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La zanja

Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado junio 2014 en Narrativa
Las urracas y los cuervos se han encargado de difundir la urgente convocatoria y el mensaje ha llegado hasta el último confín. Panteras, cormoranes, cocodrilos y jirafas; águilas, culebras, ratones y tarántulas; avestruces, gatos, periquitos y pirañas; esperan, expectantes, la aparición de sus representantes en el claro luminoso de la selva.

Poco a poco, los diversos investidos van apareciendo y ocupando su lugar en la explanada. Se hace esperar el león soberano que, con andares perezosos, asienta sus posaderas en la roca preferente. Callan los murmullos y a un gesto suyo vuela un papagayo a la rama de oradores.

—Majestad león; elefantes del senado; galápagos, serpientes, hienas, rinocerontes y gaviotas diputados: Nos hemos reunido hoy en asamblea para conocer, juzgar y, en su caso, sancionar un hecho lamentable que atenta gravemente nuestra convivencia. Uno de nosotros ha violado nuestra ley y es preciso resolver inmediatamente este atentado que pone en peligro seriamente nuestro pacífico comportamiento y en entredicho nuestra sagrada institución.

—¡Traer al infractor! —ordena el león a dos leopardos idénticos que esperan, atentos, en la espesura.

Con gran expectación, entra en escena un conejo gris que, apesadumbrado y temeroso, colocan en medio del foro.

—Prosigue— manda el león al papagayo.

—Como saben sus señorías, después de un período de infaustos recuerdos en que en nuestra querida selva dominaba la anarquía, nuestro amado rey y un grupo de expertos diseñaron y promulgaron una ley que ordenaba nuestra convivencia. Esa ley dice: “Ante la caprichosa arbitrariedad con que los animales y animalas de la selva eligen el sitio idóneo para defecar y, en consecuencia, la abundancia de heces esparcidas por doquier con el consiguiente hedor, peligro de infección y mala imagen ante espectadores forasteros, este consejo rector ha habilitado a lo largo de la selva una zanja, de dos metros de ancho y uno de profundidad, para que todos su habitantes —sea cual sea su especie y distinción— defequen en ella, a fin de mantener limpio el espacio vital común.” Pues bien, este ridículo conejo, en un alarde antisistema, ha infringido voluntariamente esta sagrada norma y —permitan la vulgar expresión— se ha cagado fuera de la zanja.

Un murmullo de sorpresa y desaprobación se adueña del foro y voces de violencia arengan incitando al linchamiento.

—¡Silencio! —ordena el león, con su rugido intimidatorio— Les recuerdo que éste es un estado de derecho que nos obliga a escuchar al acusado y valorar sus argumentos. ¡El conejo tiene la palabra!

—Con todo respeto, rey león —habla el conejo, con voz apenas perceptible—; yo soy un animal disciplinado y he acatado siempre con agrado la norma de la selva pero, sintiéndolo mucho, no volveré a cagar dentro de la zanja.

—Pero, ¿por qué esa rebelión?, ...si puede saberse —inquiere, magnánimo, el poderoso.

—Verá usted, señor: Hace unos días fui a dar de cuerpo a la zanja como era habitual. En mitad de la faena se puso a hacer lo mismo, allí a mi lado, un gorila de dos metros; se nota que, la noche anterior, se pasó de hojas frescas, bayas y abundantes frutas maduras y evacuó una impresionante cantidad de heces semilíquidas acompañadas de altisonantes y olorosas manifestaciones de sonido. Pues bien, a la conclusión me miró de ladillo y me preguntó: “¡Conejo, ¿tu sueltas pelusa?”; yo, ante la capciosidad de la pregunta respondí perplejo: “¡Claro que no!”. “Entonces...”, dijo mientras alargó su enorme brazo, me cogió con su manaza y restregó mi lomo por su angosto y hediondo periné.

Se hace un silencio sepulcral que rompe una voz de simio que se alza sobre el resto.

—Eso ha sido un suceso puntual, y hasta cierto punto, justificado, que no invalida nuestra perfecta ley.

—¿Suceso puntual dices —contesta otra más queda de una ardilla apostada en una rama—, a mí me ocurrió lo mismo, y a la gata, y a la nutria, y al visón, y a la comadreja, y al sisón, y al hurón..., solo se ha librado el puercoespín.
Gritos indignados dominan, ahora, la solana mientras atruenan los aplausos de la sombra.

—¡Silencio! —ruge el león, inapelable. No voy a tolerar la más mínima indisciplina. Como en otras ocasiones, crearemos una comisión que estudie el caso y eleve un informe ponderado para proceder a la solución más conveniente. ¡Se levanta la sesión!
Mientras todos entran en el bosque, el león, con respiración cansada y mirada vidriosa comenta por lo bajo a un gran cachorro de su especie, de gran alzada, escasa melena, grandes mandíbulas y largo rabo penachudo que permanece atento a su vera.

—Hijo: encargate tu del tema. A mí me coge ya viejo y aburrido.

Comentarios

  • GuaicaGuaica Pedro Abad s.XII
    editado junio 2014
    Esa gorila es malvada de verdad. Aunque me queda la duda de si habrá otro final.
  • LordSophonianLordSophonian Anónimo s.XI
    editado junio 2014
    Un puntazo lo de "animales y animalas" :D
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado junio 2014
    Percibo este relato como una especie de fábula satírica de la vida política de estos últimos años. Una fauna variopinta campeando a su placer,en un gigantesco zoo donde las fieras más fuertes someten a los pequeños animales.

    Me gusta mucho la forma en que tratas ese caos, y las metáforas:limpiar el territorio de excrementos, creando una zanja donde defecar.El abuso de poder del gorila, la rebelión del conejo para mantener su dignidad de ser pequeño, pero que como miembro de la comunidad, debe ser respetado, etc.

    Muy bueno poner de "orador" (una especie de fiscal acusador) al papagayo...
    Dejas un final abierto, expectante...Son las nuevas generaciones las que tendrán que sanear y hacer de la casa de fieras una casa de convivencia.

    Todo el relato está salpicado de agudos matices irónicos. ¡Mi felicitación, Alhaken; nunca me defraudas.Tus escritos son amenos, de contenido interesante.

    ...de colores.
  • LeosLeos Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2014
    Alhaken II escribió : »
    Las urracas y los cuervos se han encargado de difundir la urgente convocatoria y el mensaje ha llegado hasta el último confín. Panteras, cormoranes, cocodrilos y jirafas; águilas, culebras, ratones y tarántulas; avestruces, gatos, periquitos y pirañas; esperan, expectantes, la aparición de sus representantes en el claro luminoso de la selva.

    Poco a poco, los diversos investidos van apareciendo y ocupando su lugar en la explanada. Se hace esperar el león soberano que, con andares perezosos, asienta sus posaderas en la roca preferente. Callan los murmullos y a un gesto suyo vuela un papagayo a la rama de oradores.

    —Majestad león; elefantes del senado; galápagos, serpientes, hienas, rinocerontes y gaviotas diputados: Nos hemos reunido hoy en asamblea para conocer, juzgar y, en su caso, sancionar un hecho lamentable que atenta gravemente nuestra convivencia. Uno de nosotros ha violado nuestra ley y es preciso resolver inmediatamente este atentado que pone en peligro seriamente nuestro pacífico comportamiento y en entredicho nuestra sagrada institución.

    —¡Traer al infractor! —ordena el león a dos leopardos idénticos que esperan, atentos, en la espesura.

    Con gran expectación, entra en escena un conejo gris que, apesadumbrado y temeroso, colocan en medio del foro.

    —Prosigue— manda el león al papagayo.

    —Como saben sus señorías, después de un período de infaustos recuerdos en que en nuestra querida selva dominaba la anarquía, nuestro amado rey y un grupo de expertos diseñaron y promulgaron una ley que ordenaba nuestra convivencia. Esa ley dice: “Ante la caprichosa arbitrariedad con que los animales y animalas de la selva eligen el sitio idóneo para defecar y, en consecuencia, la abundancia de heces esparcidas por doquier con el consiguiente hedor, peligro de infección y mala imagen ante espectadores forasteros, este consejo rector ha habilitado a lo largo de la selva una zanja, de dos metros de ancho y uno de profundidad, para que todos su habitantes —sea cual sea su especie y distinción— defequen en ella, a fin de mantener limpio el espacio vital común.” Pues bien, este ridículo conejo, en un alarde antisistema, ha infringido voluntariamente esta sagrada norma y —permitan la vulgar expresión— se ha cagado fuera de la zanja.

    Un murmullo de sorpresa y desaprobación se adueña del foro y voces de violencia arengan incitando al linchamiento.

    —¡Silencio! —ordena el león, con su rugido intimidatorio— Les recuerdo que éste es un estado de derecho que nos obliga a escuchar al acusado y valorar sus argumentos. ¡El conejo tiene la palabra!

    —Con todo respeto, rey león —habla el conejo, con voz apenas perceptible—; yo soy un animal disciplinado y he acatado siempre con agrado la norma de la selva pero, sintiéndolo mucho, no volveré a cagar dentro de la zanja.

    —Pero, ¿por qué esa rebelión?, ...si puede saberse —inquiere, magnánimo, el poderoso.

    —Verá usted, señor: Hace unos días fui a dar de cuerpo a la zanja como era habitual. En mitad de la faena se puso a hacer lo mismo, allí a mi lado, un gorila de dos metros; se nota que, la noche anterior, se pasó de hojas frescas, bayas y abundantes frutas maduras y evacuó una impresionante cantidad de heces semilíquidas acompañadas de altisonantes y olorosas manifestaciones de sonido. Pues bien, a la conclusión me miró de ladillo y me preguntó: “¡Conejo, ¿tu sueltas pelusa?”; yo, ante la capciosidad de la pregunta respondí perplejo: “¡Claro que no!”. “Entonces...”, dijo mientras alargó su enorme brazo, me cogió con su manaza y restregó mi lomo por su angosto y hediondo periné.

    Se hace un silencio sepulcral que rompe una voz de simio que se alza sobre el resto.

    —Eso ha sido un suceso puntual, y hasta cierto punto, justificado, que no invalida nuestra perfecta ley.

    —¿Suceso puntual dices —contesta otra más queda de una ardilla apostada en una rama—, a mí me ocurrió lo mismo, y a la gata, y a la nutria, y al visón, y a la comadreja, y al sisón, y al hurón..., solo se ha librado el puercoespín.
    Gritos indignados dominan, ahora, la solana mientras atruenan los aplausos de la sombra.

    —¡Silencio! —ruge el león, inapelable. No voy a tolerar la más mínima indisciplina. Como en otras ocasiones, crearemos una comisión que estudie el caso y eleve un informe ponderado para proceder a la solución más conveniente. ¡Se levanta la sesión!
    Mientras todos entran en el bosque, el león, con respiración cansada y mirada vidriosa comenta por lo bajo a un gran cachorro de su especie, de gran alzada, escasa melena, grandes mandíbulas y largo rabo penachudo que permanece atento a su vera.

    —Hijo: encargate tu del tema. A mí me coge ya viejo y aburrido.

    Presentas con gracia y fina ironía un bosque donde conviven toda clase se animales indisciplinados, que ensucian el espacio común, sin pudor alguno, soltando "cagadas" en cualquier sitio, lo que hace el bosque insalubre.
    Bien podría ser una sátira de la actividad política del país.Hubo que ponerse de acuerdo en normas de convivencia -una zanja: parlamento, senado...- donde soltar la bilis y defecar "cívicamente", de forma controlada.

    Los personajes centrales del relato están muy bien caracterizados: papagayo,gorila,león, entre los que tienen poder y conejos, ardillas y otros pequeños, a los que se intenta utilizar para fines nada agradables, lo que provoca la rebelión contra una norma que no les respeta.

    El final me suena a relevo generacional; un paralelismo con la situación reciente en nuestro país. Veremos si el cachorro es capaz de limpiar el bosque y de que todos los animales convivan en armonía.

    Me gusta tu estilo de buen narrador y pensador.Me alegro de que vuelvas a publicar aquí.

    Un saludo.
  • CalimaCalima Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2014
    He pasado un rato divertido con este relato tan bien estructurado y ocurrente.
    Muy acertado el papel que se atribuye a cada animal. Me encantaron los leopardos deteniendo al conejo y llevarle ante la autoridad del león y de toda la asamblea zoológica, y no digamos del papagayo acusador.

    Como ya te han dicho, veo en este relato una sátira política próxima a la fábula por estar representada por animales personificados.

    Te felicito por tu originalidad y la soltura con que escribes.

    Saludos.
  • pinkipinki Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Muy bueno. ¿Rebelión en la zanja? No sé si algo te inspiró la obra de Orwell. La satíra es muy aguda, con un buen empleo de la escatología.

    :)
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