La fotógrafa
Me la encuentro en el Monte Pindo, muy cerca de la cima. Va delante mía, saltando de piedra en piedra, trepando los últimos metros; del cuello lleva colgada una cámara fotográfica. Cuando llego a su altura, me saluda desde lejos; de su bolsa comienza a sacar un par de objetivos. Me siento sobre una roca, a cierta distancia, y observo.
Ella se acerca al borde de la cima y, apuntando a la ría de Corcubión, comienza a sacar fotografías. El cielo y el mar está llenos de luz, levemente agitados. Ráfagas de viento hacen que tenga que apartarse constantemente el cabello de la cara, hasta que finalmente posa la cámara sobre una piedra y se hace una coleta.
De repente, ella se gira; me ha cazado
in fraganti observándola. Mantenemos las miradas durante unos segundos hasta que yo finalmente la aparto. Por el rabillo del ojo veo como comienza a caminar hacia mí:
-Hola
Me giro hacia ella de nuevo; tiene los ojos color miel.
-¿Te importa que saque una foto?
-No, tranquila -respondo mientras me pongo en pie para hacerme a un lado-.
-No te apartes; olvídate de la cámara. Imagínate que yo no estuviera aquí.
“No será fácil”, pienso mientras la bruma, allá a lo lejos, va cubriendo Fisterra.
Comentarios
También he visto tu blog y he leído los otros. Promete, espero que vaya medrando con otros microrrelatos igual de interesantes. Saludos.
Sí, trataré de ir escribiendo en el blog regularmente.
Un saludo.
Este y el otro relato muestran su estilo de contar las cosas, pensé que el otro fue así por lo que describía, pero veo que acá también narra de la misma manera. Peculiar. En vez de leerle, me da la sensación le escucho.
¡Gracias por compartir!
Saludos!