[FONT="]UNA HAMBURGUESA PARA DOS.[/FONT]
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[FONT="]A tan sólo quince minutos, la maleta estaba aún completamente vacía. Había perdido los 45 restantes dando algunas vueltas sin sentido por todas las habitaciones de la casa. Había estado en el dormitorio de papá y mamá y se había acurrucado durante algunos minutos justo en el centro de la cama. Luego había abierto el enorme armario ropero que ocupaba toda la pared de la habitación . Había buscado el chaquetón verde, largo de botones dorados; el que le regaló a mamá en su último cumpleaños. lo había descolgado de la percha, le había acariciado un poco las mangas con la yema de los dedos y el cuello del chaquetón. devolvió la prenda a su sitio. En la otra parte del armario había cogido la camisa favorita de papá, la de franela, de cuadritos marrones de color caramelo que se empeñaba en ponerse siempre los domingos cuando salían a comer. La había olido , aspirando el aire con fuerza hasta que casi reventaron sus pulmones. Cogió la pluma estilográfica que encontró en el bolsillo superior de la camisa, y garabateó unos trazos sin sentido en un pedazo de papel que encontró por casualidad encima de la mesilla . Después fue al cuarto de Brunito. Se había quedado apoyada en el marco de la puerta mientras pasaba la vista por el balón de fútbol, tirado en una esquina . Por el uniforme del colegio, arrugado y lanzado de cualquier manera sobre la cama. Por la colección de tebeos, cuidadosamente ordenados sobre la estantería. Se quedó mirando fijamente cada una de ellas durante algunos minutos . Después se fue a la cocina , a grandes zancadas, abrió el grifo llenó un vaso de agua y se lo bebió de un tirón. Pero eso no le calmó la sequedad de la garganta, ni le deshizo el nudo que llevaba instalado en el estómago desde hacía ya rato . Luego se fue al salón, despacito, agarrándose a las paredes y se desplomó en el sillón, delante de la maleta completamente vacía. Mirándola.
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[FONT="] Desde allí oyó el ring ring del teléfono. Se incorporó con dificultad y descolgó el auricular. notó que le temblaba un poco la mano. [/FONT]
[FONT="]-¿Diga?[/FONT]
[FONT="]-¿Sara?[/FONT]
[FONT="]- Si, mamá, soy yo. [/FONT]
[FONT="]-Hazme el favor, cielo, de sacar un par de pechugas de pollo del congelador, que he pensado que, ya que estamos tu y yo solas esta noche, te voy a hacer unas hamburguesas de ésas que a ti te gustan para cenar. Iré a comprar esa salsa que dices en cuanto salga de trabajar. ..Ya sabes que papá y Bruno no llegan hasta mañana por la tarde….[/FONT]
[FONT="]-Vale. [/FONT]
[FONT="]- ¿Te pasa algo? No pareces muy entusiasmada. [/FONT]
[FONT="]- Eh… claro que si mamá. Muchas gracias. Que va… no me pasa nada. ¿Por qué lo dices?[/FONT]
[FONT="]- No se… la voz jaja figuraciones mías. A estas horas de la noche mi percepción no está muy fina… Ah! Por cierto… Acaba de llamar tía Julia… nos ha invitado esta noche a tomar el postre a su casa. Dice que te ha cosido un vestido increíble para la fiesta de tu tío del viernes que viene y quiere que lo veas y que te lo pruebes. Vas a venir ¿no?[/FONT]
[FONT="]Respiró hondo unos segundos antes de contestar.[/FONT]
[FONT="]- ¿Sara?[/FONT]
[FONT="]-Si, mamá. Dile que sí. Que voy. Que prepare el postre. Que voy. Seguro que voy. [/FONT]
[FONT="]- Vaya. Que sorpresa. Por una noche no quedas con el tipo ése… ¿Cómo era…?[/FONT]
[FONT="]-Joan… Se llama Joan Marcus..Mamá.[/FONT]
[FONT="]Se oyó un gruñido apenas perceptible al otro lado del hilo telefónico.[/FONT]
[FONT="]- La verdad es que me da igual. Pero es que ese tío…[/FONT]
[FONT="] Sara se adelantó.[/FONT]
[FONT="]- Mamá te dejo. Voy a sacar el pollo. Que si no no le da tiempo a descongelarse.
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[FONT="]Y colgó el teléfono con fuerza. La mano, así, de pronto, había dejado de temblarle. Se repente. [/FONT]
[FONT="]Saltó del sillón , miró el reloj . Doce minutos. Cogió la maleta en peso y corrió hacia su habitación. Abrió el armario con violencia y se sobresaltó al oir cómo las puertas golpeaban las paredes. Cogió la ropa a puñados. entremezclada , las chaquetas, con las camisetas de manga corta, las camisas con los abrigos , las bufandas con los bikinis. Se los quedó mirando y se preguntó si allí habría mar. Luego lanzó unos pocos calzados, pateó la maleta abigarrada, la cerró a presión. La agarró con determinación y cuando salía por la puerta se acordó de tomar un par de bolsos. Se dio la vuelta y se dirigió hacia el perchero que se erguía en el fondo de la habitación. Justo al lado había un tablón de corcho. Con fotos. Ella y sus amigas del instituto en París, de viaje, celebrando el final del bachillerato. Ella y Bruno en un trineo. Cuando le llevó a ver la nieve por primera vez. Ella, papá y mamá posando los regalos debajo del árbol, hace un par de navidades Ella y las amigas del barrio, un sábado reciente, de fiesta cualquiera. Ella, en la casa que los primos tenían en la playa. Se quedó unos instantes inmóvil frente a las fotos. Observándolas. Anduvo despacio hacia la puerta, cogió el equipaje y lo devolvió a la habitación. Descorrió su cremallera con dificultad . Miró el reloj. 9 minutos. Se sentó en el borde de la cama, inmóvil. Después se levantó, cogió un puñado de prendas y las colocó con mimo en sus perchas respectivas, perfectamente alineadas en su lado del armario. Ahora cerró la maleta sin dificultad y salió por la puerta lentamente. Cruzó toda la casa hasta llegar a la puerta que daba a la calle. Sólo se paró un segundo , en el medio del pasillo, para secarse con el envés de la mano una gotita de agua que le caía por la nariz. Se sentó en el portal, abrazada a la maleta, sobre las rodillas. Ya era la hora. El momento.
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[FONT="]De pronto se acordó de algo, se levantó y volvió a entrar en la casa. Las pechugas de mamá. Sacó una del congelador , y la puso sobre un plato en la encimera de mármol de la cocina. Un par de minutos. Y se volvió al portal y volvió a colocar la maleta sobre las rodillas. Y esperó. Por delante de la puerta del supermercado pasaron un señor elegante, con corbata, traje y maletín. Luego una señora que empujaba carrito de ruedas con otra señora mucho mayor que ella. Después un chico joven que paseaba a su perro. Y después una pareja de chicos jóvenes y guapos pasaban sonrientes, absortos, enlazados por la cintura. Y después ya no pasó nadie más ni aparcó y el día se hizo noche, y empezó a soplar una ventisca muy helada. Sara abrió la maleta y palpó adentro y sacó una rebeca de lana que se echó por encima de los hombros. Cinco minutos después se metió adentro.
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[FONT="] Aquella noche Sara se acostó vacía. Sólo media hamburguesa y sin postre, no es cena suficiente para nadie. [/FONT]
Comentarios
(petición: me gustaría poder votar en "mute")
Para empezar: comenta Pantomima 7: Me gusta lo que se intuye.
Estoy totalmente de acuerdo con la opinión de Pantomima 7: lo que se intuye es lo mejor de tu relato; que es lo mismo que decir que lo que omites es lo más acertado de tu relato.
Lo que omites, deliberada y acertadamente, es lo que en literatura se llama, como tú sabes y todos saben, dato escondido, cuya definición, para hacernos todos memoria, sería la siguiente:
Llamamos dato escondido al dato o los datos escamoteados de un narrador en una historia. El narrador se las arregla para que las informaciones que calla, estos silencios significativos, sean sin embargo locuaces y azucen la imaginación del lector, de modo que éste tenga que llenar aquellos blancos de la historia con hipótesis y conjeturas de su propia cosecha.
En mi opinión, en el relato hay un claro estilo Carver.
Te felicito porque has escrito un buen, logrado y digno relato. Te animo a que sigas publicando relatos con este estilo.
Un saludo. Y hasta pronto