Hola a todo el mundo. He escrito mi primer relato y quería colgarlo en algún lugar donde lo pueda leer alguien. Espero que os guste.
Su reloj de pulsera marcaba las tres cuarenta y dos de la mañana. El autobús se había detenido en un área de servicio. Pese a que sabía que iba a ser incapaz de dormir, hacía ya una hora que había decidido cerrar los ojos, descansar la vista aunque fuera por poco tiempo. A fin de cuentas, iba a necesitar toda su energía, quién sabe hasta cuándo. Se sintió desconcertado al ver la imagen que devolvía el espejo del baño; no se acostumbraba a verse sin cabello. Aquella cabellera castaña y rizada que había sido su orgullo se había ido de la noche a la mañana. Pese a todo, seguía siendo él, demasiado él. Quizá en un par de semanas, si todavía seguía ahí afuera, consiguiera tener ya una barba decente, con la que nadie le había visto nunca (siempre había sido disciplinado a la hora de afeitarse) y podría sentirse finalmente inadvertido.
Hacía ya un par de horas que lo había escuchado todo en la radio de su reproductor de MP3: sobre la policía llegando al restaurante en el momento justo (un poco más tarde y hubiera sido fatal), sobre los dos detenidos y sobre los explosivos incautados, ocultos en una maleta pequeña, de esas especialmente diseñadas para encajar en esos moldes que hay en los aeropuertos para comprobar el tamaño de los equipajes de mano. Aún no habían dicho nada sobre el tercer hombre, aquel que debería haber estado ahí y nunca apareció. Quizá su nombre todavía no había sido mencionado, pero lo sería, estaba seguro. Tarde o temprano su nombre estaría en las portadas de los principales diarios del país, y su cara sería mostrada en las noticiarios de mañana, tarde y noche todos los días durante… no sabía exactamente durante cuánto tiempo. Quizá algunos medios internacionales se harían eco de la noticia también. Al menos en los países vecinos: Azerbaiyán, Bulgaria, Grecia, Siria… puede que también en países más occidentales, como Alemania, que tiene un ojo puesto en Turquía de manera permanente.
Nihat, a sus tan solo 22 años, debía empezar a hacerse a la idea de ser un proscrito.
- Fugitivo – susurró ante el espejo, asegurándose de que no había nadie más en aquel momento. La palabra sonaba extraña. Apretó los parpados con fuerza, se llevó las manos a la cara y empezó a respirar rápidamente. Tras unos segundos de esfuerzo, consiguió sobreponerse a las ganas de llorar. Salió del baño. Se acercó al mostrador y compró algunas provisiones para el camino: unos gevreks de la mañana anterior, a estas alturas ya resecos, un par de bolsas de Doritos, galletas, chocolatinas, una botella de litro y medio de agua. Sentía su esófago como si hubiera estado cerrado desde hace años, pero sabía que tarde o temprano necesitaría reponer fuerzas, y quién sabe si para entonces será demasiado arriesgado salir a comprar cualquier cosa.
Tratando de reconstruir la cadena de acontecimientos que le había llevado a aquella situación, encontró una buena cantidad de eslabones débiles, de momentos que hubieran sido perfectos para decir “aquí me bajo”. Era marzo cuando Israel lanzó aquel último ataque sobre la población civil de Gaza, tan solo dos días después del aniversario del fallecimiento de sus padres en aquel accidente. Nihat nunca había sido una persona muy sociable, y tras aquella tragedia familiar se encerró en sí mismo. Apartó de su lado a los pocos amigos y familiares que tenía y, lo que es peor, según pasó el tiempo, nunca encontró el momento ni sintió la necesidad de volver a acercarse a ellos. No fue hasta unos meses más tarde cuando gracias a su nuevo trabajo en aquel taller mecánico cuando volvió a encontrar algo de placer en la interacción con otros seres humanos. El culpable fue Mehmet, unos pocos años mayor, alto, físicamente imponente y con un carisma avasallador, que aceptó a Nihat como amigo al tiempo que parecía tomarlo como pupilo, que se convertía en una especie de gurú que le iba a enseñar a vivir de nuevo. Mehmet hablaba de lo importante que es sentirse seguro de uno mismo, de cómo a las mujeres les gustan los hombres con actitud que saben lo que quieren, autosuficientes e independientes. Hablaba de lo importante que es rodearte de gente que crees que vale la pena y no perder el tiempo con quien no la merece. Hablaba de que no hay nada más elevado que creer en algo, que saber cuáles son tus ideales y de saber luchar por ellos, sin importar que algunos te llamen loco. A fin de cuentas, decía, aquellos que te llamen loco por luchar por aquello en lo que crees, o que incluso te desprecien, te insulten, sienten envidia. Porque en su mayoría, en el fondo de su corazón, piensan lo mismo que tú y no se atreven a admitirlo, ni siquiera a sí mismos. La gente estaba dormida, aborregada, no sentían, no corría sangre por sus venas. Yacían pasivos, durmientes, mientras los políticos prostituían el gran país que les había dejado Kemal Atatürk. El lobby judío lo controlaba todo en la sombra. Los kurdos reclamaban un trato especial porque se creían demasiado buenos para ser turcos, y ni siquiera se molestaban en aprender bien el idioma. Los americanos, la Unión Europea, los armenios, Israel. Nihat se bebía sus palabras. Le parecía que su nuevo amigo tenía razón en todo aquello, que siempre había estado de acuerdo con todo aquello pero que nunca lo había sabido porque no había sido lo suficientemente perspicaz como para ponerlo en forma de palabras.
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Durante un par de días Mehmet se mostró distante, incluso taciturno. Al tercer día llegó con una amplia sonrisa y le pidió a Nihat que le acompañara a la salida del trabajo. Montaron en su coche y llegaron a una pequeña pero agradable casa de campo en las afueras. Allí conoció a los demás: a Orhan, a Enis, a Doğan, a Tarkan, a Kadir y a Mustafa, algunos de la edad de Mehmet, otros de edad más cercana a Nihat, y todos ellos ansiosos por, finalmente, conocer a aquel prometedor joven del que Mehmet había hablado tanto.
Los meses siguientes fueron caóticos y confusos, pero por primera vez en no sabía cuánto, Nihat se sentía realmente vivo, querido, aceptado, parte de algo. Fueron los meses del delirio, de las fiestas en las que se terminaba viendo salir el sol, con la copa de rakı en la mano y el corazón en la boca. De las chicas que se entregaban fácilmente a “hombres de verdad” como eran ellos, “de los que ya no quedaban”. De las reuniones a en casa a veces de uno, a veces de otro, en las que discutían sobre cómo arreglar el país con tanta pasión que a veces se les olvidaba que al final estaban todos en el mismo bando. De conocer gente nueva, de los contactos en Estambul, en Trabzon, en Diyarbakır (a los que Mehmet parecía reverenciar como verdaderos héroes). Fueron los meses de, espray rojo en mano, escribir aquí y allá el eslogan “Limpiemos Turquía”, a ser posible en letras bien grandes y sobre edificios bien visibles. Los días de las cacerías, de echar de las calles a los maricas, a los travestis, a los inmigrantes armenios. De los ladrillos volando a través de las ventanas de las sinagogas, y de las peleas encarnizadas a la salida de los partidos del Göztepe.
En noviembre, Mehmet le confió a Nihat su nuevo plan. Le llevó a un pequeño local, camuflado como una especie de garaje abandonado (parecía que, pese a lo integrado que estaba, había niveles de la organización todavía vetados a él) y le sentó junto a Kadir, de unos 30 años, bajito y delgado pero musculoso. Sin dar demasiados rodeos, dejó caer el plan: iban a cargarse a Yoav Levi. Ese cerdo sionista se aprovechaba de su gran nación para enriquecerse y mostraba su gratitud posicionándose a favor del estado opresor, menospreciando al pueblo palestino, a aquellos que durante la gloriosa época otomana habían sido compatriotas y hermanos de los turcos. Antes de que Mehmet pudiera entrar en detalles, o tan siquiera tuviera tiempo a proclamar un poco más su odio por Levi, Nihat ya había dicho que aceptaba, que se unía. Sabía que eso iba a ser su prueba de fuego y que no podía fallarles.
El plan era relativamente sencillo: la bomba iría en una maleta de mano. Mehmet y Kadir llegarían el 20 de febrero (se habían asegurado, sin saber Nihat muy bien cómo, de que Levi estaría ahí aquel día). Estos acudirían a cenar perfectamente trajeados, uno de ellos llevando la maleta. Hablarían de negocios mientras disfrutaban de una cena en uno de los lugares preferidos de Izmir por los empresarios locales, y después Nihat les recogería cual chófer privado. La maleta quedaría olvidada en el guardarropa del restaurante y explotaría cuando ya se encontraran a una distancia prudencial del lugar. Nihat llevaría el coche a un lugar despejado, en mitad del pequeño sendero a través del bosque que lleva del campus de Bornova de la Universidad Yaşar al centro comercial Bornova Forum, donde un contacto les recogería con su furgoneta y les llevaría a Amasya. Allí, otros miembros de la organización los ocultarían, al menos hasta estar seguros de que están fuera de sospecha.
Pero cuando Mehmet y Kadir salieron del restaurante, tratando de aparentar tranquilidad, Nihat no estaba ahí. Antes de que pudieran reaccionar unos veinte policías entraron como un relámpago y desalojaron por la fuerza a todo el personal y los clientes, mientras otros cinco se aseguraban de que ninguno de los dos falsos empresarios escaparan. Mientras Mehmet se encontraba doblado hacia delante sobre el capó de un coche patrulla, pudo ver como un policía hablaba con Levi, quien no parecía dar crédito a lo que oía y cuya primera reacción fue suplicar que alguien pusiera protección para su esposa y su hija, también presentes en el restaurante. La bomba, según informó la radio, tenía como objetivo no solo acabar con la vida de Levi y de sus familiares, sino también con la del mayor número de clientes posible, con el objeto de mandar el mensaje de que quien colabora con los enemigos de la patria son sus enemigos también. Por supuesto, aunque aquello fuera verdad, no es el tipo de cosa que ni Mehmet ni Kadir fueran a contar en una entrevista, así que se trataba, sin duda, de una invención por parte del periodista.
Nihat recordó como, hacía un mes, había acudido allí a comer. Pidió una mesa para uno, y le asignaron una en la planta baja, cerca de la barra del mar. A los cinco minutos de sentarse dijo que entraba demasiado frío de la calle y que prefería una mesa en la primera planta, y una vez ahí, fingiendo perderse en el camino al servicio aprovechó dio una vuelta por todo el local, tratando de decidir cuál era la mejor mesa para alguien que quisiera pasar inadvertido. También recabó cierta información muy valiosa, gracias a una conversación entre Levi y un técnico que escuchó de pasada: la caldera estaba justo detrás del guardarropa, por lo que una explosión ahí provocaría daños mucho mayores que los inicialmente estimados. Mehmet se puso como loco de contento al oír esto.
Lo que no le contó a Mehmet fue lo guapa que le pareció la hija de Levi, Ruth, que pasaba mucho tiempo por el restaurante para, cuando llegue el momento, ser capaz de dirigir el negocio familiar, ni lo poco que le costó entablar una conversación amena con ella cuando se acercó personalmente a preguntarle si todo estaba a gusto del señor. Tampoco le contó cómo no pudo evitar volver al día siguiente, aunque fuera solo para tomar un café (tampoco podía permitirse comer ahí a menudo), y los dos días siguientes, y de manera regular durante las siguientes semanas, y como cada conversación era mejor que la anterior y como a ella parecía iluminársele el rostro cuando lo veía aparecer. Y desde luego, tampoco le contó que la noche anterior al atentado soñó con su sonrisa.
Pensándolo bien, la policía no sería un problema tan grande. A fin de cuentas, podían mostrarse benevolentes, él podría ser un testigo clave y había evitado una masacre. Pero es que seguramente su nombre no llegaría a la policía. La gente que iría tras él tenía pinta de arreglar las cosas a su manera. Dentro de poco todos esos contactos en Estambul, en Trabzon, en Diyarbakır, en Antalya, en Van, en Rize, en Erzurum y en Edirne, tendrían su foto y su nombre. Si lo que le habían contado de ellos era cierto, si tenían amigos en tal departamento y en tal esfera, ni siquiera la cárcel sería un lugar seguro para él.
¿Qué pensaría Ruth de él si lo supiera todo? ¿Le despreciaría inevitablemente? ¿Se sentiría conmovida por su heroico cambio de bando? Si le llamara y le dijera lo que había hecho, ¿correría a contárselo a la policía? Sacudió la cabeza como si así pudiera expulsar todas esas preguntas.
Mientras subía de nuevo al autobús, con la mano que no llevaba la bolsa de comida palpó su estómago para sentir el viejo revolver de su padre a través del abrigo. Mentalmente habló con Dios, del que se acordaba mucho menos a menudo de lo que los imanes y predicadores recomendaban. Le pidió fuerzas, que no le temblara el dedo a la hora de apretar el gatillo. Independientemente de en qué dirección apuntara.
Destaco mucho la escritura, el desarrollo de la historia, y la conclusión de la misma. Como dije, no es nada fácil poder abrir y concluir una historia de la manera en que lo has hecho. También en la lectura se pueden ver varios temas, como las organizaciones secretas, los ideales de una persona, el amor humano, la soledad, las hermandades, etc.
Te felicito por el relato. Lo disfrute leyendo. La historia, a pesar de su brevedad, me atrapó. Fue una lectura placentera.
Espero que sigas compartiendo más.
Saludos!
Muchas gracias por tus amables comentarios.
Me gustaría publicar alguno más por aquí en el futuro, pero lo cierto es que no he escrito por ahora nada más. Para escribir esta historia se me debió aparecer alguna musa, porque entre tener la idea, desarrollarla en mi cabeza y escribirla entera, me tomó menos de una tarde, pero de normal las ideas no vienen a mi cabeza.
Pero bueno, seguiré trabajando en ello.
Por ahora, con que haya hecho disfrutar a una sola persona, estoy más que satisfecho.;)
Diria,que a través del relato hay dos estilos.El primero,que llega hasta la mitad aproximadamente,utilizas frases cortas.Es,para "entendernos" como lo haría Azorin.La parte final,tiene las oraciones mas largas y utilizas mas las comas,que los puntos seguidos.En mi opinión (!no soy nadie para hacer critica!) impacta mas el comienzo
!Saludos!
Escibes muy bien...muy bien redactado tu cuento.
Y trata un tema que nunca dejara' de ser interesante,digno de análisis ,y,por supuesto que cuenta con muchos adeptos y detractores.Pero es una temática a la que nunca se puede ser indiferente.