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Edgar A. Poe... tambien es poesia

byronabyrona Gonzalo de Berceo s.XIII
editado diciembre 2008 en Literatura
Hace poco descubrí los poemas de tan enigmatico escritor. Más allá de su excelente prosa, se esconde un verso único y dispar.
Paso a escribir parte de una de sus poesias.


SUEÑOS

"...Una vez, solo una vez, y la loca hora
no pasará de mi recuerdo, algún poder
o encanto me había aherrojado, un viento helado
vino hacia mí en la noche, y dejó atrás
su imagen en mi espiritu, o la luna
resplandecía en mis sueños en su altiva fase llena
demasiado fríamente, o las estrellas. Sea como sea
aquel sueño era como aquel soplo nocturno. Dejémoslo pasar.
Yo he sido feliz, aunque era un sueño.
He sido feliz, y amo el tema:
¡sueños!, en su vivido colorido de vida
como en aquella fugaz, tenebrosa, nublada lucha
de parecido con la realidad que trae
al delirante ojo, las más bellas cosas
del paraíso y amor, ¡y todo lo nuestro!
que la joven esperanza en la hora más claro ha conocido."

Comentarios

  • Mao20Mao20 Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado agosto 2008
    Los poemas de Poe, son magnificos, este escritor me encanta por su forma laconica de estar al lado del pesar y la agonia, y me sorprende como juega con papeles, hasta de personajes y los maneja como si fuera un cuento, no se, si han leido "El cuervo"(un poema, profundo): debo confesar que siempre escuche de este poema y nunca lo habia visto, y cuando una mañana "remota", un amigo, lo compro solo por ganarse una nota en la clase de Español ( en el colegio ) yo corri como un loco, se lo arrebate y...



    "Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
    mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
    inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
    cabeceando, casi dormido,
    oyóse de súbito un leve golpe,
    como si suavemente tocaran,
    tocaran a la puerta de mi cuarto.
    “Es —dije musitando— un visitante
    tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
    Eso es todo, y nada más.”

    ¡Ah! aquel lúcido recuerdo
    de un gélido diciembre;
    espectros de brasas moribundas
    reflejadas en el suelo;
    angustia del deseo del nuevo día;
    en vano encareciendo a mis libros
    dieran tregua a mi dolor.
    Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
    virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
    Aquí ya sin nombre, para siempre.

    Y el crujir triste, vago, escalofriante
    de la seda de las cortinas rojas
    llenábame de fantásticos terrores
    jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
    acallando el latido de mi corazón,
    vuelvo a repetir:
    “Es un visitante a la puerta de mi cuarto
    queriendo entrar. Algún visitante
    que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
    Eso es todo, y nada más.”

    Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
    y ya sin titubeos:
    “Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
    imploro,
    mas el caso es que, adormilado
    cuando vinisteis a tocar quedamente,
    tan quedo vinisteis a llamar,
    a llamar a la puerta de mi cuarto,
    que apenas pude creer que os oía.”
    Y entonces abrí de par en par la puerta:
    Oscuridad, y nada más.

    Escrutando hondo en aquella negrura
    permanecí largo rato, atónito, temeroso,
    dudando, soñando sueños que ningún mortal
    se haya atrevido jamás a soñar.
    Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
    y la única palabra ahí proferida
    era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
    Lo pronuncié en un susurro, y el eco
    lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
    Apenas esto fue, y nada más.

    Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
    toda mi alma abrasándose dentro de mí,
    no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
    “Ciertamente —me dije—, ciertamente
    algo sucede en la reja de mi ventana.
    Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
    y así penetrar pueda en el misterio.
    Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
    y así penetrar pueda en el misterio.”
    ¡Es el viento, y nada más!

    De un golpe abrí la puerta,
    y con suave batir de alas, entró
    un majestuoso cuervo
    de los santos días idos.
    Sin asomos de reverencia,
    ni un instante quedo;
    y con aires de gran señor o de gran dama
    fue a posarse en el busto de Palas,
    sobre el dintel de mi puerta.
    Posado, inmóvil, y nada más.

    Entonces, este pájaro de ébano
    cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
    con el grave y severo decoro
    del aspecto de que se revestía.
    “Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
    no serás un cobarde,
    hórrido cuervo vetusto y amenazador.
    Evadido de la ribera nocturna.
    ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
    Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

    Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
    pudiera hablar tan claramente;
    aunque poco significaba su respuesta.
    Poco pertinente era. Pues no podemos
    sino concordar en que ningún ser humano
    ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
    posado sobre el dintel de su puerta,
    pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
    de Palas en el dintel de su puerta
    con semejante nombre: “Nunca más.”

    Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
    las palabras pronunció, como virtiendo
    su alma sólo en esas palabras.
    Nada más dijo entonces;
    no movió ni una pluma.
    Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
    “Otros amigos se han ido antes;
    mañana él también me dejará,
    como me abandonaron mis esperanzas.”
    Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

    Sobrecogido al romper el silencio
    tan idóneas palabras,
    “sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
    es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
    de un amo infortunado a quien desastre impío
    persiguió, acosó sin dar tregua
    hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
    hasta que las endechas de su esperanza
    llevaron sólo esa carga melancólica
    de ‘Nunca, nunca más’.”

    Mas el Cuervo arrancó todavía
    de mis tristes fantasías una sonrisa;
    acerqué un mullido asiento
    frente al pájaro, el busto y la puerta;
    y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
    empecé a enlazar una fantasía con otra,
    pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
    lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
    flaco y ominoso pájaro de antaño
    quería decir granzando: “Nunca más.”

    En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
    frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
    quemaban hasta el fondo de mi pecho.
    Esto y más, sentado, adivinaba,
    con la cabeza reclinada
    en el aterciopelado forro del cojín
    acariciado por la luz de la lámpara;
    en el forro de terciopelo violeta
    acariciado por la luz de la lámpara
    ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

    Entonces me pareció que el aire
    se tornaba más denso, perfumado
    por invisible incensario mecido por serafines
    cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
    “¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
    por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
    tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
    ¡Apura, oh, apura este dulce nepente
    y olvida a tu ausente Leonora!”
    Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

    “¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
    ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
    enviado por el Tentador, o arrojado
    por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
    a esta desértica tierra encantada,
    a este hogar hechizado por el horror!
    Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
    ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
    ¡Dime, dime, te imploro!”
    Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

    “¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
    ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
    ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
    ese Dios que adoramos tú y yo,
    dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
    tendrá en sus brazos a una santa doncella
    llamada por los ángeles Leonora,
    tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
    llamada por los ángeles Leonora!”
    Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

    “¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
    pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
    ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
    No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
    que profirió tu espíritu!
    Deja mi soledad intacta.
    Abandona el busto del dintel de mi puerta.
    Aparta tu pico de mi corazón
    y tu figura del dintel de mi puerta.
    Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

    Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
    Aún sigue posado, aún sigue posado
    en el pálido busto de Palas.
    en el dintel de la puerta de mi cuarto.
    Y sus ojos tienen la apariencia
    de los de un demonio que está soñando.
    Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
    tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
    del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
    no podrá liberarse. ¡Nunca más!
    Edgar Allan Poe


    Un abrazo.
  • byronabyrona Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2008
    No sabia de esta poesia, otra vez, Poe me deja con la boca abierta. Hasta hace poco no he sabido demasiado sobre su poesia, conocia más sus cuentos, su propia vida, que es muy interesante, pero nada de su poesia. Un dia, el dia del libro aqui en Barcelona, entre un montón de libros de segunda mano, un retrato, un retrato de mirada afilada, un retrato de la tapa de un libro viejo, me llamó la atención, Allan Poe, será alguno de sus cuentos como "el gato negro", "La carta robada", "Ligeia", o su obra maestra, al menos para mi, "La narración de Arthur Gordon Pym", pero no, "Poesia completas", asi que sin dudarlo lo compre por unos cinco euros, y ya forma parte de mis libros de mesita de noche. Su poesia es buenisima, llega al corazón como cualquiera de sus obras, una de mis favoritas, es la siguiente:

    "No hay largos inviernos allí, ni nieve, ni lluvia,
    solo el océano siempre para refrescar la humanidad
    de una eternidad trajera la mañana.
    ¡Si! Aunque aquel largo sueño fuera tristeza sin esperanza
    era mejor que la fria realidad
    de la despierta vida, para él, cuyo corazón debe ser,
    y ha sido todavia, sobre la adorable tierra,
    un caos de profunda pasión, desde su nacimento.
    Pero deberia ser, aquel sueño eternamente
    continuado, como los sueños han sido para mi
    en mi temprana juventud, debería asi ser dado.
    Era locura aspirar todavia a un más alto cielo.
    Porque he gozado cuando el sol brillaba
    en el cielo de verano, en sueños de viviente luz,
    y hermosura, he dejado mi corazón
    en climas de imaginación, separado
    de mi propio hogar, con seres que han sido
    de mi propio pensamiento. ¿que más podia haber visto?
    (...)
  • seliuseliu Anónimo s.XI
    editado agosto 2008
    Poe que decir que no sean alagos y grandes elogios es un autor polifacetico que diomuchisimo que hablar en su epoca y que se piensa que hayandose muerto en baltimore en una condicion de patetico borracho pero os invito a leer un thiller histororico de mathew pearl es increible y hace pensar que y si poe no ubiera muerto alcoholizado ? se llama la sombra de poe , atencion aviso que para leer este libro te tiene que gustar poe y haber leido su obra prosaica y poetica y a colofon de esto os dejo uno de sus poemas

    UN SUEÑO
    ¡Recibe en la frente este beso!
    Y, por librarme de un peso
    antes de partir, confieso
    que acertaste si creías
    que han sido un sueño mis días;
    ¿Pero es acaso menos grave
    que la esperanza se acabe
    de noche o a pleno sol,
    con o sin una visión?
    Hasta nuestro último empeño
    es sólo un sueño dentro de un sueno.

    Frente a la mar rugiente
    que castiga esta rompiente
    tengo en la palma apretada
    granos de arena dorada.
    ¡Son pocos! Y en un momento
    se me escurren y yo siento
    surgir en mí este lamento:
    ¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
    retenerlos en mis dedos?
    ¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
    salvar uno de la marea!
    ¿Hasta nuestro último empeño
    es sólo un sueño dentro de un sueño?

  • WalterWalter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2008
    El poema "The Bells" (Las campanas) está considerado como el más "onomatopéyico" de los poemas de Allan Poe.
    Traducido, se pierde la riqueza sonora.

    En este enlace pueden oir el poema. Permite elegir la voz, el acompañamiento y efectos sonoros. También podrán ver y escuchar a Edgar Allan Poe, en la soprendente caracterización del actor John Astin (el Homero Addams de la serie televisiva)

    The Bells
    Edgar Allan Poe (1809-1849)

    I
    Hear the sledges with the bells
    Silver bells!
    What a world of merriment their melody foretells!
    How they tinkle, tinkle, tinkle,
    In the icy air of night!
    While the stars that oversprinkle
    All the heavens, seem to twinkle
    With a crystalline delight;
    Keeping time, time, time,
    In a sort of Runic rhyme,
    To the tintinnabulation that so musically wells
    From the bells, bells, bells, bells,
    Bells, bells, bells
    From the jingling and the tinkling of the bells.

    II
    Hear the mellow wedding bells
    Golden bells!
    What a world of happiness their harmony foretells!
    Through the balmy air of night
    How they ring out their delight!
    From the molten-golden notes,
    And all in tune,
    What a liquid ditty floats
    To the turtle-dove that listens, while she gloats
    On the moon!
    Oh, from out the sounding cells,
    What a gush of euphony voluminously wells!
    How it swells!
    How it dwells
    On the Future! how it tells
    Of the rapture that impels
    To the swinging and the ringing
    Of the bells, bells, bells,
    Of the bells, bells, bells, bells,
    Bells, bells, bells
    To the rhyming and the chiming of the bells!

    III
    Hear the loud alarum bells
    Brazen bells!
    What tale of terror, now, their turbulency tells!
    In the startled ear of night
    How they scream out their affright!
    Too much horrified to speak,
    They can only shriek, shriek,
    Out of tune,
    In a clamorous appealing to the mercy of the fire,
    In a mad expostulation with the deaf and frantic fire,
    Leaping higher, higher, higher,
    With a desperate desire,
    And a resolute endeavor
    Now -now to sit or never,
    By the side of the pale-faced moon.
    Oh, the bells, bells, bells!
    What a tale their terror tells
    Of Despair!
    How they clang, and clash, and roar!
    What a horror they outpour
    On the bosom of the palpitating air!
    Yet the ear, it fully knows,
    By the twanging,
    And the clanging,
    How the danger ebbs and flows ;
    Yet, the ear distinctly tells,
    In the jangling,
    And the wrangling,
    How the danger sinks and swells,
    By the sinking or the swelling in the anger of the bells
    Of the bells
    Of the bells, bells, bells, bells,
    Bells, bells, bells
    In the clamor and the clangor of the bells!

    IV
    Hear the tolling of the bells
    Iron bells!
    What a world of solemn thought their monody compels!
    In the silence of the night,
    How we shiver with affright
    At the melancholy meaning of their tone!
    For every sound that floats
    From the rust within their throats
    Is a groan.
    And the people - ah, the people -
    They that dwell up in the steeple,
    All alone,
    And who, tolling, tolling, tolling,
    In that muffled monotone,
    Feel a glory in so rolling
    On the human heart a stone
    They are neither man nor woman
    They are neither brute nor human
    They are Ghouls:
    And their king it is who tolls;
    And he rolls, rolls, rolls, rolls,
    Rolls
    A pæan from the bells!
    And his merry bosom swells
    With the pæan of the bells!
    And he dances, and he yells;
    Keeping time, time, time,
    In a sort of Runic rhyme,
    To the pæan of the bells
    Of the bells :
    Keeping time, time, time,
    In a sort of Runic rhyme,
    To the throbbing of the bells
    Of the bells, bells, bells
    To the sobbing of the bells ;
    Keeping time, time, time,
    As he knells, knells, knells,
    In a happy Runic rhyme,
    To the rolling of the bells
    Of the bells, bells, bells
    To the tolling of the bells,
    Of the bells, bells, bells, bells
    Bells, bells, bells
    To the moaning and the groaning of the bells.


    Las campanas

    I
    ¡Escuchad el tintineo!
    !La sonata
    Del trineo
    Con cascabeles de plata!
    ¡Qué alegría tan jocunda nos inunda al escuchar
    la errabunda melodía de su agudo tintinear!
    ¡Es como una epifanía,
    En la ruda racha fría,
    la ligera melodía!
    ¡Cómo fulgen los luceros!
    -¡Verdaderos Reverberos!-
    Con idéntica armonía
    A la clara melodía
    Cintilando, cintilando, cintilando,
    ¡Cómo los cascabeles
    van sonando!
    Y en un mismo son, son único,
    Que igualiza un ritmo rúnico,
    Los luceros siguen fieles
    Cascabeles, cascabeles, cascabeles
    El son de los cascabeles,
    Cascabeles, cascabeles, cascabeles
    Cascabeles,
    ¡El son grato, que a rebato, surge en los cascabeles!

    II
    Escuchar el almo coro
    Sonoro
    Que hacen las campanas todas:
    ¡Son las campanadas de oro
    De las bodas!
    ¡Oh, qué dicha tan profunda nos inunda al escuchar
    La errabunda melodía de su claro repicar!
    ¡Cómo revuela al desgaire
    Esta música en el aire!
    ¡Cómo a su feliz murmullo
    Sonoro,
    Con sus claras notas de oro,
    Se aúna la tórtola con su arrullo,
    Bajo la luz de la luna!
    ¡Qué armonía
    Se vacía
    De la alegre sinfonía
    De este día!
    ¡Cómo brota
    Cada nota!:
    Fervorosamente, dice
    la felicidad remota
    Que predice.
    Y a la voz de una campana, siguen las de sus hermanas
    Las campanas,
    Las campanas, las campanas, las campanas, las campanas,
    las campanas, las campanas, las campanas,
    En sonoro ritmo de oro, de almo coro, ¡las campanas!

    III
    ¡Oíd cual suena el bordón!:
    el bordón
    De son bronco
    Que pone en el corazón
    El espanto con su son,
    Con su son de bronce, ronco.
    ¡que tristeza tan profunda nos apresa al escuchar
    Cómo reza, gemebunda, la fiereza del llamar!
    Cómo su son taciturno,
    En el silencio nocturno
    Es grito desesperado
    Que no es casi pronunciado
    ¡De aterrado!
    Grito de espanto ante el fuego
    Y agudo alarido luego,
    Es un clamor que se extiende,
    Que el espacio ronco, hiende
    Y que llama;
    Que defiende.
    Y que clama, clama, clama,
    Que clama pidiendo auxilio
    En tanto que ve el exilio
    De aquellos que el fuego, ciego y arrollador, empobrece
    Y el fuego que ataca y crece,
    Mientras se oye el ronco son,
    El somatén del bordón,
    Del bordón, bordón, bordón¡
    Del bordón!
    ¡Cómo el alma se desgarra
    Cuando el son del bordón narra
    La aflicción
    ¡De aquellos que arruina el fuego!
    Y, cómo nos dice luego
    Los progresos que hace el fuego
    -Que va a tientas como ciego-
    El somatén del bordón,
    ¡Que es toda una narración!
    ¡Oh, la tempestad de ira
    En la que el bordón delira
    Y en que convulso, delira!
    El alma escucha anhelante
    la queja que da el bordón
    Con su son;
    El bordón que da su son,
    El bordón, bordón, bordón,¡
    El bordón!
    Que es toda una narración el somatén del bordón
    Del bordón, del bordón, del bordón
    Del bordón, del bordón, del bordón
    ¡Del bordón!
    El grito ante el infinito, cual proscrito, ¡del bordón!

    IV
    ¡Escuchad cómo la esquila,
    Cómo el esquilón de hierro,
    Llama con voz que vacila,
    Al entierro!
    Qué meditación profunda nos inunda al escuchar
    la errabunda y gemebunda melodía del sonar
    ¡Cómo llena de pavura
    Su son en la noche oscura!
    ¡Cómo un estremecimiento
    Nos recorre el pensamiento
    que provoca su lamento!
    Cuando sueña
    La grave esquila de hierro, con su lúgubre toquido,
    Con su lúgubre toquido que la medianoche llena.
    ¡Es que las almas en pena
    Se han reunido!
    ¡Oh, la danza
    Al son que toda la esquila,
    En una noche intranquila,
    Su tijera de luz lila,
    Tocando en visión del Juicio la noche sin esperanza
    Entonces, ya no vacila
    La grave voz de la esquila,
    De la esquila, de la esquila, de la esquila,
    de la esquila, de la esquila,
    Sino que suena furiosa,
    Con su voz cavernosa,
    Y, en un mismo son, son único,
    Que igualiza un ritmo rúnico,
    Algún ronco rayo truena
    Y se alumbra con relámpagos la noche sin esperanza,
    Mientras las almas en pena
    Giran, giran su danza
    Bajo la triste luz lila.
    Y en tanto se oye la grave, la grave voz de la esquila,
    De la esquila, de la esquila,
    De la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila,
    Y en el mismo son, son único,
    Que igualiza un ritmo rúnico,
    Mientras se oye, la triste, la triste voz
    De la esquila,De la esquila,
    Furibundo rayo truena,
    El relámpago cintila.
    Y los espectros en pena
    Danzan al son de la esquila,
    De la esquila, de la esquila, de la esquila,
    de la esquila, de la esquila,
    Y en un mismo son, son único,
    Que igualiza un ritmo rúnico,
    Danzan al son de la esquila,
    De la esquila, de la esquila,
    de la esquila, de la esquila, de la esquila,
    ¡De la esquila!
    Y mientras que el rayo truena,
    Que el relámpago cintila
    Y que con furor terrible, danzan las almas en pena,
    Se oye la voz de la esquila,
    De la esquila, de la esquila, de la esquila,
    De la esquila, de la esquila,
    la voz de cuento lamento ¡de la esquila!

    Walter
  • pame_13579pame_13579 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2008
    aaaahh! que dicha proporcionan las palabras de este fantástico poeta, me tiembla mi ser al pensar en sus escritos, tan maravillosas obras, solo eh tendio la oportunidad de leer claramente bien el cuervo y parte del gato negro pero mi abuela me acaba de señalar que tiene un libro de poe! me tiemblan mis huesos en pensar en la posibilidad de robarselo jejeje

    en fin grandes maravillas eh encontrado en este rincón de seguidores de la palabra, mi viaje apenaz empieza pero me encantaría vivir la poesía y cuentos en general... poe me a inspirado a crecer como cuervo de palabras, espero todo el vea la importancia de sus creaciones, como algo divino en este y en otros mundos...

    tratandose de poe, jamás acabará la conversacion

    ciao
  • pame_13579pame_13579 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2008
    entonen mis faltas de ortografía
  • Mao20Mao20 Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado agosto 2008
    trankila pame, muxo vokabulario de msn xD :)

    Un abraxo
  • ValdoValdo Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2008
    Poe, Poe, Poe. Soy un fan y como tal parte implicada. Nada objetivo.
    En vida fue más reconocido por "The Raven" que por sus narraciones, fantásticas también. Leía el Cuervo en teatros llenos a rebosar, la gente aplaudía... Parecía que su vida y la de su frágil y joven esposa iba a cambiar, hasta que fue olvidado de nuevo y fue a morir en esa cabaña apartada, fría, desolada.
    ¿Ser poeta?¿O mejor promotor inmobiliario?
  • LacrimosaLacrimosa Anónimo s.XI
    editado noviembre 2008
    Edgar Allan Poe es mi poeta preferido. Adoro como escribe, sabe plasmar y transmitir los sentimientos a través de un poema. Es de los pocos poetas que me han llegado, por decirlo de algún modo al alma.

    Mi poema preferido de este gran escritor en Annabel Lee

    Hace de esto ya muchos, muchos años,
    cuando en un reino junto al mar viví,
    vivía allí una virgen que os evoco
    por el nombre de Annabel Lee;
    y era su único sueño verse siempre
    por mí adorada y adorarme a mí.

    Niños éramos ambos, en el reino
    junto al mar; nos quisimos allí
    con amor que era amor de los amores,
    yo con mi Annabel Lee;
    con amor que los ángeles del cielo
    envidiaban a ella cuanto a mí.

    Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
    en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
    desde una nube sopló un viento, helando
    para siempre a mi hermosa Annabel Lee
    Y parientes ilustres la llevaron
    lejos, lejos de mí;
    en el reino ante el mar se la llevaron
    hasta una tumba a sepultarla allí.

    ¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
    llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
    Y no más que por eso -todos, todos
    en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
    sopló viento nocturno, de una nube,
    robándome por siempre a Annabel Lee.

    Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
    más grandes que ella fue, que nunca fui;
    y ni próceres ángeles del cielo
    ni demonios que el mar prospere en sí,
    separarán jamás mi alma del alma
    de la radiante Annabel Lee.

    Pues la luna ascendente, dulcemente,
    tráeme sueños de Annabel Lee;
    como estrellas tranquilas las pupilas
    me sonríen de Annabel Lee;
    y reposo, en la noche embellecida,
    con mi siempre querida, con mi vida;
    con mi esposa radiante Annabel Lee
    en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.
  • ValdoValdo Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2008
    Magnífico Anabel Lee. Mi poema preferido es "El Cuervo", luego éste. Pero vaya. ¡Ah! ¿Y la versión de Radio Futura? Creo que es buenísima.

    Por cierto, en el último (o antepenúltimo) disco de Lou Reed "The Raven", que os recomiendo, aparecen recitados algunos poemas de Poe. Brutal, brutal, brutal la lectura del Cuervo, y eso que mi inglés no me permite seguirlo, pero de igual. El otro día lo esuché de nuevo y me saltaron las lágrimas.
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