Cuéntame, Musa, las causas
del sentimiento entrañado,
de en mi razonar, las pausas,
de mi amor a ti entregado.
A ti debo mi inspiración,
y a tu entera disposición
ha quedado mi devoción.
Dime, mi querida Musa:
para mí tal siempre fuiste
y por ello se me acusa,
mas ¿por qué a mí me elegiste?
Me hallo, pues, afortunado,
sentimiento provocado
al ser por ti tan amado.
Por favor, hazme así saber
por qué tanto adoro tu faz,
una mejor no puede haber,
de amar otra no soy capaz.
Tus labios cantan la canción
que evita toda contención:
mi corazón torna en pasión.
Explícame estas cosas,
a qué cada una se debe,
tus cualidades hermosas,
que mi sentir tanto bebe.
Me habrás así contestado
no con algo argumentado,
mas con haberme besado.
Comentarios
Es un bello poema de invocación a la Musa; un monólogo que seguro ella escucha y acudirá de nuevo. Lo sé por experiencia: las Musas son caprichosas, pero al elegirte a ti están cargadas de razón: amas la poesía.
Un abrazo.