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Diarios. La puerta.

Jose BarbasJose Barbas Anónimo s.XI
editado octubre 2013 en Narrativa
La pared es amarilla. Hay un pañuelo rojo con monedas cogido con unas chinchetas frente a mí. La puerta esta abierta. Tiene un agujero en la parte baja, y Alicia se cabreo mucho conmigo por eso, y los dos estuvimos raros los días siguientes. Aquello la asustó, y me reprochó dicha conducta toda la tarde calificándome de ovejo. Pero sus palabras no me dolieron demasiado. No me arrepiento de lo que hice: rompería la puerta mil veces seguidas. Me cansa ser una buena persona y empiezo a preguntarme si no estaré un poco desequilibrado. ¿Realmente me estoy volviendo loco?. ¿ A que vienen estos ataques de rabia irreprimible?. Tengo miedo de mí mismo. Soy un antisocial y un cobarde: un loco inofensivo. Ni siquiera sería capaz de suicidarme o de prender fuego a algo. No. Prefiero el anonimato más absoluto, la inmundicia de todos los días. Lo que realmente me preocupa es crear un monstruo , algo incierto, imprevisible. Siempre a punto de estallar. No quiero quedarme aquí dentro más tiempo por muy caliente que se esté. Quiero huir de aquí, aunque no sepa adónde ir. Estoy en medio de una crisis existencial, porque vivo en la categoría de la existencia, pero mientras tanto tengo que seguir viviendo. De nuevo estoy en el límite. Entre yo y el mundo las distancias se han reducido, y al hacerlo el mundo me expulsa de sí. Ahora todo se ha vuelto pesado , abochornante, agotador. No soy más que un reo que ve cómo la soga se cierne sobre él. Es la fatalidad misma la que se revela en la experiencia. Vivir en el límite , significa contemplar la fatalidad, lo fútil de la existencia. Significa aceptar cada batalla como la última y más dura de todas las batallas. El mundo no esta pensado para los espíritus pacíficos, para los que están en babia: para los que viven como fantasmas. Estar en el límite significa al mismo tiempo no estar en ningún lado, en ningún lugar. Y sin embargo es en medio del torbellino cuando tocamos fondo para empezar a subir: para aceptar que la vida sigue.

Comentarios

  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado octubre 2013
    LA PUERTA

    Otro soliloquio, o mejor monólogo, ya he leído dos por aquí estos días. En este mantienes un clima de desasosiego todo el rato, no era necesario que dijeras que el protagonista estaba en medio de una crisis existencial, ya lo estás contando por medio de sus sentimientos,miedos, angustias, comportamiento antisocial, con l las palabras negativas que encajan en los sentimientos de tristeza del personaje: Suicidio-miedo de sí mismo-cobarde-loco-inmundicia-huída-límite-agotamiento-pesadez-fatalidad…
    La puerta es un buen título, y un justificante para contar sobre la angustia, el agujero en ella, la falta de aire y de soluciones ( buen alegoría), aunque no termino de entender que pinta el pañuelo rojo con monedas prendido cogidos con chinchetas ( si no es relevante esta imagen, o la clave para contar algo, creo que sobraría en un relato tan corto).
    La parte última del relato se vuelve más impersonal, reflexiones generales sobre la existencia, cambia el ritmo en contraste con el resto del texto, donde personalizas en primerísima persona, desde tí mismo, desde el ombligo y la angustia del narrador. Creo que debería ir todo más homogéneo y decidirte a contarlo de una manera, o de la otra. prefiero la rabia y el dolor inicial, es más creíble, al final pierde algo de fuelle, ( es lo que tiene las generalidades Jose barbas).
    Buen trabajo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2013
    Por un momento pensé que estaba leyendo la historia de un suicidio cuando leí de la soga, acabamos de enterrar aun chico que se ahorcó, quien sabe si antes de hacerlo tuvo todas esas reflexiones sobre la vida:eek:
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2013
    La pared es amarilla. Hay un pañuelo rojo con monedas cogido con unas chinchetas frente a mí. La puerta esta abierta. Tiene un agujero en la parte baja

    Esto es lo mejor de tu texto. Es sobrio y contenido. Es fresco, es evocador. Es la parte, con diferencia, más poética. Se nota que es dónde has mantenido la tensión creativa. Aunque sólo sea unos minutos.

    Pero en esa misma frase irrumpe algo que parece una narración pero que al final no cuenta nada:
    y Alicia se cabreo mucho conmigo por eso, y los dos estuvimos raros los días siguientes. Aquello la asustó, y me reprochó dicha conducta toda la tarde calificándome de ovejo. Pero sus palabras no me dolieron demasiado.

    ¿Quién es Alicia? Nadie. ¿Qué pasa con Alicia al final? Nada. ¿Qué le asustó? A saber.

    Y a partir de ahí se te ha caído el relato en barrena. Una sucesión de frases intercambiables, permutables y prescindibles. Algunas de ellas clichés:

    - Lo que realmente me preocupa es crear un monstruo
    - Estoy en medio de una crisis existencial
    - Vivir en el límite
    - cuando tocamos fondo para empezar a subir

    En un texto de menos de veinte líneas un escritor no puede permitirse el lujo de gastar palabras y frases que no digan nada. Todo debe estar tamizado. Lo que se escribe debe provenir de esa tensión por atrapar lo esencial, lo básico. Si la reflexión es superficial se nota porque echamos manos de palabras ya creadas para decir "eso" que ni nosotros mismos hemos comprendido bien. Suena falso, impostado.

    Insisto. Hay que comprar las palabras en la sección de básicos del H&M, no en la sección Gourmet del Corte Inglés. "La pared es amarilla." tiene mayor valor literario que: "Lo que realmente me preocupa es crear un monstruo , algo incierto, imprevisible."

    Siempre desde mi opinión que es la que tengo a mano.
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