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Vo´ bailá

AloneAlone Anónimo s.XI
editado julio 2014 en Narrativa
(En homenaje a Pepito Avellaneda, maestro bailarín.)

Hasta el nombre era feo. Floro. Floro Avendaño.

El Floro era un pequeño hombrecito que no llegaba al metro sesenta de altura. Usaba tiradores de seda cruzados por la espalda, anchos pantalones negros con rayas blancas, camisas de seda invariablemente negra o azul oscuro, zapatos negros de taco tanguero. Ese era el Floro. Un tipo piola aunque a veces algo huraño.

Desde pibe le gustaba el baile, especialmente el tango y con los años, ya andaría rondando los 50, se puso un saloncito para enseñar a bailar tango y milonga solamente. Nada de pasodoble, tarantela o ranchera, porque esa música no le gustaba….yo sólo “curto” tango, pibe, decía con esa voz finita que tenía.

Se instaló en un saloncito de la zona de Barracas. Era algo chico, pero con el tiempo logró alquilar un local grande en la misma cuadra; lo pintó totalmente y le hizo arreglos hasta dejarlo en buenas condiciones. “Mi academia”, así la llamaba. Y realmente tuvo éxito; mucha clientela fue rotando gracias a la recomendación boca a boca de sus alumnos. El Floro iba cumpliendo con sus sueños, hasta que un día cayó una linda flaca a su “academia de baile”.

No se sabe bien que pasó entre ellos, yo creo que nada, pero al tiempo, una noche en el barcito de siempre, llegó el Floro agobiado, hasta se diría que había estado llorando. Se paró en el mostrador, al que apenas le sacaba una media cabeza de ventaja y pidió un vino. Raro, porque el Floro no bebía. Me le acerqué y hablé un rato con él. Lo llevé a mi mesa, y él solito sin que yo le pidiera que me hable, comenzó con el asunto.


“La piba llegó con una sonrisa ancha como la Nueve de julio, así como te digo, negro, llegó piolita y sin el temor normal de las principiantes, llegó como si hubiera estando llegando desde siempre, me entendés…. Tenía unas patas… qué madre mía, y el resto ni te cuento. Pero, sabés…. lo más lindo eran sus ojitos, parecía una ratita…viste… negro, los ojitos de lo’ ratones que parecen un carboncito encendido, curiosos y traviesos…lo’ viste negro alguna vez…. pero. no sé para qué te cuento si no manyás nada de estas cosas… me miró con algo de “bronca” , pero siguió con su monólogo.
Bueno, sabés, apenas la piba se preparó y se puso las pilchas pa’ bailar, se vino donde yo estaba, y qué lo parió, caminaba como una reina y no les daba pelota a las otras que cuchicheaban por lo bajo; bueno, eso siempre pasa cuando llega una mina nueva, pero en este caso las mujeres se quedaron con la boca abierta, pero mudas, creo que se pusieron como nerviosas…qué se yo.. Le pregunté como se llamaba y me contestó “Ana María”, pero puede decirme “Yaya”, que es como me llaman todos los que me conocen.
La llevé al saloncito naranja donde en esos momentos no había parejas bailando y le dije: Yaya… ahí tiene una silla, se sienta y me escucha. Aprobó con un movimiento de cabeza pero no dijo nada. Yo la miraba directamente a esos ojos de ratoncito, y estos parecían encenderse con un brillo penetrante. Un instante después, le dije cortito: Mirá piba, “vo” escuchá la música desde que apenas comienza a sonar la vitrola, ¿Me entendés?... y oí bien la música, que para bailar no sólo hacen falta las “tabas”, bueno, digo las piernas, sino que hace falta tener buena oreja, ¿Me seguís? Después yo te hago bailar…uno, dos, tres, cuatro,…uno, dos… y “bailá, seguí la música, que yo te llevo y “vo’ bailá”, ¿Está claro? Te dejo un ratito, tengo que ver como van los otros; enseguida vuelvo y comenzamos.

Y sabés una cosa, negro, yo, de entrada, en las primeras lecciones, había visto en la mina una bailarina bárbara. Me decía para mis adentros...ésta va a ser la mejor de todas, ésta tiene ángel, tiene música adentro. Y así fue nomás, pero luego de un tiempo se fue.

Hace poco nomás, se fue así como vino, de improviso; y al tiempo me contaron que se la llevó un marinero polaco… ¿Cómo habrá hecho pa’ levantarla, si chamuyaban distinto? No hay caso, los barcos llegan y casi siempre traen malos presagios, y cuando parten, de cada puerto se llevan las estrellas y te dejan una noche muy oscura….y como ahora, también se llevó otra luz, tan linda, tan intensa, ese polaco se llevó a la piba y se llevó el brillo de sus ojos de ratoncito; es así nomás, por eso no me gustan los barcos.”

Hizo una pausa y siguió…” Pero bué…ya está, ya se fue, aunque es una pena que de la forma como aprendió a milonguear, se podía haber quedado y hasta me podía haber ayudado a mí, viste, como una secretaría, pero sin silla ni escritorio, solamente bailando conmigo se hubiera ganado unos buenos pesos…..

Negro, me oís, ¡ Pero si te estás “apoliyando”!…Que lo parió ..negro, vo’ no sos compinche pa’ escuchar a un amigo que anda con una cosa así como atragantada – y alzó las manos entre la garganta y el pecho-, algo parecido a un dolor… eso sí, una cosa chiquita nomás, yo soy bien macho y no te vayas a pensar que .., ma’ sí, seguí durmiendo...”

No terminó la frase, se levantó, llamó al mozo, pagó el gasto de la mesa y se marchó.

Cuando salió del bar, abrí los ojos y mientras recordaba las quejas doloridas del Floro, dije para mis adentros….

“Pobre Floro,…. cómo no voy a saber lo que te pasa… estas cosas nos ocurren a todos, nos hieren, nos sublevan, y el mundo parece explotar en esos momentos, pero no hay nada para ello, vos solito tenés que levantarte, ésta y tanta veces más, porque la vida sigue y la historia medio disfrazada siempre vuelve; y te seguirá pasando, porque como vos decís.. “yo curto el tango”, y el tango es compinche del amor y del dolor, y esa luz que se enciende dentro del “cuore” apenas comienza a arder, titila, se prende y se apaga, y muchas veces no vuelve a resplandecer y duele, vaya que duele, pero también ese dolor endurece, nos hace más resistentes a la infección del bichito que hoy te tumba, pero también todo eso pasa con el tiempo. Y sí, Floro, hoy vas a volver a casa con el corazón deshecho, vas a volver allí donde están los fantasmas, la música triste y el cruel Discépolo que te recuerda las alegrías y las miserias, las traiciones y los rencores del alma; sí, Floro, todos volvemos a casa después de una larga jornada; a casa vuelve el marinero desde el mar, y a casa vuelve el cazador que baja desde la montaña….”

Tenía sueño, mucho sueño. Salí del bar y enderecé para casa o para algún lado, no sé. Una luna grandota y pálida iluminaba la acera y mi sombra se me adelantó unos pasos.

Era lindo verla marchar a mi lado, acompañándome.


©
Enero 2009

Comentarios

  • Dr FictizioDr Fictizio Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2014
    Muy bien escrito, con ese estilo porteño tan peculiar, por lo menos para los de "acá". Una extraña escena entre la solidaridad y la soledad... y con una muy buena imagen final.

    Saludos.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado julio 2014
    Esos son los buenos amigos:)
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado julio 2014
    Si nos describe a 'Floro' de nombre feo, con voz finita y apenas se le miraba detrás del mostrador, ¿cómo pensaba competir con un marinero polaco? :D

    Bromas aparte, cómo esperaba Floro que la 'Ratoncita' no se fuera, si Floro no hizo nada para decirle que se quede. Cuando se trata de enamoramientos, se crean un caos en la mente pero rara vez lo expresan/exteriorizan y dejan saber a la otra persona lo que sienten; no dejan sus 'sentimientos a flote'.

    ¡Gracias por compartir!
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2014
    Me gusta leer. Disfruto con la lectura. Y te digo que tu texto me ha hecho muy feliz. A ratos, he sonreído imaginando a Floro y, a ratos, se me han empañado los ojos. Expresas muy bien el sentimiento de Floro hacía Yaya con unas pocas palabras.


    Este texto , a mi juicio de lectora - falible , por supuesto-, me ha parecido de lo mejorcito que he leído en el foro en varios meses.




    Espero que sigas haciéndome disfrutar en el futuro con la lectura.


    Saludos
  • AloneAlone Anónimo s.XI
    editado julio 2014
    Pues muchas gracias a todos los que me han leído. Son muy amables sus comentarios, ( y si no lo fueran, igualmente gracias, pues lo que no te mata te endurece).
    Un agradecimiento especial a Francesca por tamaño elogio, por supuesto que inmerecido.
    Trataré de de comentar algunos escritos , pero debo advertir que por un problema sin solución, tengo cuasi paralizado el brazo derecho y me cuesta horrores usarlo para cualquier cosa, inclusive escribir; pero me arreglo con la mano izquierda ; por ello mis comentarios serán muy pobres y escasos. Los cuentos que iré publicando están realizados desde tiempo anterior al problema descrito anteriormente y que afecta mi escritura actual. ( tiempo ocupado en este comentario que leen, 19 minutos).
    Nuevamente gracias a todos.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2014
    No quiero abundar en lo mismo.


    Decirte, solamente, que a mí me han encantado esos modismos argentinos. Siento mucho cariño por esa tierra que acogió a muchos de mis familiares en tiempos de penuria. Actualmente, viven algunos de ellos en Córdoba y en Buenos Aires.


    Saludos y gracias por alegrarme el día con textos como éste.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2014
    Hola Alone:

    Fue muy agradable leer este relato tan tanguero. Me ha gustado mucho, logras trasmitir sentimientos "agridulces".

    Tiene ritmo, tiene música y tiene baile. Imágenes muy lindas y muy bien caracterizado los personajes.

    Leeré más de tus escritos.
  • AloneAlone Anónimo s.XI
    editado julio 2014
    Gracias.gracias.gracias. Buena gente, si las hay, "sois" ( de un argentino):D
  • Nae SirudNae Sirud Juan Boscán s.XVI
    editado julio 2014
    Qué relato bonito. Me parecen muy interesantes los tres personajes, (no cuento al polaco, porque sólo es una pieza argumental). Todo respira humanidad. Espero leer más cosas. Saludos.
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2014
    Me ha encantado el ambiente de tango, la vida de Floro y la ternura de su enamoramiento con la descripción de los ojitos de ella:

    "...lo más lindo eran sus ojitos, parecía una ratita…viste… negro, los ojitos de lo’ ratones que parecen un carboncito encendido, curiosos y traviesos…"

    Y esta frase del final:

    "Una luna grandota y pálida iluminaba la acera y mi sombra se me adelantó unos pasos."

    ¡Que preciosidades!

    Gracias por compartirlo.

    Sonrisas
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