MALDITO MURPHY
¡Maldito Murphy! Si no hubieran hecho de ti el santo y seña de los desgraciados, de aquellos a los que la suerte le es esquiva, o los que saben de antemano que la felicidad no acompañará su hoy ni su mañana, yo, ahora, estaría en La Habana disfrutando de unas merecidas vacaciones que nunca antes pude tener. Pero no, tenías que estar ahí, persiguiéndome con tu puta tostada presta a caer del lado de la mantequilla.
Siempre apareces; lo mismo te da aplicar tu teoría al pobre desgraciado que se juega su último dinero en un nuevo negocio, después del enésimo fracaso, como si de una ruleta rusa se tratara, que cruzarte en el camino de otro que acaba de salvar la vida milagrosamente y al día siguiente le detectan un cáncer terminal. Tampoco tendrías empacho en fastidiarle el día a un humilde ciudadano dispuesto para una entrevista de trabajo y que suplica al cielo estar inspirado en el cara a cara con su entrevistador; llegado el día, no recordará nada de lo que ha de decir para obtener ese puesto tan ansiado. Tras perder su trabajo, tomará la decisión de pegarse un tiro. ¡Claro, Murphy, mal nacido! Si algo puede salir mal, saldrá mal. Si puede ocurrir, ocurrirá.
Me han contado que eras un ser negativo y pesimista que siempre pensaba que todo acabaría mal, porque esa posibilidad era real, estaba ahí, amenazante. Lo peor, maldita sea, es que es verdad. Cuando iba a coger ese avión con destino a La Habana, mi madre me dijo: -Hijo, no vayas. Es un viaje muy largo y me da miedo pensar que pudiera perderte para siempre.
- Vamos mamá -le dije -, el avión es el medio de transporte más seguro que existe; estadísticamente es el que menos víctimas produce al cabo del año. Además..., ya hubo uno la semana pasada; hace muchos años que no ocurren dos accidentes aéreos seguidos.
-Sí, pero siempre puede suceder; algo no me gusta de este viaje, sentenció mi pobre madre.
Al día siguiente me despedí de ella y salí de casa ilusionado, a toda pastilla con mi maleta rumbo al paraíso caribeño. Allí me esperaban el buen ron y alguna deliciosa mulata de pelo rizado con quien bailar salsa hasta el amanecer. ¡Me lo merecía, que caramba!
Maldito Murphy, si tú no hubieras existido, yo habría disfrutado de aquella estancia obsequiosa, y no estaría ahora pudriéndome en la soledad de esta fría tumba que el destino y tú, hijo de puta, me teníais preparada.
Comentarios
Una opinión como otra cualquiera.
En todo caso, me ha gustado.