Dicho con todo el respeto...
—Pase, pase... y siéntese, por favor.
—Verá..., he visto el anuncio y...
—Sí, nos dedicamos a practicar la eutanasia.
—Entonces, ustedes...
—Estamos profesionalmente capacitados y oficialmente autorizados para transportar a nuestros clientes al otro lado del abismo como dice nuestro lema: con rapidez, eficacia y precio asequible. Precisamente estamos en promoción y regalamos una grabación en vídeo del proceso al familiar más próximo.
—Bueno, pues... yo vengo a que me eutanasien. Usted me dirá cómo va esto.
—Es fácil, déjese llevar. Como paso previo, y según exige el protocolo oficial, debemos disuadirle de su propósito; no se preocupe es puro trámite... Vamos a ver, ¿Por qué ha tomado esta decisión?
—Pues le diré. Llevo un año jubilado y, hace unos meses, el gobierno, haciendo caso a las presiones de Europa, ha retrasado la edad de jubilación tres años. Todos mis amigos y colegas siguen currando y me encuentro solo. Como estoy sano y me siento con fuerzas todavía, he solicitado reincorporarme en mi empresa, aunque sea sin sueldo, pero no lo han aceptado. En la Universidad Intergeneracional sólo hay viejos dormitando y en el IMSERSO debes tener recomendación para viajar; además te hacen bailar “ Pajaritos por aquí, pajaritos por allá, pim pam, pim pam”. No veo la televisión, porque ya no me excito y, como hablan sin saber y todos a la vez, no me entero de nada de lo que dicen. ¡Estoy desesperado!
—Pero, ¡hombre!, algún quehacer interesante que le anime a vivir tendrá usted.
—Eso pensé el otro día, cuando le oí a Vargas Llosa que, para él, escribir era vivir. Con cierta ilusión me puse a la tarea y me salió un cuento. Se lo enseñé a mi parienta y le gustó. Me sugirió que lo publicara en internet y así lo hice. Bueno, bueno, bueno..., ¡me dieron hasta en el carnet de identidad! Era lo único que faltaba para mi total hundimiento moral, así que mi decisión es irrevocable.
—Bueno, entonces firme aquí. Es el “Consentimiento informado” que nos exime de toda responsabilidad legal.
———————————
—...Y, ahora, ¿cómo quiere que lo liquidemos, perdone el lenguaje coloquial.
—No sé..., me coge desprevenido. Como es la primera vez...
—Tenemos varias formas para satisfacer los gustos más diversos. El método clásico consiste en asestar un golpe seco entre ceja y ceja con una llave inglesa del nº14; es efectivo pero reconozco su rudeza. La clavada del cuchillo jamonero en la región interescapular tiene fama; lo han llevado al cine en múltiples ocasiones, pero su efectividad no es total y, claro, puede ser molesto. El corte de muñeca en bañera de agua tibia es todo un placer; tiene el inconveniente que siempre queda resto de sangre y, por tanto, conlleva peligro de contagio de un hipotético sida a futuros clientes.
Yo siempre aconsejo el veneno; ¡es tan novelesco, arrogante e intelectual...!
—¡Hombre!, puestos a escoger, me haría ilusión irme al otro barrio oyendo sin parar y a toda pastilla “¡Atención, amigo conductor!”, de Perlita de Huelva.
—Lo siento pero ese procedimiento no está homologado.
—Pues yo quiero “diñarla” así.
—Pues aquí no, caballero. Este es un sitio serio y no vamos matando a la gente de cualquier forma. ¡Sólo faltaría que hubiera que practicar la eutanasia como a cada uno le saliera de los cojones!
—Entonces adiós.
—¡Vaya usted con Dios!
Comentarios
Me he reido como nunca.
Eso de que ..."faltaría que hubiera que practicar la eutanasia como a cada uno le saliera de los cojones" es..... sublime.
Un saludo
Ya conocía este relato pero me ha encantado volver a leerlo y dejarte unas palabras que, en su día no escribí.
...de colores
Como Amparo, eres un magnífico peón de brega siempre presto en el burladero para hacer un quite salvador (permite el léxico taurino).
Gracias por señalar el efecto liberador de esta historieta.
Otro saludo.
Me encanta oírtelos aunque no sean ciertos.
(Copla del maestro Quiroga: "Dime que me quieres, aunque sea mentira, aunque no lo sientas, dímelo bajito ...pero dímelo").
Hola Alakhen.
No busco ententes ni cordiales ni no cordiales, y es más, me dan igual. No me gusta que me perdonen la vida. Tienes esa mala costumbre (impropia de los andaluces, por cierto).
Leo muchos escritos en el foro: los que me gustan y me llegan (como este) los alabo, los que me resultan indiferentes o no entiendo, los ignoro, y los que no me gustan o considero ofensivos, los comento más o menos duramente (son poquísimos) pero siempre con educación. Por ahí lo llaman democracia y libertad de expresión.
Y como verás, en mis críticas, tampoco hago alusiones impersonales despectivas, (se insulta así para evitar baneos), típicos de abuelas cascarrabias (como la mia
Ni mis amigos, ni mis amores están en este foro, ni en ningún otro.
Un cordial saludo.
PD: Me repito. Un relato brillante y divertido: ¡genial!
Salud y ventura.
Yo solo dijo verdades y las siento.
...siempre de colores.
Es todo un arte arrancarle a la gente una sonrisa con algo tan serio como la muerte. Me ha gustado mucho.
Te felicito.
Me rondaba por la mente una coplilla que cantaba mi madre y me dediqué a indagar sobre este tema por la red. He leído que Rochefucauld achacaba nuestro trauma ante la muerte a que no sabemos por dónde cogerla. Y un tal - era la primera vez que escuchaba este nombre- Vladimir Jankélevitch explica que, ante la muerte, nos caben dos actitudes: angustia o siesta.
Precisamente, se ponía como ejemplo de esto último, lo de tomarse un poco en broma a la Muerte, la coplilla de mi madre:
Cuando pienso seriamente
Que me tengo que morir,
Echo una manta en el suelo
Y me harto de dormir.
Sin sofocones.