Un tipo duro
El primer registro oficial que se tuvo del Tipo Duro fue en un parque céntrico, cuando un agente de la ley, al presumir actitud sospechosa, le pidió que detuviera la marcha para requerirle identificación. Éste no obedeció la orden e ignoró al uniformado, continuó caminando y se abrió paso a fuerza de hombro. Haciendo gala de su autoridad, el ofendido oficial de policía se apresuró a castigar el desacato alcanzando al Tipo Duro por detrás, voceando y asiéndolo fuertemente del brazo. No fue pequeña su sorpresa al reparar que estaba siendo arrastrado por el misterioso transeúnte, pues efectivamente, éste continuó con su paso firme sin siquiera advertir que poseía a un agente adherido a su brazo derecho. Pero lo asombroso era la extrañeza del gesto, ya que el Tipo Duro no resaltaba por su robustez, pero tampoco demostraba esfuerzo al llevar a cuestas, y con un solo brazo, el paquete uniformado de noventa quilogramos. Balanceaba sus brazos hacia atrás y hacia adelante en un andar normal y despreocupado. El hombre no parecía ejercer un gramo extra de fuerza más que la requerida en el común caminar, en cambio el policía parecía ser remolcado por un camión.
Pocos metros más tarde, un segundo agente divisó la fechoría y se unió a la batalla. Se amarró con fuerza del brazo libre del Tipo Duro, y clavó sus botines en el piso a modo de freno. Y así, ambos uniformados continuaron sujetos al caminante, uno quemando las suelas de sus botines, y el otro sus rodillas contra la vereda.
Segundos después, el Tipo Duro se detuvo junto a un cantero de flores amarillas y, sin mayores enredos, se inclinó para percibir su aroma, cerrando los ojos y dibujando una sonrisa en su rostro rosado. Los tan magullados como enfurecidos oficiales le soltaron los brazos y aprontaron sus porras, mientras varios curiosos que venían siguiendo la faena se aglomeraban en derredor.
Las advertencias y los golpes asestados al cuerpo del hombre fueron en conjunto. La cada vez más populosa audiencia no se decidía entre reír o espantarse, ya que las leyes físicas, químicas, o al menos el sentido común, siempre indicaron que alguien sometido a tal paliza es una víctima asegurada; pero los porrazos rebotaban en el cuello y nuca del Tipo Duro, como si de hormigón fuesen, y surtían efecto en las temblorosas manos de los castigadores. Al no poder sostener más sus armas no letales, y al ver que sus orgullos no serían remendados, los agentes de la ley utilizaron sus manos sanas para tomar los radios y solicitar refuerzos, mientras la sonrisa y ligereza del catador de aromas florales no decaían.
El Tipo Duro prosiguió con su caminata serena mientras una pequeña multitud y el par de policías le acompañaban precavidos. Dos cuadras más allá, los refuerzos alcanzaron la zona interponiendo escandalosamente varios coches patrulla y encerrando al malhechor. Expectantes, todos aguardaron a lo ocurrido cuando el hombre se detuviera. Lo que nadie esperó, fue que continuara caminando y, como si nada, atravesara uno de los patrulleros por la trompa, seccionando con sus muslos el motor completo de manera transversal. Ante lo ocurrido, todos sucumbieron a un espanto cuasi histeria y la prensa, en formato helicópteros, apareció con la velocidad característica de la luz. Ahora, todo aquel que tuviera televisión o internet en el mundo seguía en vivo y en directo al Tipo Duro vía imagen aérea.
Las fuerzas públicas decidieron que la situación estaba fuera de control cuando todos los intentos en forma de barreras, vallas, filas y filas de hombres fuertes, arietes, y hasta tanques de guerra, fueron rebanados en dos por el implacable andar del Tipo Duro, como manteca al cuchillo caliente. Fue entonces que acudieron a la ciencia.
En un esfuerzo sin precedentes de casi todas las naciones con dinero por defender, varios artefactos tecnológicos fueron ingeniados en tiempo record, mientras la amenaza incontrolable merodeaba en paz por las periferias de la gran ciudad.
Con uno de los primeros artilugios inventados con forma de laboratorio ambulante, lograron tomarle radiografías, resonancias magnéticas, tomografías, y electroencefalogramas al cuerpo móvil del Tipo Duro. Los resultados decepcionaron por su normalidad, y ni los científicos con abultados títulos y especializaciones pudieron al menos formular una hipótesis que explicara lo imparable que resultaba esta persona. Todo esto no hacía más que enervar rotundamente a los encargados de tener el poder físico sobre las cosas y personas.
Fue un poco más tarde que a alguien se le ocurrió dialogar con el Tipo Duro para tratar de descubrir sus intenciones. Pero todos los intentos fueron vanos y el hombre se limitaba a caminar o brevemente a detenerse a observar alguna planta, o el cielo. Al caer la noche sólo una cosa se sabía de él: nada que se interpusiera en su ruta le haría alterarla. Y a esas alturas, ya no había nadie en el planeta, salvo los bebés y ciertas tribus nativas, que no estuvieran dialogando acerca del increíble acontecer.
Al fallar la diplomacia y la ciencia civil, el mando fue pasado a la ciencia militar. Primero fueron balas de plomo con resultado aplastante, para las propias balas obviamente. Luego cañonasos que sólo conseguían estallar y destruir las viviendas aledañas. Después, ráfagas de misiles y metralla de helicópteros negros con aspecto fiero, que no conseguían siquiera desprenderle un botón de la camisa. Más tarde, bombardeos con precisión de pediculicida. Una vez evacuadas las ciudades cercanas, el asedio nuclear no se hizo rogar y estalló con cientos de espectaculares megatones que, más allá del hongo, el destello y la onda expansiva, no lograron deshacer los átomos del Tipo Duro, que ahora deambulaba en medio de un desierto humeante. Siguieron armas químicas e implosiones de hidrógeno con todos los efectos conocidos, excepto el único deseado.
Hasta que alguno dijo: “El Poder será nuestro o de nadie”, y los cálculos para un agujero negro comenzaron a trazarse en los pizarrones. El hecho es que con tanta presión, alguien escribió un signo de suma en una fórmula que debería haber restado, y en lugar de absorber al objetivo, el hoyo chupo hasta la órbita de Júpiter y luego se cerró en una centella blanca.
Ahora, en donde alguna vez la Tierra y sus moradores existieran durante un pestañeo universal, el Tipo Duro flotaba a la deriva, en busca de otros organismos a los que atormentar, tomando la forma adecuada y convirtiéndose en el peor de sus miedos.
Comentarios
Un extraño, sorprendente, atípica aventura llena de potente acción, un relato de frases rotundas, bien conformadas, de medio recorrido ( ni cortas, ni largas). Me gusta la imagen del tipo duro caminando con firmeza sin advertir que tenía a un agente colgado del brazo, da la medida del empecinado protagonista del relato.
No solo es visual el texto, sino sobre todo dinámico, y duro ( como el acertado título), siempre mantienes en movimiento a los personajes, en acción continua, y hasta las frenadas son firmes clavando los botines en el piso
Para conseguir acción, velocidad y potencia has utilizados estas palabras y giros muy acertadamente: marcha-caminar -apresuró-alcanzándolo-asiéndolo-arrastrándo-transeúnte-paso firme-remolcado-quemando suelas-atravesar…
Para el tono de dinamo, agresividad y potencia: Fuerza -fuertemente- robustez-esfuerzo-magullados-enfurecidos-golpes asestados-cuchillo-porrazos-palizas…
Hay cierta comicidad inteligente, ( no sé si con voluntad de que así sea, me gustaria pensar que si), toques de ironías de kamikaces a lo largo de toda la historia, y cierto histrionismo final, un in crescendo fortísimo ( prefiero la primera parte, pero claro, has empezado tan fuerte, que ya el final es de traca y cohetes de final de fiesta, pero ya sabes, unos escriben, y otros interpretan).
Cañonazos ( con zeta colega)
Hay también un toque lírico ( el de las florecillas, que parece un chiste menor, dentro de un gran chiste cósmico, un contrapunto suave a la dureza del tipo).
Por supuesto hay crítica social.
Y lo del pestañeo universal te lo copio con descaro, pues me ha gustado.