¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Las noches de Nohivern

1234568

Comentarios

  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    Venga, que nos vamos de viaje a Nohivern!! a ver a Duncan...(me encanta el nombre por cierto ;)).

    Chelo
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Pues claro si le faltó que le pegaran un buen susto:eek::)

    Jajajaj, anda, con lo bien que trato yo a mis personajes, que casi ni los mato... jajaja. Un saludo, gracias por volver a pasar por aquíiii!!!
    Chelo escribió : »
    Venga, que nos vamos de viaje a Nohivern!! a ver a Duncan...(me encanta el nombre por cierto ;)).

    Chelo

    Pues a mí no me gusta jaja, me parece muy actual, muy americano del siglo XXI, pero es el original del juego (reconozco que del juego al final casi sólo cojo el 10% y me lo invento todo alrededor de eso, pero ese nombre sí que es de ahí).
    Un saluuuuudo y un pedazo más de mi eterno agradecimiento!!!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    CAP6_zps07563324.jpg

    Una posada en el camino. Eda la necesitaba como un recién nacido el pecho de su madre. El camino no había sido complicado hasta el momento, pero activar sus sentidos constantemente para evitar encuentros no deseados había agotado un cuerpo que anhelaba un colchón para descansar, o un montón de cómoda paja al menos donde dejarlo caer. Los nervios corrompidos por el paso por territorios desconocidos y peligrosos habían resecado su boca, se notaba la saliva pastosa e imaginó que el mejor remedio para ello era una buena cerveza. Dorada, espumosa, por un momento pensó que no habría cambiado aquella jarra ni por el mismísimo elixir de la eterna juventud.

    - ¡Aquí huele a buena hembra! ¡A tu salud!

    Aquella tosca voz a su lado le hizo recordar que al estar tan ocupada no se había aseado desde el día de la lucha en Puerto Oeste. Su refinado sentido del olfato le demostró que necesitaba un baño urgente. Miró hacia su derecha y tuvo que agachar la mirada para encontrar un enano que mantenía su jarra levantada esperando un brindis.

    - Demasiada hembra para tan poco cuerpo, supongo – contestó Eda mientras cogía su jarra para golpear la del enano.
    - ¡Ja, ja! Yeguas más vastas ha montado este rufián. Pero no me malinterpretes, necesitarías algo de bigote para levantarme los ánimos. Es que aquí todas las mujeres, embadurnadas con esos perfumes melosos, me provocan náuseas y no me dejan disfrutar de la bebida. Tú aroma me parece más natural y soportable, incluso agradable diría. Aquí me siento al lado tuyo, con tu permiso.
    - Adelante
    – Eda sonrió, al lado de cualquier ser de raza distinta a la humana el mundo le parecía mejor -. Soy Eda. Eda Liamytholen.
    - Encantado, yo soy Hirsote el enano
    – se limpió la espuma de la barba con una mano esperando algún tipo de reacción que no apareció por parte de la muchacha -. Hirsote el enano, te digo.
    - Te he oído, alto y claro, por si estas orejas puntiagudas no te dicen nada.
    - ¿Y? ¿No tienes nada que decir?
    – las mejillas del enano, coloreadas ya por la bebida alcohólica, se tensaron.
    - Encantada, supongo – Eda estaba realmente confundida, no sabía qué esperaba aquel hombrecillo de ella.
    - ¡Por los huevos de un caballo! ¡Ni la casa Liamytholen me reconoce ya! ¡Mundo podrido! – Hirsote golpeó con la jarra en la mesa -. Que los cuervos que se hacen llamar reyes de arriba sólo se acuerden de los enanos en tiempos de guerra es repulsivo pero comprensible, supongo que no se puede esperar más de ellos. Pero que una Liamytholen, apellido con el que derramé sangre para conseguir esta paz, me ignore…
    - ¿Liamytholen? ¿Guerra?
    – Eda se levantó de la silla sobresaltada, como si no hubiera ya la suficiente diferencia de altura para imponerse a su interlocutor -. ¿Conociste a mi padre?
    - ¿Te refieres a Eve Liamytholen? Suponiendo que esa pérfida de Sharwyn no te haya engañado…
    - Eda agarró al enano por su camisote de malla y le zarandeó -. Está bien, moza, tranquila. Sígueme.

    La muchacha siguió los cortos pasos de Hirsote a lo largo de la taberna, crujiendo la madera que cubría el suelo a cada paso. Hasta ahora no había reparado en la fauna que poblaba aquel antro, viajeros que paraban en busca de vaciar sus lujuriosos contenidos. Por un momento desconfió del enano, pero si era verdad que conocía a su padre, estaba dispuesta a arriesgar todo y más.

    - Pasa, hembra, pasa – Hirsote le pedía que entrara en la habitación que había alquilado mientras rebuscaba en una bolsa que descansaba en una esquina -. Esta baratija era de él.

    A Eda le temblaban las manos al coger aquella herramienta de madera. El simple hecho de tener un arco en sus manos ya le aceleraba el corazón, pero en este caso además se trataba de uno de su verdadero padre.

    - ¿Seguro que es de él? ¿Dónde está mi padre? Dime algo, ¡enano!
    - No pierdas los nervios, becerra. Se lo gané en una apuesta, ¿sabes? Tu padre no es que sea mal bebedor para ser un elfo, pero nunca apuestes que puedes beber más cerveza que uno de los de mi raza. Lo guardaba hasta que pudiera sacarle buen precio, pero viendo que ya nadie recuerda las viejas leyendas te lo puedes quedar – Hirsote suspiró melancólico.
    - Pero ahora, ¿dónde está? – el tono de Eda había cambiado, ahora más que dar órdenes, suplicaba.
    - Saben los cielos, porque yo ni idea. Acabó la guerra y todos nos fuimos de Nohivern, de ser héroes nos convertimos en una pesada carga económica para el reino. Porque nadie estaba a dispuesto a pagar por nuestros servicios, decían que pedíamos mucho para tiempos de paz. Cojones, ¡nos habíamos ganado una reputación! Tu padre se fue con la arpía de Sharwyn a un pueblo lejos de la Costa de la Espada, preñó dos veces a esa bruja si la última información que me llegó de él es cierta y no sé qué más le deparó el futuro.
    - Desapareció…
    - la entonación de la muchacha ahora denotaba una profunda pena -. Cuando yo era una niña, desapareció. Mi madre jamás me contó por qué. Dice que nos abandonó, y yo no lo creo. No pudo hacerlo.
    - ¿Y por qué no? Mira que a tu padre le gustaba mucho calentar su rabo en distintas madrigueras, igual se cansó de tu cantora madre.
    - ¡No! ¡No nos abandonó! Y lo sé porque… Porque eso el corazón de una hija lo sabe y ya está.
    - Sólo hay una forma de comprobarlo entonces. Ponte esto
    – el enano le extendió unos ropajes -. Sigue siendo cuero, como la ropa que llevas, pero endurecido en aceite hirviendo. Si vas a usar el arco no te conviene una armadura más pesada, así que te irá bien una pieza así. Y apuesto que te será útil, si quieres saber algo más de tu padre, nos espera un duro camino a Nohivern.

    El corazón de Eda retumbó. No le pareció casualidad que el enano le dijera que el sitio en el que debía empezar a buscar a su padre era precisamente el lugar al que ella se dirigía. De alguna manera, el destino había empezado a mover los hilos para acercar ese momento que ella consideraba inevitable, el reencuentro con su padre, Eve Liamytholen.

  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    Duncan es un nombre escocés:

    Anglicized form of the Gaelic name Donnchadh meaning "brown warrior", derived from Gaelic donn "brown" and cath "warrior".

    Chico, es que el gaélico es complicadillo de pronunciar...

    Esto se sigue poniendo interesante...me parto con las expresiones del enano, lo del nabo en distintas madrigueras no lo había oído nunca, jajaja.

    Chelo
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2013
    Yo tampoco había oído esa expresión, muy simpática, a ver si encuentra a su padre:)
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    Chelo escribió : »
    Duncan es un nombre escocés:

    Anglicized form of the Gaelic name Donnchadh meaning "brown warrior", derived from Gaelic donn "brown" and cath "warrior".

    Chico, es que el gaélico es complicadillo de pronunciar...

    Esto se sigue poniendo interesante...me parto con las expresiones del enano, lo del nabo en distintas madrigueras no lo había oído nunca, jajaja.

    Chelo

    Alaaaa, lo que yo decía, nombre americano del siglo XXI jajajaja. Encima escocés, ¡qué casualidad! Gracias por el aporte, me encaaaanta la historia, en el instituto me quejaba de que fuera obligatoria y ahora no puedo dejar de empaparme de historia, me encanta leerme la historia por países desde su origen hasta hoy, hasta que no acabo con uno no empiezo por otro, ya llevo unos cuantos.

    Un saludo y gracias, además de por pasar por aquí, por esa lección!
    amparo bonilla escribió : »
    Yo tampoco había oído esa expresión, muy simpática, a ver si encuentra a su padre:)

    Jajaja pues el caso es que Chelo ha puesto "nabo", que es lo que yo quería poner pero como me parecía una expresión muy actual lo cambié por "rabo", que para hacer la comparación, rabos (de animales, ejem) hay en todas las épocas... Y... y... vale, dejo ya de intentar explicarme con estas cochinerías jaja.
    Un saludo, eternamente agradecido por tus comentarios!!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    CAP7_zpsb7020ed6.jpg

    - Vaya pieza, tu padre, que no se le escapaba una viva – Eda recibía cada relato sobre su padre como porciones de felicidad, haciendo el soleado camino a Nohivern más ameno -. Claro que después se casó con Sharwyn y ya se sabe, hombre casado, miembro desperdiciado. Pero era feliz con esa mujer, o eso decía.
    - No quiero saber nada sobre mi madre
    – Eda le había repetido esa frase al enano ya varias veces durante la caminata.
    - ¿Y por qué tal desprecio? No muestras ni una migaja de cariño, las madres nos paren con dolor y sangría, qué menos que un respeto.
    - La mía no lo merece. Nunca nos contó por qué desapareció mi padre. Ni hizo nada por buscarle. Nos obligó a mi hermano y a mí olvidar nuestra parte élfica, renegar de la mitad de nuestro corazón que funciona gracias a los bosques
    – la muchacha no había soltado el arco desde que Hirsote se lo regaló en la posada y jugaba con él tensándolo y destensándolo mientras andaba.
    - A lo mejor no lo buscó porque no había nada que buscar, puede que tu padre esté criando malvas, no lo quiera así el cielo. No os lo diría para no dañaros, y si os hizo olvidar todo lo relacionado con esos bichos llamados elfos, me da a mí en la nariz que a tu padre le clavaron un cuchillo bien afilado, es difícil vivir entre humanos para esas criaturas de los bosques – el enano mordió una manzana sin pensar en el daño que sus palabras podían hacer a la muchacha.
    - Mi padre está vivo, no te voy a permitir duda alguna al respecto.
    Eda dejó de avanzar repentinamente, su pupila aumentó de tamaño y su iris comenzó a girar. Su vista ganaba así unos cuantos metros más de distancia.

    - En aquel árbol de allí, hay una mujer atada. Vamos.

    Hirsote no veía ni el árbol, así que mucho menos a la mujer. Tras unos minutos corriendo, el enano comprobó que Eda tenía razón. La mujer estaba de pie, con la espalda pegada a la madera, los brazos retorcidos rodeando el tronco con las manos atadas y la cabeza hacia abajo.

    - ¿Está viva? – dijo el enano mientras recuperaba el aire perdido durante la carrera.
    - Lo estoy, aunque no sé por cuánto tiempo… - los dos se sobresaltaron al ver a la mujer alzar la cabeza y hablar -. Esos mercenarios de Fuerte Alto, ¡no tienen compasión ni con los inocentes!
    - No sé yo si se le puede llamar inocente a una tiflin.


    Hirsote tenía razón. Eda también se había percatado de los cuernos que salían de la frente de aquella chica. Además, tenía dos dagas ensartadas, una en cada hombro, y una tercera en el vientre. Según antiguas creencias, era la única forma de matar a un tiflin sin despertar su demonio interior.

    - ¿Cómo has llegado aquí? – preguntó Eda mientras retiraba las armas punzantes del cuerpo de la mujer demoníaca.
    - Yo no haría eso – interrumpió el enano -, ahora se la quitas y luego te la clava por la espalda. Mi barba ya ha visto en varias ocasiones lo traicioneras que son estas criaturas.
    - Está herida, no creo que pueda hacer muchos movimientos, si la ayudamos quizá tenga tiempo para dar una explicación al menos
    – Eda terminó de retirar las dagas, desató a la joven y la ayudó a sentarse apoyándola en el árbol.
    - Esta zona se ha llenado de bandidos, y por lo visto Nohivern no quiere gastar ni una moneda en solucionarlo con hombres de ley. Ha dado vía libre a esos cazadores de fortunas de Fuerte Alto, les permiten quedarse con los botines recuperados de los ladrones, ese es el pago por el servicio de limpiar los caminos de visitas no deseadas – la tiflin se miraba las heridas, y sus ojos enrojecían al ver la sangre que fluía de ellas.
    - Por lo visto hacen bien su trabajo, no se puede decir que sean bienvenidas arpías como vosotras por aquí – el enano seguía con su palabrería hostil.
    - ¡Como si un retaco como tú fuera agradable de ver por estos lugares! – el enfado parecía dar a la mujer energías extra para quejarse.
    - La puta, ¡que la parto en dos!
    - ¡Ya está bien!
    – Eda tuvo que retener a Hirsote para evitar que cogiera su hacha -. Calmaos, por el bien de todos.
    - Me atacaron, lo hacen con muchos inocentes. Nos saquean y luego dicen que éramos bandidos para justificar el asesinato, así aumentan sus arcas más allá de lo merecido por sus servicios – la media melena de la tiflin empezó a echar chispas a medida que se enfurecía.
    - Tranquila, no conviene que te alteres – tras aquellas palabras Eda empezó a cantar una canción que se introducía directamente en el cuerpo de la tiflin, regenerando sus heridas.
    - ¿Y la vas a curar? – Hirsote golpeó el suelo con su hacha -. Ahora somos dos los que maldecimos a Sharwyn, ¿para curar a esta escoria te enseña la canción de bardo?
    - Gra… Gracias
    – la tiflin estaba sorprendida al ver cómo aquellas notas manipulaban su cuerpo de tal forma que la herida se cerraba sola y desaparecía por completo.
    - Se viene con nosotros – las palabras de Eda hicieron que la barba del enano se moviera evidenciando que el rostro que había tras ella mostraba desaprobación -. A plena luz del día no nos va a hacer nada, somos dos contra una. Tiene hasta la noche para ganarse nuestra confianza.
    - ¡No te arrepentirás! Os ayudaré en todo lo que pueda. Lo… - la tiflin dudó inconscientemente durante un momento -. Lo prometo…
    - ¿Por qué? ¿Por qué dejas que nos acompañe un demonio? ¡Si se pasa de lista le meto el palo de mi hacha por todos los orificios de su cuerpo!
    - Porque es una víctima más de la prepotencia de los humanos. Los que no somos iguales a ellos también merecemos una oportunidad. En marcha
    – Eda comenzó a caminar haciendo una señal a sus dos compañeros para que le siguieran -. Y no quiero discusiones.
    La tiflin se rió silenciosamente en la cara del enano en señal de victoria y para alterarlo todavía un poco más. Hirsote pudo sentir su aliento de fuego y sabía que no se podía esperar nada bueno de ella, pero al fin y al cabo él tampoco era un humano, y sabía bien lo que era no disponer de una oportunidad. Se tragó sus creencias e intentó controlarse para no crear conflictos. La tiflin también esperaba controlarse, aunque algo en su estómago le decía que no iba a ser capaz.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2013
    De estos dos pueden brotar chispas, a lo mejor hacen una hoguera:)
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    Oye, que los rabos y los nabos (tanto de fauna como de botánica) los ha habido desde tiempos inmemoriales. A ver donde estaríamos sin ellos??

    :D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D

    Lo del nombre de Duncan, lo se porque mi hijo se llama así, aparte de que Duncan fue el nombre del primer rey escocés (o eso dice mi marido, alla por el año 700 y algo).

    A ver chico que se te acumulan los personajes, cual la diña en el siguiente capítulo?,jejeje.

    Nada, que hoy estoy con el tonto subido...y no estoy "espesa"

    Chelo
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    amparo bonilla escribió : »
    De estos dos pueden brotar chispas, a lo mejor hacen una hoguera:)

    Sí, sí, van a calentarse bien y no del modo que a cada uno le gustaría. Un enormeee saludo, gragragragraciaas por seguir comentando!!
    Chelo escribió : »
    Oye, que los rabos y los nabos (tanto de fauna como de botánica) los ha habido desde tiempos inmemoriales. A ver donde estaríamos sin ellos??

    :D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D

    Lo del nombre de Duncan, lo se porque mi hijo se llama así, aparte de que Duncan fue el nombre del primer rey escocés (o eso dice mi marido, alla por el año 700 y algo).

    A ver chico que se te acumulan los personajes, cual la diña en el siguiente capítulo?,jejeje.

    Nada, que hoy estoy con el tonto subido...y no estoy "espesa"

    Chelo

    Jajaja sí, rabos sí, pero nabos... Como los animales y las plantas son diferentes, en este mundo imaginario todavía no sé si hacer que exista el nabo como tal o no xD.

    Eeeeh, sabía que tenías algún Duncan en tu vida, bueno, no sé si me lo dijiste o me ha venido a la mente porque una vez llamaste a tu enano dunquete.

    Jajaj pues en el siguiente capítulo un personaje más... Sí, es que los acumulo para hacer una matanza de golpe jojojoo. Ea, es que matar de uno a uno como que ya me sabe a poco... jaja.

    Un saludo, gracias por cada una de tus letras otra vez!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    CAP8_zps393e7105.jpg

    - ¿Y cuál es tu nombre? – Eda giró la cabeza hacia su izquierda para dirigirse a la tiflin.
    - ¡Neeshka! Me llamo Neeshka – la tiflin agitó la cabeza para ordenar su melena, las puntas de su cabello aún mostraban signos de haberse incendiado recientemente.
    - Qué sorpresa, yo habría jurado que se llamaba Zorra – Hirsote iba unos pasos tras ellas, no le agradaba caminar al lado de aquella criatura.
    - Yo soy Eda, y el que se queja tanto ahí atrás es Hirsote. Vamos a Nohivern, pero podemos acompañarte a algún lugar cercano si quieres.
    - Los tiflin no tenemos hogar, somos despreciados y expulsados de cualquier parte, así que de momento me viene bien vuestra compañía para que no me vuelvan a coger esos mercenarios. El destino me da igual
    – Neeshka afilaba sus largas uñas en su peto de cuero endurecido mientras hablaba.
    - Normal que os desprecien, sois tan incomprensibles como explosivas. Un viejo amigo mío se la metió a una tiflin y acabó mordiéndosela. No le dio tiempo a desangrarse porque la ramera le quemó entero, cenizas quedaron en el lugar de mi amigo. Y se querían, o eso creían todos – Hirsote escupió al suelo para expulsar de su cuerpo aquellos recuerdos.
    - ¡No es culpa nuestra! ¿Acaso te culpo yo por no medir dos palmos más de altura? – Neeshka se giró para encarar a Hirsote -. ¡Y cuida esa lengua o acabaré cortándotela!
    - ¡A tu madre sí que tenían que haberle cortado la cabeza antes de que te sacara por su agujero! – el comentario hizo que el pelo de Neeshka comenzara a aumentar su temperatura adquiriendo un color más rojizo.
    - Chicos, parad – Eda intentaba llamar la atención de ellos sin éxito.
    - ¡Tu muerte va a ser lenta y dolorosa! – la voz de la tiflin se había vuelto más grave y espeluznante, sus ojos eran de un color rojo homogéneo.
    - ¡Parad de una vez! – Eda dijo la frase en tono de ópera para llegar con más intensidad a sus oídos -. Tenemos problemas mayores de los que ocuparnos.

    Eda señaló a un punto más adelantado del camino que estaban recorriendo. Ni Neeshka ni Hirsote veían nada, pero el enano ya sabía que eso significaba que la semielfo había detectado algo en la distancia con sus sentidos tan desarrollados. Hirsote agarró su hacha, adelantó a Eda y se preparó para ser el primero en recibir a los enemigos. En breves instantes, una masa de aquellas criaturas grises que invadieron Puerto Oeste estaba ante ellos. Eran tantos que pronto fueron rodeados sin mucha dificultad. Una vez les habían cerrado toda escapatoria, uno de ellos se adelantó para tomar la palabra.

    - Por fin te encuentro – el que se dirigía a Eda era diferente, más grande que el resto de criaturas.
    - Un afilante – Hirsote se movió para cubrir a la muchacha -. Son la escoria malparida de los orcos, feos como ellos pero raquíticos en musculatura. ¿Me lo cargo ya?
    - No, Hirsote – respondió Eda -. Son muchos, no dudo que puedas matar a unos cuantos, pero son demasiados para nosotros tres. Mejor escuchar a su líder y negociar.
    - Tienes algo que nos pertenece y que te llevaste de Puerto Oeste – el afilante era incapaz de retener su saliva en la boca, que caía de forma repugnante por las comisuras de sus labios -. Dame el fragmento de plata y os dejaremos ir. Tampoco tenéis mejores opciones.
    - ¡Eso ya lo veremos! – Neeshka cogió una de las dagas que se había guardado y se preparó para clavársela en su propio pecho, pero Hirsote agarró su brazo impidiéndoselo -. ¿Qué haces? ¡Déjame hacerlo! Si lo hago podré con todos ellos, te lo aseguro. Será mi forma de demostrar que podéis contar conmigo.
    - No lo hagas, necia. Sé lo que pasará si lo haces. Y entonces no distinguirás amigo de enemigo y tendré que matarte. No me hubiera importado antes de ese gesto que acabas de hacer, pero ahora pienso que tienes algo de honor. Y n
    o mato a gente honrada.
    - ¡Dame la pieza ahora mismo! – el afilante insitía, cansándose de tanta palabería y apuntando con su espada a Eda.
    - Hirsote, necesito que consigas tiempo – Eda se agachó para susurrarle su plan al oído del enano -. Puedo entonar una canción que manipule el comportamiento de todos ellos, pero son tantos y necesito que sea tan potente que necesito preparar primero la garganta. ¿Puedes protegerme un tiempo mientras?
    - Que en mi culo claven la bandera del reino de los idiotas si no soy capaz. ¡Adelante!
    - Bien – el alfilante parecía haberse cansado de repetir su petición -, tendré que ir yo a por lo que busco entonces.

    Antes de que el enemigo acabara la frase desapareció de la vista de todos. Se movió tan rápido que ni siquiera Eda con su visión mejorada pudo encontrarlo. De repente apareció frente a ella, y antes de que su cerebro procesara que lo tenía delante sintió un escozor agudo en la garganta. Instintivamente llevó su mano al cuello y la vio llena de sangre.

    - Muévete, ¡muchacha! – Hirsote intentaba que Eda reaccionara ante el dolor, había llegado en el momento justo para empujar al enemigo y que el intento de decapitarla se quedara en un corte en la garganta -. El muy desgraciado ha debido de beberse una poción de gracia felina, apenas puedo ver hacia dónde se mueve con esa velocidad, si te quedas quieta te va a matar. No sé si para el próximo golpe voy a poder ser capaz de ayudarte de nuevo.

    No, no iba a poder serlo. El afilante ya se encontraba justo detrás de Eda, dispuesto a atravesarla por la espalda con su arma, fuera del alcance de Hirsote. No había nada que pudieran hacer para ganar la batalla.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2013
    :eek: Ah, juemadre nos llevó el que nos trajo:eek:
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    Que mala cara tiene el bicho, ahora que si yo me hubiera caido en un zarzal como él tambien estaría mosqueadilla :D:D

    A ver cuando pones el siguiente que nos tienes con el alma en vilo...

    Chelo
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    amparo bonilla escribió : »
    :eek: Ah, juemadre nos llevó el que nos trajo:eek:

    Jaja siii, por fin un poco de acción para poder matar a mis personaj... digo, para darle algo de emoción. ¡Un saludo!
    Chelo escribió : »
    Que mala cara tiene el bicho, ahora que si yo me hubiera caido en un zarzal como él tambien estaría mosqueadilla :D:D

    A ver cuando pones el siguiente que nos tienes con el alma en vilo...

    Chelo

    Jajjajaaja él tiene cara de haberse caído en un zarzal uno de esos días malos mientras se comía un limón. He intentado retrasar seguir poniendo capítulos porque después me llamáis sanguinario... que nooo, que esta vez no me cargo a nadi...espera, que todavía estoy a tiempo... Jaja. ¡Un saludo!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    CAP9_zpsb7f9c9c9.jpg

    El afilante ya había adoptado la postura de ataque, con el brazo derecho hacia atrás para asestar el golpe final a Eda con su espada. Sin embargo, no fue capaz de moverse un centímetro ni de cambiar de posición. La criatura escupió un alarido de impotencia al ver que su cuerpo estaba inmovilizado por numerosas raíces que habían salido del suelo para sujetar todas las partes de su cuerpo. Sus pequeños esbirros habían corrido la misma suerte.

    Eda pudo escuchar con dificultad una breve oración, el componente verbal necesario para un conjuro. Giró la cabeza en dirección a aquel sonido y agudizó su vista para observar a una mujer oculta en una arboleda cercana al camino. Tenía las manos entrelazadas, apretándolas cada vez con más fuerza. Las raíces que envolvían a los enemigos aceleraron su movimiento hasta alcanzar el cuello de cada una de las bestias. En poco tiempo, una tras otra murieron estranguladas, sus vidas se deshicieron al ser incapaces de introducir oxígeno en su cuerpo. El afilante aguantó un poco más que el resto, pero finalmente sucumbió y su rostro cadavérico era todavía más horrible que con vida.

    Hirsote y Neeshka se acercaron a Eda para ver la herida de su garganta, que no dejaba de sangrar.

    - Una desgracia sería perder la voz para alguien con tan bello canto – dijo el enano que no necesitó agacharse para observar de cerca la herida de una Eda arrodillada por el dolor.
    - ¡Si te pasa algo te juro que los remato! – unas pequeñas llamas brotaron del cabello de la tiflin producto de la rabia.
    - No le pasará nada – una mujer desconocida se acercó a ellos y le lanzó una pequeña botella de cristal a Eda -. ¿Qué hacéis por los caminos sin pociones de curación?
    - ¡No te bebas esa mierda! No sabemos quién es ni lo que quiere, mal veneno te puede haber dado
    – Hirsote encaró a la intrusa sujetando su hacha fuertemente.
    - Gra… Gracias… - dijo Eda a medida que el refrescante elixir jugueteaba en la carne desgarrada de su garganta devolviéndola a su estado natural -. Ella nos ha ayudado, no hay motivo… Motivo… Para desconfiar.
    - Descansa, niña. Mis pociones son buenas y rápidas, pero no tanto como la que le debieron dar a ese afilante, nunca había visto a una criatura moverse tan rápido. Sin duda el que está detrás de todo esto sabe bastante de magia como para haberle conseguido un brebaje así.
    - ¿Y tú quién eres si puede saberse? ¿Y por qué nos ayudas?
    – el enano no soltaba su arma ni su desconfianza.
    - Para ser pequeño tu curiosidad es muy grande – la mujer se arrodilló para comprobar que la herida de Eda sanaba bien -. Soy Elanee, druida para más señas.
    - Y de raza élfica
    – Eda sonrió al nombrar su raza favorita -. Es un placer hablar con alguien como tú.
    - Siento no poder decir lo mismo - Elanee se levantó, puso una mano en su cintura y con la otra iba señalando a los aventureros -. Un enano que en lugar de ser cauto enfrenta a todo sin saber cuándo está en inferioridad. Una semielfo que deja mucho que desear como humana y como elfo. Y una tiflin que, bueno, diciendo lo que es ya está todo dicho.
    - ¡A qué viene ese comentario! – Neeshka resopló y de su pelo surgió una llamarada instantánea.
    - Te llevo siguiendo desde que saliste de Puerto Oeste - Elanee señaló a Eda -. Supongo que no tienes ni idea de la importancia de la pieza de plata que llevas encima. Ni verla quiero, prefería mantenerme al margen, pero no podía dejarla vagar en unas manos tan inexpertas. Así que te seguí, para asegurarme que no corría peligro. Esperaba no tener que intervenir en todo el camino, pero es que, sois unos inútiles.
    - ¡Nadie llama inútil a Hirsote el enano!


    El barbudo se dejó llevar por la furia, balanceó su hacha y dirigió un golpe con dureza al vientre de la mujer elfo. El filo golpeó en una superficie dura y volvió hacia atrás, sin atravesar carne ni causar heridas. Los tres viajeros se quedaron sorprendidos al ver la nueva piel de la druida, de aspecto roblizo. Elanee parecía un árbol de figura humanoide.

    - Está claro que no sabéis quién soy – la mujer recuperó su aspecto normal -. Ni falta que hace. Sólo necesitáis saber que conmigo llegaréis a Nohivern a salvo. Así que os acompañaré, me aseguraré de que hacéis lo adecuado con el fragmento de plata y luego cada uno seguirá su camino.
    - Buf, por si fuera poco con la desagradable compañía de la tiflin, ahora una nueva compañera de angustias
    – el enano se quejó, para variar.
    - ¿Qué es eso de un fragmento de plata? – Neeshka sintió curiosidad, ya más calmada.
    - Si supiera qué es lo explicaría – Eda se encogío de hombros -. Sólo sé que atacaron mi pueblo para hacerse con él y que tengo que llevárselo a alguien que conoce más sobre sus poderes, por eso voy a Nohivern.
    - No hace falta que sepáis nada más. Tampoco lo entenderíais. Por si no lo he dicho ya, sois unos…
    - Elanee cerró la boca ante la inquisitiva mirada de sus interlocutores que no iban a consentir ser menospreciados de nuevo -. Está bien, no perdamos el tiempo. Rumbo a Nohivern.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2013
    Como que la salvaste por un pelo:eek: pero estuvo chévere la intervención del nuevo personaje:)
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Como que la salvaste por un pelo:eek: pero estuvo chévere la intervención del nuevo personaje:)

    Ya me voy reformando, en vez de dejarlos morir empiezo a salvarlos, si es que tanto decir que soy un asesino de personajes estáis haciendo que me vuelva un blando jeje.
    Un saludo, ¡miles de gracias por seguir por aquí!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    CAP10_zpsfc286e51.jpg
    La brisa marina despegaba el pegajoso y árido clima de los caminos de la piel de los viajeros. Las olas del mar limpiaban el continuo paisaje de hierbajos y espigas de los últimos días. La población portuaria de Risco Alto parecía un oasis tras tanto caminar sin descanso.

    - ¿De verdad tenemos que subir en ese pedazo de madera? – Hirsote rozaba el sobreesfuerzo cada vez que tenía que dar un paso sobre aquella pasarela que les llevaba a bordo del Águila Doble -. Mira que no hay nada con más sed en este mundo que los océanos que todo se tragan.
    - Historias de marineros
    – Elanee le adelantó sin dificultad por la lentitud que llevaba el asustado enano -. La ruta marítima es diez veces más rápida que la terrestre, por no hablar de que nos ahorramos asaltos inesperados en el camino.
    - Y mira el lado bueno, por fin vamos a poder avanzar sin tener que mover las piernas
    – Eda empujaba a Hirsote que no ponía mucho de su parte para llegar arriba.

    Una vez los cuatro aventureros se encontraban a bordo del navío, la tripulación retiró la pasarela, soltó las amarras y elevó el ancla, dando inicio al vaivén que les mecería hasta llegar a Nohivern.

    - Entre el movimiento de cuna y el sol justiciero – Neeshka bostezó involuntariamente -, voy a ver si encuentro un camarote para dormir un rato.
    - Yo te sigo
    – dijo Hirsote que por primera vez no le importaba caminar junto a la tiflin -. No porque tema que salga uno de esos calamares gigantes del agua, claro, si no porque dicen que hay un buen cargamento comercial de cerveza en las bodegas que no me quiero perder.
    - Vaya compañía
    – sonrió Eda al sentirse rodeada de seres vivos más allá de lo humano -. Aunque agradezco que se separen del grupo un momento, quería hablar contigo.

    Elanee avanzó unos pasos hacia la proa para sentarse encima de una de las grandes cajas que había en el barco. Eda le siguió aunque prefirió apoyarse en la barandilla que limitaba el área de la embarcación, observando un horizonte bañado por el agua. Entonces, la druida decidió hablar.

    - Hasta tú habrás notado el poder mágico que tiene, del que habrás deducido lo valioso que puede ser para un mago – Elanee estiró de su túnica que se había enganchado en una astilla de su improvisado asiento -. Y aunque no te hubieras dado cuenta, el hecho de ser de plata maciza también lo hace atractivo para cualquier ladrón de poca monta.
    - No quería hablar contigo sobre el fragmento – Eda giró la cabeza para hablar cara a cara con la druida -. Es sobre los elfos.
    - ¿Elfos? – Elanee se preguntaba qué podía importarle de los elfos más que el poderoso fragmento que llevaba encima -. Pues tú dirás. Asumo que alguien tan ignorante como tú no es que sepa mucho sobre el tema, así que dime por dónde empezar para no extenderme demasiado.
    - Eve Lyamitholen, ¿te suena?
    – por el gesto de la mujer, Eda dedujo que no -. Elfos del bosque, tú eres una de ellos. ¿Por qué motivo un elfo del bosque que vive en una ciudad humana podría desaparecer de la noche a la mañana?
    - En ese caso, la pregunta sería, ¿por qué un elfo del bosque querría vivir entre humanos?
    – Elanee sintió desprecio ante ese deseo -. Salen esporádicamente del bosque, a veces simplemente el morbo les supera, joden con una humana y se vuelven. Así nacéis vosotros, los de sangre mezclada. No te ofendas, es la pura verdad. Pero, son visitas, no suelen asentarse en la población humana. El odio entre las razas es mutuo.
    - ¿Y si quisieran hacerlo? Mi padre lo hizo, el tiempo suficiente al menos para engendrarme a mí y a mi hermano Yarin y vernos crecer los primeros años. Después…
    - la mirada de Eda se entristeció -. Después desapareció.
    - No, muchacha, no me refiero a que quieran hacerlo o no por gusto. Me refiero a que quieran hacerlo sabiendo que no es posible. Las leyes del bosque, ningún elfo es inmune a ellas.
    - Tradiciones
    – corrigió Eda -. Son tradiciones, no leyes, porque mi padre no quiso seguirlas y demostró que es posible vivir alejándose de ellas.
    - Mira niña estúpida, no tienes ni idea de lo que hablas.
    - ¡A lo mejor no lo sé!
    – la semielfo se encaró a Elanee -. ¡Pero sí lo siento!
    - Ningún elfo puede desobedecer las leyes del bosque, tarde o temprano es reclamado por Silvanus – Elanee señaló el colgante con la hoja de roble que llevaba la muchacha -. Te crees un elfo y no sabes nada. Desprecias tu sangre humana y es la que te da libertad para corretear por donde quieras. Ves más lejos, escuchas a más distancia, y por eso te crees un elfo. Entre humanos puedes creer que lo eres, pero entre elfos sólo serías algo defectuoso. No tienes ni idea de la vida en el bosque, y deberías renunciar a ella, tú que puedes. Tu padre seguramente volvió a su arboleda, porque el precio por seguir alejado de ella era la muerte. Asúmelo, no estaba dispuesto a dar su vida por sólo un poco más de tiempo a vuestro lado.
    - ¡Mientes!
    – escupió Eda indignada -. Si tan ligados estáis a esas leyes y al bosque, ¿por qué puedes estar tú aquí tan tranquilamente?
    - Algunos tenemos aspectos más importantes por los que dar la vida.


    Elanee se subió la manga izquierda de la túnica y Eda quedó impresionada. En el antebrazo tenía una marca bien conocida por ella. Era la marca de los renegados. La que aparecía en la piel de aquellos elfos del bosque que pasaban demasiado tiempo fuera de su hábitat. Entre los elfos, era una señal de traición, de deshonra. Pero entre los humanos era todo lo contrario, el sacrificio de un elfo por el bien de la vida más allá de su propio hogar. Eda recordó que había visto aparecer esa marca en su padre justo el día antes de desaparecer.

    - Oye, que… - la voz de Neeshka interrumpió la conversación entre ambas -. Que vengo a deciros que si tardamos Hirsote y yo en volver, que no os preocupéis, estaremos bien. Y sobre todo, no vengáis a buscarnos, ¿eh?
    - No puede ser…
    - Eda no sabía a qué se refería Elanee con esas tres palabras, pero lo entendió en seguida al ver a la tiflin despeinada y con sus ropajes de cuero algo desordenados -. ¿Vosotros?

    La tiflin se mordió el labio antes de darse la vuelta para seguir avanzando de vuelta a los camarotes. Eda y Elanee se miraron y se rieron al unísono. La empatía entre ellas había comenzado a despertar cierta amistad.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2013
    Como que se dieron su buena sacudida:)
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    Si es que claro, entre cervecitas y camas pues eso...:)
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Como que se dieron su buena sacudida:)

    Jajaj como se suele decir aquí, "los que se pelean, se desean"... Nunca entenderé eso de que dos personas se cabreen y acaben en la cama, pero al parecer ocurre muy a menudo. Algo así les pasó a estos en las bodegas. ¡Un saludo y gracias por comentar!
    Chelo escribió : »
    Si es que claro, entre cervecitas y camas pues eso...:)

    Jajaja si a eso le sumas que son dos tipos que no le dan muchas vueltas a la cabeza y aprovechan las oportunidades del momento... A veces yo pienso que debería ser más así. ¡Un saludooo, gracias por seguir pasaaando por aquí!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2013
    CAP11_zps1d4de147.jpg

    Nohivern, la Joya del Norte. Desde mucho antes de atracar en el distrito de Los Muelles ya se podía apreciar la magnificencia de la ciudad. El titánico castillo Noy, los imponentes muros defensivos, el colosal tamaño de la urbe que tenía que ser obligatoriamente dividida en cuatro distritos para establecer un orden… El grupo lamentó no tener tiempo para disfrutar de la civilización y se dirigió directamente a la taberna de Duncan, el tío de Eda. La diferencia entre los garitos de Puerto Oeste y Nohivern era abismal. Mucho más espacio, adornos bien escogidos, telas cuidadas sobre las mesas y sobre todo ello, el olor a la buena cocina se imponía sobre el del sudor o la halitosis de los visitantes descuidados.

    - ¡Tío Duncan! – Eda se lanzó a los brazos del hermano de su padre adoptivo en cuanto divisó su melena castaña clara -. ¡Venimos de visita!
    - ¡Sobrina! ¡Pero qué grande estás!
    – Duncan tenía un rostro élfico muy acentuado, pero su gran altura le delataba como semielfo -. Tomad asiento, habéis hecho un largo viaje hasta aquí, supongo. ¿Vino? ¿Cerveza? Bah, pongamos unas cuantas jarras de cada cosa. ¡San! Oye, ¡San! Estúpido empleado… ¡Qué no falte bebida en esta mesa!
    - Un familiar tabernero… De todas las cosas que he descubierto tuyas, esta es la más grata sin duda, Eda. ¡Esa cerveza que venga con alegría!
    – Hirsote fue el primero que tomó asiento en la mesa.
    - Vaya, en buena compañía vienes – Duncan tomó la mano de Elanee y Neeshka para besarlas, y Eda no pudo evitar sentirse celosa -. Soy Duncan, el tío de Eda. Encantado.
    - La mujer elfo es Elanee, y la tiflin se llama Neeshka
    – Eda presentó a sus compañeras y entonces se acercó al oído de su tío -. Es una mujer demonio, y la elfo un poco antipática. Ninguna te conviene.
    - Espero que os guste el cerdo en salsa de bayas y licor de nuez
    – preguntó Duncan una vez todos estuvieron sentados -. Es nuestra especialidad.
    - Prefiero algo que no implique matar una criatura inocente
    – replicó Elanee.
    - Mis disculpas, señorita – Duncan había olvidado el respeto por la vida animal de los elfos -. Para ti pondré el mejor de los cocidos de hierbas aromáticas del bosque que, si mal no recuerdo, es la comida favorita de mi sobrina.
    - ¡Para mí el cochino entonces!
    – Hirsote comenzó a salivar imaginándose el plato en su poder.
    - ¿Y qué os trae por aquí? Algo me dice que no has venido exclusivamente a ver a tu tío.
    - Siento decir que tienes razón
    – aunque ahora que tenía delante aquellos ojos claros Eda tenía claro que no le importaría venir exclusivamente a visitarle a él -. Daeghun encontró un fragmento mágico, me envió aquí para dártelo a ti, y que tú supieras qué hacer con él.
    - No lo saques
    – dijo Duncan antes de que su sobrina pudiera mostrarlo -, yo no tengo ni idea. Pero tu padre sabe que tengo buenos contactos, hasta los hombres más importantes comen y beben y tener una taberna te hace conocerlos. Aldanon sabrá qué hacer con él, es el mago más sabio que puedes encontrar en todo el reino, y en el que más confío.
    - Y podemos encontrarle en…
    - San, el camarero de Duncan comenzó a repartir la comida en la mesa mientras Eda seguía intentando obtener información.
    - En el distrito de Lago Negro. Casualmente, no podéis entrar ahí, está cerrado temporalmente. Nadie sabe por qué. De hecho, dudo que podáis salir del distrito de Los Muelles…
    - Puede que tanta limitación de acceso tenga algo que ver con el fragmento, o con los enemigos que se están movilizando y que quieren hacerse con él – añadió Elanee que miraba con pena el cerdo cocinado.
    - Come bastante, tienes que recuperar fuerzas tras el viaje – Neeshka se reía pícaramente al decirle esas palabras a Hirsote.
    - Nadie puede entrar o salir de un distrito, salvo que seas guardia – añadió Duncan tras un largo trago de vino -. Incluso siendo guardia tienes tus limitaciones, yo hablaría directamente con Moira, por todos es sabido que ella controla todo lo que ocurre en Los Muelles.
    - Bien
    – contestó Eda que sintió su pulso acelerado al chocar su mano con la de su tío accidentalmente -. En cuanto terminemos de comer iremos a ver a esa tal Moira.
    - Te marcaré en el mapa dónde vive, pero, ¿por qué tanta prisa? Descansad del viaje, tengo buenos catres en el almacén, no hace falta que busquéis una posada.
    - Descansaremos, pero aún no
    – Eda decidió renegar de la cuchara y terminó de tomarse la sopa directamente del cuenco -. Según Hirsote, aquí puedo encontrar pistas sobre mi padre. Si hay algo que pueda acercarme a él, no quiero esperar.
    - Eh, muchachita
    – al enano le chorreaba la salsa del cerdo por la barba -. Yo sólo dije que las personas más influyentes en la Guerra de los Magos fuimos invitados al castillo hace unos días, entre ellos tu padre. Pero ignoro si, como yo, decidió no lamerle el culo a esos interesados de los gobernantes. Ni siquiera sé si recibió la invitación…
    - Antes de que me preguntes
    – Duncan se adelantó a su sobrina -, lo que dice el enano es cierto. Hubo una celebración en honor a los grandes guerreros. Mentiras, supongo, algo me dice que Lord Nasher sólo intenta reunirlos de nuevo por algún motivo de gran importancia. Pero no sé nada de tu padre, lamento decir que no escuché su nombre por aquí ni una vez.
    - De acuerdo
    – Eda se levantó y se pasó el antebrazo por la boca para limpiarse -. Iré yo misma al castillo a preguntar, así que es hora de movernos y buscar a esa tal Moira para que nos deje ir libremente por la ciudad.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2013
    Eda quiere que el tío la asuste:):p
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado junio 2013
    Si es que todo queda en familia...;)

    Chelo
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado junio 2013
    ¡Me paso por aquí fugazmente para dar señales de vida!

    El motivo de estar tan ausente es porque he encontrado trabajo (sí, algo casi imposible en España), por lo que he tenido que aparcar un poco todo esto. No es un adiós, es un volveré.

    Pero no quería ausentarme este tiempo sin agradecer a Chelo y Amparo toooooooooooooooooodas las molestias que os habéis estado tomando en leer y comentar desde que comencé. Ahora siento que me falta algo al tener que aparcar esto. En serio, gracias por ser parte de mi felicidad, y os deseo para vosotras la que he recibido de vuestra parte multiplicado por mil millones elevado al infinito (o más).

    Un saludo, volveré (sí, es una amenaza).
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2013
    Pues yo me alegro que sea por trabajo y no por que otra ocupe mi lugar:):p
    Que chévere que estés ocupado y ganando dinerito, el foro puede esperarte eternamente, no hay problem, cuando tengas tiempito date un vueltón;):)
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado junio 2013
    Enhorabuena por lo del curro!!! de que es?

    me alegro de que nos dejes por una razón tan buena, buena suerte en tu curro y vuelve cuando quieras.

    Chelo
  • LoondLoond Anónimo s.XI
    editado junio 2013
    Vaya que me encuentro con un muy buen trabajo.
    Muy bien hecho, Neverwinter. Sólo he leído los primeros tres capítulos, y eso es suficiente para mostrarme que es una historia muy bien planeada.

    Ahora: en el primer capítulo... No sé. Me pareció muy rápido el ataque de los elfos. Me hubiera gustado algo más de acción: que los hombres se hubieran defendido de alguna forma o yo qué sé.
    Nada más de la historia.
    Sólo comentarte el uso de los guiones. En vez de usar el guión corto (-) usa el largo (—). Y la estructura del diálogo, en lugar de ser así:
    - Sin duda, Nohivern se enfrenta a uno de sus mayores retos en los últimos tiempos – Lady Aribeth ya había comenzado su discurso en el aula magna cuando llegamos...

    Sería así:
    —Sin duda, Nohivern se enfrenta a uno de sus mayores retos en los últimos tiempos —Lady Aribeth ya había comenzado su discurso en el aula magna cuando llegamos...

    No hay espacio entre el primer guión y el diálogo; en cambio, cuando el personaje termina de hablar, se pone un espacio, pones el guión, y escribes la parte del narrador.

    Espero haberme explicado, y ojalá esto te ayude en algo.

    Nuevamente, muy buen relato!

    :D
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2013
    Parece que me lo tienen trabajando como esclavo y Chelo le está ayudando:):D
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Hola Amparo,

    Yo también estoy trabajando, desde Agosto, pero a tiempo parcial, lleva un tiempo eso de hacer malabarismos con los niños, el trabajo y demás. Dejé de lado un poco el foro, y solo empecé a meterme otra vez hace un par de meses, una pena que el taller de micros no continuara y que Neverwinter esté de esclavo...

    Ahora estoy volviendo a escribir pero sin los comentarios es como un mar sin peces...y al dejarlo he ido a peooorrr, un desastre. Pero por lo menos he vuelto.

    Feliz 2014!!! nos vemos

    Chelo
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com