Abrí los pesados párpados, me incorporé del suelo y sacudí mis ropas, confundido. No sabía cuánto tiempo había estado desparramado en mitad de aquel parking subterráneo. Todas las luces estaban apagadas, solo se adivinaban las siluetas de algunos coches dormidos en la espesa negrura. Era realmente extraño que, sin una sola bombilla iluminando la estampa, lograra ver más allá de mis narices.
Yo era un tipo parapetado tras unos enormes cristales de culo de vaso, más bien escuálido y torpe. Un chaval invisible, alguien con el que no merecía la pena perder el tiempo. Una rata de biblioteca que suscitaba el más brutal sentimiento de vergüenza ajena a todo el que tenía la desgracia de compartir mi mismo vagón de metro.
¿Si no soy capaz de ver tres en un burro cómo diablos soy capaz de ver en la oscuridad más absoluta? – pensé con mis queridas gafas echas un amasijo de metal entre las manos.
to be continued...
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Con los bolsillos llenos salí del coche como pude, tenía el cuello dolorido, las manos ensangrentadas y el pantalón rasgado. No recordaba nada pero ahora eso no importaba, debía encontrar la salida o al menos ayuda médica.
Saqué el movil del bolsillo, y como me esperaba estaba apagado, asi que lo lancé con todas mis fuerzas contra el suelo de baldosas, intentando zafarme de la furia que llenaba mi cuerpo.
De pronto, un fuerte estruendo llamo mi atención...