No es sólo falta de imaginación. No es sólo que no me mires mientras esperas en el paso de peatones, por más que intente una vez, y otra, colocarme en tu campo de visión, antes de que el hombrecillo del semáforo cambie de color . Mala vida esta, mal llamada “interior”; maldita narración absurda. Maldito cuento de hadas. ¿Que hay en esa zona incierta, en esa sombra, que tanto me abruma?. Es difícil hacer cálculos en medio de esta banal asimetría casi trascendental, distante y cercana como nuestras miradas. ¡Pero que puedo yo decir, que hablo desde el fondo abismal: desde el fondo oscuro del alma donde todo se mezcla y se diluye sin resistencia!. En la “nada” no hay fricciones. No hay dolor o padecimiento. Hay, eso sí, pasividad. Aquel que la habita lo sabe bien porque es necesariamente un observador obstinado y brusco. (Cero sensibilidad, cero intuición,cero talento,cero inteligencia, cero a la izquierda). Incluso aquéllo que juzga con más pulcritud esta viciado de impotencia y melancolía insustancial, a poco que se repare en sus términos , a poco que intentemos adaptarnos a su lenguaje. La inconsistencia es un rasgo de la vacuidad, un negativo universal, un maya o espejismo a merced de la estupidez ajena.
No tiene sentido seguir con esta farsa, seguir escribiendo. Las musas solo se muestran a aquellos que no las imploran, y brotan como de un fuego en el estómago, como de una chispa en alguna parte del alma. Entonces suenan vientos,cantan violines, se despliegan metáforas, las más bellas figuras. Comienza el vals de las palabras marcando el ritmo y dejando entrever en cada línea la cadencia pasiva que ordena las ideas en ningún lugar, como el violín que mantiene en el aire a la orquesta con su tartamudeo de colibrí. Exaltación, movimiento incesante . Arriba y abajo; cerca-lejos. Caída.
Después silencio, apariencia de silencio: latencia. Es el palpito que me inunda y me hace volver a empezar, es el ímpetu, deseo errante y eterno.
Busco un lápiz y un papel, y suavemente voy trazando una nueva ruta, un camino distinto hacia el mismo fondo insondable, la misma caída heroica de los no-héroes.
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