¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Bassil Dacosta

anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
editado marzo 2014 en Narrativa
No suelo escribir este tipo de relatos, los que me han leído en el foro ya lo sabrán, pero escribí este cuento basándome en una historia real, algo que desgraciadamente acaeció hoy en mi ciudad. De modo que, al menos en lo que a la historia respecta, todo lo subsecuente es verídico.

***


Bassil Dacosta, en su atolondramiento mañanero, eligió unos zapatos resistentes pero viejos, propicios para la larga jornada que le esperaba. Se despidió de su madre. Quién iba a saber que, al finalizar el día, su nombre sería el más clamado, su rostro el más propagado por los medios del país. Pero sería por las razones más infaustas, en esas que ni se piensa, mucho menos se dicen, precisamente por la verdad y la posibilidad que encierran. Punto sensible, hablar de la Muerte, tópico que no admite ni periplos ni alusiones, porque de inmediato resuena el: “no digas eso ni en broma.”

Cuando llegó, la plaza estaba abarrotada. Ahí se estaba muy apretujado, había que estirar el cuello para respirar, y era inconcebible moverse en otra dirección que hacia delante. Dicen que la multitud tiene mente propia. Esa mañana, más que mente, la multitud tenía sentimiento, fervor, esperanza. Una esperanza de mecha corta, que pronto intentaría ser sojuzgada.

La concentración avanzaba por la avenida como una marea, entre coloridos paraguas para protegerse del sol, gorras con la bandera nacional, letreros de cartón con lemas de protesta. Las horas se acortaban. Daba la impresión de que en diez minutos se habían recorrido varios kilómetros, así como la gente que dice ver su vida con lujo de detalles cuando el frío metal de un arma se cierne sobre su frente. En otro rincón de la ciudad, las balas se deslizaban en sus recámaras.

La manifestación llegó a su destino. El sol estaba en su cenit, el calor era insoportable. En este punto, la muchedumbre se dispersaba en diferentes direcciones, dizque cada quien hacia su hogar. Fue entonces cuando Bassil Dacosta sintió la amarga amalgama de la impotencia y la satisfacción. Por una parte, se alegraba de haber marchado, de haber hecho algo, pues veía al país en su paroxismo. Por otra, un profundo y lóbrego desasosiego surgía en él mientras atisbaba a las personas que se habían alejado más, ahora puntitos en la distancia. ¿Eso era todo? Las gotas de sudor le corrían por la mejilla, y de repente las sintió más lentas, más presentes sobre su piel. Recordó que una vez había leído un manual de meditación, “una de esas rarezas orientales”, pensó. En él, se explicaba cómo había que sentarse en una posición relajada, cerrar los ojos, concentrarse en sentir la propia piel, luego imaginar que esta se desvanecía como hojas al viento… Así, sin quererlo, se sentía Bassil. Su piel, su cuerpo parecía desaparecer, junto a todos los demás, y solo quedaba el sol, o las gotas de sudor, o los paraguas de colores. En otra parte de la ciudad (más cerca ahora), las ruedas de una moto giraban.

Bassil Dacosta se vio, pues, en la necesidad de disgregarse también. Empezó a caminar hacia una estación de metro un tanto lejana, que esperaba encontrar menos concurrida que las locales. Solo entonces se dio cuenta de que las piernas le dolían. (La moto, más cerca.) Dobló la primera esquina y se sorprendió de la poca gente que albergaba. (Las ruedas giran más rápido.) “Claro”, pensó, “vengo de compartir espacio vital con miles de personas; así cualquier calle me parecerá desolada”. (Un arma se acomoda en la parte posterior de un pantalón.)

No tuvo miedo. Quizás debió tenerlo, pero lo cierto es que no tuvo. La moto bajó por la calle como un relámpago, el parrillero reveló el arma. Bassil, en ese instante crítico, vio todo como una película en pausa, con mucho detalle: las franelas cubriendo los rostros de los dos hombres, los cauchos del vehículo, el arma plateada destellando. “La fatalidad”, pensó. Una dejada abnegación se apoderó de él, y creyó observar muy bien dentro del cañón, dentro de esa negrura de sima, de la recámara, sobre la curvatura de la bala. Si se esforzaba un poco, incluso podía ver la caja de balas reposando sobre la mesa, el rostro del portador esa mañana, vistiéndose, poniéndose los zapatos, deslizando bala por bala en la recámara de su revólver. Tac. Otro humano, qué más. Pero los separaba un abismo tremendo, artificial. “Sí, la fatalidad. Alguien había de cruzar esa esquina, la esquina. ¿Por qué la fatalidad, hasta cuando las esquinas? Así va la cosa, si no era esta, sería otra; si no yo, pues alguien más.” La moto se había descongelado, se hallaba ahora muy cerca, a menos de un metro. “Qué suerte de perros, que tenía que ser yo.”

El fragor de la detonación se escuchó a lo lejos, y los gritos de la no-tan-lejana manifestación callaron por un segundo. No echaron vuelo palomas desde un tejado, como suele pasar en las películas y los cuentos.

Hacía ya rato que las palomas se habían largado.

Comentarios

  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2014
    Bueno Anderosu …lo de menos es que la historia sea real o ficticia, solo importa que esté bien escrita, y sin duda esta lo está.

    Pero voy a empezar por lo que no me cuadra.


    ¿Bassil Dacosta, en su en su atolondramiento mañanero…? ¿Qué quieres decir con esto? ¿Qué tenía diversos atolondramientos durante el día, o la tarde, o la noche? ¿Sólo era atolondrado por la mañana? ¿Por qué estaba atolondrado? ¿Quieres decir que aún no se había despertado del todo?...necesito, como lectora, que quien escriba explique este atolondramiento mañanero.

    Comienza muy bien con la elección de zapatos resistentes pero viejos propicios para largas jornadas ( con esta simple frase ya imagino la intención de Bassil…caminar lejos y mucho)..pero a continuación se entromete el pensamiento del narrador cuando se disgrega sobre los puntos sensibles, y los tópicos de la muerte ( me distrae del personaje de los zapatos viejos y fuertes...y de la historia que está a punto de ocurrir).


    En la frase de : La manifestación llegó a su destino. El sol llegó a su cenit,l creo que si omites el segundo llegó la frase estaría más conformada y rotunda sin la reiteración del verbo. La manifestación llegó a su destino; el sola su cenit. ( a mí se me antoja mejor así).

    Está muy bien que el calor fuera insoportable porque la muchedumbre y el calor es un binomio perfecto para la sensación de agobio, ha sido un acierto describirlo así.


    Amarga amalgama resulta cacofónico.


    Bravo por el ritmo que has logrado, lo mejor el in crescendo que has usado con los diversos ingredientes mezclados ( por un lado el intento de relax y calma de Bassil…el ruido de la moto…Bassil avanzando con lentitud por la estación…la moto más cercana…el giro de las ruedas de la moto…el pensamiento de Bassil…un arma acomodada en la parte posterior de un pantalón…son escenas tremendamente visuales y auditivas…la franela, el caucho, el destello plateado…y en un retroceso redondito el asesino calzándose los zapatos seguramente a la misma hora temprana que su víctima.

    Buen final, gran remate.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    Muchas gracias por tu comentario.

    Sobre el atolondramiento, sí, me refería a que aún no se ha despertado bien. En retrospectiva, la palabra podría suprimirse del todo.

    En la frase de : La manifestación llegó a su destino. El sol llegó a su cenit
    Estamos de acuerdo. De hecho, el mismo día que lo subí le pedí a Amparo que corrigiese esta parte. La versión final debería ser:
    "La manifestación llegó a su destino. El sol estaba en su cenit..."
    Pero parece que ella no se ha pasado por aquí últimamente, por lo que sigue igual.



    ¡Bueno!
    De nuevo, gracias.
    Nos estamos leyendo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2014
    Disculpen la tardanza, pero ya quedò listo:)
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    Mil gracias Amparo.
  • remedios14remedios14 Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2014
    Está muy bien escrita. Consigue la atención del lector y eso es tan importante como la historia que cuentas.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    Muchas gracias por el comentario y por tu tiempo.
  • Sandra PantocratorSandra Pantocrator Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    Ah... siento que albergue la sombra de una triste realidad. Independientemente de ello, concuerdo en que está bien escrito. Ante todo me ha cautivado el tono de narración que deja ver, con continuidad, pequeñas huellas de ese acontecimiento futuro a lo largo de todo el relato.

    Espero leer más de tus aportaciones, desde luego.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    Muchas gracias, Sandra.
    Claro que sí, nos estaremos leyendo más, y pronto.
  • XalocXaloc Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2014
    Me gusta. Frases cortas, tono adecuado, el final de cada párrafo dirige al siguiente...
    Todo eso hace que se mantenga el interés.
    Creo que para escribir hay que tener imaginación y este párrafo de tu relato demuestra que la tienes:
    "... y creyó observar muy bien dentro del cañón, dentro de esa negrura de sima, de la recámara, sobre la curvatura de la bala. Si se esforzaba un poco, incluso podía ver la caja de balas reposando sobre la mesa, el rostro del portador esa mañana, vistiéndose, poniéndose los zapatos, deslizando bala por bala en la recámara de su revólver. Tac. Otro humano, qué más..."
    Creo que es lo mejor del relato.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2014
    Aprecio mucho tu comentario, me alegro de que te haya gustado.

    Saludos.
  • AlantarAlantar Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2014
    Me gusta cómo está escrito, como poco a poco se acercan esas dos líneas que habrán de cruzarse y aún no lo saben. El clima que rodea el acto me resulta también redondo y muy gráfico. Ese último detalle de las palomas, que ni siquiera están ahí, transmiten a mi parecer esa indiferencia propia al tiempo y a los astros.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2014
    Gracias, Alantar: las palomas en este relato se sitúan en un pedestal particularmente entrañable (para mí), quizás por su anfibología causal/simbólica, asumiendo que son palomas blancas, claro.

    Saludos.
  • InriInri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2014
    Pues es un cuento muy crudo, difícil de digerir por la crudeza del argumento. Pero narrado de una manera ordenada. Me ha gustado, he llegado al final del cuento sin darme cuenta de que ya había acabado. La lectura es fluida y entretenida. Quizás el tema de la meditación me dispersa un poco de la trama pero entiendo lo que intentabas hacer y realmente resulta muy expresiva esa frase.

    Lo dicho, muy entretenido y dificil de digerir, que es el objetivo de la historia. :-D
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2014
    Muchas gracias por tu amable comentario.


    Saludos desde el aveario abandonado.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com