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El Ciclo Tarlesiano I

DarsayDarsay Pedro Abad s.XII
editado marzo 2013 en Ciencia Ficción
Era la segunda vez, en su corta vida, que veía el cielo. La nube ocre que cubría perpetuamente la ciudad había dejado ver un claro, un hecho que no ocurría a menudo. La inmensa extensión de vacío, plagada de pequeños y parpadeantes puntos de luz le sobrecogió el corazón. Le parecieron realmente mágicos, inalcanzables.
Su padre le había dicho que cada uno de aquellos ínfimos resquicios de luz que poblaban la negrura del firmamento eran soles que iluminaban planetas llenos de vida, otros pueblos que vivían su propia vida, ajenos a las tribulaciones que conformaban su existencia, y que la hicieron soñar. Sueños de un alma atormentada por su injusto presente, su ingrata vida en aquel infierno y su desesperada necesidad de huir de allí.

Vivía en un enorme bloque de edificios en la ciudad de Kraxas, donde convivían millones de personas. Era una vasta urbe rodeada por una descomunal muralla de roca y hierro forjado erizada de torretas artilladas, y patrulladas por centenares de centinelas. La entrada o salida de la ciudad era un lujo que muy pocos se podían permitir. El cielo que envolvía la región estaba cubierto por una gran nube de humo denso y asfixiante, provocada por las grandes chimeneas que se alzaban por encima de los gigantescos edificios de la ciudad.
Trabajaba junto a su progenitor y sus dos hermanos en las profundas minas de praeletio, un tipo de gas que servía como fuente de combustible para todo el sistema, y del que Ariatys era su mayor exportador. Con tan solo doce años, Shyna tenía una vida sumida en la esclavitud, sometida a una clase social que sólo le preocupaba la riqueza que pudiera amasar, sin importarle las vidas de aquellos que los servían.

Aquella noche estaba realmente cansada, la jornada había sido especialmente dura, agotadora. Como cada principio de ciclo, había que descargar los transportes de combustible, centenares de vehículos aerotransportados cargados del viscoso y maloliente praeletio que, en su forma líquida, alimentaba la sucia y grasienta maquinaria, situada a varios cientos de metros por debajo de la descomunal ciudad. Mantenía en funcionamiento los diversos sistemas que permitían la vida en aquel inhóspito y remoto lugar.
No tenía fuerzas ni siquiera para cenar, y sabía que sólo tenía apenas cuatro horas antes de volver al trabajo, por lo que aprovechó y se tumbó en su maltrecho camastro, cerrando los ojos y escapando de aquel insoportable castigo. Le dolían todos los músculos del cuerpo. El cansancio que sentía llegó a tal extremo que, al tumbarse, la oscuridad le llegó repentinamente, y con ella el descanso que su agotado cuerpo necesitaba. Deseaba desesperadamente huir de allí, de la vida que tanto ella como su familia estaban condenados a vivir, pero su padre había sido muy tajante en eso, y había intentado, en vano, convencer a su hija pequeña de que aquella era la vida que les había tocado, y que nada podía cambiar eso. Muchos habían intentado escapar, pero no tenía la certeza de que lo hubieran conseguido, pues las patrullas tenían fama de ser sumamente eficaces y despiadadas.
__ No es justo –le decía la niña.
__ La vida nunca lo ha sido, hija mía, nunca.

En lo que pareció un leve suspiro, su necesario descanso fue roto por la estridente alarma que anunciaba la vuelta al trabajo. No tenía mucho tiempo, diez minutos después del toque de alerta, varias escuadras de soldados iban en busca de los rezagados, a los que torturaban públicamente como señal de advertencia. La vida en la ciudad no se tenía en alta estima. Los ajusticiamientos estaban a la orden del día, y los puestos de trabajo que se quedaban libres eran ocupados inmediatamente por cualquiera de los millones de desesperados que no tenían como alimentar a sus familias. Para ello, el sistema de gobierno instauró una nueva ley, en la que todo aquel que no era productivo de alguna forma, “voluntariamente” iría a las urnas de alimentación, dónde sus cuerpos eran sometidos a diversos tratamientos y procesos para reabastecer la amplia demanda de comida, a un precio que no todos se permitían. Años después de la creación de la ley, se permitió matar previamente al “voluntario”, para ahorrar a los técnicos el tener que escuchar los alaridos y gritos de agonía que acompañaban al estentóreo rugir de la maquinaria.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2013
    Pues esto pinta bien terrorifico parece:eek:
  • EduArdoREduArdoR San juan de la Cruz XVI
    editado marzo 2013
    Me ha gustado la literatura que ha sido expuesta. Poco o nada cambiaría de eso.

    Menos ya la temática. Y no porque no me gusten las historias distópicas, que me gustan. Sino porque es un género muy cultivado con grandes referentes (que dicho sea de paso, para mi gusto, más de uno de los que son considerados grandes maestros, los considero grandes fraudes).

    Intentaré leer su continuación, y sobre todo algo más tuyo, porque esto de la auntiutopía es más complejo de lo que puede parecer. Sin ir más lejos, seguramente hayas leído "1984" de Orwell, ¿qué explicación tiene que haya sido creado un mundo así? Y luego, por descontado, ¿dónde están las profundas reflexiones que la gente dice ver? ¿alguien las ve? Yo, al menos en Orwell, no.

    No quiero desanimarte en este género, tal vez tus fundamentos son más ricos que los de otras obras como "1984". Bueno, de eso estoy seguro :D Cualquiera es capaz de superar a George en el fuste de esa obra ;) (que si lo tiene yo no se lo he visto).
  • DarsayDarsay Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2013
    Muchas gracias por contestar :)

    Al principio era exactamente eso lo que quería retratar, de esa "antiutopía" en la que vive la niña y su viaje hasta el extremo opuesto, y todo lo que hay en medio, y que poco a poco vaya viendo que no todo es blanco o negro, que hay muchos matices de gris entre ambos.

    Y despúes está la otra parte, el trayecto inverso.
    Intenté crear el lugar oscuro y depravado, que se quisiera realmente escapar de allí, de todas formas, todo es un proceso y un aprendizaje.

    Personalmente no me he leído "1984", y mira que me lo ha recomendado más de uno, pero nunca ha llegado a mis manos, y, confieso, tampoco me he molestado en buscarlo ;) Supongo que habrá que echarle un vistazo, ya sólo por curiosidad jejeje.

    Cambiando de tema, colgué uno en la sección Infantil/Juvenil que es completamente diferente, es más... inocente jeje

    Nuevamente, muchas gracias por contestar, EduArdoR, un saludo!
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