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No estaba equivocado

RainerSmithRainerSmith Anónimo s.XI
editado enero 2015 en Narrativa
La lluvia caía sobre él como si las nubes quisieran matarle. Sentía las gotas, frías y sin vida, deslizarse por su cara hasta introducirse en su boca, abierta y vaporosa. Estaba de pie, inmóvil, con los brazos estirados y las palmas de las manos hacia arriba, como esperando un milagro. En su cabeza tan sólo habitaba el murmullo que produce el agua al caer contra la hierba y resbalar por las rocas, ese murmullo húmedo, casi inaudible, que te inunda de melancolía y soledad y te obliga a enmudecer para poder empaparte de su melodía. Así pasó un tiempo que se le hizo eterno. Respiraba y notaba que el aire gélido le atravesaba el pecho y le hacía sentir vivo. Miró al cielo: estrellas, miles de ellas, brillaban como ardiendo en la negrura de la noche, iluminando la neblina que acompaña al invierno. Por un momento deseó quedarse ahí eternamente, calado e indefenso, porque creía no haber experimentado algo así de hermoso en toda su vida. Y tenía razón.

Comentarios

  • Bar ImperioBar Imperio Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2015
    Me ha gustado mucho este microrelato. la prosa es muy valiosa, tiene ritmo y tiene cadencia. Uno se queda con ganas de leer un poco más.
  • XocasXocas Pedro Abad s.XII
    editado enero 2015
    Hace bien poquito vi en el Discovery un documental donde se mencionaba el lugar más oscuro del planeta, que resulta ser un cañón en los USA llamado Brides Canyon o algo parecido. Uno debe quedarse mudo ante tanta belleza. He llegado a experimentar algo así, tumbado una noche en los montes de Trevinca, donde la luz queda lejos también, aunque el espectáculo no llegue a lo del cañón americano.
    Lo has retratado muy bien.
    Un saludo.
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