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Ampliando el negocio

Groucho MarxGroucho Marx Pedro Abad s.XII
editado septiembre 2014 en Humorística
Sentados en un banco de Central Park, a pocos metros del carromato ambulante, Madeleine y yo comemos los perritos calientes que acabo de comprar. Hace una tarde preciosa, los niños juegan en la hierba, los perros ladran y persiguen alegremente a las palomas, que se cagan en ellos y en todo lo que se menea, abundan las personas en chándal que corren o patinan por los caminos del parque, y tras algún que otro arbusto se adivinan ciertos movimientos sospechosos y alguna risa ahogada.

-Me sentí muy orgullosa de usted en el juzgado, Julius. Fue emocionante.
-El mérito fue suyo, Madeleine. Será usted una gran abogada. Lástima que sólo pude sacar cien pavos. Los precios han subido mucho en treinta años. En mis tiempos, cien dólares eran una pequeña fortuna. Está claro que necesito ayuda. -La miro, como si se me acabara de ocurrir, aunque en realidad llevo horas planeándolo- ¿Por qué no trabajamos juntos? Podríamos ser socios.
-¿Yo? ¿Cómo? ¿Cuándo? Quiero decir, no he terminado la carrera...
-Eso no importa, querida, fíjese en mí, que ni siquiera la empecé. Unos billetitos en la mano adecuada y le consigo hasta un pasaporte de Freedonia, país que ni siquiera existe, y del que, por cierto, llegué a ser presidente...
-¡Pero eso es ilegal!
-Madeleine, el secreto del éxito en la vida reside en la honradez y la honestidad. Si consigues evitarlas, está hecho.
-No puedo hacer eso, Julius. Mi conciencia no me lo permite.
-Entonces, acabe la carrera. Puede ir a clases nocturnas, y yo le ayudaré. Conseguiré un segundo trabajo. Escuche, esta tarde he pasado por delante de una hamburguesería de Walt Disney y he visto un cartel ofreciendo un empleo.
-¿De Walt Disney?
-Sí, algo de Donald, o Goofy, no me acuerdo. Deje que le cuente lo que pasó....

-Bienvenido a MaraDonald's, señor. La hamburguesa del día es la McGrasa, oferta especial, pague dos, llévese tres y vomite una.
-Ejem, no, gracias, no vengo a comer, ni a vomitar. Ahí fuera dice que necesitan personal. Soy la persona que busca, créame. Cuando cocino, mis platos también son asquerosos. ¡No lo piense más! Me he tomado la libertad de arrancar el cartel porque, aunque usted aún no lo sepa, yo nací para este puesto. ¡Incluso veo ya mi nombre en la puerta del despacho!
-Tiene que hablar usted con el encargado, además el puesto es de fregaplatos.
-Ah, ya. ¿Donde puedo encontrar al encargado?
-Suba la escalera y entre en el despacho. No es necesario que llame a la puerta.-Me lo dice con una sonrisa maliciosa.

Me dirijo al despacho y abro la puerta de sopetón.

-¡Alégrese, pollo! ¡Todos sus problemas están resueltos! ¡Acaba usted de contratar al mejor fregaplatos de todos los tiempos! ¡Sólo rompo un plato de cada seis!

El joven encargado está sentado en su mesa, en posición bastante relajada, y al verme se endereza de un brinco y abre los ojos desmesuradamente. Bajo la mesa se oye un ¡ay! y puedo ver la visera de una gorra de MaraDonald's asomando por el borde, justo delante de sus piernas. ¡Tierra, trágame!

-¿No sabe usted llamar a la puerta? -Me dice, furioso.
-Saber sí que sé, lo que no me esperaba es que estuviera usted entrevistando a otra candidata.
-No sé de qué me está usted hablando.
-Digamos que necesito ese puesto, y que puedo ser muy discreto o muy parlanchín...
-Está bien, preséntese mañana y le darán el puesto. ¡Y ahora váyase, por favor!

...así que ahora tengo otro trabajo, y en los ratos libres seguiremos con el bufete. A partir de ahora, Flywheel & Dumont, abogados. Puede contar con el sueldo de la hamburguesería para sus estudios.

Madeleine me mira fijamente a los ojos.

-¿Haría usted eso por mí?
-Cuente con ello, querida. Además, necesitamos su título de abogada para ejercer legalmente.

De repente, Madeleine se acerca a mí, me quita el puro de la boca y me besa en los labios, suave y fugazmente. Luego me vuelve a poner el puro en la boca, no sin antes cerrarla empujando delicadamente mi mandíbula hacia arriba, pues yo era incapaz de hacerlo por mí mismo.

-Acepto su oferta, Julius.

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