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Los Vicios Secretos de las Señoras Católicas (por Carlos Serrano)

CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
editado septiembre 2014 en Narrativa
LOS VICIOS SECRETOS DE LAS SEÑORAS CATÓLICAS

En el antiguo cenáculo de la Señora Delacroix (que lleva años desaparecida, quién sabe si muerta, debido a las aficiones peculiares de la mujer) se reunían aquella católicas de Arkopalos (justo en la parte Oeste de las afueras) cuya anfitriona, la Señora Velasco, había adornado con un curioso estanque de libélulas azules y nenúfares blancos. Era una novedad en aquel salón claustrofóbico y acogedor rodeado de papel pintado de los 70's y gruesas cortinas rojas con borlas y todo. Las cuatro señoras y la jovencita se reunían en torno a una coqueta mesita de café mientras se pasaban, entre sus manos enguantadas en terciopelo negro, diversos ejemplares literarios en raras ediciones: una edición apócrifa de De La Naturaleza de los Dioses de Cicerón, un ejemplar de más de un siglo de antiguedad de Hamlet, los Cuentos Inquietantes de Ambrose Bierce encuadernados en piel de vaca y la traducción más antigua conocida de las Mil y Una Noches.

Decían aquellas señoras que la edad de la mujer empieza a notarse, sobre todo, en las manos. Razón por la cual habían puesto de moda, de nuevo, los elegantes guantes de terciopelo negro. La Señora Velasco inició la velada con un susurro:

-Morir, dormir, tal vez soñar... -suspiró la Señora Velasco que a sus 45 años era sin duda la más elegante de las cuatro.
-Esta edición de Hamlet parece apetitosa -Apuntó Doña Teresa, la bibliotecaria de 40 años recientes con los dientes grises por dos de sus múltiples vicios: el tabaco y el café. Fue muy criticada cuando no dejó de fumar como un carretero en pleno embarazo. Yo, que nunca seré objetivo, me pareció una rareza exquisita que ya empezara a enviciar a su hijo, a tan temprana edad. Sin embargo estoy en contra del aborto, como buen católico.
-Pero ¿y la esclava? -Preguntó Elda, la alemana, aquella señora que rondaba o pasaba de, los 60 años cuya melena casi rizada lucía medio canosa y cuyas arrugas faciales empezaban a ser infames (y sin embargo, dicen, posee pechos de jovencita holandesa y un sexo de delicadeza prepubescente)

Y es que el asunto de la esclava eclipsaba cualquier otro tema y Elda no era muy dada a la paciencia, si de novedades viciosas se trataba, claro. Doña Velasco se sonrió orgullosa. Observó a Holy, la inglesa, que con su pequeña figura, su melena lisa y corta, rojiza, y ese vestido que tanto la favorecía a sus 42 años esperaba en silencio, aún deleitándose en su té de fresas.

-Yo no me lo creo, será... -Holy miró a las demás- ...puro teatro...
-Incluso yo pensé eso -replicó la Señora Velasco-. Pero es una esclava auténtica. Hemos firmado el Tratado Persa de Esclavos y Libertos. Fíjate si es de verdad. -Acto seguido cortó un trozo del pastel belga que tenía delante y lo degustó con parsimonia, esta vez sí, teatral.

Había una quinta chica por allí: Elfi. La eterna acompañante de Elda, su secretaria personal (su hija bastarda para otros). Elfi era una joven alemana, de piel bronceada, cabellos de azabache siempre recogidos en una coleta escolar y un clavo en la lengua que brillaba con fascinación. Algunos la tenían por muda, pues nadie la había oído hablar. Aunque yo sí. Y aún así la doy, también, mejor por muda. Elfi estaba sentada justo detrás, y en oblicuo, de la posición de Elda. Sostenía su té de fresas sobre el regazo y miraba, por turnos, a todas las implicadas como una niña traviesa. Hay quien murmura malévolamente que una noche, en una de las fiestas privadas de Elda, se orinó sobre la cara de un pobre y agradecido anciano (que se lo había pedido encarecidamente, no creáis). Yo estoy seguro de que así sucedió.

-Pero tener un esclavo es poco cristiano ¿no? -Apuntó Holy.
-Deberías leer la Ciudad de Dios de San Agustín -le comentó la Señora Velasco-, en uno de los capítulos el obispo de Hipona justifica la esclavitud.
-Ah, pues deberé leerlo, yo también quiero un esclavo -se burló Doña Teresa.
-No sé si es buena idea... -murmuró Holy
-Vaya, la que se acuesta con negros tiene prejuicios -replicó burlona Elda. Elfi se sonrió con esa mueca tan suya, tan demoníaca, con ese rostro de serpiente.
-Yo no me acuesto con negros...solamente.- sentenció Holy.
-Dejad las tonterías y atentas, que esto no nos ocurre todos los días, ¿de acuerdo? -alzó la voz Doña Velasco y las demás asintieron, incluida la demoníaca Elfi.

Cuando reinó el silencio la Señora Velasco se levantó y ceremoniosamente apartó las gruesas cortinas rojas para, tras una palmada romana, dejar aparecer a una mujer que enfundada en un vestido de seda rojo de inspiración oriental (era como un kimono terminado en falda y con un cuello elegante y estirado hacia la barbilla) se internaba tímidamente en el cenáculo. Todas las señoras, y señorita, pusieron ojos como platos de puro interés morboso. La mujer, que rondaba los 32 años, lucía un moño rubio oscuro y escondido y unos ojos azules como acuarelas que hipnotizaban al personal. Llevaba las manos cruzadas a la espalda y esperó a una orden de su ama, la Señora Velasco, para concluir de pie en lo que sería el centro de la circunferencia, imperfecta, que formaban los asientos de las amigas.

-Es una auténtica esclava griega, su apellido es Anistopoulos, aunque a partir de ahora la conoceréis como Adela -Anunciaba la Señora Velasco- Observad la nariz griega, esa barbilla y la mandíbula. ¡Solo dos hombres fornicando resultarían más griegos que mi esclava!
-Si fuera más joven... -Comentó Doña Teresa.
-O alemana... -Añadió Elda.
-¿Es católica? -Preguntó Holy.
-Dejaos de idioteces. -Se cansó la Señora Velasco y con un movimiento ágil de manos le quitó el kimono a la esclava y la dejó desnuda, lo que provocó más de un suspiro pues apareció un hermoso cuerpo bien esculpido y fibroso, bronceado como el caramelo (si existiera el caramelo de puro alabastro, ah). Doña Velasco embelesada susurró: "Dios haciendo rosas hizo su rostro..."

La Señora Velasco acarició aquella desnudez como con miedo a quebrar una piel que sentí de seda e invitó con un movimiento de cabeza a que las demás siguieran su ejemplo. Un puñado de mujeres católicas acariciando una esclava. Si la belleza se pudiera definir no habría mejor epílogo.

Elda parecía extasiada con el contacto de la carne griega. Holy parecía querer reprimirse pero acabó por acercarse más para oler su piel. Doña Teresa, siempre la más atrevida en principio, le pasó los dedos por el monte de venus y susurró unos versos de Darío:

Mas a pesar del tiempo terco/ mi sed de amor no tiene fin;/ con el cabello gris me acerco/ a los rosales del jardín.

Adela, la esclava, intentaba mirar al frente y no expresar sentimientos. Apretaba los labios y si tenía que caer en la debilidad miraba a su ama, que con ojos amorosos la vigilaba.

-Ya está bien -Y puso de nuevo el kimono sobre su ejemplar griego.- La vais a gastar de tanto sobar...

Con la cabeza agachada la esclava se sentó junto a su ama y Doña Velasco, tras retomar el té de fresas, comenzó un relato: "Adela era una mujer de éxito, una joven ejecutiva de una gran empresa. Pero un buen día dejó su aburrida e inútil existencia. Había pecado y mucho, y Dios le habló. Si aún faltaba mucho para poder purgar sus pecados en el infierno la esclavitud era una salida rápida a su inútil y pecadora existencia. Quiso someterse y yo la ayudé. Como buena cristiana seguí los designios de Dios Todopoderoso y estoy dispuesta a redimir a esta alma pecadora..."

Todas asintieron como si aquello les pareciera no solo bien sino el colmo del virtuosismo beato. Elda aún se relamía: Imaginaba ya unas de sus fiestas con el atractivo de una esclava griega, como si no fueran ya lo bastante depravadas sus fiestas. Todas se sentaron más calmadas pero aún bastantes excitadas por la novedad. Nadie dejaba de contemplar a la esclava, Adela, esclava por la gracia de Dios, una mujer dispuesta a redimirse, pecadora (como todas las mujeres hermosas).

No voy a contar como acabó la noche en el cenáculo, porque soy un caballero y un buen cristiano, pero digamos que en algún momento alguna señora suspiró de placer mientras cierto látigo salpicaba el papel pintado de las paredes de sangre...Y lo peor es que la sangre no fue, nunca, de Adela, la esclava que purgaría, y bien, sus numerosos pecados.

Amén.



NOTA DEL AUTOR:

Mejor si pongo mis comentarios al final del relato. En este caso me sentí inspirado por muchas cosas, ante todo quería escribir un relato decadente y esteticista, tipo finales del siglo XIX (al estiloWilde, D'Anunnzio y demás). Mientras escribía salía sin querer cierto sentido irónico y humorístico (tengo ese defecto, supongo que ya para siempre, cuando soy demasiado serio no me gusto) y desde luego el toque erótico, morboso y fetichista tampoco puede faltar casi nunca. También partía de San Agustín, sus obrasCiudad de Dios y sus Confesiones, han fascinado a muchos no creyentes por ciertos párrafos controvertidos llenos de sexo y distintos morbos algo escandalizantes. De hecho iba a titular el relato San Agustín en el Infierno (como la canción de Sting:Saint Agustine In Hell) pero decidí darle un título un poquito más sórdido. De todas formas el relato pertenece al ciclo de Arkopalos (la extraña población al Sur de Córdoba) donde de vez en cuando ambiento mis relatos. La verdad es que he quedado muy contento con el relato, razón para pensar que no gustará. También es poco usual que use la tercera persona y tanto diálogo. Pero siempre intento probarme y mejorar.

Comentarios

  • AbrilAbril Pedro Abad s.XII
    editado septiembre 2014
    A primera vista escribes como para leer en papel, en pantalla es dificil concentrarse en la lectura. Si fuera mas corto, quiza seria mas facil. Diria que eres un escritor del siglo 18 reencarnado en el 21. ;)

    Pero en serio, me gustaria leerte, si me das tiempo voy a copiarlo en word para hacerlo con calma.

    Lo que no entiendo es eso que dices:

    "La verdad es que he quedado muy contento con el relato, razón para pensar que no gustará. "

    ¿Lo que te gusta a ti no gusta a los demas? Pero me imagino a que te refieres, los tiempos son los tiempos.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Por lo que he visto de ti, me pareces un chico tierno ( a la narración de los días pasados con tu sobrina, me remito), pero cuando sacas esa vena ácida - de mala leche , en román paladino- y esa tendencia al absurdo ( literario, no es una ofensa), me encantas también.
    Intentaba imaginarme a esas mujeres acariciando a la esclava, amontonadas alrededor de ella y no sabía si reírme o... No voy a mentirte, me he divertido de lo lindo.
    Te haría alguna puntualización léxica ( evitar alguna palabra esdrújula , convertir un adjetivo en epíteto, etc), pero como pueden ser apreciaciones particulares - mías, de moi-, no lo haré.


    Tu relato me ha recordado a la madre de nuestra modista: una señora muy católica, fiel a su difunto y orgullosa madre de dos curas y de un coronel del ejército español. Cuando ya era muy mayor, por la demencia senil, se convenció de que era la madame de un prostíbulo. Las mujeres que acudíamos a probarnos los vestidos éramos para ella prostitutas y nos emparejada con determinados señores, muy católicos también.


    Carlos, tu relato me ha gustado.
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Francesca escribió : »
    Por lo que he visto de ti, me pareces un chico tierno ( a la narración de los días pasados con tu sobrina, me remito), pero cuando sacas esa vena ácida - de mala leche , en román paladino- y esa tendencia al absurdo ( literario, no es una ofensa), me encantas también.
    Intentaba imaginarme a esas mujeres acariciando a la esclava, amontonadas alrededor de ella y no sabía si reírme o... No voy a mentirte, me he divertido de lo lindo.
    Te haría alguna puntualización léxica ( evitar alguna palabra esdrújula , convertir un adjetivo en epíteto, etc), pero como pueden ser apreciaciones particulares - mías, de moi-, no lo haré.


    Tu relato me ha recordado a la madre de nuestra modista: una señora muy católica, fiel a su difunto y orgullosa madre de dos curas y de un coronel del ejército español. Cuando ya era muy mayor, por la demencia senil, se convenció de que era la madame de un prostíbulo. Las mujeres que acudíamos a probarnos los vestidos éramos para ella prostitutas y nos emparejada con determinados señores, muy católicos también.


    Carlos, tu relato me ha gustado.

    Ay, Francesca, tú dime todo lo que quieras, que para eso lo publico. Ya comenté otras veces que no he repasado ortografía desde el colegio (!) y que hace un par de años me compré un libro de gramática que aun no he estrenado y ahí está olvidado y muerto de risa.:D Me aburre mucho la parte técnica de la literatura, soy perezoso, solo me interesa imaginar historias y escribirlas.:rolleyes: Pero cuando alguien me comenta cosas del texto como tú, con vistas a mejorarlo a mi me interesa mucho, y además muchas veces me hace darme cuenta de cosas que se me han pasado. Por supuesto me alegro de que te divirtiera el relato, me gusta que veas el lado divertido y canalla del asunto.:D
    Abril escribió : »
    A primera vista escribes como para leer en papel, en pantalla es dificil concentrarse en la lectura. Si fuera mas corto, quiza seria mas facil. Diria que eres un escritor del siglo 18 reencarnado en el 21. ;)

    Pero en serio, me gustaria leerte, si me das tiempo voy a copiarlo en word para hacerlo con calma.

    Lo que no entiendo es eso que dices:

    "La verdad es que he quedado muy contento con el relato, razón para pensar que no gustará. "

    ¿Lo que te gusta a ti no gusta a los demas? Pero me imagino a que te refieres, los tiempos son los tiempos.

    Gracias Abril. Desde luego que como leer en papel no hay nada. Mientras pueda evitaré los ebooks y demás. Yo donde esté un libro de papel que se quiten todos los inventos modelnos. Eso si, si mis relatos fueran más cortos serían ya superhipermicrorrelatos:D y en tan poco espacio los argumentos apenas tendrían sentido. Sé que hay compañeros que publican relatos de un solo párrafo, por ejemplo, pero para mí eso no es un relato, una historia...:rolleyes: A las historias hay que dedicarle un mínimo de espacio. Pero es mi opinión muy particular...:rolleyes:
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    CarlosSerrano escribió : »
    Ay, Francesca, tú dime todo lo que quieras, que para eso lo publico. Ya comenté otras veces que no he repasado ortografía desde el colegio (!) y que hace un par de años me compré un libro de gramática que aun no he estrenado y ahí está olvidado y muerto de risa.:D Me aburre mucho la parte técnica de la literatura, soy perezoso, solo me interesa imaginar historias y escribirlas.:rolleyes: Pero cuando alguien me comenta cosas del texto como tú, con vistas a mejorarlo a mi me interesa mucho, y además muchas veces me hace darme cuenta de cosas que se me han pasado. Por supuesto me alegro de que te divirtiera el relato, me gusta que veas el lado divertido y canalla del:rolleyes:


    No, ¡bah!, son detalles nimios. Además, eso nos pasa a todos cuando somos lectores, que pensamos en el modo en que lo haríamos nosotros mismos.Nada, no te detengas ni un minuto en lo que te dije. Escribes muy bien, para mi gusto.


    En cuanto a lo del papel o lo electrónico:
    Yo dije, levantando el puño izquierdo, con un atardecer flamígero de fondo:


    - Juro por los cielos que NUNCA tendré un libro electrónico.


    Hace dos navidades, me lo regaló mi chico y estoy realmente encantada. Puedo llevar encima cientos de libros, en un cacharrito que apenas pesa un cuarto de kilo. Agrando la letra , así que no uso gafas. Dispongo de una lamparita que me permite leer en cualquier lugar y diccionarios en varios idiomas.
    El soporte físico de la escritura y su forma han ido cambiando a lo largo de la Historia ( huesos de camello, bloques de arcilla, papiro, vitola, a mano, impreso...) y, en realidad, no importa porque lo que permanece es la Literatura.
    ¡Hasta luego, Carlos!
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Francesca escribió : »
    No, ¡bah!, son detalles nimios. Además, eso nos pasa a todos cuando somos lectores, que pensamos en el modo en que lo haríamos nosotros mismos.Nada, no te detengas ni un minuto en lo que te dije. Escribes muy bien, para mi gusto.


    En cuanto a lo del papel o lo electrónico:
    Yo dije, levantando el puño izquierdo, con un atardecer flamígero de fondo:


    - Juro por los cielos que NUNCA tendré un libro electrónico.


    Hace dos navidades, me lo regaló mi chico y estoy realmente encantada. Puedo llevar encima cientos de libros, en un cacharrito que apenas pesa un cuarto de kilo. Agrando la letra , así que no uso gafas. Dispongo de una lamparita que me permite leer en cualquier lugar y diccionarios en varios idiomas.
    El soporte físico de la escritura y su forma han ido cambiando a lo largo de la Historia ( huesos de camello, bloques de arcilla, papiro, vitola, a mano, impreso...) y, en realidad, no importa porque lo que permanece es la Literatura.
    ¡Hasta luego, Carlos!

    Bueno, a mí me pasó con el paso del VHS al DVD, con el paso del CD al MP3...pero en cuanto al libro electrónico tengo mis dudas. Mi cuañada tenía uno, los he visto ya de todos los colores y me siguen pareciendo feísimos. No sé, eso de acaricar un libro y oler sus páginas aún me atrae demasiado. De hecho cuando empecé con Intenet y los ordenadores me descargué miles de libros en pdf, todo lo que quería...y ahí están los archivos muertos de risa. Jamás me puse a leer un libro en pdf. Sigo yendo a la biblioteca pública, hojeando ejemplares, acariciando libros...soy demasiado analógico, al menos en literatura.

    Hace unos meses leí un artículo diciendo que la venta de ebooks y lectores de libros electrónicos se ha estancado, que no ha explotado como se esperaba. Desde luego conmigo, de momento, que no cuenten...:D
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