzan su mente. ¿Acaso piensa que este, nuestro inminente encuentro, es sólo una
tentativa desesperada por salvar su vida? O, tal vez, antes de que caiga sobre
ella la oscuridad eterna… ¿ansía verme una vez más como yo de verla?
¿Y su esposo? Aun la remota posibilidad de que
no esté informado de nuestras relaciones sentimentales de años atrás, sin duda se enterará ahora.
Pero, en principio, sin importarme los sentimientos que él aliente,
que ignoro y que ni siquiera me importan, no puede impedir que nos
veamos. Después de todo, él es hombre acostumbrado a tener lo mejor y, en ese
terreno, modestia aparte, soy el número uno.
Ana es dos años más joven que yo: cuenta cuarenta y tres. Y a
juzgar por las fotografías recientes, en los periódicos y las revistas, sigue siendo una mujer muy bella. Se encuentra radiante. Demasiado llena de vida para estar gravemente enferma.
Para mí, siempre ha representado la quinta esencia de la fuerza vital.
La actitud de Fabián, su marido, fue amable en nuestro primer contacto
telefónico, pero al referirse a su esposa no dejaba translucir sentimiento alguno. Y
con respecto a mí, daba por sentado que iba a ponerme a su disposición inmediatamente.
____La señora Mar tiene un tumor cerebral. ¿Nos recibe enseguida?
Pero detrás de su arrogancia percibí un reconocimiento implícito
de que tengo un poder que él no posee. Aun siendo millonario 'Forbes' y un consumado
hombre de negocios, no tiene la facultad de hacer un pacto con la muerte y,
por el momento, vencerla. Y esto se vuelve en un motivo de satisfacción para mí.
Pero, de pronto, con un repentino cambio de tono en su voz, apenas
perceptible, añadió:
____Por favor.
Tenía que ayudarles. A los dos. Y a mí también
Su dossier médico llegó a mis manos en diez minutos. Rasgué el
sobre pensando, en forma irracional, que quizás habría algo dentro que me
permitiese reconocer a Ana. Pero, por supuesto, sólo contenía varias
radiografías de una tecnología avanzada de su cerebro. No obstante, la mente no
es un órgano. En el cerebro no es donde mora el alma. El médico que había en mí
se enfureció, e incluso las radiografías mostraban palmariamente una evidencia de
Neoplasia. ¿A qué clase de médicos habían acudido antes? Leí las notas y sólo
encontré la habitual jerga aséptica que usamos los médicos:
La paciente, una mujer de cuarenta y un años, acude primero al eminente Doctor
Ríos, quejándose de fuertes dolores de cabeza, que el referido Doctor los atribuye a un estrés emocional
y prescribe unos tranquilizantes
Era irrebatible que había una tensión indeterminada en su vida. Movido
por un interés egoísta, pensé que tenía que ver con su matrimonio, porque,
aunque aparecía con su marido en las fotos de los periódicos, como una especie
de figura decorativa, se empeñaba en tener su vida propia, al margen de la
matrimonial. En cambio, Fabián Mar es un hombre público. Su coloso internacional
FAMA, además de ser el
fabricante de automóviles más importante del país, abarca la construcción, la
industria, la siderurgia, los seguros y el campo editorial.
Algunas veces habían publicado fotografías en ‘las revistas del corazón’, que lo relacionaban con alguna
mujer más joven que su esposa, pero esas fotos habían sido hechas en algunas fiestas de
beneficencia, así que quizás se trataba de especulaciones escabrosas, Pero, sin
importar la realidad, esas insinuaciones eran como un fósforo para encender el fuego de
mis emociones. Por lo que decidí atribuir la angustia diagnosticada por el Doctor Ríos al desamor de su esposo.
Continué leyendo el historial. Ana había languidecido en demasía antes
de que Ríos la tomase en serio y la enviase a Madrid, a la consulta de un neurólogo, cuyo
nombre era precedido de un título nobiliario, además de que disfrutaba de un prestigio
mundial. Sin duda, descubrió el tumor, pero diagnosticó que era inoperable. Esto
me convirtió en el último recurso y me provocó una sensación desagradable. Es
cierto que a veces la técnica de la genética, de la que soy el precursor, había
logrado revertir el crecimiento tumoral al duplicar el ADN con el efecto
corregido. Pero, ahora, por primera vez entendí el por qué de que los médicos
no debemos tratar profesionalmente a las personas queridas por nosotros. De pronto perdí la confianza en mi capacidad, a la vez que cobré conciencia de mi propia
falibilidad. No quería que Ana fuese paciente mía.
No habían transcurrido aún cinco minutos desde que me entregaron
el expediente cuando el timbre del teléfono me sacó de mis pensamientos.
____Y bien, Doctor López, ¿qué opina?
____Lo siento. Aún no he tenido tiempo de leer todo el historial.
____¿Acaso un simple vistazo a las radiografías no le dicen lo que
necesita saber?
Era indiscutible que tenía razón.
____Percibo que es usted un hombre perspicaz, y siento comunicarle
que mi diagnóstico coincide con el de mi colega Ríos. Este tipo de tumores son
incurables.
____Excepto por usted –objetó, perentorio.
Sin pecar de ningún tipo de inmodestia, reconozco que esperaba que
dijese eso.
____¿A qué hora, pues, puede recibirnos? –me preguntó de nuevo.
Miré mi agenda. Pero no sé por qué hice esto si sabía de antemano
que acabaría por acceder a su petición.
____¿Le parece bien a las cuatro? –debí haber adivinado que iba a
mejorar la propuesta.
____Nuestra casa está a poca distancia de su consulta. Podemos
estar ahí en poco más de cinco minutos.
____En ese caso, les espero -me di por vencido.
A los pocos minutos, mi secretaria anunció por la línea interior
al señor Mar y a su esposa. Mi corazón comenzó a latir. En un segundo, la puerta
de mi consulta se abriría y con ella un torrente de recuerdos.
Primero le vi a él: alto, atractivo y de un porte imponente. El
pelo empezaba a ralear en las sienes. Me saludó, entre cortés y presuntuoso, con
un leve movimiento de cabeza. Seguidamente, me presentó a su esposa,
como si yo no la conociese de sobra.
Miré a Ana. A primera vista no había cambiado. Sus ojos despedían
el mismo fulgor de cuando estábamos juntos, pero eludían mirarme. No sabía descifrar sus emociones. Pero, poco a poco, me iba percatando de que había algo
diferente en ella.
Quizá lo había pensado, pero me daba la sensación de que su expresión traslucía una tristeza
indefinida, que por supuesto no relacionaba con su enfermedad. Para mi forma de
ver las cosas, Ana reflejaba un claro gesto de una vida vivida en el extremo
opuesto de la felicidad.
Todas estas apreciaciones las hice mentalmente en pocos segundos. Después, di unos torpes
pasos hacia donde ella se encontraba, extendí la mano, y le dije:
¡Ja, ja, ja! Es un poco pronto para eso. Puedes abrir una sección: "Whisky --¿Jerez, fino?-- y risas".
Tu nuevo libro parece bueno. El principio cumple todas las normas para generar interés. Mucho ánimo y ya sabes: "La inspiración existe, pero ha de encontrarte trabajando" (Picasso, aunque supongo que no es de tu devoción).
¡Ja, ja, ja! Es un poco pronto para eso. Puedes abrir una sección: "Whisky --¿Jerez, fino?-- y risas".
Tu nuevo libro parece bueno. El principio cumple todas las normas para generar interés. Mucho ánimo y ya sabes: "La inspiración existe, pero ha de encontrarte trabajando" (Picasso, aunque supongo que no es de tu devoción).
Un saludo afectuoso.
Ahí vamos con la inspiración; a veces, lleno seis folios en cinco minutos, otras, ni medio en un día.
¿Por qué dices esto...? (Picasso, aunque supongo que no es de tu devoción).
Para mí, Picasso, al igual que Dalí, han sido dos genios.
Ah, cehi, quizá tengo de ti una idea más conservadora. Está claro que soy mal juez, así que mejor no juzgo a nadie. Picasso es el clásico ejemplo de alguien que no suele gustar más que a sus fans. A mí me gustaba más antes. Saludos, y buenos días, noches y madrugadas.
Ah, cehi, quizá tengo de ti una idea más conservadora. Está claro que soy mal juez, así que mejor no juzgo a nadie. Picasso es el clásico ejemplo de alguien que no suele gustar más que a sus fans. A mí me gustaba más antes. Saludos, y buenos días, noches y madrugadas.
Hola, Bruderlin
Acerca de la doctrina o creencia del conservadurismo, tengo mi propia opinión, que es dejarme llevar (simplemente 'dejarme llevar', no a rajatablas) porla corriente de un bienestar general para toda la sociedad.
'Estoy de parte' (por decirlo de alguna forma) de Picasso, Dalí, Miró, Goya, Velázquez, Murillo, Zurbarán, y otros... (hablando de pintores), por el sólo hecho de ser españoles, sin entrar en la capacidad de su arte, entre otras cosas porque no entiendo; como también 'estoy de parte' de Montserrat Caballé Joan Manuel Serrat, Lola Flores, Raphael, Julio Iglesia... y otros... (hablando de cantantes), por el mismo motivo, aunque de música entiendo un poco más, sin tampoco llegar a las cotas de experto.
Aun presumiendo de que tengo una personalidad definida desde muchacho, a medida que voy cumpliendo años, voy comulgando cada vez más con el dicho célebre de Don Ramón de Campoamor... En este mundo traidor,nada es verdad ni mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira.
Sabio parecer. Todo es bastante relativo. En lo del bienestar general para toda la sociedad estoy totalmente de acuerdo. A veces los principios irreductibles sólo sirven para crear desorden, odio y más mal del que se quería resolver. Saludos.
Supongo que el foro en sí por su cuenta ha decidido tomarse unas vacaciones, sin siquiera comunicárselo a la jefa, amparo bonilla. También tiene derecho, digo yo...
Comentarios
gades:
¿Pasa eso a menudo? Tú podrías escribir muchas novelas, aunque me temo que no te apetecerá volver sobre el trabajo en tu tiempo de ocio. Saludos.
No te precipites, que yo, como un gran optimista que soy, la jubilación (pensión) le llegará a todo español, pero debo reconocer que esto se va a producir porque... ¡cómo se iban a quedar sin su pensión los superdotados, angelitos y pobrecitos forbes políticos! ¡No tendría perdón de Dios esta horrible omisión!
A ver que os parece el bosquejo frl primer capítulo de mi nuevo libro....
¿Era el amor de mi vida?
UNO
Les tengo que confesar algo terrible. Apenas tuve noticias de que Ana se estaba muriendo, no me sentí especialmente triste. Es probable que esto pueda ser cruel, sobre todo por venir de un médico, pero es que no puedo pensar en ella como un paciente más. En realidad, cuando supe que iba a venir a mi consulta, después de todo este tiempo, pensé que se trataba de un acto de reconciliación.
Me pregunto qué ideas cruzan su mente. ¿Acaso piensa que este, nuestro inminente encuentro, es sólo una tentativa desesperada por salvar su vida? O, tal vez, antes de que caiga sobre ella la oscuridad eterna… ¿ansía verme una vez más como yo de verla?
¿Y su esposo? Aun la remota posibilidad de que no esté informado de nuestras relaciones sentimentales de años atrás, sin duda se enterará ahora.
Pero, en principio, sin importarme los sentimientos que él aliente, que ignoro y que ni siquiera me importan, no puede impedir que nos veamos. Después de todo, él es hombre acostumbrado a tener lo mejor y, en ese terreno, modestia aparte, soy el número uno.
Ana es dos años más joven que yo: cuenta cuarenta y tres. Y a juzgar por las fotografías recientes, en los periódicos y las revistas, sigue siendo una mujer muy bella. Se encuentra radiante. Demasiado llena de vida para estar gravemente enferma. Para mí, siempre ha representado la quinta esencia de la fuerza vital.
La actitud de Fabián, su marido, fue amable en nuestro primer contacto telefónico, pero al referirse a su esposa no dejaba translucir sentimiento alguno. Y con respecto a mí, daba por sentado que iba a ponerme a su disposición inmediatamente.
____La señora Mar tiene un tumor cerebral. ¿Nos recibe enseguida?
Pero detrás de su arrogancia percibí un reconocimiento implícito de que tengo un poder que él no posee. Aun siendo millonario 'Forbes' y un consumado hombre de negocios, no tiene la facultad de hacer un pacto con la muerte y, por el momento, vencerla. Y esto se vuelve en un motivo de satisfacción para mí.
Pero, de pronto, con un repentino cambio de tono en su voz, apenas perceptible, añadió:
____Por favor.
Tenía que ayudarles. A los dos. Y a mí también
Su dossier médico llegó a mis manos en diez minutos. Rasgué el sobre pensando, en forma irracional, que quizás habría algo dentro que me permitiese reconocer a Ana. Pero, por supuesto, sólo contenía varias radiografías de una tecnología avanzada de su cerebro. No obstante, la mente no es un órgano. En el cerebro no es donde mora el alma. El médico que había en mí se enfureció, e incluso las radiografías mostraban palmariamente una evidencia de Neoplasia. ¿A qué clase de médicos habían acudido antes? Leí las notas y sólo encontré la habitual jerga aséptica que usamos los médicos:
Era irrebatible que había una tensión indeterminada en su vida. Movido por un interés egoísta, pensé que tenía que ver con su matrimonio, porque, aunque aparecía con su marido en las fotos de los periódicos, como una especie de figura decorativa, se empeñaba en tener su vida propia, al margen de la matrimonial. En cambio, Fabián Mar es un hombre público. Su coloso internacional FAMA, además de ser el fabricante de automóviles más importante del país, abarca la construcción, la industria, la siderurgia, los seguros y el campo editorial.
Algunas veces habían publicado fotografías en ‘las revistas del corazón’, que lo relacionaban con alguna mujer más joven que su esposa, pero esas fotos habían sido hechas en algunas fiestas de beneficencia, así que quizás se trataba de especulaciones escabrosas, Pero, sin importar la realidad, esas insinuaciones eran como un fósforo para encender el fuego de mis emociones. Por lo que decidí atribuir la angustia diagnosticada por el Doctor Ríos al desamor de su esposo.
Continué leyendo el historial. Ana había languidecido en demasía antes de que Ríos la tomase en serio y la enviase a Madrid, a la consulta de un neurólogo, cuyo nombre era precedido de un título nobiliario, además de que disfrutaba de un prestigio mundial. Sin duda, descubrió el tumor, pero diagnosticó que era inoperable. Esto me convirtió en el último recurso y me provocó una sensación desagradable. Es cierto que a veces la técnica de la genética, de la que soy el precursor, había logrado revertir el crecimiento tumoral al duplicar el ADN con el efecto corregido. Pero, ahora, por primera vez entendí el por qué de que los médicos no debemos tratar profesionalmente a las personas queridas por nosotros. De pronto perdí la confianza en mi capacidad, a la vez que cobré conciencia de mi propia falibilidad. No quería que Ana fuese paciente mía.
No habían transcurrido aún cinco minutos desde que me entregaron el expediente cuando el timbre del teléfono me sacó de mis pensamientos.
____Y bien, Doctor López, ¿qué opina?
____Lo siento. Aún no he tenido tiempo de leer todo el historial.
____¿Acaso un simple vistazo a las radiografías no le dicen lo que necesita saber?
Era indiscutible que tenía razón.
____Percibo que es usted un hombre perspicaz, y siento comunicarle que mi diagnóstico coincide con el de mi colega Ríos. Este tipo de tumores son incurables.
____Excepto por usted –objetó, perentorio.
Sin pecar de ningún tipo de inmodestia, reconozco que esperaba que dijese eso.
____¿A qué hora, pues, puede recibirnos? –me preguntó de nuevo.
Miré mi agenda. Pero no sé por qué hice esto si sabía de antemano que acabaría por acceder a su petición.
____¿Le parece bien a las cuatro? –debí haber adivinado que iba a mejorar la propuesta.
____Nuestra casa está a poca distancia de su consulta. Podemos estar ahí en poco más de cinco minutos.
____En ese caso, les espero -me di por vencido.
A los pocos minutos, mi secretaria anunció por la línea interior al señor Mar y a su esposa. Mi corazón comenzó a latir. En un segundo, la puerta de mi consulta se abriría y con ella un torrente de recuerdos.
Primero le vi a él: alto, atractivo y de un porte imponente. El pelo empezaba a ralear en las sienes. Me saludó, entre cortés y presuntuoso, con un leve movimiento de cabeza. Seguidamente, me presentó a su esposa, como si yo no la conociese de sobra.
Miré a Ana. A primera vista no había cambiado. Sus ojos despedían el mismo fulgor de cuando estábamos juntos, pero eludían mirarme. No sabía descifrar sus emociones. Pero, poco a poco, me iba percatando de que había algo diferente en ella.
Quizá lo había pensado, pero me daba la sensación de que su expresión traslucía una tristeza indefinida, que por supuesto no relacionaba con su enfermedad. Para mi forma de ver las cosas, Ana reflejaba un claro gesto de una vida vivida en el extremo opuesto de la felicidad.
Todas estas apreciaciones las hice mentalmente en pocos segundos. Después, di unos torpes pasos hacia donde ella se encontraba, extendí la mano, y le dije:
____Me alegro de volver a verte.
El día que me responda alguien a mis saludos diarios... me emborracho
¡Ja, ja, ja! Es un poco pronto para eso. Puedes abrir una sección: "Whisky --¿Jerez, fino?-- y risas".
Tu nuevo libro parece bueno. El principio cumple todas las normas para generar interés. Mucho ánimo y ya sabes: "La inspiración existe, pero ha de encontrarte trabajando" (Picasso, aunque supongo que no es de tu devoción).
Un saludo afectuoso.
Ahí vamos con la inspiración; a veces, lleno seis folios en cinco minutos, otras, ni medio en un día.
¿Por qué dices esto...? (Picasso, aunque supongo que no es de tu devoción).
Para mí, Picasso, al igual que Dalí, han sido dos genios.
Buenos días
Buenos días a todos
Hola, Bruderlin
Acerca de la doctrina o creencia del conservadurismo, tengo mi propia opinión, que es dejarme llevar (simplemente 'dejarme llevar', no a rajatablas) porla corriente de un bienestar general para toda la sociedad.
'Estoy de parte' (por decirlo de alguna forma) de Picasso, Dalí, Miró, Goya, Velázquez, Murillo, Zurbarán, y otros... (hablando de pintores), por el sólo hecho de ser españoles, sin entrar en la capacidad de su arte, entre otras cosas porque no entiendo; como también 'estoy de parte' de Montserrat Caballé Joan Manuel Serrat, Lola Flores, Raphael, Julio Iglesia... y otros... (hablando de cantantes), por el mismo motivo, aunque de música entiendo un poco más, sin tampoco llegar a las cotas de experto.
Aun presumiendo de que tengo una personalidad definida desde muchacho, a medida que voy cumpliendo años, voy comulgando cada vez más con el dicho célebre de Don Ramón de Campoamor... En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira.
Saludos afectuosos
Buenos días
Yo bien, el foro no tanto
Buenos días a todos
Buenos días a todos
Buenas tardes.
Supongo que el foro en sí por su cuenta ha decidido tomarse unas vacaciones, sin siquiera comunicárselo a la jefa, amparo bonilla. También tiene derecho, digo yo...
Buenos días
Buenas tardes
algo importante, puedo poner un par de mis cuentos cortos...
como aperitivo.
Saludos
Emilio