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tormenta de ideas

juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
editado noviembre 2013 en Narrativa
Hace ya varias semanas tengo tirado algo que quise escribir “en serio”, siempre me pasa, intento hacerlo y me vienen ideas y mas ideas, trato de ponerlas en orden pero ellas se colocan en fila india. Después de un rato pelean y tratan de prevalecer unas sobre las otras. Es ahí donde me enojo y las mando al carajo, dejo lo que escribo tirado en un rincón de la computadora y ni lo miro.
Ahora por ejemplo van a ser las 02:00 am estoy pensando como contarles la historia de mi amigo José Luis, gran muchacho, compañero de la universidad. Aficionado a la buena comida y con ciertos gustos que a mucha gente le pueden poner los pelos de punta. No me hago problemas en contarles esta historia, vana intrascendente y superflua.
En mi país desde hace cerca de diez años ha surgido un fenómeno que los huachafos de siempre llaman: “boom gastronómico”, en realidad no es otra cosa que ponerle a los mozos saquito blanco, camisa lavada y corbata “michi”. Aquí a la corbata chica de lazo corto le llaman corbata “michi”. No sé porque pero así le dicen.
El fenómeno mencionado ha hecho que surjan innumerables lugares para todos los gustos y bolsillos. Comida china-peruana (chifa), comida del norte, comida del sur, comida del centro, comida de la selva, comida “fusión”, comida novo-andina, comida criolla, comida de casa, comida y mas comida.
Ahora los jóvenes estudian para chef y la gente se felicita por que tiene un chef en la familia. Surgen estudiosos que analizan el origen del cebiche, otros dicen que se debe escribir “ceviche” y otros más revolucionarios abogan por el “seviche”. No hay día que alguien hable de la quinua y sus orígenes y otros indignados reclamen que la papa es oriunda del Perú y que se tienen cinco mil y pico variedades de papa.
Ese es el panorama referido a la comida, está de moda hablar de comida en el Perú.
Bueno como les decía, mi amigo José Luis ingresó conmigo a la universidad a mediados de los ochenta él no era zambo, el era negro por sus cuatro costados. Entre cholos, mestizos, blancos, blanquitos y blanquiñosos él era el único negro de la promoción.
Otro día les cuento la diferencia entre blancos, blanquitos y blanquiñosos.
Aquí nuevamente tengo que hacer un paréntesis.
En la universidad para un estudiante de ingeniería aficionado a la literatura, los cursos de letras eran como una cosquilla en medio de los ásperos cursos de física, electrónica y métodos numéricos. Me correspondía llevar un curso llamado: “seminario de problemas peruanos”, lo dictaba un sociólogo y sus clases eran sencillamente fascinantes. Lo malo era que yo siempre llegaba a mitad de la clase porque en esa época ya estaba trabajando y no podía salir más temprano. Frente a ese problema y la disyuntiva de perder el curso por llegar tarde siempre, hice algo valido: negocié.
El profesor me dijo: “alumno si desea aprobar me tendrá que presentar un trabajo comentado acerca de la vida de Tupac Amaru II y aparte le voy a dejar un trabajo que estoy seguro no va olvidar jamás en su vida, sígame”.
Llegamos a la oficina del profesor, sacó un enorme manojo de llaves abrió la puerta. En aquella oficina solo se veían libros y más libros.
-Tome asiento alumno.
Obedecí, mientras el profesor tomaba otra llave del enorme manojo y abría un armario de metal. Luego dejaron de tintinear las llaves, el profesor sacó un libro con tapas de cuero, era bastante grande parecía un libro contable. Me lo alcanzó.
-El trabajo es el siguiente-me dijo el profesor: tiene que preparar una base de datos con este libro. Este libro es el registro de compra y venta de esclavos de Lima entre 1730 y 1810.
Era un libro muy bien conservado, lo abrí, sus páginas amarillentas y con manchas de humedad eran las que te avisaban que se trataba de un libro muy viejo. Las hojas más gruesas y buena cantidad de notas escritas a máquina de escribir eran lo que me llamaba la atención. Sin duda era un libro para analizar y buscar datos.
El profesor me explicó que estaba realizando un trabajo de post-grado, el trabajo consistía en revisar la historia de sus ancestros y había encontrado un antepasado suyo esclavo en Lima en 1760. Este registro de ventas le iba dar algunas respuestas.
-¿Cómo desea que le entregue la base de datos?
El profesor sin mirarme y acomodando sus libros me respondió: La quiero en dbase III, le dejo la libertad de diseñarla como mejor le parezca.
Salí de la oficina preocupado y cargando aquel pesado libro.
El primer trabajo acerca de la vida de Tupac Amaru II fue el encuentro con la historia escondida premeditadamente de un hombre que realmente quiso redimir a su pueblo. Recomiendo la lectura de bibliografía de Luis E. Valcarcel. Algún día escribiré algo acerca de eso.
Para el segundo trabajo, tardé tres semanas en presentar mi diseño y el prototipo de base de datos al profesor. No era complicado asumiendo que era un simple registro de ventas. Pero este registro de ventas mas parecía el diario intimo de una ciudad. Tuve que leer aquel registro varias veces y siempre terminaba consternado.
De lo que recuerdo:
“Comerciante Alonso Suarez compra negra preñada por 600 pesos y negrito de diez años por 120 pesos a párroco Joaquín Del Valle de la iglesia de Santa Clara”
Seguro que una mujer embarazada costaba mucho más que una mujer que no lo estaba.
Identificar en cada transacción las partes que intervenían me confundía. Hasta que me quedó claro que la mercancía era una persona ya sea hombre, mujer o niño.
Otro:
“Señora Micaela Pérez compra negro viejo por 80 pesos al señor José Del Carmen Rojas”
Los nombres son lo único que saco de mi imaginación, las transacciones son reales. Las direcciones se confunden en mi memoria por eso no las escribo. En aquellos tiempos en la ciudad las calles tenían nombres curiosos: Panteoncito 14, Pescadería 4, Ya parió 5, Del huevo 10 altos, Escribanos 12, Judíos 6, etc.
Cuando fui a buscar al profesor para mostrarle mi prototipo tenía una duda:
-Profesor: ¿los esclavos en la época de la colonia eran puramente negros?
El profesor revisaba mi prototipo y veía en su rostro la satisfacción. Sin mirarme y viendo su computadora me respondió:
-Es una buena pregunta- y añadió- el propietario de una esclava podía tener un hijo con su esclava y tenía la potestad de declararlo libre o declararlo esclavo.
¿Se imagina un hombre que tiene hijos para luego venderlos como esclavos?
-Entonces me falta agregar eso en la base de datos, los esclavos no eran solamente negros podían tener otras características.
El profesor sacó de un libro una nota escrita a máquina en donde se detallaba ciertas tipologías según el color, no las recuerdo todas y buscando en internet las encontré:
Español: blanco sin mancha de indio ni negro.
Indio: aborigen nacido en América.
Negro: nacido en África.
Mestizo: Nacido de padre español y madre india o viceversa.
Mulato o pardo: Nacido de Padre español y madre negra o viceversa.
Zambo: Nacido de padre negro y madre india o viceversa.
Criollo: hijo de extranjero nacido en América; negro criollo, español criollo.
Terceron: hijo de español y mulata o viceversa.
Cuarteron: hijo de español y tercerona o viceversa.
Existía la denominación Quinterón y Sexteron.
Luego de completar mi diseño, digité toda la información de aquel registro de ventas y se la entregué al profesor como trabajo final de mi curso.
Luego de entregarle los diskettes y el libro conversamos de muchas cosas, aquel hombre tenía un conocimiento impresionante de la sociedad peruana. Analizó el origen de mis apellidos y me dijo de donde provenían y en que segmentos socio económicos se encontraban. Ver aquel hombre blanco canoso indagando por sus ancestros en un registro de ventas de esclavos de hacía casi trescientos años era impresionante.
En tono de broma le dije: “Profesor quizás se encuentre con Kunta Kinte”.

Comentarios

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2013
    Me sonrió.
    Lo que pasa que los anglo-sajones muy rara vez se mezclaban con los nativos y menos con los negros, por eso la historia de los negros en Estados Unidos es la historia solo de los negros.
    En cambio en el Perú casi inmediatamente surge el mestizaje. Francisco Pizarro se casó con la princesa inca hija de Huayna Capac, doña Inés Huaylas Yupanqui y tuvo una hija. Garcilaso de la Vega capitán de Pizarro se casa con una colla y nace Garcilaso de la Vega soldado del rey que escribió: Los comentarios reales de los incas. Y la historia de la Florida.
    El primer hombre negro famosísimo nacido en el Perú es San Martin de Porres, hijo de un hidalgo español y de una negra liberta panameña.
    -Profesor le agradezco la clase de historia, después de escucharlo me siento confundido. Los temas que presenta me interesan y yo estoy metido en ingeniería.
    -Alumno –me replica- cuando uno quiere aprender no existen barreras, siga con la ingeniería y siga con su afición por estos temas.
    Nos despedimos y me queda el recuerdo de aquel buen profesor.
    Ciertamente nunca olvidaré aquel trabajo que me acercó a la historia de la esclavitud.
    Con esto cerramos el paréntesis que abrí hace ya un buen rato.

    Continuaremos luego.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2013
    Muy buena clase de historia, esperamos que te siga la inspiración de trasnochado:)
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado agosto 2013
    ¡Qué buena Juancho tu parodia sobre los “chefs y la nueva cocina del país que toque!, me has sacado una sonrisa en un montón de párrafos, y no te falta razón en lo que dices. Un buen análisis gastronómico – social con alta dosis de humorada.
    Hace poco leí “El sabor de la eñe!, un compendio de recetas escritas por autores consagrados españoles y latinos americanos, lo que te da idea de lo que se ha potenciado la gastronomía cultura ( no me gustó el libro), pero ¡Cómo olvidar a la mexicana Laural Esquivel y su magnífico “Agua para chocolate”!¡GRANDE!
    Bueno, el título de “Tormentas de ideas” le va que ni pintado a tu relato, porque te disgregas mucho, te vas y vuelves del y al tema, TEMAS, parece casi escritura automática, supongo que es tu manera de escribir, a veces salen los mejores textos con estos modos tan espontáneos.
    Mi opinión es que para un texto corto, como es el tuyo, es más efectivo centrarse en el tema principal, en el de la comida y tu amigo Luis, que lo has bordado, y hacer otro aparte para tu mundo de ideas atropelladas, mezcladas, empujándose por salir las unas a las otras ( parece que las veo).
    Eres ingenioso y también desorganizado, aunque en cierto modo, te funciona este aparente desorden, puede que sea tu estilo, o marca propia.
    El boom o fenómeno lo parodias con gracejo, naturalidad, y un poco de “mala milk”. Para mi gusto, es lo mejor, haría un “aparte” solo con tu amigo Luis, utilizándolo para hacer crítica social de hasta dónde puede llegar, en ocasiones, la estupidez humana y el esnobismo mal entendido.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado agosto 2013
    Juancho, me encanta tu tormenta de ideas.He abierto la ventana de par en par para disfrutar de tan singular tormenta. Que me llueva, que me alumbren sus relámpagos con los chispazos de historia que nos cuentas.

    Todo lo que desentierras del archivo de la memoria, tiene mucha trascendencia, pero es que tu narrativa es ágil, amena, aguda y con retazos de humor.

    Me alegro de que hayas vuelto a deleitarnos con tus recuerdos.

    Mi felicitación.

    Un abrazo.
  • moisesrgzmoisesrgz Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2013
    Muy curioso. Me ha gustado! :)
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2013
    Amparo, Suina, Sinrima, moisesrgz.

    Gracias por los comentarios.

    Soy una calamidad, mi orden es el desorden de otros.

    Dejo otra parte de esta historia, que se desborda de un lado y se va a otro lado, porque la mente es un enigma, como la ruta de los huracanes.

    Un abrazo.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2013
    “Anda caballero que mal andes…”, así dice Cervantes en “El Quijote”. Anda escribidor que mal escribes, debo decir. La gente sufre y se atormenta por dejar una impronta de letras para que el resto de mortales mediten y entren en conjeturas acerca de las razones por las que se escribe de tal o cual manera.

    Se juntan nubarrones, corre un vientecillo. Se escucha un trueno, una nueva tormenta se avecina.

    José Luis el objeto de este texto, era un buen muchacho. Pero a decir de muchos compañeros: “era un negro pretencioso”. Suena racista, si lo sé. Pero es que somos así: democráticos, abiertos, políticamente correctos, pero sobre todo asquerosamente hipócritas.

    Todos en aquella clase del 88 éramos alegres, juguetones, nos gustaba bailar, jugar al futbol, ir de una cantina a otra. Discutir de política, salir a protestar cuando era necesario. Pero marcábamos distancia con los terrucos y veíamos con preocupación cuando alguno de nosotros consideraba que matar era un camino para alcanzar ciertos ideales. Sin darme cuenta me estoy saliendo.

    La universidad pública en mi país es sinónimo de gente pobre, va a la universidad pública el que no tiene dinero para pagar una universidad privada. En la universidad pública estudia el que quiere y el que puede obviamente luego de haber logrado una vacante sobre cien postulantes, en la universidad privada estudias, porque si no tienes que pagar más por reprobar materias.

    José Luis era de los que tenían dinero, pero estudiaba en una universidad pública. La razón era sencilla, quería estudiar como estudió su Padre cuando joven. Así como el habían unos cuantos “adinerados”, el resto en el cual me incluyo éramos proletarios, muchachos de trabajos eventuales. Sicarios de encuestas semanales y ventas casa por casa. Hacíamos un espacio para esos trabajitos con los que nos ayudábamos para poder socorrer nuestra precaria economía.

    José Luis no jugaba futbol, jugaba tenis. Puta madre, en mi país juegan tenis los pitucos, los millonarios y los gerentes de empresas que quieren ser algo. La gente proletaria juega al futbol.
    A muchos de mis amigos les molestaba y la envidia los corroía al ver aquel “negrito” llegar a escuchar clases en su auto, mientras ellos bajaban del bus universitario al que todos conocíamos como “burro”.

    Yo me contaba como un amigo de José Luis, cuando hablábamos de ciertas actitudes de él con respecto al resto varias veces con justa razón me puso en mi lugar:

    “Si yo fuera blanco a nadie le importaría que juegue tenis, a nadie le importaría que tenga auto, a nadie le importaría que tenga dinero. Pero les molesta que un negro, tenga esas cosas y haga cosas que ellos no pueden”.

    Luego de aquellas palabras comprendí que era un imbécil al pretender objetar algo de la conducta de José Luis, aquel tipo tan formal y tan serio siempre marcaba distancia de muchas cosas.
    Nunca lo vi tomar una sola copa de alcohol y no bailaba. Las razones las desconozco, debo añadir que siempre abogaba por él con los demás, en nuestras tertulias alcohólicas. A pesar de todo siempre había gente que lo detestaba.

    Un día José Luis me invitó a su casa, era el cumpleaños de su Padre. Solo invitó a tres amigos mas, la dirección era por el barrio del Rimac a mi me sorprendió. Pensé que sería por algún barrio de clase media o con pretensiones de clase alta pero no, era en el Rimac.
    El Rimac es uno de los barrios más antiguos de la ciudad, casas de quincha y madera. La quincha es una mezcla de barro y carrizo, casas con balcones de madera. Por lo general en el Rimac la gente vive agrupada en lo que ellos amablemente llaman “solares”, pero los que no viven en ellos llaman “callejones”. El callejón es asociado injustamente al lumpen a gente de dudosa reputación. Gente problemática y complicada.

    Según los rimenses (o sea los que viven en el Rimac) los únicos auténticos limeños que quedan son ellos y los de Barrios Altos. Limeños auténticos ya no quedan, todos son venidos de fuera de la provincia o son descendientes de italianos o de algún extranjero que vino de paseo y se largó.

    La hora de la fiesta era a partir de la ocho de la noche, la dirección era cerca de la plaza de toros en Acho. Es decir en la zona más tradicional de aquel barrio. Llegar es sencillo, salir es complicado dependiendo de la hora.

    Efectivamente, era un “solar”. Una reja de fierro, la puerta abierta al fondo una capilla y un San Martin de Porres mirándome desde lejos, con su escoba en una mano y un rosario en la otra. Luego las puertas de cada “interior” pintadas todas de marrón y las paredes de color rosado. La puerta del agasajado con unos adornos de papel de colores y algunas personas en la puerta tomando cerveza y conversando.

    -Buenas noches-saludé.

    Me miraron algunos hicieron un gesto, otros contestaron mi saludo. Entré a la sala que estaba repleta de gente, dos parejas bailando apretadamente un vals y en un lugar inverosímil un tipo con guitarra y otro con un cajón llenando el ambiente con su música.

    -¡Compadre!

    José Luis aparece en medio de la gente que me mira intrigada, porque asi es siempre. Cuando un desconocido llega a una fiesta familiar todos lo miran y murmuran: “¿Familia de quien será?”, “¿La reunión no era solo de familia?”, y otras frases comunes.

    -Hola José Luis…

    Nos damos la mano, me presenta a sus parientes. La mayoría negros, en todas sus variedades. Sacalaguas, zambos, negros lacios, negros con el “pelo pasa” y así saludando me enseñan sus dentaduras blancas como quien te avisa que en esa reunión solo hay alegría. Finalmente me presenta a su Madre una señora de anteojos que se ve a leguas que es un alma de Dios. Y luego a su Padre, alto y serio, muy formal. Le alcanzo el vino, me agradece: “siéntase a gusto esta es su casa”.

    Converso algunas cosas con José Luis, hablamos de quienes han venido. Solo he ido yo, el resto no aparece. Veo la hora son las nueve de la noche, no creo que vengan. Salimos a la puerta donde la gente bebe cerveza, adentro bailan canciones antiguas. Los más mayores bailan con pañuelos en la mano. A falta de espacio, la gente saca las sillas y los muebles fuera de la casa en el pasadizo de aquel solar. Converso con un señor de futbol, José Luis se va. De pronto una señora de mediana edad me toma de un brazo y me lleva a la sala a bailar.

    Bailo muy mal el vals, desorejado maldito, pero lo intento. La música cambia a marinera, las señoras me miran y se ríen. Veo que un señor ya mayor saca una botella con pisco. Me preocupa, el pisco tiene la propiedad de hacer que me olvide de las cosas. Activo todas mis alertas. Después de una pieza más salgo al pasadizo a respirar algo de aire fresco, el agasajado con un vaso de cerveza está hablando.

    “… yo ingresé a San Marcos el año 58 hace treinta años, nosotros los estudiantes de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas no dejamos que entre Nixon a nuestra universidad. En aquel año gobernaba Manuel Prado uno de los hombres más serviles a los Estados Unidos. La federación de estudiantes era dirigida por Alfonso Barrantes y nos organizó para darle un “merecido recibimiento” a ese gringo maldito...”.

    Algo le había escuchado a mi Padre respecto a esa historia, en esa época muchos apristas se volvieron comunistas, decepcionados por la actitud de su líder Haya De La Torre. Uno de ellos fue Alfonso Barrantes y uno de los hechos que desencadenó esa deserción fue la visita de Nixon y el otro el triunfo de la revolución cubana el año 59.

    Los parientes y amigos escuchan a aquel hombre contar su historia como si fuera la historia de un viajero que anduvo por tierras extrañas y mágicas.

    “… en aquellos años el deseo de todos era cambiar el sistema, escuchábamos radio Moscú y nos llegaban noticias de la revolución en Cuba los jóvenes de aquella época queríamos ser guerrilleros, pelear al lado de Fidel y del Che. Los políticos siempre de espaldas a la realidad, la prensa en manos de los grupos de poder. Los comunistas eran considerados un peligro para la sociedad cristiana, promotores del aborto y el divorcio. Los comunistas eran el anticristo…”
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2013
    El hombre bebe su cerveza y pasa el vaso, me dan ganas de interrogarlo. Preguntarle por la revolución cubana, por los terroristas de Sendero Luminoso, por la libertad de prensa en la Unión Soviética, por la China de Mao, por Stalin y Trostky.


    Un negro canoso con un cigarro a medias en la boca se me acerca y me alcanza la temida botella de pisco.


    -Salud sobrino- se toma la copita de pisco de un solo tirón y me pasa la copa.


    Continuaremos luego.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2013
    Si es que te acuerdas luego de tomar el pisco:):p
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2013
    La desagradable sensación de no acordarse completamente de lo que pasa luego de una borrachera. Tienes que ir tras tus pasos y buscar testigos, gente que te de alguna pista, pero siempre queda la incertidumbre de que aquello no ocurrió de esa manera.
    Aquella noche aquel viejo me alcanzó la botella de pisco y me contó que había sido camarero en un barco en los años cuarenta. Iba de Lima a Panamá y Nueva York cruzando el canal. Los mejores polvos –según su expresión- se los echo en aquel barco. Hasta que un día lo echaron del barco por acostarse con una señora que resultó ser la esposa del capitán.
    “… sobrino yo no sabía que aquella señora tan desenvuelta conmigo era la esposa del capitán. Es que modestamente a las mujeres les gustaba como lo hacía, aparte que las noticias vuelan. Mi “guasamandrapa” se volvió famosa. Casi estoy seguro, por mi santa Madre que las solteronas subían a ese barco solo para acostarse conmigo…”
    Me serví dos o tres copas de pisco, aquella historia alucinante, me daba risa. Pero aquel viejo también tenía su audiencia, muchachos muy jóvenes. De entre los oyentes alguien soltó una pregunta:
    -¿Tío y el inglés? – un camarero tiene que saber inglés…
    El viejo sin dar muestra de incomodidad mira a la audiencia y responde:
    “… sobrino en esos años el inglés se aprendía sobre la marcha, no había en la escuela curso de inglés, en algunas escuelas enseñaban francés. Además cuando una mujer tiene ganas solo vale el lenguaje del amor…”
    El viejo suelta una carcajada que contagia a sonreír a los muchachos que lo rodean.
    No sé porque veo la luna en cuarto creciente que brilla en un tono algo amarillo y su estrellita al lado muy brillante. La estrella es Venus; “la que ama las sonrisas”. Me gusta aquel cielo negro con la luna y su estrella brillante. Me quedo así embobado, pienso en porque los turcos usaron la luna y la estrella en su bandera.
    -¿Qué pasa compadre? Estas en la luna…
    Es José Luis que me hace regresar a la tierra, le sonrío. Me toma del hombro y me acerca donde unas señoras que reparten comida, servilletas y tenedores.
    Me alcanzan un humeante plato de algo que aquí se llama “seco con frijoles”, que esta riquísimo. Todos comen de pie, no hay mesas, dos niñas casi adolescentes se pasean llevando una, un recipiente lleno de rocoto molido y la otra una fuente pequeña llena de salsa criolla. Elijo el rocoto, me sirvo generosamente. Me recuesto en una pared de aquel callejón o quinta y “le doy curso”. Mientras saboreo mi plato, sin querer escucho una conversación muy cerca de mí.
    “… ya hable con Pérez, las donaciones llegaran a partir del Lunes. Es cuestión de saber distribuir esos fondos. Conversa con el contador es un experto, tenemos que cubrir el tema del pago del personal y los servicios. ¿Cómo va lo del fotógrafo? Las últimas fotos que enviamos no fueron muy realistas, se tiene que ser impactante de eso dependen las donaciones…”
    Observo disimuladamente quienes son los que conversan, uno de ellos es el Padre de José Luis, hay dos más. Uno de ellos, en algún lugar lo he visto, pero no lo recuerdo. Pero estos hablan de donaciones y de cuentas y de fotos. Esta rico el seco, darán repetición, a mi Madre no le sale tan bien. Los tipos siguen hablando.
    “… ya le he dicho lo de tu candidatura al parlamento, está de acuerdo. Pero no puedes contar con estos fondos, vas a tener que hacer tu campaña con otro financiamiento. Hay que tener cuidado los periodistas se meten en todo, si saben que el dinero sale de nosotros nos quedamos sin nada. No te olvides de las camisas con nuestro lema: “los pobres dignos y trabajadores”. No me gusta mucho pero es lo único que se me ocurre. Vamos a confeccionar cinco mil camisas y repartirlas en Villa El Salvador, Collique y Jicamarca. Tienen que tomar muchas fotos, eso es lo más importante. No pueden ser mas, después nos desfinanciamos y tenemos que esperar más donaciones…”
    Ya me acordé, este es un dirigente sindical, lo he visto varias veces en la tele. Así que de eso viven estos señores.
    Miro mi plato, esta vacio, miro al cielo la luna ya se fue solo está la negra noche. Me acerco donde repartían la comida, ya se acabo. Dejo el plato en una mesa, en la casa la jarana esta a todo dar, la gente joven baila salsa. Los viejos afuera toman cerveza y el viejo ex camarero un poco más allá bebe pisco contando historias escabrosas a su audiencia adolescente.
    Sintiéndome de izquierda me siento extraño, siento que mi ideología se fue por el desagüe, quizá por eso mi Padre dejo la militancia y se dedicó a trabajar para su familia. Ahora sé de dónde le viene el dinero a mi amigo José Luis. ¿El lo sabrá?
    Me acerco lentamente a la puerta y veo como la gente adentro baila y se divierte en aquel lugar tan pequeño. Termina la canción algunos salen a tomar cerveza y aire.
    Se me hace difícil entablar conversación con alguien, no sé porque me siento fastidiado. Quisiera irme, me encuentro con un colega que también fue invitado por José Luis. Esta acaramelado con una morena, me llama.
    -Oye. ¿Qué haces parado como un zombie? Te presento a Elsa, estudia en la Católica es prima de José Luis. Ellas – me lo dice señalando a un grupo de chicas- también son sus primas.
    Las veo detenidamente y me sonríen son cuatro, me acerco y las saludo. Mi colega me alcanza una cerveza. Trato de salir de mi marasmo, brindo con una de ellas. Ella amablemente acepta mi brindis. Rápidamente me sirvo, bebo. Cuando le voy a servir ella levanta su mano y me dice:
    -¡Poquito por favor…!
    Le acerco el vaso y lentamente dejo correr la cerveza de la botella al vaso, ella mira y me levanta la mano para que me detenga. Lo hago, le sonrío y ella hace lo mismo.
    Las otras primas conversan entre ellas, yo converso con ella. Se llama Raquel recién a terminado de estudiar periodismo. Suena la salsa, bailamos. Se mueve bien, tiene ritmo, baila mejor que yo. Reímos y nos movemos, me reta y la sigo. Es agradable bailar con ella. Aparte que tiene un cuerpo más que interesante.
    Le cuento que estudio con José Luis, me falta un año para terminar y que voy a empezar a practicar en una empresa. Ella ya está trabajando en un diario conocido, está interesada en encontrar información de los terroristas de “sendero luminoso”.
    -¿Qué quieres saber de sendero?
    -Porque optaron por la violencia, porque matar gente si esta el camino de la democracia…
    Me hace gracia la candidez de aquella chica, hablar de política en aquel lugar tan reducido es complicado, la invito a salir al pasadizo. Donde los más viejos toman cerveza y pisco. Acepta y salimos. Nos alejamos un poco, yo con una cerveza y un vaso.
    -¿Alguna vez te ha faltado algo en la vida?
    Ella me mira intrigada por la pregunta que la hago.
    -¿Faltado? ¿Cómo qué?
    Seré mas explicito, más contundente.
    -¿Alguna vez no has tenido que comer y has tenido hambre?
    -No, nunca me ha faltado nada.
    -Entonces no sabes lo que es tener necesidad de justicia. Los senderistas son eso, gente que busca justicia. Gente harta de todo. Son psicópatas de la justicia. Así como hay psicópatas sexuales, pervertidos y pedófilos. Los senderistas están enfermos de muerte y quieren destruir esta sociedad, con culpables e inocentes. Ellos quieren hacer un mundo diferente, un mundo a su medida.
    Me mira aun con candidez, como un niño que trata de entender porque se embaraza una mujer.
    -Te contaré rápidamente la historia de un amigo que ingresó conmigo a la universidad. El era de la provincia, era muy inteligente. Sacaba las mejores notas en física y electrónica, en Lima no tenía familia y vivía de lo que le mandaban sus Padres. El trabajaba en lo que podía y se mantenía de esa manera. Un día me contó que formaría parte de un grupo musical, que ya no trabajaría. Saldrían de gira con aquel grupo. Así fue como lo reclutaron los senderistas. Luego ya no supe mas de él, pienso que hubiese sido un magnifico ingeniero. Pero ahora está por ahí matando gente…
    -¿Pero porque no elegir la democracia?

    ///
    continuaré luego, si, si, ya se que eres impaciente pero que se le va hacer.
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado septiembre 2013
    Leerte, es hacer un recorrido por la cultura de tu país y aprender.
    Esa memoria tuya, ayuda a que otros como yo, desconozcamos muchas cosas de Perú y por eso me gustan tus relatos.
    Me alegro de leerte nuevamente.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado septiembre 2013
    Aparte de la política me gusta la idea de que para hacer ciertas cositas no se necesita el idioma:p:)
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2013
    Dragon escribió : »
    Leerte, es hacer un recorrido por la cultura de tu país y aprender.
    Esa memoria tuya, ayuda a que otros como yo, desconozcamos muchas cosas de Perú y por eso me gustan tus relatos.
    Me alegro de leerte nuevamente.

    Dragón

    Estimada amiga, siempre es un gusto encontrarte.

    Un gran abrazo.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2013
    La pregunta de aquella muchacha la siento como un chiste en un velorio; como hablar de cigarrillos con un enfermo de cáncer, como hablar del problema del hambre en un restaurant cinco tenedores. Aunque esto último es lo más frecuente y lo más común.

    -¿Pero porque mejor no optar por la monarquía?- le respondo mirándola, tratando de esbozar una sonrisa.

    Se siente el frio de la noche, la brisa húmeda preludio de la neblina de madrugada agita suavemente el cabello de mi amiga, “el sereno dela noche”, así decía mi abuela. Raquel se frota los brazos. Señal de que tiene frio. Me quito el saco y se lo pongo en los hombros.

    Me sonríe.

    -Tú crees que la democracia es una mierda, quizás el comunismo cambie el mundo para tu felicidad.

    El frio de la noche y sus palabras me tiemplan el cuerpo, me sirvo. Antes de tomar le digo: Salud. Ella me contesta: Salud.

    Es de ley entre bebedores decirse:”salud” cuando bebes del mismo vaso. Antihigiénica costumbre quetenemos los peruanos de compartir el vaso y todas las enfermedades. El que no dice: “Salud” debe volver a servirse y decirle: “Salud” al que le entregará elvaso. Son costumbres.

    Tomo y le sirvo; “poquito no más”.

    -Hoy día me convencí que no hay ideología, cada uno tiene su propia ideología. La democracia, el comunismo, el socialismo, cualquier “ismo”es una excusa, es el medio que utiliza el hombre para satisfacer su ansia depoder.

    -¿Pero cuál es el mejor? ¿Cuál es el más sano?

    Toma un sorbito, como si fuera remedio.

    -Ninguno, la gente no entiende por las buenas. Cada cierto tiempo tiene que haber una dosis de muerte y violencia, los pueblos que aceptan indolentes la injusticia y el abuso no merecen llamarse pueblos sino rebaños.

    -La violencia es la partera de la historia-interrumpeRaquel.

    Me indigna la candidez de esta mujer, tan joven y tan mansa ante tanta injusticia.

    -Bienaventurados los mansos porque ellos recibirán la tierra…

    Raquel sonríe y toma otro sorbito de cerveza me mira y responde a mi bofetada.

    -Ahí tienes la reforma agraria de Velasco, le dio la tierraa los campesinos, gente ignorante y sin criterio. Destruyó la agroindustria de este país, convirtió las haciendas en cooperativas y nos arruinó.

    Sabía que ese argumento es el argumento de la derecha en elPerú, es el mismo argumento en muchos lugares.

    -Cuando haces una reforma y no una revolución ocurren esas cosas.

    -¡Ah claro! –Se indigna Raquel- en una revolución hay fusilados. Una buena cantidad de enemigos de la revolución ejecutados, es bueno amedrentar a los que se opongan ahí está el truco para que una revolución tenga éxito. La Unión Soviética, China Popular, Cuba, Vietnam y el resto.

    -La derecha también actúa así -le retruco.

    Me alcanza el vaso y me sirvo. Mientras bebo ella saca su conclusión.

    -Al final todo se reduce a una masacre periódica ya sea de izquierda o de derecha. Cada quien buscando prevalecer.

    Sacudo el vaso le ofrezco servirle y me hace un gesto para que no lo haga.

    -¿Estas molesta?

    -No.

    -Parece.

    Un breve silencio en el que se escuchan las risas de la jarana en aquel callejón del Rímac. Ella no es ingenua, ella prefiere considerar “el camino legal”. Aquella noche me convencí que la derecha y la izquierda eran lo mismo. Dejo la botella y el vaso en un costado.

    -Raquel, la única vía para alcanzar el bienestar esta en lo que puedas hacer tu sin esperar nada de los demás. Para eso no existe ideología,la única ideología esta en tu habilidad en sobrevivir en esta sociedad o en cualquier otra.

    -¿Y las organizaciones de beneficencia?

    -Ellos reciben un sueldo, como tú o como yo. No existe el bien común, ni aquí ni en la Unión Soviética, ni en Cuba. Las únicas personas que dan todo por los demás son poquísimos. Quizás la única que conozco es la Madre Teresa de Calcuta. Pero por aquí no veo a nadie.

    Le sonrío, pero ella me mira seria.

    -Lo que pasa que carecemos de instituciones serias, tu actitud tiene que ver con la falta de valores. Tu actitud es la que ocasiona el descredito de la democracia…

    En otra circunstancia toda la cólera que me causa el egoísmo de la gente que hace política lo hubiese volcado con Raquel, opte por cortar por lo sano. Sabía que aquella discusión me podría acarrear problemas. Decidí arriar mis banderas.

    -Tienes razón Raquelita, soy un amargado recién tengo veintitrés años y parezco un viejo resentido. Mejor regresemos a la fiesta y sigamos bailando.

    //

    Continuaremos luego.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2013
    Está bueno esto de utilizar a los personajes por medio del coloquio para discutir sobre dos posturas opuestas, dos líneas de pensamiento social diversas. Es una buena excusa de la que se vale el autor, tomar prestada la boca de alguien, aunque tengo la impresión, igual me equivoco, que el autor trata con más miramiento al interlocutor masculino, como se sintiera cierta empatía por sus pensamientos. Si es así, hay que tene rmucho cuidadito, porque a veces el narrador (escritor), puede tener la tendencia a entrometerse demasiado en la ficción, y entonces ya no habla el personaje, sino su creador.

    Sobre la discusión en blanco y negro, discuten sobre lo obvio, y en la línea del respeto, probablemente has querido dejar esa impresión, ¡cuántos debates parecidos hemos tenido todos, seamos de una tendencia, o de la otra!. Como lectora, echo de menos el “conflicto”, un “salirse de madre”, algo que me haga saltar de la silla (metafóricamente), un giro de tuerca, un enfado, un cabreo, un pasarse de la raya…o será que los personajes serenos ( que en la vida real me encantan), en papel les pido más sangre, más veneno, profundidad, errores, aciertos, en definitiva humanidad. Claro que estaba Raquelita por medio, y no te quedó otra que arriar bandera.

    Por aquí también decimos “el sereno de la noche”, es bonito ¿verdad?

    Juancho, aunque no te comento todos tus textos, te los leo con curiosidad. Porque eres especial escribiendo.

    Ya sabes, te sigo.:o
  • elporquedelascosaselporquedelascosas Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2013
    Muy interesante, la tormenta. Supongo que, en referencia a la primera parte, el hecho de tener mil ideas en la cabeza agolpándose en desorden es lo que le da ese aroma de vida al relato.

    Y en cuanto al comentario anterior, hubiera jurado que habla en primera persona porque la narración está basada en un hecho real. No sé si aquí me equivoco...
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2013
    Y salud...con aguita:D
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado octubre 2013
    Suina: Nuevamente gracias. Y nuevamente te hago recordar algo que me enseñaron de pequeño. No sigas a desconocidos.

    elporquedelascosas: Nada es real hasta que se demuestre lo contrario. Cualquier parecido con la realidad es pura premeditación.

    Amparito: el agua solo se usa para asearse.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado octubre 2013
    Una mentira dicha honestamente, es más agradable que cualquier amarga verdad.
    Al regresar a la jarana, vi mi reloj eran cerca de las tres de la mañana. Alguien me alcanzó una botella con pisco, era lo que había. Me serví y lo tomé de un solo tirón, como debe de ser. El pisco me calentó el cuerpo. Lo mejor para irse de una jarana es no despedirse, el que intenta despedirse, no se va nunca.
    Entregué la copa hice como que me iba al baño y salí sin mirar a nadie. Afuera para mi desgracia estaba José Luis, su Padre y los ya mencionados amigos del agasajado. Para mi desgracia tomaban pisco, José Luis me vio y me hizo un gesto para que me acerque. Escapar de aquello era imposible.
    Hablaban inevitablemente de política y conspiraban muy a su manera para tomar el poder.
    Al escribir estas líneas veinticinco años después, tengo que aclarar que en esos años en el mundo existía un bloque comunista y un bloque democrático; obviamente ambos una completa mierda. En ambos había regímenes con crímenes atroces y dictaduras sangrientas. Este breve párrafo está escrito para los más jóvenes lectores que no vivieron esa década o no tuvieron la conciencia suficiente en aquellos años. Aunque mucha gente al leer está buscando siempre los tres pies del gato, la inmortalidad del zancudo, los huevos del gallo y el que los chanchos vuelen.
    Hecha esta ordinaria y procaz aclaración continuemos.
    Estaba prevenido respecto al pisco, a mis escasos veintitrés años mi experiencia alcohólica me indicaba que debía tener cuidado. Un espíritu entregado al alcohol puede liberar sus impulsos más primarios como en realidad ocurrió.
    Me uní a aquel círculo y escuchaba con detenimiento los vaticinios de las próximas elecciones, faltaban dos años. Era la oportunidad de la izquierda de tomar el poder por primera vez en su historia, sin embargo la discusión giraba en torno a quien o quienes eran los más capacitados para gobernar.

    “… nuestro problema está en nuestra división, están los maoístas, los pro-soviéticos, los troskos cada quien controla un sindicato o un grupo de sindicatos es imposible que se pueda presentar un solo plan de gobierno y una sola candidatura…”
    Eran palabras del padre de José Luis, tenía razón. Sus palabras me hacían recordar las palabras de mi padre decepcionado de la izquierda en el Perú.
    “… es que las negociaciones se deben dar olvidándose la facción, se debe anteponer el interés supremo del bienestar general a cualquier interés particular y mezquino…”
    Instintivamente moví la cabeza negativamente, quizás fue el pisco, quizás fue el recuerdo de aquella conversación referida a las donaciones. En realidad por eso quería irme de aquella reunión tenía una ira contenida.
    -¿Qué pasa joven no le convencen mis palabras?
    Aquel sindicalista me señaló, quizás también por el efecto del licor, o con el deseo de lucir su retórica conmigo.
    -Usted cree que eso de: “anteponer el bienestar común al interés particular” ¿Es original? Lamento decirle que no le creo absolutamente nada y menos eso.
    Aquel hombre macizo cuarentón me miró y me sonrió.
    -No vamos a echar a perder la reunión del compañero y vamos a convertir esto en una discusión ideológica.

    Algunos asintieron, mi respuesta inusitada y colérica debía quedar en el baúl de los recuerdos y las anécdotas. Sentí que debía liberar mi cólera.
    -Si gana la izquierda será peor que la derecha y peor aun que este gobierno…
    José Luis estaba a mi lado su Padre cerca de él, los otros me miraron. El tipo me miró y me respondió con firmeza.
    -Joven su afirmación es lamentable y esta sesgada por la propaganda reaccionaria de los enemigos del pueblo. ¿Si no vota por la izquierda, por quién votará usted?
    -Por el que diga la verdad –la respuesta se la dije casi sin pensar me salió de las entrañas.
    Algunos sonrieron, parecía una broma.

    -Cada quien tiene su verdad-dijo alguien.
    -Claro, así es - repitieron otros.
    -Es cierto, cada quien tiene su verdad – alcé la voz – la derecha defiende los intereses de los ricos, defiende al capital, defiende los derechos de los que tienen dinero, la izquierda defiende a los trabajadores, a los menos favorecidos. ¿Pero es realmente cierto esto?
    -Nosotros luchamos por los derechos de los trabajadores, por una mejor distribución de la riqueza…
    Las palabras de aquel sindicalista me sonaron mas vacías aun que las anteriores.
    -¿Lo puedes jurar?
    Mi pregunta sonó a ofensa, era evidente. El tipo me miró con rabia, varios de los suyos se juntaron con él. Apreté los puños esperando para ver de dónde vendría el primer golpe, el Padre de José Luis se interpuso y José Luis me hizo entrar a la casa.
    -Estos son bravos, te pueden dejar inválido si te agarran.
    Las palabras de José Luis llenas de preocupación, me inquietaron. No podría salir a menos que alguien me asegure que aquellos caballeros ya no estaban afuera. En la sala nadie bailaba, la gente conversaba de chismes del callejón otros dormitaban en las sillas. Raquelita dormía abrigándose con mi saco, vaya recién tomé en cuenta que mi saco lo tenía ella.
    De la cocina un olorcito agradable salía para beneplácito de los sobrevivientes de aquella jarana.

    Un guitarrista rasgaba el instrumento y una melodía antigua se escucha y la canción estremece la madrugada:
    Por más que el tiempo pasa
    no puedo olvidarla,
    profunda es la pena
    que lacera mi existir.
    Conviértanse en martillo
    los días de mi vida
    por la mujer querida
    que fue mi adoración.
    Juanita se llamaba
    mi amor mi idolatría,
    la única alegría
    que reinaba en mí vivir.

    -Hermano, son unos cínicos no les creo nada.
    José Luis me alcanza el pisco y bebe.
    -Puede ser, pero son amigos de mi Padre. No está bien lo que hiciste.
    Tiene razón mi amigo, lo expuse a él y a su Padre a un lio estúpido por mi bronca ideológica, ética y moral.
    -Amigo, mis más sinceras disculpas. Creo que lo mejor es que me vaya, pero antes debo disculparme con tu Padre y sus amigos.
    -No, espera un poco que todo se calme, además están preparando un potaje que estoy seguro que nunca has probado en tu vida.
    ////
    Continuaremos luego
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado noviembre 2013
    La noche es mágica, es sabia consejera, la noche te ilustra y te ilumina. Las escenas corren de un lado a otro. Las ideas saltan se atropellan nuevamente, ¿cómo escribir todo lo que pienso?. Escribir por vanidad, por soledad, por joder, por no dormir o para sentirme en paz.

    Escribir como Tolstoi, Dostoievski, Cervantes, Zola o aquel loco disfrazado de cura llamado Alighieri, loco resentido a quien Nietzsche llamó hiena. En fin cada quien es un hijo de puta con el que mejor le acomoda. Imposible escribir como ellos, este foro dicen que se muere, el foro no se muere. Se mueren los que se van.

    Este es un preámbulo para despertarme, casi me duermo, mi esposa me tomó de la mano y se quedó dormida. La tele encendida y yo pensando cómo seguir mi historia, suelto suavemente la mano de mi esposa. Me levanto y aquí me tienen.

    ///

    Una señora me ofrece en un azafate un humeante plato de un guiso rojo intenso acompañado con papas en rodajas, José Luis ya cucharea el suyo sin mirarme. Come con ansia, como un borracho de tercera. Tomo el plato, huele muy bien. Lo pruebo es agradable, es un bálsamo en medio de tanto alcohol. Alguien me pasa un recipiente con rocoto, echarle rocoto a esto es como echarle agua al mar.

    Comer es cuestión de estilo, es un rito personal. Dicen que la forma de comer refleja cómo eres en el sexo. En mi caso siempre dejo la carne para el final, en este caso no puede ser la excepción. Voy comiendo las papas y las paseo por el plato recogiendo cada gota de aquel guiso. Es realmente delicioso. Finalmente dejo la presa para el final.

    Miro a un lado y a otro en aquel lugar, algunos dormitan otros al igual que yo se concentran en sus platos nadie me mira, José Luis muy cerca está sumergido en su plato. Tomo la presa con las manos y la mordisqueo, es deliciosa. Observo a la gente conversar, el guitarrista y el cajonero cuchichean en un rincón, se ríen bajito.

    José Luis ya terminó y me observa comer en silencio. La carne se me queda entre los dientes, es fibrosa y blanca. Muerdo cada resquicio, cada coyuntura de la presa, mastico algunos cartílagos. Es agradable. Cuando termino y dejo hueso sobre hueso, veo aquel plato rojo hasta hace un momento blanco y vacio.

    Le hago un gesto a mi amigo y él me dice: “sígueme”.

    Lo sigo en silencio, dejo el plato en la cocina y salimos, mejor dicho entramos a un pequeñísimo patio interior, un lavadero de granito algunos estropajos dispersos y un grifo, aquí nosotros le decimos caño, de bronce. Me alcanza un jabón de manos y me lavo las manos y la cara, a falta de espejo me peino de memoria. No hay toallas, hubiese sido un milagro que las hubiera. Saco mi pañuelo y lo uso como toalla.

    José Luis también se lava, mientras lo hace observo detenidamente cada detalle de aquel mini patio. Una pila de periódicos usados en una esquina, lavatorios de loza golpeados, una pequeña cesta con ropa probablemente sucia. En un borde del lavadero veo algo extraño, son patitas, en la semi penumbra de aquel reducido ambiente puedo distinguir que están manchadas de sangre.

    Tomo una y le digo a José Luis: “¿me puedo llevar una pata?”

    Mi amigo sonríe mientras se peina de memoria igual que yo.

    -Llévate las que quieras, se olvidaron de echarlas a la basura…

    Observo detenidamente aquella patita, regresamos a la sala. A la luz clara de la sala veo que es una pata de gato.

    -Oye esto es una pata de gato.

    -Claro acabas de comer un delicioso guiso de gato...

    Recién comprendí algunas cosas; la carne sin grasa, el calor que me provocó comer aquella carne. Calor que aun sentía, los huesos finos pero diferentes al del conejo, pensé que sería pollo pero la osamenta no podía ser de pollo. Sabía de la costumbre de comer gato entre la gente negra, pero siempre lo tomé a la broma. No sentí asco, me sentí medio extraño intenté sentir nuevamente el gusto de aquel guiso. No es una carne neutra es una carne con sabor, las especias y yerbas que la acompañan simplemente realzan el sabor no lo ocultan.

    José Luis sonríe al verme pensativo.

    -Mi familia tiene esa costumbre desde siempre, la familia de mi Padre en Chincha come gatos en ciertos eventos. Lo comparten solo familiares y allegados, los extraños no son invitados a comer gato. Quise que compartas este momento familiar, mi Madre me preguntó si te iba servir y le pedí que te sirvan para que conozcas algo más de mi familia.

    Sigo ensimismado, pienso en las costumbres de la gente. Ves personas que aparentemente son iguales a ti, pero ocultan un mundo de costumbres diferentes. Puede ser primitivo y salvaje para algunos, pero es tan íntimo y especial para ellos.

    -¿Qué piensas? – me pregunta José Luis, sacándome de mis reflexiones.

    -Nada compadre, yo pensé que eras un negro pretencioso que se creía pituco. Y veo que no es así y me alegro por eso.

    José Luis se ríe y mueve la cabeza.

    -Con mi Padre hablamos de todo-me dice mi amigo- estoy de acuerdo con él en algunas cosas y en otras no. El quería que fuera abogado yo quise ser ingeniero. El quiere que me meta en política, no lo haré porque no tengo tripas para ser político. Vivir de la política es complicado y mal entendido.

    Preferí guardar silencio, no quería echar a perder aquella agradable conversación. Quizás el gato me hizo ser más reflexivo y diplomático.
    Aquel viejo de las historias escabrosas se acerca a nosotros con una damajuana y un vaso, se sirve y me alcanza la pesada y enorme botella. Me mira, esboza una sonrisa que le arruga más su cara morena.

    -¿Y le gustó el gatito? – me pregunta alcanzándome el vaso donde acaba de beber.

    Es vino me sirvo con suavidad, he tomado cerveza, pisco y ahora vino. Sospecho que la resaca será atroz. Miro al viejo y me rio con él. Le alcanzo la damajuana a mi amigo, bebo un sorbo.

    -Es rico nunca había probado gato, también esta rico el vino- le replico al viejo.

    -Es vino de la chacra de mi prima. Sabía usted que la gente que come gato es más ágil que la gente que no come gato. La carne de gato da fuerza y cura los males respiratorios. Además el vigor sexual se mantiene a pesar del tiempo…

    No sé qué decir, estoy seguro que es la última vez que acepto comer gato. Pienso en el gato de mi hermana y todo el cuidado y el cariño que se profesan ambos. Es probable que se horrorice cuando le cuente esto. El viejo sigue hablando, lo veo mover los labios. Habla acerca de la costumbre de comer gatos, costumbre de “los antiguos”. Así les dice a sus antepasados.

    Tomo mi segundo vaso de vino, me siento pesado quisiera dormir. Le digo en voz baja a José Luis que ya me voy. Veo la hora, cinco en punto. Afuera ya quiere empezar a clarear. El papá de José Luis tirado en un sillón ronca estrepitosamente, sus amigos ya se fueron. Busco mi saco y aparece Raquelita, sale luminosa del baño con mi saco bajo el brazo. Nos miramos y sonreímos.

    -Hola rábano –me saluda riéndose.

    -Hola Raquelita, no me digas rábano, dime gatofago.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado noviembre 2013
    -¡Ahh! O sea que te bautizaron, ahora eres uno de ellos. Cuando preparen ese plato te convocaran siempre. El que come gato ya no es el mismo de antes.

    Le digo para irnos, le sugiero que se cubra con el saco, el vino me hace sentir el cuerpo caliente y no tengo frio. Salgo sin despedirme de nadie, espero a mi amiga, aparece con su cartera y no sé porque más bonita con el cielo azul celeste de la madrugada.

    -¿Por dónde te vas? – le pregunto.

    -Me voy a Magdalena…

    -A esta hora es complicado encontrar taxis por aquí tampoco encuentras buses a estas horas. ¿Caminamos?

    -Bueno caminemos…

    Me lo dice sin mirarme, salimos a la Alameda De Los Descalzos vamos por en medio. Las estatuas nos contemplan impávidas.

    -¿Crees en el amor? –le pregunto para hablar de algo.

    -Claro porque no tendría que creer…

    -¿Tú crees que el Virrey Amat amaba a la perricholi?

    Raquelita guarda silencio unos instantes, en el silencio del alba se escuchan sus tacos en los adoquines de aquella vía.

    -Creo que el Virrey era un viejo verde reprimido, vino al Perú a desatar su lujuria y se metió con ella para eso.

    -¿Qué habrá hecho Miquita para que Amat le construya esto?

    Raquelita sonríe – te estás poniendo pornográfico…

    -No amiga, es solo mi imaginación. Quedó la obra de ese viejo verde, es lo que permanece en el tiempo. Sabemos de ellos por esto. Si no fuera así, nadie se acordaría de Amat y menos de ella.

    Nos quedamos en silencio un momento. Pero lanzo una pregunta indiscreta.

    -¿Tienes novio?

    -Sí y ¿tu?

    -No tengo, hace cuatro meses que estoy solo. ¿Qué pasó, viniste sola? – le pregunto.

    -No quiso venir, me dijo que tenía que estudiar. Hacía tiempo que no veía a mi familia, el papá de José Luis es hermano de mi Madre. Ella ya no está conmigo, falleció hace dos años.

    Amanece, el cielo se aclara, a mi siniestra se perfila el sol. Se escuchan las bocinas de los autos, la gente camina apresurada pese a ser domingo. Llegamos al puente antiguo que une El Rímac con El Cercado.

    -Muy pocas veces veo salir el sol en esta ciudad, tengo curiosidad por ver salir el sol desde el puente. ¿Lo podemos ver o estas apurada? –Le pregunto.

    -Ya pues, eres un rabanito romántico. Me gusta.

    Sonreímos sin mirarnos.

    Nos recostamos en la baranda de hierro, el rio semi turbio abajo ruge pero su rugido no es muy intenso. En la lejanía se distinguen, levemente Los Andes. La neblina crea un fondo mágico en ese paisaje lejano. Se ve el primer rayo y lentamente va apareciendo el sol, el cielo celeste se torna rosado al este y permanece azul celeste al oeste.

    Mientras observo los colores del día invadir el cielo. Raquelita no observa el cielo, me observa a mí. Nuestras miradas se encuentran y ella me sonríe.

    -Sabes que te ves diferente de día que de noche.

    Sus palabras me sorprenden.

    -Tú también…

    -Seguro que por eso que dicen: “ a las mujeres hay que verlas al acostarse pero nunca al despertarse” …

    -Para nada, creo que eres más guapa al amanecer. Lindos ojos, labios grandes, cabello rizado, nariz chiquita…

    Me mira seria, avanza alejándose del puente.

    -¿Por qué me veo diferente? –le pregunto.

    Ella sigue caminando, yo sigo a su lado. Llegamos al jirón de la Unión.

    -Eres raro, anoche te vi irritado, molesto. Hablamos de política, parecía que me odiabas. Ahora te detuviste a mirar el amanecer, me hablaste del amor como si nada. Anoche parecías un idiota y ahora eres diferente.

    -Debe ser el gato…

    La miro y me sonríe moviendo la cabeza negativamente. Como diciendo que estoy chiflado.

    Llegamos a Cuzco, se detiene.

    -Hay un relato de Julio Verne llamado: “el rayo verde”, cuando amaneció me acordé de aquel relato…

    Raquelita me mira intrigada, su carita me dice que no entiende nada.

    -Bueno –le aclaro- se trata de dos personas que buscan un rayo verde del sol, la creencia dice que si ambas lo ven al mismo tiempo nunca más se separaran. ¿Podemos volver a vernos?

    Me mira seria, luego mira a los autos que vienen para ver si viene algún taxi. A lo lejos viene uno y lo llama.

    -Claro, no hay problema…

    -Dame tu numero –saco un lapicero y una tarjeta vieja de otra persona y me dispongo a escribir.

    -Apunta – me dice.

    Tomo nota. El taxi se detiene, le abro la puerta. Nos miramos, pensé que encontraría su mejilla y encontré sus labios. La besé suavemente casi como amigos.

    -¿Te acompaño? –Luego del beso me provocó sugerirle eso.

    -No gracias, cuando nos encontremos nuevamente será diferente. Chau.

    -Cuídate Raquelita.

    Cerré la puerta y el taxi partió, me quedé observando un momento como se alejaba. Casi como contemplar el amanecer.

    El sol empieza a quemar, es hora de concluir.

    Treinta años después pasaron tantas cosas en ese tiempo. “Veinte años no es nada…” dice el tango, treinta años si es y pesan. La tormenta ya cesó por el momento.

    Fin
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado noviembre 2013
    Y que pasó con Raquelita:confused:
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado noviembre 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Y que pasó con Raquelita:confused:



    Hola Amparito

    Raquelita deambula entre la silla turca y mi lóbulo frontal. Algún día volverá.

    Un abrazo amiga
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