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Anónimo

Groucho MarxGroucho Marx Pedro Abad s.XII
editado octubre 2014 en Humorística
Sentado en el sofá del salón, leo el periódico mientras saboreo un whisky. Madeleine está en la cocina, preparando la cena mientras canta alegremente una canción. Desde aquella noche, se comporta como si no hubiera pasado nada, y cuando intento tocar el tema se hace la despistada aunque sus ojos brillan y disimula una sonrisilla pícara. Todos mis esfuerzos por repetirlo han sido en vano. En verdad os digo que la mente de una mujer es algo más complicado que la física cuántica. ¡Aquí me gustaría ver a Einstein! Seguro que preferiría desintegrar unos cuantos átomos a resolver esta ecuación endiablada.

-¿Qué le apetece para cenar, Julius? –me grita, desde la cocina.
-¡A usted, Madeleine! –bueno, muy sutil no he sido- Y de postre, repetiré, si no le importa.
-Bueno, le haré un filete como de costumbre. –Me parece oírla reír por lo bajo.

Sí, eso, un filete hembra. Y de ternera, como si lo viera. Me dedicaré a flirtear con él a ver si obtengo mejor resultado. Seguro que después del primer bocado sale corriendo del plato dando grititos de ¡a ver si me pillas!, y ahí se acabó la cena. Acabaré jugando a las canicas con los guisantes, como siempre.

-¿Ha visto que tiene usted una carta, Julius? Viene a nombre de Flywheel. Quizá sea otro caso. Sería fantástico después del éxito del otro día.
-¿Una carta? –estiro el brazo y la tomo de encima de la mesita- Bien, veamos qué nueva sorpresa nos depara el destino. A menos que sea una factura, lo que no sería nada sorprendente.

“Estimado señor Flywheel:

Mi vida está en peligro. Tiene usted que ayudarme. Supe de su éxito y no dudo que sólo usted puede hacerlo. Reúnase conmigo a medianoche en la pista de hielo del Rockefeller Center. Yo le abordaré. Venga solo.

R.”

Doy un respingo, escondo la carta súbitamente bajo el cojín y me pongo a mirar nerviosamente a mi alrededor. Me levanto, miro debajo de la mesa, del sofá, aparto la cortina, levanto la tapa de la tetera… Madeleine entra en el comedor, trayendo la cena.

-¿Qué decía la carta, Julius? –se queda parada, observando mi extraño comportamiento- ¿Qué hace?
-¡Shhh, Madeleine! No diga nada, puede que haya micrófonos ocultos y nos estén escuchando.
-¿Para qué, para saber lo que cenamos?
-No, querida. Estoy metido de lleno en un caso de lo más misterioso. Será mejor que la proteja. –Me abalanzo sobre ella y la abrazo desde atrás- No tema, querida, conmigo estará segura. O al menos yo estaré seguro, me aseguraré de ello.

Se desembaraza de mí riendo.

-Otro de sus truquitos, ¿eh Julius? – con una gran sonrisa, miro al techo, aleteo las cejas y arrastro el pie derecho como un niño pillado en una travesura.
-Bueno Madeleine, no me negará que soy un buen guardaespaldas. Soy un tipo duro. –pongo cara de ferocidad- Soy tan duro que se podrían hacer paredes con mi cara. Mi tendero siempre me lo recuerda.
-Tiene usted una arañita en el hombro, Julius.
-¿Dónde? ¿dónde? – Me sacudo frenéticamente los hombros con expresión aterrorizada- ¡Quítemela, Madeleine!
-Tranquilo, con esos golpes ya la habrá pulverizado. –sonríe socarrona- ¿Qué me estaba diciendo?
-Ejem, nada importante, querida, pero esta noche he de salir después de cenar. No me espere levantada, espéreme acostada, así no perderemos tiempo.
-No se rinde nunca, ¿eh? ¿Puede decirme a dónde va?
-A patinar, querida. A patinar.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2014
    Tan guapo y tan gallina:)
  • evilaroevilaro Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado octubre 2014
    Me ha gustado.

    Pero esto acaba aquí o continuuuuuuuuuuuuuuuará.

    Saludos

    Emilio
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2014
    Continuará, hacia atrás hay la continuación de este:)
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