TIGRE
Se despertó de mal talante. En el sueño, esta vez el tigre había llegado demasiado cerca.
Mientras tomaba maquinalmente su desayuno, la penumbra de la cocina se iba inundando con el sonido ondulante de la pequeña catarata que discurría desde el grifo roto; la sintió como una conexión sistemática con lo de más allá y eso la tranquilizó. Cuando fue a lavar su taza, vio los azulejos blancos y le parecieron dogmáticos e impersonales; con un crayón azul repitió, sobre la superficie aséptica, los ojos del sueño; cuando terminó, el terror le bajó hasta los dedos y la hizo superponer febrilmente unos párpados cerrados. Las pupilas terribles desaparecieron y la tregua momentánea le restauró el aliento.
No pudo concentrarse en sus tareas porque la ventana era un imán; hiciera lo que hiciese, siempre estaba ahí, frente a ella, hasta que toda la casa se redujo a una ventana latiente e insoslayable. Con pasos nuevos, se acercó y descorrió las cortinas. Vio el mundo y ella estaba fuera de él. Por detrás de las lágrimas del cristal, la plaza sonaba a gorriones traviesos, grupos de niños iban a la escuela, un hombre ceñudo leía un periódico sentado en un banco amarillo... Nunca había deseado tanto entrar afuera y ser los pájaros, los niños, el hombre, o tan siquiera el periódico arrugado. Se dijo que era tiempo, o mejor aún, que ya no había más tiempo. Abrió las hojas de par en par, se acuclilló sobre el alféizar, miró una última vez hacia la penumbra cálida surcada por el arroyo sonoro del grifo, y saltó.
Bebió atragantándose los árboles, el aire dorado, la sombra de las casas buscándole los pies, el sol del mediodía sobre sus hombros tirantes. Era feliz.
Cuando escuchó el ronroneo grave a su izquierda, no se volvió inmediatamente, todavía disfrutó otra bocanada. Luego, sin prisa, enfrentó los ojos. Se palpó el bolsillo y advirtió que había dejado en la casa su crayón. Le mostró su mano vacía y abierta, como exponiendo una declaración definitiva; previsiblemente, resultó inútil. Vio aun, sin pasión, el pelaje de las ingles donde las rayas se juntaron unas a otras como un fuelle negro-dorado, listas para el salto, y se preparó.
Antes de perderse en la espesura de los gladiolos, el tigre pensó con tristeza que se había dejado los crayones en la cocina y recordó con nostalgia la melodía exquisita del agua saliendo del grifo.
Comentarios
En fin. Te agradezco muchísimo la lectura el comentario; me han permitido advertir esto que acabo de escribir. Nadie más parece haber intentado hallarle un significado o mensaje. Reitero mi gratitud, Pessoa
La mujer que se caza a sí misma, que se teme y se desafía al mismo tiempo, agazapada en la maleza de su día a día. Me encanta.
Me gusta mucho el que improvises al escribir, asi lo llamo yo, porque es mas o menos el mismo ejercicio que se hace cuando tocas un instrumento y estás solo en tu habitación pulsando la nota que primero se te ocurra y las siguientes comienzan a fluir de manera inconsciente. Tu forma de escribir tiene ese ritmo y característica del jazz. Yo trato de que todo lo que escriba tenga ese ritmo jazzístico , que las palabras caigan como por inercia. Pero tú aparte tienes estilo y lo haces de maravilla
Me ha encantado
Respecto del cuento, tal cual lo decís: una idea, una imagen, una frase, y las siguientes "notas" van cayendo por su propio peso. Uno siente que hay varias maneras posibles de desarrollar el tema, y puede elegir intuitivamente cuál es la que más le cierra. ¡Un placer encontrar personas que entiendan eso! Me encantó la asociación con el jazz. ¡Gracias!
¡Dos poemas que amo! Son poemas de la oscuridad que nos acecha, dentro y fuera. ¡Y son sonetos, mi debilidad!
Gracias por la asociación, Estrofilla. Tu interpretación es exactamente lo que quise expresar. Libertad, fiera interior, miedo, decisión, un mundo que se gana mientras el otro se va quedando atrás. ¡Gracias también por eso!