Hola a todos. Aquí os dejo un relato perteneciente a mi libro, el cual se titula "Cuando los niños jugaban en la calle". Es un libro de relatos, auto editado y bueno... Lo detallo mejor en la sección destinada a promocionar tu obra. Espero que os guste.
Psicofonías
Estábamos tan tranquilamente a las 12 de la mañana en el portal del sapo zampándonos unos flash de cinco duros de limón, naranja y cola creo recordar. Unos mazacotes de hielo con colorante que sabían a gloria.
En esto que baja el Jesús y nos dice que subamos todos a su casa que tiene que enseñarnos algo. Cuando llegamos nos encierra a todos en su cuarto y nos pide que pongamos atención, que vamos a oír una cosa alucinante.
Entonces abre una de las dos pletinas del radio cassette, introduce una TDK de 60 rebobinada y pulsa el play. En ese momento comienza a sonar un programa de radio grabado, era Jiménez del Oso hablando de una cosa llamada psicofonías.
El tío empieza a explicar de qué va eso y pone algunos ejemplos.
Todos nos sobrecogimos sin dar crédito a lo que estábamos escuchando y decidimos que también nosotros podíamos salir a la caza de psicofonías en los distintos rincones lúgubres del barrio, lugares a los que alimentábamos con nuestra imaginación en nuestras reuniones de portal y parquecito de historias terroríficas. Si Jiménez del Oso podía nosotros también.
Yo tenía una grabadora de esas grises rectangulares con las teclas de las funciones en negro salvo la de grabar que era roja, un auténtico armatoste.
Esa fue mi aportación a la expedición parapsicológica. El Jesús aportó una cinta de 90 en la que por una cara tenía grabado el British steel de Judas Priest y por la otra el Sleepery When Wet de Bon Jovi con la intención de borrar uno de los dos discos. Le tocó al músico de Nueva Jersey como era de esperar. Siempre fue un grupo que encajaba a empujones en la discografía de los heavys de barriada y uno de los principales candidatos a ser borrado cuando había que hacer hueco entre la colección porque no había guita para comprar una cinta nueva, o porque nos daba pereza ir a comprarla.
Armados con la grabadora, la cinta, un pack de cuatro pilas medianas y varias latas de fanta nos pusimos en marcha camino de un solar que contaba con una especie de caballeriza dividida en varios compartimentos, como unos diez, y que se comunicaban unos con otros gracias a los butrones que alguien había hecho en todos los muros. Así mismo llevábamos una pequeña linternita que era como la pimienta para cualquier proyecto aventurero que surgiera.
Llegamos sobre las siete y media de la tarde de un achicharrante Julio y escudriñamos bien el lugar en busca del sitio idóneo para colocar la grabadora. Decidimos que si algún espíritu tenía que manifestarse le molaría más hacerlo en el rincón con más escombros, malas hierbas y roña de todos. No éramos muy buenos emparejando términos, la podredumbre y la ruina debían ir de la mano del más allá… Bien.
Con mucho ritual dejamos el trasto grabando y marchamos a los campos de futbito a echar una pachanga mientras los espíritus nos relataban sus historias y nos presentaban sus quejas.
Teníamos el tiempo calculado y justo a los 45 minutos que es lo que tardaba en pasar la cara A de la cinta cortamos el partidillo y volvimos a buscar la grabadora. Fue llegar al sitio y empezar la sugestión a hacer de las suyas.
-“La grabadora se ha movido, no está como la dejamos”.
Basta que uno dijera eso para que todos asintieran al unísono.
-“¡Hostia tío, sí, estaba más pegada a la pared!”.
-“Fijo que se han grabado voces”.
Salimos de allí mitad impacientes por escuchar el resultado de la grabación mitad asustados por la total convicción de que allí había espíritus. Nadie quería salir el último porque si lo hacías era como sentir que la mano del ente te tocaba en el hombro o te acariciaba el pelo. La sugestión a veces es la hostia.
Bueno, el momento había llegado, ahora íbamos a descubrir lo que tenían que decir esos seres del más allá, atormentados sin que nadie les escuchara, sin que nadie oyera sus plegarias, deseosos de comunicarse con el mundo de los vivos.
Previo paso por la droguería del Cándido, que era el que más sabores de flash tenía en stock, nos aprovisionamos bien y nos sentamos en corro en el bloque 6, que era nuestro preferido por su distribución geográfica tendente a que corriera mas fresquito una vez que empezaba a anochecer como era el caso. Al llegar al final la cinta saltaba y se rebobinaba sola, así que solo tuvimos que guardar silencio y pulsar play.
La atención era máxima, los ojos como platos y la piel que se ponía de gallina cada vez que oíamos un crujido proveniente del mecanismo de hacer pasar la cinta, ya que, claro, cualquier cosa que rompiera el silencio de la grabación era un espíritu intentando comunicarse.
Muchas veces había que dar al pause y recoger las piernas porque un vecino entraba o salía. De ese modo, los 45 minutos de la cinta se convertían en 60.
El momento cumbre llegó cuando de repente se oyó como un crujido, un chasquido seco y fuerte seguido de un incesante ruidillo que duró como 15 o 20 segundos y que hacía “ñi ñi ñi ñi ñi ñi”.
-“Eso es una niña llorando”.
-“Que no gilipollas, que es el ruido de una vieja que se está meciendo en una butaca”.
-“Callarse coño que se ha escuchado algo más”.
Al final nadie llegó a una conclusión exacta de qué era qué.
Teniendo en cuenta que era un derribo atestado de escombros, revistas desvencijadas, mierdas secas tanto de animal como de ser humano, papeles de plata tiznados de negro y jeringuillas usadas no estoy yo muy convencido de que algún espíritu tuviera la intención de comunicarse con nosotros para darnos algún dato de importancia o hacernos alguna petición desesperada. El crujido y el ruidillo obedecerían a alguna rata que movió alguna piedrecita y esta chocó con otra cerca de la grabadora. Todos lo sabíamos pero nadie dijo nada, preferimos pensar que era un espíritu con algún tipo de mensaje encriptado, el cual pasábamos de desencriptar olímpicamente, antes que aceptar la teoría de la rata.
Hombre, es que si no el día hubiera sido un desperdicio, y eso no lo podíamos consentir de ninguna de las maneras.
Comentarios
Así están todos agrupaditos y es más cómodo para todos.
Un saludo
Un saludo.