Me recuerda a una canción, "La vida en un beso", que habla de un ladrón que se enamora de una princesa, y que aunque sabe que es imposible y que si lo pillan con ella lo ejecutan, le vale la pena que le maten si al menos consigue besarla. Yo, iluso que soy de la vida, pienso que así es como se debería de querer a alguien, como mínimo.
Este negro está bien trozudo, a ver que pasa:rolleyes::)
Jaja he tenido que buscar lo que significa la palabra trozudo. Por cierto, ahora que veo que es una palabra colombiana, creo que no te lo he dicho nunca, pero mi cuñado es de allí! Aunque ahora vive aquí en España con nosotros, pero me gustó la coincidencia. Un saludoooo.
Me recuerda a una canción, "La vida en un beso", que habla de un ladrón que se enamora de una princesa, y que aunque sabe que es imposible y que si lo pillan con ella lo ejecutan, le vale la pena que le maten si al menos consigue besarla. Yo, iluso que soy de la vida, pienso que así es como se debería de querer a alguien, como mínimo.
Jajaja supongo que es una de las consecuencias de que me gusta ponerle la máxima ilusión a todo, ya no solo al hecho de estar con alguien, si no a escribir, a componer, a mi trabajo, y a todo lo que hago. Es como que las pequeñas cosas se hacen grandes y las grandes gigantes. Pero ya dejo mi charla de chico feliz jaja. Un saludoooo y graaacias por seguir pasando por aquí!
Las cuevas eran el refugio al que se habían visto abocados los seres humanoides que habían sido derrotados por la raza humana en numerosas guerras pasadas. Aarin y yo avanzábamos sin dificultades ante los trasgos que nos salían al paso. Aquellas pequeñas criaturas no poseían la suficiente fuerza para ser una amenaza y ensartábamos uno tras otro con nuestras armas. Sólo podían ser eficaces si atacaban en grupo, pero su reducido cerebro les impedía llegar a esa conclusión y asociarse. Pero conforme avanzáramos dentro de la roca, la cosa cambiaría. Los trasgos habitaban las zonas más superficiales porque eran incapaces de enfrentarse a las otras criaturas que se habían asentado dentro, en zonas más cálidas y seguras.
Sabíamos que pronto tendríamos que plantar cara a orcos y osgos, pero lo que no se nos hubiera pasado por la cabeza era justo la imagen que teníamos ante nosotros unos cuantos metros después. Aarin se agazapó tras una roca y me indicó que guardara silencio con su dedo índice perpendicular a sus labios. Frente a nosotros, en uno de los pocos amplios espacios que permitían aquellas grutas, había un gran número de orcos, algunos de ellos atados con cadenas. En el centro de los que quedaban libres, pudimos observar una persona.
- De la secta, seguro – dijo Aarin tan bajo que se sorprendió de que pudiera oírle -. ¿Te acuerdas de nuestra apuesta? El que lo capture antes, gana.
Aarin Gend comenzó a trepar por la pared hasta llegar al techo, y por las alturas siguió avanzando aferrándose a la roca de manera espectacular y sin hacer ningún ruido ni desplazar arena ni material alguno que pudiera delatarle. Su oscuro color de piel le ayudaba en su sigilosa tarea. No me quedó duda de que Aarin era un espía, no le había visto cometer error alguno que le delatara desde que habíamos entrado a la cueva. Si quería ganarme una apuesta había elegido su método predilecto, el sigilo. Sin embargo no contaba con mis sentidos de semielfo que igualaban el desafío. En lo que sí me aventajaba era en su peto de cuero, más frágil que mi cota de bandas pero más recomendable para pasar desapercibido. Lord Nasher me había regalado aquella pieza de armadura por mi ayuda a Nohivern, pero en aquel momento bien hubiera preferido el pago en monedas. A la dificultad de mantener el silencio se le unía una capa externa de cristal que todos los altos cargos de Nohivern llevaban en sus armaduras para simbolizar el hielo que inundaba la ciudad. Reflejaba la luz que daba gusto, cosa poco deseable para no ser visto en lugares en penumbra.
Pero o dejaba de darle vueltas a aquellas tonterías, o perdería la apuesta. Aarin ya había avanzado la mitad del camino que le separaba del objetivo por el techo. Su musculatura se hacía todavía más impresionante ante el esfuerzo de mantenerse agarrado.
Puesto que en la tarea de trepar era muy difícil competir con él, opté por mi método personal. De un salto me puse delante de aquella maraña de orcos que se giraron hacia mí ante el golpe seco de la coraza en mi cuerpo que hizo el efecto de una campana. Mientras desenvainaba mis espadas conjuré mis rayos de luz que comenzaron a salir de mi cuerpo hacia aquellos seres verdes o azulados, según la especie, con hocicos prominentes plagados de dientes afilados, orejas puntiagudas y un cuerpo más ancho y amplio que el humano. Otra característica de los orcos era su baja inteligencia, por lo que mi hechizo de enajenación mental no tuvo ninguna dificultad para adueñarse de sus cabezas. Pronto empezaron a combatir entre ellos, caminar sin sentido e incluso precipitándose a las aguas estancadas facilitándome el paso hacia el hombre que había en la zona central. Aarin, que había comprendido mi treta, se dejó caer desde el techo cayendo como un felino y emprendió también la carrera hacia mi mismo objetivo. Pero yo tenía ventaja, además de parte de la característica velocidad de los elfos. Nada podía hacerme perder la apuesta.
De repente noté mi pecho estallar, sentí como si me hubieran arrancado las costillas. El intenso dolor me hizo caer de rodillas y perder la ventaja. No me hizo falta pensar mucho para darme cuenta de que mis costillas habían desaparecido en aquel momento como parte del pago por el hechizo de sacrificio. Se las habían cobrado en el momento más inoportuno.
- ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? – Aarin ya había llegado al centro y agarrado por la espalda a la persona sospechosa, con un brazo le sobraba para apresarle y con el otro ponía la espada en su cuello. - ¡No diré nada! ¡Puedes estar seguro! – contestaba su presa. - Algo dirás, aunque sea un grito – mi compañero clavó su espada en el hombro del hombre -. ¡Habla! ¡O sigo!
Pero no pudo seguir. Uno de los orcos llegó de manera inesperada y clavó su hacha en el estómago de aquel hombre.
- No dirá nada, te lo puedo asegurar – dijo aquel orco en un correcto lenguaje que delataba una inteligencia humana por la cual se había librado de mi hechizo. - ¿Cómo lo sabes? – preguntó Aarin que no sabía si fiarse de aquel entrometido. - Porque los que intentamos resistir – señaló a los orcos encadenados –, ya lo hemos intentado. Ese mago llegó aquí y se aprovechó de las débiles mentes de los orcos para crear un ejército. Los semiorcos, que sabíamos sus intenciones, intentamos resistirnos, pero se apresaba o torturaba a los que no seguían sus planes. Mató a muchos de mis amigos. - Pero lo necesitaba vivo para sacar información – de fondo se escuchó un grito aterrador que interrumpió a Aarin y retumbó en la cueva dañando nuestros oídos. - Para qué quería el ejército no lo sé. Pero vino a buscar algo de un artefacto antiguo que no llegó a encontrar, aunque le escuché decir que sus compañeros habían tenido más suerte en el bosque de Nohivern y en Bosquemado. Ahora, marchad. Si estáis aquí cuando llegue ese ogro que acabamos de oir no tendréis ninguna oportunidad.
- ¿Y tú qué vas a hacer? - Defender mi tierra. Fuera no somos nadie gracias a vosotros, los humanos. Sólo podemos vivir aquí escondidos. No nos queda otro remedio que enfrentarnos a esas gigantescas criaturas para proteger nuestro hogar.
- Fuera podéis ser alguien – me había acercado a ellos a pesar del dolor que me causaba moverme -. Daelan, un compañero mío, se está labrando una buena reputación entre humanos. - Compadezco a ese semiorco. Ahora, ¡fuera! Sois enemigos de ese mago que torturó a gente que quería, y sólo por eso os permitiré marchar mientras retengo al ogro. No os debo nada más. Que tengáis suerte.
- Igualmente – contestamos Aarin y yo al unísono.
Aarin Gend tuvo que cargar conmigo gran parte del camino, pero por fin pudimos salir de las cuevas vivos y con algo de información sobre dónde buscar para encontrar a la secta que amenazaba Nohivern.
- Has perdido la apuesta, Tekai – dijo Aarin tras ayudarme a sentarme en la hierba fuera de las cuevas -. Has demostrado ser una molestia, así que no te quiero aquí ni a ti ni a tu equipo. Mañana os marcharéis de Puerto Final.
Jajajajaja me ha gustado tu comentario Amparo, jajaja:D
Pobre Tekai la otra costilla le ha quitado las costillas...(he currado todo el día y acabo de volver de una cena internacional con un pelin de vino de más) mejor dejo los comentarios para mañana, ya que dentro de un ratillo pones el siguiente capítulo...
Jajajajaja me ha gustado tu comentario Amparo, jajaja:D
Pobre Tekai la otra costilla le ha quitado las costillas...(he currado todo el día y acabo de volver de una cena internacional con un pelin de vino de más) mejor dejo los comentarios para mañana, ya que dentro de un ratillo pones el siguiente capítulo...
Buenas noches/buenas tardes Amparo
Chelo
Jajajaj eso me recuerda un chiste sobre la costilla y la mujer que no contaré por que es excesivamente machista y estoy en inferioridad numérica como para soltarlo xD
Y muchas gracias por haber pasado por aquí aún con el vino tinto corriendo por tus venas! Que no te dé mucha resaca!
Sudorosa, con la respiración agitada y despeinada. Así me abrió Aribeth la puerta de su habitación para mi sorpresa.
- ¿Vengo en mal momento? – intenté excusarme intentando no parecer que la acusaba de tareas lascivas. - Vienes en un momento extraño – dijo señalando a la espesa noche que ofrecía la ventana -, pero pasa. - Lo siento, a Aarin y a mí se nos hizo algo tarde en las cuevas, pero tenía que hablar contigo. Disculpa la interrupción…
- Agradezco la interrupción – dijo con una voz seca y tajante -. Estaba teniendo una pesadilla. - ¿Muy tormentosa? – a falta de sillas me senté en el suelo con la espalda apoyada en un armario. - Más de lo que empiezo a ser capaz de soportar – se metió en un pequeño cuarto contiguo dejando la puerta abierta para seguir la conversación -. En la pesadilla me encuentro sola, con un gran pesar en mi corazón, y Fenthick me da la espalda y se aleja. Voy hacia él y cuando se da la vuelta resulta que no es mi malogrado prometido, veo la cara de Tyr.
- ¿Insinúas que tu dios te da la espalda? – me quité la coraza y apreté en mi zona pectoral con los dedos buscando unas costillas que ya no estaban. - Sí. Creo que me castiga por mis dudas. No dejo de pensar en ello, estoy despistada y todos lo notan, se empieza a rumorear que la muerte de Fenthick ha afectado a mi cordura – se escuchó un chorro de agua, seguramente se refrescaba para quitarse el sudor del mal sueño de encima -. Creo que debería abandonar la misión, que alguien ocupe mi lugar. Creo que no estoy en condiciones de cumplir mis responsabilidades.
- Eso le gustaría a Aarin, estoy seguro.
- ¿Aarin? – salió del servicio con una toalla en las manos y un vestido más apropiado que las finas telas que usaba para dormir -. ¿Ocurre algo? - Nos ha expulsado, a mí y a mi equipo. Nos deja fuera de la misión.
- No puede hacerlo, no sin mi permiso. Mañana hablaré con él y diga lo que diga, no me parecerá suficiente para prescindir de alguien tan capaz como tú, Tekai.
- No he venido a solicitar tu ayuda, Aribeth. Vengo a anunciarte formalmente que abandono. Y que me llevo a Sharwyn y Daelan. Compartiremos objetivos, pero ya no medios. No me debo a Nohivern. Pero sí quiero seguir en esta lucha. Quiero evitar la guerra entre Nohivern y Luskan. - ¿Insinúas que Luskan está detrás de la secta que originó la plaga? – preguntó la Señora sin mostrar mucha sorpresa ante un secreto a voces. - No lo insinúo, lo afirmo. Lo afirmo tan rotundamente como que creo que eres la persona más apta para liderar esta misión. No dejes que Aarin dé un golpe de estado, Puerto Final es su territorio, pero tú no trabajas por un pedazo de tierra. Trabajas por la paz, que es algo que no entiende de fronteras. - Gracias, Tekai. Eres el primero que no me ha llamado loca por llorarle a Fenthick en los jardines o por hablar con él en pesadillas. Eres el primero que cree que mi lugar está aquí y no en un manicomio. - Cuida mucho de ti, porque eso será bueno para el mundo. Controla a Aarin. ¿Sabes? Lo pude ver de manera difusa mientras trepaba, pero bajo su protector del hombro estaba tatuado el símbolo de los esclavos. Me pregunto si es de fiar.
- Lo es – Aribeth se acercó, se puso de rodillas ante mí y quitó mi mano de mi pecho para poner la suya -. Aarin Gend es de fiar, te lo digo a pesar de lo que todavía sufro la traición de Desther. - Bien. Creo a ciegas en tu palabra – noté el frescor de su magia curativa en mi torso -. Cuídate. Y cuando creas que tu cabeza no funciona bien, simplemente tienes que hacerle más caso al corazón. Él no entiende de dioses y deberes. Entiende de algo más importante, la felicidad. Llamaré a Sharwyn y Daelan y me marcharé. Que tengas mucha suerte.
- Quédate – dijo apretando más fuerte sobre mi pecho, como si quisiera impedir que me marchara. - Tengo que hacerlo. Es lo mejor para todos. Y ya nada me ata aquí.
- ¿Nada?
Aribeth lanzó sus labios hacia los míos que fueron incapaces de responder ante el movimiento de los suyos. Se despegó de mi avergonzada.
- Lo… Lo siento. Me he dejado llevar por la admiración que te tengo. Por tu seguridad y por tu fe en ninguna fe – fue incapaz de mirarme a los ojos. - Lo sé. Sólo quieres llenar un vacío, buscar lo que le falta a tus puntos debilitados. Lo que no sabes es que todo eso ya lo tienes dentro de ti. Suerte, Aribeth. Nos volveremos a encontrar.
Y lo a gusto que se va a quedar Sharwyn sin Eve... que no, que Eve es con los que más me entretengo escribiendo, además de que su historia creo que da mucho juego para evolucionar mucho el personaje.
Jajaja, espero que te hayas desespesado, si no, pueees, palos a gusto no duelen, espero que te lo hubieras pasado muy bien. ¡Un saludo!
LAS NOCHES DE NOHIVERN Capítulo 26: El Espíritu del Bosque
- Entiendo que te sientas culpable de que nos hayan expulsado y que nos contrates para mantener nuestro sueldo y aspiraciones de gloria - la voz de Sharwyn interrumpió el constante crujido de las hojas secas a nuestro paso -, ¿pero realmente tenía que venirse él también? - Por falta de monedas estuve a punto de prescindir de sus servicios – Sharwyn había señalado a Eve que saltaba de rama en rama con gracia felina para tener una mejor visión del terreno -, pero si conoces alguien mejor que un elfo para moverse por un bosque, acepto sugerencias.
- Bah, un bosque – Sharwyn escupió al suelo en un gesto muy poco femenino -, como si eso fuera realmente peligroso. - ¿Has visto algún arco o lanza en Nohivern hecha de madera de sus bosques? Apuesto a que no – Sharwyn se encogió de hombros -. Es debido a que cuentan terribles leyendas sobre ellos y nadie se atreve a trabajar aquí. Incluso las hordas de orcos históricamente han decidido rodearlos que atravesarlos por temor. Por eso necesitamos a Eve.
El elfo bajó al suelo y nos pidió precaución con su mano. Nos acercamos lentamente a su posición para observar un carruaje destrozado y un par de cadáveres a su lado, seguramente un matrimonio. Tenían piezas de carne desgarradas, las entrañas devoradas y al hombre le faltaba una mano y media pierna.
- Les han devorado las bestias del bosque, nada extraño – con la grave voz del semiorco sonaba todavía más aterrador. - No, Daelan, fíjate bien – replicó Eve -, estos orificios de aquí no son de dientes, no son mordiscos. Son heridas hechas con una cornamenta, de ciervo y no muy viejo. Esos animalillos no atacan a los humanos.
El elfo y yo nos percatamos de una presencia que se escondía tras el tronco de un árbol cercano. Me miró para ver si me había dado cuenta y se lo confirmé asintiendo levemente con mi cabeza. Salimos corriendo los dos para acercarnos al árbol cada uno por un lado y cuando lo rodeamos nos quedamos tan sorprendidos como impresionados. Había una ninfa asustada, agazapada y temblando.
- Tranquila, pequeña – Eve se agachó haciendo que la ninfa quisiera hacerse todavía más hacia atrás, pero su espalda estaba totalmente pegada al árbol -. Soy un elfo, un ser de los bosques, no tienes que preocuparte.
- Yo… Mi árbol… Me atacó y… Miedo… ¡Socorro! Estoy… ¡Ah! – a pesar de sus gestos que reflejaban terror, la ninfa era sin duda tan bella como describían los libros, un rostro de niña liso y suave adornado con unos ojos de un azul claro cristalino junto a aquellas orejas puntiagudas y sus pequeñas alas como toque exótico. - Tranquila, tranquila… No tienes nada que temer – el elfo se acercó y la abrazó y a mí me pareció ver que a Sharwyn se le caía la baba ante aquel gesto paternal. - El Espíritu del Bosque… El Espíritu del Bosque – aquella pequeña habitante de los bosques abrazó fuertemente al elfo al pronunciar aquellas palabras. - ¿Espíritu del Bosque? Patrañas – Sharwyn parecía ligeramente enfadada -. Ya estamos con la tontería de que el bosque tiene vida y esas excusas que se inventan estos seres para que protejamos su hábitat. Harta estoy de los druidas que, olvidándose de que son humanos y que tanto ninfas, como dríadas, como hadas son animales de los que tarde o temprano habrá que preocuparse, defienden la vida de las arboledas inventándose esas leyendas que no tienen sentido alguno.
- Yo tendría cuidado con esas cosas, Sharwyn – bien era sabido que los semiorcos eran probablemente de los seres más supersticiosos del mundo -. Creo que es algo que no se puede explicar pero habría que tener cuidado, como vuestra magia, algún día pagaréis por utilizarla, espero que no.
- Sharwyn, guapa, no me hagas pensar que sólo eres una cara bonita sin cerebro dentro – dijo el elfo mientras acariciaba a la ninfa para calmarla -. A mí me expulsaron por la Ley del Bosque, así que no hables de lo que no sepas.
- Calma. Creo que todos y a la vez ninguno tenéis razón. Está claro que en el bosque hay algo que no se puede tomar a la ligera, y también está claro que los amantes de la naturaleza lo exageran a su favor. Pero quien más tiene que decir aquí es la que menos está hablando – señalé a la criatura que seguía temblando agarrada a Eve.
Puesto que la ninfa no hacía más que aferrarse al elfo decidimos acampar para darle tiempo y que confiara en nosotros, además de que la oscuridad comenzaba ya a devorar el tono ocre otoñal del bosque. Daelan preparó unas ramas secas mientras Sharwyn y yo limpiábamos unos pescados que habíamos comprado antes de salir, una especie autóctona de Puerto Final cuyo nombre no recordaba. Eve se había sentado con las piernas cruzadas y la ninfa se puso entre ellas con su cabeza apoyada en el pecho del elfo, como si fuera una niña pequeña arropada por su padre.
- No tenemos fuego para encender una hoguera que aleje a las alimañas – dijo Daelan una vez hizo un círculo de piedras dentro del cual puso las ramas secas.
Me señalé a mí mismo para avisar de que yo me encargaba de ese problema y me alejé un poco de ellos. No sabía exactamente qué tenía que hacer para que viniera, pero lo que sí me había dado cuenta es que aparecía cuando la necesitaba.
- Airina, ¡necesito tu hechizo de manos ardientes para encender la hoguera!
Unos minutos después de aquel grito apareció. Ya no era una nube dispersa de humo, el pago de mis costillas le había hecho avanzar en su transformación. Ahora parecía más bien una masa de agua flotante que intentaba adquirir la forma de aquella joven. Su rostro no estaba todavía definido, pero si uno se fijaba bien podía apreciar su afilada barbilla y sus destacados e infantiles mofletes. La acaricié y mis dedos quedaron impregnados de agua y felicidad. “Pronto estaremos juntos”, le dije antes de que un grito llamara mi atención.
Dirigí mi vista hacia el campamento y agudicé todo lo que pude mi visión para intentar ver lo que ocurría incluso desde aquella distancia. El grito procedía de la ninfa. La lanza de Sharwyn estaba clavada en el tronco de un árbol, con la pequeña criatura ensartada en ella.
Que cruel con la ninfa, entonces? espero que no la hayan matado:eek:
Na, las ninfas tienen siete vidas... ah no, que eso eran los gatos, jops, me la cargué! A este ritmo se acabará titulando "Los asesinatos de Nohivern". Un saludoooo, mil gracias por seguir pasando por aquí!!!
LAS NOCHES DE NOHIVERN Capítulo 27: Criaturas del bosque
- ¿Qué demonios haces? – Eve sacó la lanza del árbol y del cuerpo de la ninfa, cogiendo a la pequeña criatura antes de que cayera al suelo. - Lo que hay que hacer – Sharwyn respondió sin remordimientos mientras cruzaba sus brazos -. He intentado respetar vuestra opinión, pero ya me he cansado.
- ¡Es sólo una niña! – Eve tumbó a la ninfa en el suelo con extrema delicadeza. - ¡Por los cielos! Eve, es una criatura del bosque. Un animal. Como un mosquito, pero con apariencia de cría.
- ¡Era una criatura inocente! – el elfo disparó una flecha al suelo que había entre los pies de la mujer, más como gesto de rabia que como amenaza. - ¿Inocente? Venga ya, bajo esa apariencia dulce esconden una ramera que encandila a los hombres, muchos son los que se pierden en el bosque embobados con ellas. Es su forma de defenderse, son crueles.
Daelan tuvo que poner su cuerpo de semiorco entre ellos para que no llegaran a golpearse. Por fin pude terminar el corto recorrido que había de vuelta al campamento y estar frente a ellos.
- Déjalo, Eve. Sharwyn tiene razón.
- ¿Qué? – el elfo me lanzó una mirada de desprecio -. De una zorra humana me lo podía esperar, pero de ti… Tekai, eres un semielfo, cómo puedes defenderla. - No, tiene razón – me acerqué a la ninfa que hacía sus últimos y pequeños movimientos y de cuya herida emanaba un líquido blanquecino, más parecido a la savia de un árbol que a la sangre humana -. De no ser por la ninfa no habríamos acampado, siendo sensato no habría propuesto quedarnos aquí, en un peligroso bosque en mitad de la noche.
- Eso es lo que pensé yo desde un primer momento – añadió la fémina del grupo. - Pero soy incapaz de negar la ayuda a alguien que la necesita. Incluso cuando no debo hacerlo, como en este caso. Digo que Sharwyn tiene razón porque intentando hacer las cosas bien os he puesto en peligro. Esa es mi lección, tenía y tiene razón cuando dijo que es idiota siempre intentar ayudar a los demás a toda costa.
- No, Tekai, no lo admito – Eve se acercó y me señaló duramente -. Estaba asustada, temblaba, era pequeña, ¿qué íbamos a hacer?
- Aprende tú lección, Eve. Las ninfas no pueden alejarse mucho de sus árboles, empatizaste con ella porque sentiste las mismas cadenas que te apresaban a ti. Pero tu hábitat no está fuera de los bosques, ni el de ella. Quieres creer lo contrario y por eso necesitabas ayudarla, pero a veces las cosas no son así, no podemos decidirlo. Las ninfas no tienen corazón, seguramente tampoco sentimientos. Y esta ya nos está retrasando en nuestra tarea de intentar evitar una guerra.
Me giré para empezar a recoger mis cosas mientras que el elfo se puso de cuclillas frente al cuerpo de la criatura.
[FONT="] - Eres un semielfo – dijo a mis espaldas -. Los humanos os tratan como elfos, y los elfos os tratan como humanos, tenéis el desprecio de las dos partes. Tu infancia debió ser brutalmente difícil. ¿No puedes entender por un momento a los seres que no son como tú sin que importe si son humanos o no?
- No sabes nada de mí – le lancé una poción de curación para que se la diera a la ninfa. - Eso no funcionará – intervino Sharwyn -. Las pociones de curación están diseñadas para nosotros, sus ingredientes sólo funcionan con… Con humanos. - Por mí os podéis pudrir todos los humanos – Eve desveló una mirada de odio al girarse hacia nosotros -. Las Leyes del Bosque se inventaron para asegurar la supervivencia de los elfos. Los humanos, arrogantes, conquistáis todo cuanto pisáis, y se tuvieron que establecer unas normas para sobrevivir. Esas normas se transmitieron de generación en generación convirtiéndose en tradiciones. Tradiciones de las que huyo porque se basan en que sólo dentro del bosque estamos a salvo. Quise desobedecerlas, descubrir que el mundo fuera no es tan malo, y me divertí, esquivé los insultos y el desprecio y me dediqué a la buena vida. Pero hay veces… Hay veces que vuestras ansias de superioridad son repugnantes, matáis a placer a los que no son como vosotros. Y por un momento… Sólo por un momento… Me gustaría pensar que nuestro pueblo no está condenado a la guerra como única solución para conseguir un poco, un mínimo de libertad y felicidad.
El elfo se puso a derramar lágrimas de rabia. Sus aventuras de mujeriego, sus vivencias de ser despreocupado quedaban eclipsadas ante la cruda realidad de su dura existencia, la de un elfo fuera de su bosque en un mundo de humanos que no respetan la vida más allá de su propia especie. Sharwyn acumuló todos sus remordimientos en sus glándulas lacrimales y no pudo evitar humedecer sus mejillas. Se puso de rodillas al lado de Eve y puso su mano sobre la que el elfo tenía en la cara de la ninfa. Su dulce voz comenzó una canción que envolvía al corazón como una especie de bálsamo.
- La poción sólo es eficaz para humanos. Pero mi canto curativo sirve con todo, no entiende de especies, se dedica a reconstruir materiales del tipo que sean. Siento haber sido tan impulsiva, pero que quede claro que si intento curar a este engendro es sólo por lo que sé que te importa – la ninfa comenzó a abrir los ojos poco a poco. - No sé si darte las gracias o no dirigirte la palabra en mi vida – respondió Eve en tono melancólico. - Me basta con que me perdones – la mujer dio un beso a la pálida mejilla del elfo -. Cuando dejas de decir idioteces y te pones serio estás tan guapo…
- Vamos, chicos – les interrumpí -. Acompañaremos a la ninfa a un lugar más seguro, pero será mejor que retomemos el camino a Luskan y acampemos en otro sitio más seguro.
Y así es como continuamos el camino, aprendiendo de él y sintiéndonos diferentes a cada paso que dábamos.
Si es que como sigas cargandote al personal no va a quedar títere con cabeza...ya estaba empezando a pensar que te habías equivocado con lo de género "Fantástico" por "Crimen"...:D . Tekai en plan Jessica Fletcher que allá adonde va alguien la palma...
Bueno, al menos la reviviste en el último momento:)
Jeje tú estás de parte del elfo entonces, yo también. Pero Sharwyn tiene también razón, en el fondo las ninfas son seres sin sentimientos. Es un poco lo que refleja la sociedad nuestra, si el animal nos gusta (gatitos, perros...) nos da pena, pero si no nos gusta o resulta peligroso para nosotros lo aniquilamos. Habría que plantearse hasta qué punto somos dueños de la vida ajena, pero me callo que me lío, siempre me gusta meter debates en mis historias jeje. Un saludooo, muuuchas gracias por comentar!
Si es que como sigas cargandote al personal no va a quedar títere con cabeza...ya estaba empezando a pensar que te habías equivocado con lo de género "Fantástico" por "Crimen"...:D . Tekai en plan Jessica Fletcher que allá adonde va alguien la palma...
Chelo
Jajajajaja, son tiempos difíciles... Es que yo siempre he criticao historias de estas que a pesar de estar en guerras y siempre con peligros acechando, a los personajes casi nunca les pasa nada, en el fondo mi subconsciente me hace vengarme. Lo controlaré jaja.
Dejémoslo en que ayer llegué con algo de... "espesamiento".
Jaja noo, es que llegué muy tarde de trabajar y además internet y sus fallos de conexión no estaban por la labor de ponerme las cosas fáciles... pero lo pongo ahora, luego si me da tiempo pongo otro y si no pues ya mañana retomo el "horario" habitual.
Me alegra muuuuy mucho que preguntes por él, en serio, dobleternamente agradecido por ese interés!
A pesar de estar jadeante y sudoroso por el sobreesfuerzo, Eve parecía seguro de sí mismo; pero yo tenía mis dudas de que consiguiéramos tumbar a Daelan. Era la décima vez que el semiorco adoptaba una posición defensiva y que nosotros intentábamos hacerle caer al suelo con un placaje. Un nuevo intento, de nuevo fallido. Ni siquiera golpeando los dos a la vez en el pecho de la bestia para duplicar la fuerza podíamos hacer que se moviera lo más mínimo.
- Cielos, creo que me he dislocado el hombro - Eve se apretaba la articulación con el brazo sano. - ¡Debiluchos! - la risa de Daelan retumbaba en las montañas cercanas a aquel prado -. Os lo dije, para bien o para mal, la lucha cuerpo a cuerpo es un arte. Para una cosa de la que sé más que vosotros...
Y era cierto, tan importante como la propia fuerza en sí, era la posición de los músculos y huesos para golpear con más intensidad o que el cuerpo ofreciera más resistencia a los impactos. Me encantaba entrenar con razas distintas, era uno de los momentos que más orgulloso estaba de la multiculturalidad, porque cuanto más diferente es alguien a ti, más cosas puedes aprender de él. Por su parte, el elfo me había enseñado a ser más rápido. Cuando me convertí en semielfo noté pasivamente un aumento considerable de mi velocidad, el suficiente para estar satisfecho y despreocuparme de su evolución. Así que no sabía que podía todavía mejorarlo más, y aunque nunca sería tan rápido como un elfo original, Eve me había ayudado a mejorar mis movimientos.
Mientras, Sharwyn descansaba tumbada en una alfombra de plantas de algodón. Si no dormía, a juzgar por sus ojos cerrados y su respiración lenta, meditaba profundamente.
- Bravo, bravo, bravo... - el sigilo de aquel hombre de piel oscura que apareció entre nosotros seguía sorprendiéndome, ni siquiera el elfo se había percatado de su presencia hasta que dijo aquellas palabras. - Aarin, me gustaría decir que me alegro de volver a verte - me acerqué a él y lejos a sus espaldas pude ver que llegaba una cuadrilla de guardias de Puerto Final rezagados. - Mis hombres os vieron por los bosques de Nohivern - cruzado de brazos imponía bastante -. Y que para variar, no hicisteis nada de provecho.
- Lo intentamos, una ninfa nos dijo que ocurría algo, los animales atacaban sin razón, pero de repente el bosque retomó su equilibrio natural. Dejamos a la criatura en su hogar, puesto que tampoco podía darnos más información.
- ¿De repente? - Aarin hizo un gesto de desprecio -. Los animales estaban siendo manipulados por un mago, bastante poderoso por cierto. Pero ya no hay que preocuparse, mis hombres y yo le dimos muerte para que todo volviera a la normalidad.
- Primero una plaga para levantar un ejército de muertos vivientes. Luego control mental de orcos, y ahora intentan manipular bestias salvajes. Quieren crear un gran ejército de criaturas. Luskan está detras de todo esto. - Veo que sabes mucho...
- Y podría ayudar. Aarin, Puerto Final sigue tus órdenes y tú te encargas de esta región, pero si la guerra estalla implicará a todo el reino, por lo que entonces ya me influye a mí. Así que podemos hacer dos cosas, ir cada uno por su cuenta o colaborar para conseguir mejores resultados.
- Veamos... - Aarin pensó durante unos segundos -. Está bien, te doy otra oportunidad de demostrar lo que vales. Un combate tú contra mí. Si ganas, aceptaré tu valía y colaboraremos. Si pierdes, te irás para siempre de mis tierras.
Apenas hube aceptado el desafío, Aarin ya había juntado sus manos para ejecutar un conjuro. Me distancié de él temiendo algún tipo de explosión pero lo único que ocurrió es que el hombre empezó a perder opacidad hasta quedar totalmente transparente. Invisibilidad, un hechizo clásico en el repertorio de todo espía. Aunque con sus huellas y el ligero ruido de sus movimientos podía intuir su posición, no era suficiente para intuir sus ataques concretos.
Sin embargo, fue incapaz de darme un golpe. La sonrisa de Eve se estiraba en una cara con unas pupilas muy dilatadas y giratorias. Nada podía escapar a la ultravisión de un elfo. Visualizados los movimientos del enemigo, me los comunicaba en forma de susurro, tan bajo que sólo un oído agudizado como el mío podía escucharlo. Aunque perdía tiempo procesando sus palabras, después lo recuperaba con la nueva velocidad de mis movimientos que había estado entrenando. La conexón entre el elfo y yo se hizo tan innata que a los pocos minutos parecía que podía predecir los movimientos de Aarin aunque no le viera.
Aproveché el momento oportuno para cargar un proyectil mágico en mi mano derecha y lanzarlo a mi rival desde una distancia cercana, lo que lo hacía más potente. Pero sólo se escuchó el ruido de un enorme cristal al romperse. Aarin usaba el escudo de protección. Aunque los espías confiaban siempre en no ser encontrados ni golpeados, el escudo les servía como último recurso por si algo salía mal. Hice un poco hacia atrás mi pierna de apoyo, giré la columna un grado de torsión más allá del dolor y mantuve el brazo en ángulo recto. El puñetazo fue brutal y Aarin quedó completamente sorprendido al ver cómo su escudo se hacía añicos. Daelan lanzó un grito de orgullo al ver lo bien que había aprendido sus lecciones para aumentar mi fuerza.
- No peleas mal - Aarin retomó su coloración natural, era inútil malgastar energía en la invisibilidad viendo que no era eficaz -. Pero no eres muy listo.
El hombre señaló al suelo y me di cuenta de que mis pies habían quedado apresados en una telaraña gigante. Los espías también eran expertos en infiltrarse y colocar trampas. No me había dado cuenta de cuándo había caído en la suya. No podía dar un paso a ninguna parte, así que Aarin aprovechó para alejarse un poco de mí para que no pudiera golpearle brutalmente, esta vez sin escudo.
Miré a Eve y afirmé con la cabeza. Él negó con la suya, sabía lo que le estaba pidiendo como también sabía que nunca había salido bien, ni siquiera en la versión fácil de los entrenamientos. Pero le insistí tanto que finalmente decidió coger su arco y preparar una flecha.
- Eh, el combate es entre tú y yo, si me toca esa flecha no será válido - advirtió el hombre de piel oscura. - No lo hará.
Eve disparó. En el momento que pasó por mi lado la flecha la acaricié, y después siguió su camino pasando a escasos centímetros del cuello de Aarin. Antes de que el hombre pudiera jactarse del fallo puso sus manos en el estómago, cayó de rodillas y esputó una considerable cantidad de sangre.
- Duele, ¿verdad? - el dolor era tal que le impedía mantener el conjuro de las telarañas, que desaparecieron permitiéndome acercarme a él -. Flecha ácida de Melf. - Imposible - dijo Aarin entre dientes -. No has podido aprender a dar forma perforante a la magia y a convertirla en corrosiva en tan poco tiempo.
- Sí, y no - me agaché para estar a su altura -. Lo de hacer magia corrosiva sólo era cuestión de concentrarla y hacerla reactiva a cualquier material. Pero lo de hacerla penetrante en forma de flecha para que entrara en el cuerpo era más difícil. Así que simplemente impregné la flecha con magia para usarla como molde, y la inercia hizo el resto para conseguir el efecto. El cálculo del disparo era el exacto para que, al soltarse la magia de la flecha, siguiera su trayectoria independiente hacia tu cuello, entrara en ti y descendiera al estómago por la garganta. Por cierto, todavía no soy muy bueno en hacer magia ácida, no te matará, pero estarás un buen rato inhabilitado. Lo que quiere decir, que pierdes. - No es justo, te ha ayudado ese elfo disparando. - En parte, sí. Pero no pretendía ganarte, sólo demostrar que colaborando con alguien uno se hace más fuerte. ¿Aliados?
Le ofrecí mi mano y la apretó con la suya sellando la paz entre nosotros.
La interculturalidad es lo mejor que tenemos los humanos. La cena internacional que me dejó "espesita", fue la cena internacional que instauré en el año 2.011, aquí no celebran la Nochebuena, lo que para una española (y otros europeos) es un rato deprimente, así que el 24 de diciembre del 2011 tuvimos una Cena Europea, invité a mi mejor amiga de aquí, una polaca casada con un irlandés, una escocesa que esta arrejuntada con un alemán y una alemana (todos con hijos más o menos de la misma edad que los míos) y bueno claro la española y el escocés (nosotros), y cada uno tenía que traer un plato típico de su tierra, comimos fenomenal, aprendimos gastronomía y celebramos la Nochebuena con una "familia adoptiva".
La alemana quería saber si la íbamos a hacer este año (2012)pero entre el trabajo y los críos que se pusieron malos en esa semana se retrasó, y la celebramos el sábado pasado con una pareja de menos (la escocesa y el alemán que se fueron a vivir a Aberdeen) pero con otra pareja, la mujer es de Bangladesh y el marido de Shetland. Los críos lo pasaron genial, y los mayores también. Además, era el Año Nuevo Bengalí, por lo que nos dijo la chica de Bangladesh, aprendimos a decir Feliz Año en Bengalí, algo así como "nosequé bosco".
Jolín, vaya testamento, pero bueno, conclusión, que con la interculturalidad que se aprende mucho, se come mucho, se rie uno mucho
y se acaba con una botella de vino rápidamente...:D
Y respecto a lo de los elfos y humanos, pues sí, los vertebrados mamíferos no se pueden tocar pero los otros bichos no importan, y como bióloga no me hace gracia, y eso que tengo fobia a los insectos y arañas.
Ah! y gracias por poner el capítulo! ya lo echaba de menos, forma parte de mi "desestresamiento mañanero" despues de que los enanos se vayan al cole y a la guarde.:)
La interculturalidad es lo mejor que tenemos los humanos. La cena internacional que me dejó "espesita", fue la cena internacional que instauré en el año 2.011, aquí no celebran la Nochebuena, lo que para una española (y otros europeos) es un rato deprimente, así que el 24 de diciembre del 2011 tuvimos una Cena Europea, invité a mi mejor amiga de aquí, una polaca casada con un irlandés, una escocesa que esta arrejuntada con un alemán y una alemana (todos con hijos más o menos de la misma edad que los míos) y bueno claro la española y el escocés (nosotros), y cada uno tenía que traer un plato típico de su tierra, comimos fenomenal, aprendimos gastronomía y celebramos la Nochebuena con una "familia adoptiva".
La alemana quería saber si la íbamos a hacer este año (2012)pero entre el trabajo y los críos que se pusieron malos en esa semana se retrasó, y la celebramos el sábado pasado con una pareja de menos (la escocesa y el alemán que se fueron a vivir a Aberdeen) pero con otra pareja, la mujer es de Bangladesh y el marido de Shetland. Los críos lo pasaron genial, y los mayores también. Además, era el Año Nuevo Bengalí, por lo que nos dijo la chica de Bangladesh, aprendimos a decir Feliz Año en Bengalí, algo así como "nosequé bosco".
Jolín, vaya testamento, pero bueno, conclusión, que con la interculturalidad que se aprende mucho, se come mucho, se rie uno mucho
y se acaba con una botella de vino rápidamente...:D
Y respecto a lo de los elfos y humanos, pues sí, los vertebrados mamíferos no se pueden tocar pero los otros bichos no importan, y como bióloga no me hace gracia, y eso que tengo fobia a los insectos y arañas.
Chelo
¿Bióloga? ¿En serio? ¡Pues ya somos dos jaja! Terminé la carrera el año pasado y bueno... sólo me ha servido para trabajar en una herboristería de momento.
Pero en esa herboristería hacían otras terapias naturales tipo energéticas que, como biólogo, te puedes imaginar lo que me costaba tragarlas. Pero ahí aprendí muchas cosas, y es como con la multiculturalidad, creemos que lo nuestro es siempre lo mejor y nos perdemos lo que enriquece que haya cosas tan distintas.
Me encanta la anécdota que me cuentas, hay que estar siempre conociendo cosas. Porque yo siempre digo que 'somos lo que somos, más lo que nos llega', y cuantas más posturas o versiones escuchas, más puedes enriquecer la tuya propia, unas cosas te gustarán y te las quedarás, otras no...
Y ahora el del testamento soy yo, así que me callo jaja. Un saludooooo, compañera de profesión!
Ah! y gracias por poner el capítulo! ya lo echaba de menos, forma parte de mi "desestresamiento mañanero" despues de que los enanos se vayan al cole y a la guarde.:)
Chelo
Gracias a ti, de verdad, me alegra mucho que alguien lea esto, que es mi "desestresamiento nocturno".
Jajajajja para que veas, lo que escribo también es educativo. ¿Quieres hacerte amigo de alguien? ¡Dale una paliza! Aiii noooo... xD Un saludo y muchiiiiiiiiiisimas gracias por tu visita.
Un requisito para ser un buen espía era tener una buena red de contactos, y por suerte Aarin Gend la tenía. Garlen, guardia de Luskan, nos facilitó la entrada a la ciudad y nos llevó hasta el templo de Tyr. Tyr no era ni de lejos una de las deidades más seguidas en aquella ciudad, por lo que su templo era un buen lugar para organizar un cuartel y pasar desapercibidos.
Luskan era una ciudad costera sin grandes alardes en sus construcciones. La caracterizaban los numerosos puentes que permitían el paso sobre las zonas inundadas que bañaban la ciudad y un gran torreón que se observaba desde muy lejos, además de su cercanía al mar. Sin embargo, el paisaje era desolador, no había en las calles más que guardias con su típica armadura dorada de Luskan.
- Qué bien te veo, Gend – le dijo su contacto a nuestro espía una vez estábamos dentro del templo. - Y yo a ti, Garlen, brindemos por nuestras vidas, que sin duda han ido a mejor.
No había mucho para brindar. Entre el caos que reinaba y las dificultades para salir adelante de una religión tan precaria en la ciudad, los clérigos sólo pudieron ofrecernos unas infusiones sobre una mesa arañada por el paso del tiempo.
- Y cuéntame, Garlen, ¿cómo conseguiste tu libertad? – Aarin preguntó mientras que Aribeth se alejaba sin sentarse con nosotros, supuse que para aprovechar el lugar y dedicarle unas oraciones a su dios. - Pues como la mayoría de los esclavos, obedeciendo y demostrando mi valía. Luskan me contrató para su guardia, ¿y tú? - Pues como la minoría de los esclavos, huyendo constantemente para salvar el pellejo. Tanto tuve que afilar mis habilidades de sigilo para esconderme que gané fama y reconocimiento por parte de todos aquellos que me buscaban y no conseguían dar conmigo. Al final lo hicieron, pero Lord Nasher asumió que tenía tanto talento que no debía ser desperdiciado y me reclutó.
- Joder, Aarin, qué tiempos… - la conversación era un duelo de frases entre Aarin y su amigo, el resto no interveníamos. - Por cierto, ¿sabes algo de alguna secta aquí en Luskan? Tenemos motivos para creer que hay un grupo de magia conspirando y nos gustaría dar con ellos.
- Ni idea, pero si tiene que ver con la magia tendréis que visitar la Hermandad Arcana, ahí están las magos más poderosos del reino.
- ¿La Hermandad Arcana? - Son los que gobiernan en Luskan – se atrevió a intervenir Eve, sentado en el suelo a unos metros de la mesa -. Bueno, realmente, los que gobiernan son los Cinco Señores, líderes de sendas organizaciones piratas que se reparten la ciudad, bajo la supervisión de los magos de la Hermandad Arcana, o algo así. - Vaya, sí que sabes de ciudades humanas para ser un elfo – dijo Aarin. - Tú amigo tiene razón - confirmó el guardia de Luskan -, la ciudad se la reparten cinco líderes sanguinarios, aunque espero que no me oigan. Sin embargo, hace días que estalló una guerra civil, y ya sólo quedan dos de ellos, al final uno se hará con el poder. - ¿Y cómo vamos a entrar a esa Hermandad Arcana? – Sharwyn había decidido aportar su voz femenina a la conversación. - Pues hombre, apuesto que los guardianes te dejarían pasar si les enseñaras esos melones – contestó el guardia que no se había dado cuenta de cómo Eve le miraba con un gesto fabricado de repugnancia y celos -. Pero como me imagino que no estarás por la labor, necesitaréis este salvoconducto. - ¿Con esto nos dejarán pasar? – Aarin cogió el papel que su amigo había dejado en la mesa -. Bien, pues te agradezco tu trabajo. - Igualmente, Aarin, me alegro mucho de volver a verte.
No se habría alegrado tanto de haber adivinado su inmediato futuro. Mientras el guardia dirigía su mirada al escote de la mujer bardo, Aarin sacó una daga y le rebanó la garganta. Se aseguró de que el corte fuera lo suficientemente profundo para romper sus cuerdas vocales y que no pudiera gritar llamando la atención de otros guardias. También lo hizo para que muriera en segundos y que ninguno de los allí presentes pudiera sanarle antes de perecer.
- ¿Pero qué haces? – le repliqué a Aarin dándole un empujón para apartarle y acercarme a un hombre que, efectivamente, ya estaba muerto. - Le conozco. Si no lo hubiera hecho nos habría delatado para cobrar unas monedas más.
- Pero había otras formas de retenerle... Avisaré a Aribeth, tu violencia no puede quedar impune.
- Hazlo. Se lo dirá a Lord Nasher y él me exculpará. Sí, siento bajar de su pedestal al Señor de Nohivern, pero gobernar no es fácil, y requiere su permisividad a hombres como yo para que hagan el trabajo sucio.
No me molesté en responderle, aunque sí pude ver unas lágrimas en su negra tez. Imaginé que sería duro matar a un amigo que has tenido cerca en años difíciles de esclavismo. O puede que le asesinara sólo para romper ese enlace con un pasado difícil de olvidar y que fuera la melancolía la que se había materializado en aquel leve llanto. Eso nunca lo sabría.
Crucé el portón por el que había visto marcharse a Aribeth y que conectaba con una pequeña capilla adornada con una imagen de Tyr, esculpida en una piedra de muchísima menor calidad que las que había visto en Nohivern. A pesar de que el lugar estaba en penumbra, no era inconveniente para ver que la Señora no estaba allí.
Sólo puede encontrar una ventana abierta. No podría asegurar qué motivo era el que hizo que nos abandonara, pero aposté por la venganza personal. Aribeth seguramente quería ajustar cuentas en primera persona con los causantes del Aullido.
¿Bióloga? ¿En serio? ¡Pues ya somos dos jaja! Terminé la carrera el año pasado y bueno... sólo me ha servido para trabajar en una herboristería de momento.
Cuando yo terminé Biología Marina mandé 270 CV por toda España y recibí 6 respuestas. Básicamente, que sin experiencia no me cogían. Así que como siempre me gustó lo celta, quería irme a Escocia y mi sexto sentido me decía que me iba a casar con un escocés, pedí una beca Argo (dentro del programa Leonardo da Vinci) y me vine a Shetland 6 meses a currar en una hatchery, conocí al que se convirtió en mi media naranja y ya me quedé, tuve un curro de investigadora por un tiempo pero se acabó el proyecto y no había más dinero, me convertí en profesora de instituto (aparte de dar clases de español por las noches) pero con dos peques me salía más rentable no currar por la cantidad de dinero que tenía que pagar de guarderías. Como estamos en crisis, están cerrando colegios, así que lo de profa se ha terminado, ahora curro en un centro de arte (es un cine, pero también tiene un auditorio para conciertos) y bueno, me gano la vida vendiendo entradas y haciendo palomitas. Curro los turnos de findes y noches para no pagar extra-guarde. La gente con la que curro es bastante maja, y lo de poder llegar a casa y "desconectar" que no podía hacer como profa, no tiene precio.
Si te gusta viajar y no tienes el inglés muy oxidado (aunque yo me vine a pelo, ya que era de francés en el cole) mira lo de las becas, si te interesa.
Me he reído mucho con los melones de Sharwyn, jajajaa.
Cuando yo terminé Biología Marina mandé 270 CV por toda España y recibí 6 respuestas. Básicamente, que sin experiencia no me cogían. Así que como siempre me gustó lo celta, quería irme a Escocia y mi sexto sentido me decía que me iba a casar con un escocés, pedí una beca Argo (dentro del programa Leonardo da Vinci) y me vine a Shetland 6 meses a currar en una hatchery, conocí al que se convirtió en mi media naranja y ya me quedé, tuve un curro de investigadora por un tiempo pero se acabó el proyecto y no había más dinero, me convertí en profesora de instituto (aparte de dar clases de español por las noches) pero con dos peques me salía más rentable no currar por la cantidad de dinero que tenía que pagar de guarderías. Como estamos en crisis, están cerrando colegios, así que lo de profa se ha terminado, ahora curro en un centro de arte (es un cine, pero también tiene un auditorio para conciertos) y bueno, me gano la vida vendiendo entradas y haciendo palomitas. Curro los turnos de findes y noches para no pagar extra-guarde. La gente con la que curro es bastante maja, y lo de poder llegar a casa y "desconectar" que no podía hacer como profa, no tiene precio.
Si te gusta viajar y no tienes el inglés muy oxidado (aunque yo me vine a pelo, ya que era de francés en el cole) mira lo de las becas, si te interesa.
Me he reído mucho con los melones de Sharwyn, jajajaa.
un abrazo,
Chelo
Qué guay! Me encanta tu historia, siempre he pensado que para conseguir resultados distintos hay que hacer cosas diferentes, así que me alegro mucho por tu viaje a Escocia que mira, te dio experiencia y media parte de tu vida.
Yo también trabajé en un cine, entre cursos, y sinceramente, me hubiera gustado seguir trabajando allí, me lo pasaba genial, pero ahora ya no está el gerente que tenía, que siempre que quería volver me acogía porque sabía que era responsable y tal.
Con el inglés me defiendo, pero ahora las becas están muy complicadas. En un par de semanas me voy a Albacete que me alquilan una habitación porque ahora mismo aquí estoy "atascado", cuidando sobrinas y trabajando en la tienda de mi hermana. Echaré currículums en bodegas y queserías que buscan biólogos en particular y en todo lo que sea en general, si encuentro algo genial, si no aprovecharé el tiempo para mejorar mi alemán y estudiar programación, que programadores buscan mucho ahora y es algo que siempre se me dio bien en el pasado y me gustaba.
En resumen, moverme, que ha llegado un punto en el que tengo dos trabajos y no cobro en ninguno xD
Un saludo, gracias por contar tu experienciaaaaa, me encantaa!!
Con amigos asi, los enemigos no deberian de existir, pero a veces toca sacrificarlos:eek:
Jaja se me ha vuelto a ir la vena sanguinaria, pero ya me he prometido a mí mismo no matar a nadie más hasta casi el final. ¿Podré cumplirlo? Jeje. Muchísimos millones de gracias por seguir por aquí!!
La desaparición de Lady Aribeth era un asunto secundario, al menos eso decidió una votación. No estaba de acuerdo con hacer oídos sordos al problema, pero asumí la opinión de la mayoría: lo primero era encontrar a los culpables de la conspiración en Nohivern para evitar una guerra a toda costa. El argumento que terminó de convencerme fue que, si Aribeth buscaba venganza, seguramente se encontraría de camino a la Hermandad Arcana, lugar al que también nos llevaba nuestro objetivo.
Tras revisar el salvoconducto, uno de los guardias abrió una enorme puerta metálica que chirrió en un tono casi insoportable como señal de aviso ante lo que podíamos encontrar detrás. Ante nosotros, un camino que desembocaba en un torreón donde, si estaban nuestros verdaderos enemigos, todo estaba a punto de llegar a su final. El sendero pavimentado se abría paso ante un mar enfurecido que golpeaba los espigones a ambos lados. Hacía frío, las salpicaduras de agua no ayudaban, y había un ambiente espeso alrededor de la gran torre. Pero nada comparable a un dolor agudo que empecé a notar en el estómago y que me hizo parar y sentarme en una de las grandes rocas del camino.
- Yo me quedo con él, ahora os alcanzamos – dijo Eve que retrocedió unos pasos para volver hacia mí. - Siempre una molestia… - me pareció escuchar de Aarin antes de que el resto del grupo volviera a ponerse a caminar. - ¿Estás bien? – el elfo puso su mano en mi hombro y me miró a la cara -. No tienes buen aspecto. - No – el dolor le dio un tono a mi negación que confirmaba mi malestar. - Ten, tómate esto – me ofreció una poción de curación -. Serán los nervios, llevamos un ritmo agotador, con mucha tensión. Se te agarra la presión en el estómago y antes o después te acaba jodiendo.
Vomité la poción antes de que llegara a mi estómago, porque ya no había estómago al que llegar, tal y como había supuesto.
- ¿Cuánto crees que puedo aguantar vivo sin comer? – le pregunté a Eve, aunque yo ya había hecho mis cálculos que me daban dos o tres semanas. - ¿Qué dices? ¿No has comido bien estos días? ¿Eso que sientes es hambre? - No, Eve. Los alimentos ya no sirven para mí – me miró con un rostro de incomprensión -. Hazme caso, tenemos que acabar esta misión antes de ese tiempo. - ¿Me vas a contar lo que te pasa? No hay prisa, saben defenderse bien – señaló al grupo que ya llegaba casi a la puerta de la torre-. Es más, nos retrasaremos y llegaremos en el momento que más nos necesiten en acto heroico. Y por los tiempos cantarán nuestra entrada triunfal, y los dos brindaremos con vino o cerveza al escuchar semejantes cantos. - No, Eve, me han fallado los cálculos. Hice un hechizo de sacrificio para traer de vuelta al mundo de los vivos a una persona a la que amo. - ¿Estás loco? Veo que sí. No me extraña de un semielfo que lleva sangre corrupta humana – sonrió para hacer ver que hablaba en broma. - Lo peor, es que no sé nada de esa chica. No tengo casi ningún recuerdo de ella quitando los de los últimos días. Al parecer he estado con ella muchos años, pero mis intentos de resucitarla han borrado esos momentos de mi mente. ¿Sabes? No puedo recordar casi ninguno de nuestros momentos juntos. Pero lo que sí sé es cuánto la he amado en cada uno de ellos.
- Sí, eres idiota – el elfo se sentó a mi lado -. Porque cuando resucite se irá con otro tipo con… Con al menos un estómago. Bah, qué más da el futuro. Lo importante es lo que estás haciendo ahora por ella, algo muy grande. No, más que lo que haces lo importante es lo que sientes ahora por ella para hacer algo así. ¿Y en qué calculo fallaste? - En que no podría morir – Eve hizo un gesto incomprensible, que reflejaba que ahora sí que no entendía nada -. Era algo que suponía, y comprobé con el ataque brutal de Fenthick que aún así no acabó matándome. Hay alguien que me protege y que me hace “difícil de aniquilar”. - Y después criticas a Aribeth por creer en dioses… - No hablo de dioses, hablo dentro de mí. Soy dos seres, en uno. - Venga, te estás quedando conmigo. Te ha sentado mal la infusión, has vomitado y todo esto es para gastarme una broma. - No – mi voz melancólica hacía honor a la verdad -. Mi aldea fue atacada por elfos. Tranquilo, no guardo rencor a tu raza, incluso comprendo su defensa férrea de los bosques que nos vimos obligados a cruzar. Uno de los elfos me mató mirándome desde unos ojos hechizados. Cuando me desperté, tenía varias de las habilidades élficas. Como si me hubiera poseído, como si fuera parte de mí.
- Deberías tomarte un descanso, en serio. Deja que vea si tienes fiebre, empiezas a desvariar. [FONT="]- ¡No me lo invento! – aparté su mano de mi frente -. Los días que estuve inconsciente antes de despertar no dejaba de ver las mismas imágenes de manera repetida. Una guerra entre Luskan y Nohivern que se extendía por todo Faerun, nuestro mundo. Y un héroe, de sangre mezclada, era clave en la alianza entre humanos y elfos que se enfrentaría a las hordas de bestias dirigidas por Luskan. Yo soy ese semielfo, y de alguna manera el destino me protege hasta que cumpla mi papel, por eso pensé que no podía morir. Esta misión sólo sirve para convertirme a mí en un héroe y así poder guiar tanto humanos como elfos a la batalla cuando estalle la guerra. No puedo morir hasta que cumpla mi papel. El elfo que tomó posesión de mi cuerpo me ha estado protegiendo, pero no sé si será capaz de seguir haciéndolo. - No te lo tomes como algo personal, pero me alegro de que tu destino no se cumpla. Quiero decir, si no mueres y esa profecía no se equivoca, habrá guerra. - La habrá, Eve – lo dije casi sin sentimiento, yo ya lo había asumido -. Deseo sobre todas las cosas equivocarme, porque el dolor y las muertes, el sufrimiento de todo Faerun que veo en las imágenes, es sencillamente inaceptable. - ¿Y te dicen tus imágenes quién gana la guerra al final?
Tras haber descansado lo suficiente como para seguir andando le dije a Eve que no teníamos que retrasarnos más y que debíamos retomar el camino.
Espero que encuentres trabajo pronto, y sí, lo de cuidar peques es un curro en sí, pero así ya tienes experiencia cuando te toque ser papá. Mucha suerte buscando trabajo, la cosa está fatal, pero que te voy a contar...
Aquí como es el quinto pino se está notando más desde mediados del año pasado. Pero bueno, hay que capear el temporal que después de la tempestad viene la calma. Y sino, siempre están Nohivern o Semarin o cualquier otro mundo donde perderse por un ratillo para volver al nuestro con ganas, ponérnoslo por montera y tirar hacia delante.:)
Chelo
(P.D. Tekai se nos está cayendo a trozos, tu o los liquidas rápido o lentamente pero lo de cargarte al personal se te da de miedo , ya en serio, me ha gustado mucho este capítulo)
Comentarios
Que romanticón eres!!;)
La canción es esta:
http://www.youtube.com/watch?v=RRFc_tYf27c
Muy a lo "Mago de Oz" me ha gustado:rolleyes:
Jaja he tenido que buscar lo que significa la palabra trozudo. Por cierto, ahora que veo que es una palabra colombiana, creo que no te lo he dicho nunca, pero mi cuñado es de allí! Aunque ahora vive aquí en España con nosotros, pero me gustó la coincidencia. Un saludoooo.
Jajaja supongo que es una de las consecuencias de que me gusta ponerle la máxima ilusión a todo, ya no solo al hecho de estar con alguien, si no a escribir, a componer, a mi trabajo, y a todo lo que hago. Es como que las pequeñas cosas se hacen grandes y las grandes gigantes. Pero ya dejo mi charla de chico feliz jaja. Un saludoooo y graaacias por seguir pasando por aquí!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 24: Las cuevas
Sabíamos que pronto tendríamos que plantar cara a orcos y osgos, pero lo que no se nos hubiera pasado por la cabeza era justo la imagen que teníamos ante nosotros unos cuantos metros después. Aarin se agazapó tras una roca y me indicó que guardara silencio con su dedo índice perpendicular a sus labios. Frente a nosotros, en uno de los pocos amplios espacios que permitían aquellas grutas, había un gran número de orcos, algunos de ellos atados con cadenas. En el centro de los que quedaban libres, pudimos observar una persona.
- De la secta, seguro – dijo Aarin tan bajo que se sorprendió de que pudiera oírle -. ¿Te acuerdas de nuestra apuesta? El que lo capture antes, gana.
Aarin Gend comenzó a trepar por la pared hasta llegar al techo, y por las alturas siguió avanzando aferrándose a la roca de manera espectacular y sin hacer ningún ruido ni desplazar arena ni material alguno que pudiera delatarle. Su oscuro color de piel le ayudaba en su sigilosa tarea. No me quedó duda de que Aarin era un espía, no le había visto cometer error alguno que le delatara desde que habíamos entrado a la cueva. Si quería ganarme una apuesta había elegido su método predilecto, el sigilo. Sin embargo no contaba con mis sentidos de semielfo que igualaban el desafío. En lo que sí me aventajaba era en su peto de cuero, más frágil que mi cota de bandas pero más recomendable para pasar desapercibido. Lord Nasher me había regalado aquella pieza de armadura por mi ayuda a Nohivern, pero en aquel momento bien hubiera preferido el pago en monedas. A la dificultad de mantener el silencio se le unía una capa externa de cristal que todos los altos cargos de Nohivern llevaban en sus armaduras para simbolizar el hielo que inundaba la ciudad. Reflejaba la luz que daba gusto, cosa poco deseable para no ser visto en lugares en penumbra.
Pero o dejaba de darle vueltas a aquellas tonterías, o perdería la apuesta. Aarin ya había avanzado la mitad del camino que le separaba del objetivo por el techo. Su musculatura se hacía todavía más impresionante ante el esfuerzo de mantenerse agarrado.
Puesto que en la tarea de trepar era muy difícil competir con él, opté por mi método personal. De un salto me puse delante de aquella maraña de orcos que se giraron hacia mí ante el golpe seco de la coraza en mi cuerpo que hizo el efecto de una campana. Mientras desenvainaba mis espadas conjuré mis rayos de luz que comenzaron a salir de mi cuerpo hacia aquellos seres verdes o azulados, según la especie, con hocicos prominentes plagados de dientes afilados, orejas puntiagudas y un cuerpo más ancho y amplio que el humano. Otra característica de los orcos era su baja inteligencia, por lo que mi hechizo de enajenación mental no tuvo ninguna dificultad para adueñarse de sus cabezas. Pronto empezaron a combatir entre ellos, caminar sin sentido e incluso precipitándose a las aguas estancadas facilitándome el paso hacia el hombre que había en la zona central. Aarin, que había comprendido mi treta, se dejó caer desde el techo cayendo como un felino y emprendió también la carrera hacia mi mismo objetivo. Pero yo tenía ventaja, además de parte de la característica velocidad de los elfos. Nada podía hacerme perder la apuesta.
De repente noté mi pecho estallar, sentí como si me hubieran arrancado las costillas. El intenso dolor me hizo caer de rodillas y perder la ventaja. No me hizo falta pensar mucho para darme cuenta de que mis costillas habían desaparecido en aquel momento como parte del pago por el hechizo de sacrificio. Se las habían cobrado en el momento más inoportuno.
- ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? – Aarin ya había llegado al centro y agarrado por la espalda a la persona sospechosa, con un brazo le sobraba para apresarle y con el otro ponía la espada en su cuello.
- ¡No diré nada! ¡Puedes estar seguro! – contestaba su presa.
- Algo dirás, aunque sea un grito – mi compañero clavó su espada en el hombro del hombre -. ¡Habla! ¡O sigo!
Pero no pudo seguir. Uno de los orcos llegó de manera inesperada y clavó su hacha en el estómago de aquel hombre.
- No dirá nada, te lo puedo asegurar – dijo aquel orco en un correcto lenguaje que delataba una inteligencia humana por la cual se había librado de mi hechizo.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Aarin que no sabía si fiarse de aquel entrometido.
- Porque los que intentamos resistir – señaló a los orcos encadenados –, ya lo hemos intentado. Ese mago llegó aquí y se aprovechó de las débiles mentes de los orcos para crear un ejército. Los semiorcos, que sabíamos sus intenciones, intentamos resistirnos, pero se apresaba o torturaba a los que no seguían sus planes. Mató a muchos de mis amigos.
- Pero lo necesitaba vivo para sacar información – de fondo se escuchó un grito aterrador que interrumpió a Aarin y retumbó en la cueva dañando nuestros oídos.
- Para qué quería el ejército no lo sé. Pero vino a buscar algo de un artefacto antiguo que no llegó a encontrar, aunque le escuché decir que sus compañeros habían tenido más suerte en el bosque de Nohivern y en Bosquemado. Ahora, marchad. Si estáis aquí cuando llegue ese ogro que acabamos de oir no tendréis ninguna oportunidad.
- ¿Y tú qué vas a hacer?
- Defender mi tierra. Fuera no somos nadie gracias a vosotros, los humanos. Sólo podemos vivir aquí escondidos. No nos queda otro remedio que enfrentarnos a esas gigantescas criaturas para proteger nuestro hogar.
- Fuera podéis ser alguien – me había acercado a ellos a pesar del dolor que me causaba moverme -. Daelan, un compañero mío, se está labrando una buena reputación entre humanos.
- Compadezco a ese semiorco. Ahora, ¡fuera! Sois enemigos de ese mago que torturó a gente que quería, y sólo por eso os permitiré marchar mientras retengo al ogro. No os debo nada más. Que tengáis suerte.
- Igualmente – contestamos Aarin y yo al unísono.
Aarin Gend tuvo que cargar conmigo gran parte del camino, pero por fin pudimos salir de las cuevas vivos y con algo de información sobre dónde buscar para encontrar a la secta que amenazaba Nohivern.
- Has perdido la apuesta, Tekai – dijo Aarin tras ayudarme a sentarme en la hierba fuera de las cuevas -. Has demostrado ser una molestia, así que no te quiero aquí ni a ti ni a tu equipo. Mañana os marcharéis de Puerto Final.
Pobre Tekai la otra costilla le ha quitado las costillas...(he currado todo el día y acabo de volver de una cena internacional con un pelin de vino de más) mejor dejo los comentarios para mañana, ya que dentro de un ratillo pones el siguiente capítulo...
Buenas noches/buenas tardes Amparo
Chelo
Jeje bueno, esa es la idea, darle emoción a ver si antes de convertirse en un flan le da tiempo a acabar la aventura. ¡Un saludo y gracias!
Jajajaj eso me recuerda un chiste sobre la costilla y la mujer que no contaré por que es excesivamente machista y estoy en inferioridad numérica como para soltarlo xD
Y muchas gracias por haber pasado por aquí aún con el vino tinto corriendo por tus venas! Que no te dé mucha resaca!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 25: Pesadillas
- ¿Vengo en mal momento? – intenté excusarme intentando no parecer que la acusaba de tareas lascivas.
- Vienes en un momento extraño – dijo señalando a la espesa noche que ofrecía la ventana -, pero pasa.
- Lo siento, a Aarin y a mí se nos hizo algo tarde en las cuevas, pero tenía que hablar contigo. Disculpa la interrupción…
- Agradezco la interrupción – dijo con una voz seca y tajante -. Estaba teniendo una pesadilla.
- ¿Muy tormentosa? – a falta de sillas me senté en el suelo con la espalda apoyada en un armario.
- Más de lo que empiezo a ser capaz de soportar – se metió en un pequeño cuarto contiguo dejando la puerta abierta para seguir la conversación -. En la pesadilla me encuentro sola, con un gran pesar en mi corazón, y Fenthick me da la espalda y se aleja. Voy hacia él y cuando se da la vuelta resulta que no es mi malogrado prometido, veo la cara de Tyr.
- ¿Insinúas que tu dios te da la espalda? – me quité la coraza y apreté en mi zona pectoral con los dedos buscando unas costillas que ya no estaban.
- Sí. Creo que me castiga por mis dudas. No dejo de pensar en ello, estoy despistada y todos lo notan, se empieza a rumorear que la muerte de Fenthick ha afectado a mi cordura – se escuchó un chorro de agua, seguramente se refrescaba para quitarse el sudor del mal sueño de encima -. Creo que debería abandonar la misión, que alguien ocupe mi lugar. Creo que no estoy en condiciones de cumplir mis responsabilidades.
- Eso le gustaría a Aarin, estoy seguro.
- ¿Aarin? – salió del servicio con una toalla en las manos y un vestido más apropiado que las finas telas que usaba para dormir -. ¿Ocurre algo?
- Nos ha expulsado, a mí y a mi equipo. Nos deja fuera de la misión.
- No puede hacerlo, no sin mi permiso. Mañana hablaré con él y diga lo que diga, no me parecerá suficiente para prescindir de alguien tan capaz como tú, Tekai.
- No he venido a solicitar tu ayuda, Aribeth. Vengo a anunciarte formalmente que abandono. Y que me llevo a Sharwyn y Daelan. Compartiremos objetivos, pero ya no medios. No me debo a Nohivern. Pero sí quiero seguir en esta lucha. Quiero evitar la guerra entre Nohivern y Luskan.
- ¿Insinúas que Luskan está detrás de la secta que originó la plaga? – preguntó la Señora sin mostrar mucha sorpresa ante un secreto a voces.
- No lo insinúo, lo afirmo. Lo afirmo tan rotundamente como que creo que eres la persona más apta para liderar esta misión. No dejes que Aarin dé un golpe de estado, Puerto Final es su territorio, pero tú no trabajas por un pedazo de tierra. Trabajas por la paz, que es algo que no entiende de fronteras.
- Gracias, Tekai. Eres el primero que no me ha llamado loca por llorarle a Fenthick en los jardines o por hablar con él en pesadillas. Eres el primero que cree que mi lugar está aquí y no en un manicomio.
- Cuida mucho de ti, porque eso será bueno para el mundo. Controla a Aarin. ¿Sabes? Lo pude ver de manera difusa mientras trepaba, pero bajo su protector del hombro estaba tatuado el símbolo de los esclavos. Me pregunto si es de fiar.
- Lo es – Aribeth se acercó, se puso de rodillas ante mí y quitó mi mano de mi pecho para poner la suya -. Aarin Gend es de fiar, te lo digo a pesar de lo que todavía sufro la traición de Desther.
- Bien. Creo a ciegas en tu palabra – noté el frescor de su magia curativa en mi torso -. Cuídate. Y cuando creas que tu cabeza no funciona bien, simplemente tienes que hacerle más caso al corazón. Él no entiende de dioses y deberes. Entiende de algo más importante, la felicidad. Llamaré a Sharwyn y Daelan y me marcharé. Que tengas mucha suerte.
- Quédate – dijo apretando más fuerte sobre mi pecho, como si quisiera impedir que me marchara.
- Tengo que hacerlo. Es lo mejor para todos. Y ya nada me ata aquí.
- ¿Nada?
Aribeth lanzó sus labios hacia los míos que fueron incapaces de responder ante el movimiento de los suyos. Se despegó de mi avergonzada.
- Lo… Lo siento. Me he dejado llevar por la admiración que te tengo. Por tu seguridad y por tu fe en ninguna fe – fue incapaz de mirarme a los ojos.
- Lo sé. Sólo quieres llenar un vacío, buscar lo que le falta a tus puntos debilitados. Lo que no sabes es que todo eso ya lo tienes dentro de ti. Suerte, Aribeth. Nos volveremos a encontrar.
No tengo resaca, pero estoy...espesita...:o
Chelo
Y lo a gusto que se va a quedar Sharwyn sin Eve... que no, que Eve es con los que más me entretengo escribiendo, además de que su historia creo que da mucho juego para evolucionar mucho el personaje.
Jajaja, espero que te hayas desespesado, si no, pueees, palos a gusto no duelen, espero que te lo hubieras pasado muy bien. ¡Un saludo!
Jajaja sí sí, aunque todavía tendrá que dar vueltas inesperadas esta historia. Un saludo y como siempre, graaaacias por pasar por aquí.
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 26: El Espíritu del Bosque
- Por falta de monedas estuve a punto de prescindir de sus servicios – Sharwyn había señalado a Eve que saltaba de rama en rama con gracia felina para tener una mejor visión del terreno -, pero si conoces alguien mejor que un elfo para moverse por un bosque, acepto sugerencias.
- Bah, un bosque – Sharwyn escupió al suelo en un gesto muy poco femenino -, como si eso fuera realmente peligroso.
- ¿Has visto algún arco o lanza en Nohivern hecha de madera de sus bosques? Apuesto a que no – Sharwyn se encogió de hombros -. Es debido a que cuentan terribles leyendas sobre ellos y nadie se atreve a trabajar aquí. Incluso las hordas de orcos históricamente han decidido rodearlos que atravesarlos por temor. Por eso necesitamos a Eve.
El elfo bajó al suelo y nos pidió precaución con su mano. Nos acercamos lentamente a su posición para observar un carruaje destrozado y un par de cadáveres a su lado, seguramente un matrimonio. Tenían piezas de carne desgarradas, las entrañas devoradas y al hombre le faltaba una mano y media pierna.
- Les han devorado las bestias del bosque, nada extraño – con la grave voz del semiorco sonaba todavía más aterrador.
- No, Daelan, fíjate bien – replicó Eve -, estos orificios de aquí no son de dientes, no son mordiscos. Son heridas hechas con una cornamenta, de ciervo y no muy viejo. Esos animalillos no atacan a los humanos.
El elfo y yo nos percatamos de una presencia que se escondía tras el tronco de un árbol cercano. Me miró para ver si me había dado cuenta y se lo confirmé asintiendo levemente con mi cabeza. Salimos corriendo los dos para acercarnos al árbol cada uno por un lado y cuando lo rodeamos nos quedamos tan sorprendidos como impresionados. Había una ninfa asustada, agazapada y temblando.
- Tranquila, pequeña – Eve se agachó haciendo que la ninfa quisiera hacerse todavía más hacia atrás, pero su espalda estaba totalmente pegada al árbol -. Soy un elfo, un ser de los bosques, no tienes que preocuparte.
- Yo… Mi árbol… Me atacó y… Miedo… ¡Socorro! Estoy… ¡Ah! – a pesar de sus gestos que reflejaban terror, la ninfa era sin duda tan bella como describían los libros, un rostro de niña liso y suave adornado con unos ojos de un azul claro cristalino junto a aquellas orejas puntiagudas y sus pequeñas alas como toque exótico.
- Tranquila, tranquila… No tienes nada que temer – el elfo se acercó y la abrazó y a mí me pareció ver que a Sharwyn se le caía la baba ante aquel gesto paternal.
- El Espíritu del Bosque… El Espíritu del Bosque – aquella pequeña habitante de los bosques abrazó fuertemente al elfo al pronunciar aquellas palabras.
- ¿Espíritu del Bosque? Patrañas – Sharwyn parecía ligeramente enfadada -. Ya estamos con la tontería de que el bosque tiene vida y esas excusas que se inventan estos seres para que protejamos su hábitat. Harta estoy de los druidas que, olvidándose de que son humanos y que tanto ninfas, como dríadas, como hadas son animales de los que tarde o temprano habrá que preocuparse, defienden la vida de las arboledas inventándose esas leyendas que no tienen sentido alguno.
- Yo tendría cuidado con esas cosas, Sharwyn – bien era sabido que los semiorcos eran probablemente de los seres más supersticiosos del mundo -. Creo que es algo que no se puede explicar pero habría que tener cuidado, como vuestra magia, algún día pagaréis por utilizarla, espero que no.
- Sharwyn, guapa, no me hagas pensar que sólo eres una cara bonita sin cerebro dentro – dijo el elfo mientras acariciaba a la ninfa para calmarla -. A mí me expulsaron por la Ley del Bosque, así que no hables de lo que no sepas.
- Calma. Creo que todos y a la vez ninguno tenéis razón. Está claro que en el bosque hay algo que no se puede tomar a la ligera, y también está claro que los amantes de la naturaleza lo exageran a su favor. Pero quien más tiene que decir aquí es la que menos está hablando – señalé a la criatura que seguía temblando agarrada a Eve.
Puesto que la ninfa no hacía más que aferrarse al elfo decidimos acampar para darle tiempo y que confiara en nosotros, además de que la oscuridad comenzaba ya a devorar el tono ocre otoñal del bosque. Daelan preparó unas ramas secas mientras Sharwyn y yo limpiábamos unos pescados que habíamos comprado antes de salir, una especie autóctona de Puerto Final cuyo nombre no recordaba. Eve se había sentado con las piernas cruzadas y la ninfa se puso entre ellas con su cabeza apoyada en el pecho del elfo, como si fuera una niña pequeña arropada por su padre.
- No tenemos fuego para encender una hoguera que aleje a las alimañas – dijo Daelan una vez hizo un círculo de piedras dentro del cual puso las ramas secas.
Me señalé a mí mismo para avisar de que yo me encargaba de ese problema y me alejé un poco de ellos. No sabía exactamente qué tenía que hacer para que viniera, pero lo que sí me había dado cuenta es que aparecía cuando la necesitaba.
- Airina, ¡necesito tu hechizo de manos ardientes para encender la hoguera!
Unos minutos después de aquel grito apareció. Ya no era una nube dispersa de humo, el pago de mis costillas le había hecho avanzar en su transformación. Ahora parecía más bien una masa de agua flotante que intentaba adquirir la forma de aquella joven. Su rostro no estaba todavía definido, pero si uno se fijaba bien podía apreciar su afilada barbilla y sus destacados e infantiles mofletes. La acaricié y mis dedos quedaron impregnados de agua y felicidad. “Pronto estaremos juntos”, le dije antes de que un grito llamara mi atención.
Dirigí mi vista hacia el campamento y agudicé todo lo que pude mi visión para intentar ver lo que ocurría incluso desde aquella distancia. El grito procedía de la ninfa. La lanza de Sharwyn estaba clavada en el tronco de un árbol, con la pequeña criatura ensartada en ella.
Sí que lo pase bien, "espesamiento" superado,
Chelo
Es el típico que va de rebelde para ocultar un corazón que no le cabe en el pecho... o no jaja. Graaaaaaaaaaaaaacias por volver a comentar!!
Na, las ninfas tienen siete vidas... ah no, que eso eran los gatos, jops, me la cargué! A este ritmo se acabará titulando "Los asesinatos de Nohivern". Un saludoooo, mil gracias por seguir pasando por aquí!!!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 27: Criaturas del bosque
- Lo que hay que hacer – Sharwyn respondió sin remordimientos mientras cruzaba sus brazos -. He intentado respetar vuestra opinión, pero ya me he cansado.
- ¡Es sólo una niña! – Eve tumbó a la ninfa en el suelo con extrema delicadeza.
- ¡Por los cielos! Eve, es una criatura del bosque. Un animal. Como un mosquito, pero con apariencia de cría.
- ¡Era una criatura inocente! – el elfo disparó una flecha al suelo que había entre los pies de la mujer, más como gesto de rabia que como amenaza.
- ¿Inocente? Venga ya, bajo esa apariencia dulce esconden una ramera que encandila a los hombres, muchos son los que se pierden en el bosque embobados con ellas. Es su forma de defenderse, son crueles.
Daelan tuvo que poner su cuerpo de semiorco entre ellos para que no llegaran a golpearse. Por fin pude terminar el corto recorrido que había de vuelta al campamento y estar frente a ellos.
- Déjalo, Eve. Sharwyn tiene razón.
- ¿Qué? – el elfo me lanzó una mirada de desprecio -. De una zorra humana me lo podía esperar, pero de ti… Tekai, eres un semielfo, cómo puedes defenderla.
- No, tiene razón – me acerqué a la ninfa que hacía sus últimos y pequeños movimientos y de cuya herida emanaba un líquido blanquecino, más parecido a la savia de un árbol que a la sangre humana -. De no ser por la ninfa no habríamos acampado, siendo sensato no habría propuesto quedarnos aquí, en un peligroso bosque en mitad de la noche.
- Eso es lo que pensé yo desde un primer momento – añadió la fémina del grupo.
- Pero soy incapaz de negar la ayuda a alguien que la necesita. Incluso cuando no debo hacerlo, como en este caso. Digo que Sharwyn tiene razón porque intentando hacer las cosas bien os he puesto en peligro. Esa es mi lección, tenía y tiene razón cuando dijo que es idiota siempre intentar ayudar a los demás a toda costa.
- No, Tekai, no lo admito – Eve se acercó y me señaló duramente -. Estaba asustada, temblaba, era pequeña, ¿qué íbamos a hacer?
- Aprende tú lección, Eve. Las ninfas no pueden alejarse mucho de sus árboles, empatizaste con ella porque sentiste las mismas cadenas que te apresaban a ti. Pero tu hábitat no está fuera de los bosques, ni el de ella. Quieres creer lo contrario y por eso necesitabas ayudarla, pero a veces las cosas no son así, no podemos decidirlo. Las ninfas no tienen corazón, seguramente tampoco sentimientos. Y esta ya nos está retrasando en nuestra tarea de intentar evitar una guerra.
Me giré para empezar a recoger mis cosas mientras que el elfo se puso de cuclillas frente al cuerpo de la criatura.
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- Eres un semielfo – dijo a mis espaldas -. Los humanos os tratan como elfos, y los elfos os tratan como humanos, tenéis el desprecio de las dos partes. Tu infancia debió ser brutalmente difícil. ¿No puedes entender por un momento a los seres que no son como tú sin que importe si son humanos o no?
- No sabes nada de mí – le lancé una poción de curación para que se la diera a la ninfa.
- Eso no funcionará – intervino Sharwyn -. Las pociones de curación están diseñadas para nosotros, sus ingredientes sólo funcionan con… Con humanos.
- Por mí os podéis pudrir todos los humanos – Eve desveló una mirada de odio al girarse hacia nosotros -. Las Leyes del Bosque se inventaron para asegurar la supervivencia de los elfos. Los humanos, arrogantes, conquistáis todo cuanto pisáis, y se tuvieron que establecer unas normas para sobrevivir. Esas normas se transmitieron de generación en generación convirtiéndose en tradiciones. Tradiciones de las que huyo porque se basan en que sólo dentro del bosque estamos a salvo. Quise desobedecerlas, descubrir que el mundo fuera no es tan malo, y me divertí, esquivé los insultos y el desprecio y me dediqué a la buena vida. Pero hay veces… Hay veces que vuestras ansias de superioridad son repugnantes, matáis a placer a los que no son como vosotros. Y por un momento… Sólo por un momento… Me gustaría pensar que nuestro pueblo no está condenado a la guerra como única solución para conseguir un poco, un mínimo de libertad y felicidad.
El elfo se puso a derramar lágrimas de rabia. Sus aventuras de mujeriego, sus vivencias de ser despreocupado quedaban eclipsadas ante la cruda realidad de su dura existencia, la de un elfo fuera de su bosque en un mundo de humanos que no respetan la vida más allá de su propia especie. Sharwyn acumuló todos sus remordimientos en sus glándulas lacrimales y no pudo evitar humedecer sus mejillas. Se puso de rodillas al lado de Eve y puso su mano sobre la que el elfo tenía en la cara de la ninfa. Su dulce voz comenzó una canción que envolvía al corazón como una especie de bálsamo.
- La poción sólo es eficaz para humanos. Pero mi canto curativo sirve con todo, no entiende de especies, se dedica a reconstruir materiales del tipo que sean. Siento haber sido tan impulsiva, pero que quede claro que si intento curar a este engendro es sólo por lo que sé que te importa – la ninfa comenzó a abrir los ojos poco a poco.
- No sé si darte las gracias o no dirigirte la palabra en mi vida – respondió Eve en tono melancólico.
- Me basta con que me perdones – la mujer dio un beso a la pálida mejilla del elfo -. Cuando dejas de decir idioteces y te pones serio estás tan guapo…
- Vamos, chicos – les interrumpí -. Acompañaremos a la ninfa a un lugar más seguro, pero será mejor que retomemos el camino a Luskan y acampemos en otro sitio más seguro.
Y así es como continuamos el camino, aprendiendo de él y sintiéndonos diferentes a cada paso que dábamos.
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Chelo
Chelo
Jeje tú estás de parte del elfo entonces, yo también. Pero Sharwyn tiene también razón, en el fondo las ninfas son seres sin sentimientos. Es un poco lo que refleja la sociedad nuestra, si el animal nos gusta (gatitos, perros...) nos da pena, pero si no nos gusta o resulta peligroso para nosotros lo aniquilamos. Habría que plantearse hasta qué punto somos dueños de la vida ajena, pero me callo que me lío, siempre me gusta meter debates en mis historias jeje. Un saludooo, muuuchas gracias por comentar!
Jajajajaja, son tiempos difíciles... Es que yo siempre he criticao historias de estas que a pesar de estar en guerras y siempre con peligros acechando, a los personajes casi nunca les pasa nada, en el fondo mi subconsciente me hace vengarme. Lo controlaré jaja.
Dejémoslo en que ayer llegué con algo de... "espesamiento".
Jaja noo, es que llegué muy tarde de trabajar y además internet y sus fallos de conexión no estaban por la labor de ponerme las cosas fáciles... pero lo pongo ahora, luego si me da tiempo pongo otro y si no pues ya mañana retomo el "horario" habitual.
Me alegra muuuuy mucho que preguntes por él, en serio, dobleternamente agradecido por ese interés!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 28: Compartir
A pesar de estar jadeante y sudoroso por el sobreesfuerzo, Eve parecía seguro de sí mismo; pero yo tenía mis dudas de que consiguiéramos tumbar a Daelan. Era la décima vez que el semiorco adoptaba una posición defensiva y que nosotros intentábamos hacerle caer al suelo con un placaje. Un nuevo intento, de nuevo fallido. Ni siquiera golpeando los dos a la vez en el pecho de la bestia para duplicar la fuerza podíamos hacer que se moviera lo más mínimo.
- Cielos, creo que me he dislocado el hombro - Eve se apretaba la articulación con el brazo sano.
- ¡Debiluchos! - la risa de Daelan retumbaba en las montañas cercanas a aquel prado -. Os lo dije, para bien o para mal, la lucha cuerpo a cuerpo es un arte. Para una cosa de la que sé más que vosotros...
Y era cierto, tan importante como la propia fuerza en sí, era la posición de los músculos y huesos para golpear con más intensidad o que el cuerpo ofreciera más resistencia a los impactos. Me encantaba entrenar con razas distintas, era uno de los momentos que más orgulloso estaba de la multiculturalidad, porque cuanto más diferente es alguien a ti, más cosas puedes aprender de él. Por su parte, el elfo me había enseñado a ser más rápido. Cuando me convertí en semielfo noté pasivamente un aumento considerable de mi velocidad, el suficiente para estar satisfecho y despreocuparme de su evolución. Así que no sabía que podía todavía mejorarlo más, y aunque nunca sería tan rápido como un elfo original, Eve me había ayudado a mejorar mis movimientos.
Mientras, Sharwyn descansaba tumbada en una alfombra de plantas de algodón. Si no dormía, a juzgar por sus ojos cerrados y su respiración lenta, meditaba profundamente.
- Bravo, bravo, bravo... - el sigilo de aquel hombre de piel oscura que apareció entre nosotros seguía sorprendiéndome, ni siquiera el elfo se había percatado de su presencia hasta que dijo aquellas palabras.
- Aarin, me gustaría decir que me alegro de volver a verte - me acerqué a él y lejos a sus espaldas pude ver que llegaba una cuadrilla de guardias de Puerto Final rezagados.
- Mis hombres os vieron por los bosques de Nohivern - cruzado de brazos imponía bastante -. Y que para variar, no hicisteis nada de provecho.
- Lo intentamos, una ninfa nos dijo que ocurría algo, los animales atacaban sin razón, pero de repente el bosque retomó su equilibrio natural. Dejamos a la criatura en su hogar, puesto que tampoco podía darnos más información.
- ¿De repente? - Aarin hizo un gesto de desprecio -. Los animales estaban siendo manipulados por un mago, bastante poderoso por cierto. Pero ya no hay que preocuparse, mis hombres y yo le dimos muerte para que todo volviera a la normalidad.
- Primero una plaga para levantar un ejército de muertos vivientes. Luego control mental de orcos, y ahora intentan manipular bestias salvajes. Quieren crear un gran ejército de criaturas. Luskan está detras de todo esto.
- Veo que sabes mucho...
- Y podría ayudar. Aarin, Puerto Final sigue tus órdenes y tú te encargas de esta región, pero si la guerra estalla implicará a todo el reino, por lo que entonces ya me influye a mí. Así que podemos hacer dos cosas, ir cada uno por su cuenta o colaborar para conseguir mejores resultados.
- Veamos... - Aarin pensó durante unos segundos -. Está bien, te doy otra oportunidad de demostrar lo que vales. Un combate tú contra mí. Si ganas, aceptaré tu valía y colaboraremos. Si pierdes, te irás para siempre de mis tierras.
Apenas hube aceptado el desafío, Aarin ya había juntado sus manos para ejecutar un conjuro. Me distancié de él temiendo algún tipo de explosión pero lo único que ocurrió es que el hombre empezó a perder opacidad hasta quedar totalmente transparente. Invisibilidad, un hechizo clásico en el repertorio de todo espía. Aunque con sus huellas y el ligero ruido de sus movimientos podía intuir su posición, no era suficiente para intuir sus ataques concretos.
Sin embargo, fue incapaz de darme un golpe. La sonrisa de Eve se estiraba en una cara con unas pupilas muy dilatadas y giratorias. Nada podía escapar a la ultravisión de un elfo. Visualizados los movimientos del enemigo, me los comunicaba en forma de susurro, tan bajo que sólo un oído agudizado como el mío podía escucharlo. Aunque perdía tiempo procesando sus palabras, después lo recuperaba con la nueva velocidad de mis movimientos que había estado entrenando. La conexón entre el elfo y yo se hizo tan innata que a los pocos minutos parecía que podía predecir los movimientos de Aarin aunque no le viera.
Aproveché el momento oportuno para cargar un proyectil mágico en mi mano derecha y lanzarlo a mi rival desde una distancia cercana, lo que lo hacía más potente. Pero sólo se escuchó el ruido de un enorme cristal al romperse. Aarin usaba el escudo de protección. Aunque los espías confiaban siempre en no ser encontrados ni golpeados, el escudo les servía como último recurso por si algo salía mal. Hice un poco hacia atrás mi pierna de apoyo, giré la columna un grado de torsión más allá del dolor y mantuve el brazo en ángulo recto. El puñetazo fue brutal y Aarin quedó completamente sorprendido al ver cómo su escudo se hacía añicos. Daelan lanzó un grito de orgullo al ver lo bien que había aprendido sus lecciones para aumentar mi fuerza.
- No peleas mal - Aarin retomó su coloración natural, era inútil malgastar energía en la invisibilidad viendo que no era eficaz -. Pero no eres muy listo.
El hombre señaló al suelo y me di cuenta de que mis pies habían quedado apresados en una telaraña gigante. Los espías también eran expertos en infiltrarse y colocar trampas. No me había dado cuenta de cuándo había caído en la suya. No podía dar un paso a ninguna parte, así que Aarin aprovechó para alejarse un poco de mí para que no pudiera golpearle brutalmente, esta vez sin escudo.
Miré a Eve y afirmé con la cabeza. Él negó con la suya, sabía lo que le estaba pidiendo como también sabía que nunca había salido bien, ni siquiera en la versión fácil de los entrenamientos. Pero le insistí tanto que finalmente decidió coger su arco y preparar una flecha.
- Eh, el combate es entre tú y yo, si me toca esa flecha no será válido - advirtió el hombre de piel oscura.
- No lo hará.
Eve disparó. En el momento que pasó por mi lado la flecha la acaricié, y después siguió su camino pasando a escasos centímetros del cuello de Aarin. Antes de que el hombre pudiera jactarse del fallo puso sus manos en el estómago, cayó de rodillas y esputó una considerable cantidad de sangre.
- Duele, ¿verdad? - el dolor era tal que le impedía mantener el conjuro de las telarañas, que desaparecieron permitiéndome acercarme a él -. Flecha ácida de Melf.
- Imposible - dijo Aarin entre dientes -. No has podido aprender a dar forma perforante a la magia y a convertirla en corrosiva en tan poco tiempo.
- Sí, y no - me agaché para estar a su altura -. Lo de hacer magia corrosiva sólo era cuestión de concentrarla y hacerla reactiva a cualquier material. Pero lo de hacerla penetrante en forma de flecha para que entrara en el cuerpo era más difícil. Así que simplemente impregné la flecha con magia para usarla como molde, y la inercia hizo el resto para conseguir el efecto. El cálculo del disparo era el exacto para que, al soltarse la magia de la flecha, siguiera su trayectoria independiente hacia tu cuello, entrara en ti y descendiera al estómago por la garganta. Por cierto, todavía no soy muy bueno en hacer magia ácida, no te matará, pero estarás un buen rato inhabilitado. Lo que quiere decir, que pierdes.
- No es justo, te ha ayudado ese elfo disparando.
- En parte, sí. Pero no pretendía ganarte, sólo demostrar que colaborando con alguien uno se hace más fuerte. ¿Aliados?
Le ofrecí mi mano y la apretó con la suya sellando la paz entre nosotros.
La alemana quería saber si la íbamos a hacer este año (2012)pero entre el trabajo y los críos que se pusieron malos en esa semana se retrasó, y la celebramos el sábado pasado con una pareja de menos (la escocesa y el alemán que se fueron a vivir a Aberdeen) pero con otra pareja, la mujer es de Bangladesh y el marido de Shetland. Los críos lo pasaron genial, y los mayores también. Además, era el Año Nuevo Bengalí, por lo que nos dijo la chica de Bangladesh, aprendimos a decir Feliz Año en Bengalí, algo así como "nosequé bosco".
Jolín, vaya testamento, pero bueno, conclusión, que con la interculturalidad que se aprende mucho, se come mucho, se rie uno mucho
y se acaba con una botella de vino rápidamente...:D
Y respecto a lo de los elfos y humanos, pues sí, los vertebrados mamíferos no se pueden tocar pero los otros bichos no importan, y como bióloga no me hace gracia, y eso que tengo fobia a los insectos y arañas.
Chelo
Chelo
¿Bióloga? ¿En serio? ¡Pues ya somos dos jaja! Terminé la carrera el año pasado y bueno... sólo me ha servido para trabajar en una herboristería de momento.
Pero en esa herboristería hacían otras terapias naturales tipo energéticas que, como biólogo, te puedes imaginar lo que me costaba tragarlas. Pero ahí aprendí muchas cosas, y es como con la multiculturalidad, creemos que lo nuestro es siempre lo mejor y nos perdemos lo que enriquece que haya cosas tan distintas.
Me encanta la anécdota que me cuentas, hay que estar siempre conociendo cosas. Porque yo siempre digo que 'somos lo que somos, más lo que nos llega', y cuantas más posturas o versiones escuchas, más puedes enriquecer la tuya propia, unas cosas te gustarán y te las quedarás, otras no...
Y ahora el del testamento soy yo, así que me callo jaja. Un saludooooo, compañera de profesión!
Gracias a ti, de verdad, me alegra mucho que alguien lea esto, que es mi "desestresamiento nocturno".
Jajajajja para que veas, lo que escribo también es educativo. ¿Quieres hacerte amigo de alguien? ¡Dale una paliza! Aiii noooo... xD Un saludo y muchiiiiiiiiiisimas gracias por tu visita.
Un requisito para ser un buen espía era tener una buena red de contactos, y por suerte Aarin Gend la tenía. Garlen, guardia de Luskan, nos facilitó la entrada a la ciudad y nos llevó hasta el templo de Tyr. Tyr no era ni de lejos una de las deidades más seguidas en aquella ciudad, por lo que su templo era un buen lugar para organizar un cuartel y pasar desapercibidos.
Luskan era una ciudad costera sin grandes alardes en sus construcciones. La caracterizaban los numerosos puentes que permitían el paso sobre las zonas inundadas que bañaban la ciudad y un gran torreón que se observaba desde muy lejos, además de su cercanía al mar. Sin embargo, el paisaje era desolador, no había en las calles más que guardias con su típica armadura dorada de Luskan.
- Qué bien te veo, Gend – le dijo su contacto a nuestro espía una vez estábamos dentro del templo.
- Y yo a ti, Garlen, brindemos por nuestras vidas, que sin duda han ido a mejor.
No había mucho para brindar. Entre el caos que reinaba y las dificultades para salir adelante de una religión tan precaria en la ciudad, los clérigos sólo pudieron ofrecernos unas infusiones sobre una mesa arañada por el paso del tiempo.
- Y cuéntame, Garlen, ¿cómo conseguiste tu libertad? – Aarin preguntó mientras que Aribeth se alejaba sin sentarse con nosotros, supuse que para aprovechar el lugar y dedicarle unas oraciones a su dios.
- Pues como la mayoría de los esclavos, obedeciendo y demostrando mi valía. Luskan me contrató para su guardia, ¿y tú?
- Pues como la minoría de los esclavos, huyendo constantemente para salvar el pellejo. Tanto tuve que afilar mis habilidades de sigilo para esconderme que gané fama y reconocimiento por parte de todos aquellos que me buscaban y no conseguían dar conmigo. Al final lo hicieron, pero Lord Nasher asumió que tenía tanto talento que no debía ser desperdiciado y me reclutó.
- Joder, Aarin, qué tiempos… - la conversación era un duelo de frases entre Aarin y su amigo, el resto no interveníamos.
- Por cierto, ¿sabes algo de alguna secta aquí en Luskan? Tenemos motivos para creer que hay un grupo de magia conspirando y nos gustaría dar con ellos.
- Ni idea, pero si tiene que ver con la magia tendréis que visitar la Hermandad Arcana, ahí están las magos más poderosos del reino.
- ¿La Hermandad Arcana?
- Son los que gobiernan en Luskan – se atrevió a intervenir Eve, sentado en el suelo a unos metros de la mesa -. Bueno, realmente, los que gobiernan son los Cinco Señores, líderes de sendas organizaciones piratas que se reparten la ciudad, bajo la supervisión de los magos de la Hermandad Arcana, o algo así.
- Vaya, sí que sabes de ciudades humanas para ser un elfo – dijo Aarin.
- Tú amigo tiene razón - confirmó el guardia de Luskan -, la ciudad se la reparten cinco líderes sanguinarios, aunque espero que no me oigan. Sin embargo, hace días que estalló una guerra civil, y ya sólo quedan dos de ellos, al final uno se hará con el poder.
- ¿Y cómo vamos a entrar a esa Hermandad Arcana? – Sharwyn había decidido aportar su voz femenina a la conversación.
- Pues hombre, apuesto que los guardianes te dejarían pasar si les enseñaras esos melones – contestó el guardia que no se había dado cuenta de cómo Eve le miraba con un gesto fabricado de repugnancia y celos -. Pero como me imagino que no estarás por la labor, necesitaréis este salvoconducto.
- ¿Con esto nos dejarán pasar? – Aarin cogió el papel que su amigo había dejado en la mesa -. Bien, pues te agradezco tu trabajo.
- Igualmente, Aarin, me alegro mucho de volver a verte.
No se habría alegrado tanto de haber adivinado su inmediato futuro. Mientras el guardia dirigía su mirada al escote de la mujer bardo, Aarin sacó una daga y le rebanó la garganta. Se aseguró de que el corte fuera lo suficientemente profundo para romper sus cuerdas vocales y que no pudiera gritar llamando la atención de otros guardias. También lo hizo para que muriera en segundos y que ninguno de los allí presentes pudiera sanarle antes de perecer.
- ¿Pero qué haces? – le repliqué a Aarin dándole un empujón para apartarle y acercarme a un hombre que, efectivamente, ya estaba muerto.
- Le conozco. Si no lo hubiera hecho nos habría delatado para cobrar unas monedas más.
- Pero había otras formas de retenerle... Avisaré a Aribeth, tu violencia no puede quedar impune.
- Hazlo. Se lo dirá a Lord Nasher y él me exculpará. Sí, siento bajar de su pedestal al Señor de Nohivern, pero gobernar no es fácil, y requiere su permisividad a hombres como yo para que hagan el trabajo sucio.
No me molesté en responderle, aunque sí pude ver unas lágrimas en su negra tez. Imaginé que sería duro matar a un amigo que has tenido cerca en años difíciles de esclavismo. O puede que le asesinara sólo para romper ese enlace con un pasado difícil de olvidar y que fuera la melancolía la que se había materializado en aquel leve llanto. Eso nunca lo sabría.
Crucé el portón por el que había visto marcharse a Aribeth y que conectaba con una pequeña capilla adornada con una imagen de Tyr, esculpida en una piedra de muchísima menor calidad que las que había visto en Nohivern. A pesar de que el lugar estaba en penumbra, no era inconveniente para ver que la Señora no estaba allí.
Sólo puede encontrar una ventana abierta. No podría asegurar qué motivo era el que hizo que nos abandonara, pero aposté por la venganza personal. Aribeth seguramente quería ajustar cuentas en primera persona con los causantes del Aullido.
Qué guay! Me encanta tu historia, siempre he pensado que para conseguir resultados distintos hay que hacer cosas diferentes, así que me alegro mucho por tu viaje a Escocia que mira, te dio experiencia y media parte de tu vida.
Yo también trabajé en un cine, entre cursos, y sinceramente, me hubiera gustado seguir trabajando allí, me lo pasaba genial, pero ahora ya no está el gerente que tenía, que siempre que quería volver me acogía porque sabía que era responsable y tal.
Con el inglés me defiendo, pero ahora las becas están muy complicadas. En un par de semanas me voy a Albacete que me alquilan una habitación porque ahora mismo aquí estoy "atascado", cuidando sobrinas y trabajando en la tienda de mi hermana. Echaré currículums en bodegas y queserías que buscan biólogos en particular y en todo lo que sea en general, si encuentro algo genial, si no aprovecharé el tiempo para mejorar mi alemán y estudiar programación, que programadores buscan mucho ahora y es algo que siempre se me dio bien en el pasado y me gustaba.
En resumen, moverme, que ha llegado un punto en el que tengo dos trabajos y no cobro en ninguno xD
Un saludo, gracias por contar tu experienciaaaaa, me encantaa!!
Jaja se me ha vuelto a ir la vena sanguinaria, pero ya me he prometido a mí mismo no matar a nadie más hasta casi el final. ¿Podré cumplirlo? Jeje. Muchísimos millones de gracias por seguir por aquí!!
Tras revisar el salvoconducto, uno de los guardias abrió una enorme puerta metálica que chirrió en un tono casi insoportable como señal de aviso ante lo que podíamos encontrar detrás. Ante nosotros, un camino que desembocaba en un torreón donde, si estaban nuestros verdaderos enemigos, todo estaba a punto de llegar a su final. El sendero pavimentado se abría paso ante un mar enfurecido que golpeaba los espigones a ambos lados. Hacía frío, las salpicaduras de agua no ayudaban, y había un ambiente espeso alrededor de la gran torre. Pero nada comparable a un dolor agudo que empecé a notar en el estómago y que me hizo parar y sentarme en una de las grandes rocas del camino.
- Yo me quedo con él, ahora os alcanzamos – dijo Eve que retrocedió unos pasos para volver hacia mí.
- Siempre una molestia… - me pareció escuchar de Aarin antes de que el resto del grupo volviera a ponerse a caminar.
- ¿Estás bien? – el elfo puso su mano en mi hombro y me miró a la cara -. No tienes buen aspecto.
- No – el dolor le dio un tono a mi negación que confirmaba mi malestar.
- Ten, tómate esto – me ofreció una poción de curación -. Serán los nervios, llevamos un ritmo agotador, con mucha tensión. Se te agarra la presión en el estómago y antes o después te acaba jodiendo.
Vomité la poción antes de que llegara a mi estómago, porque ya no había estómago al que llegar, tal y como había supuesto.
- ¿Cuánto crees que puedo aguantar vivo sin comer? – le pregunté a Eve, aunque yo ya había hecho mis cálculos que me daban dos o tres semanas.
- ¿Qué dices? ¿No has comido bien estos días? ¿Eso que sientes es hambre?
- No, Eve. Los alimentos ya no sirven para mí – me miró con un rostro de incomprensión -. Hazme caso, tenemos que acabar esta misión antes de ese tiempo.
- ¿Me vas a contar lo que te pasa? No hay prisa, saben defenderse bien – señaló al grupo que ya llegaba casi a la puerta de la torre-. Es más, nos retrasaremos y llegaremos en el momento que más nos necesiten en acto heroico. Y por los tiempos cantarán nuestra entrada triunfal, y los dos brindaremos con vino o cerveza al escuchar semejantes cantos.
- No, Eve, me han fallado los cálculos. Hice un hechizo de sacrificio para traer de vuelta al mundo de los vivos a una persona a la que amo.
- ¿Estás loco? Veo que sí. No me extraña de un semielfo que lleva sangre corrupta humana – sonrió para hacer ver que hablaba en broma.
- Lo peor, es que no sé nada de esa chica. No tengo casi ningún recuerdo de ella quitando los de los últimos días. Al parecer he estado con ella muchos años, pero mis intentos de resucitarla han borrado esos momentos de mi mente. ¿Sabes? No puedo recordar casi ninguno de nuestros momentos juntos. Pero lo que sí sé es cuánto la he amado en cada uno de ellos.
- Sí, eres idiota – el elfo se sentó a mi lado -. Porque cuando resucite se irá con otro tipo con… Con al menos un estómago. Bah, qué más da el futuro. Lo importante es lo que estás haciendo ahora por ella, algo muy grande. No, más que lo que haces lo importante es lo que sientes ahora por ella para hacer algo así. ¿Y en qué calculo fallaste?
- En que no podría morir – Eve hizo un gesto incomprensible, que reflejaba que ahora sí que no entendía nada -. Era algo que suponía, y comprobé con el ataque brutal de Fenthick que aún así no acabó matándome. Hay alguien que me protege y que me hace “difícil de aniquilar”.
- Y después criticas a Aribeth por creer en dioses…
- No hablo de dioses, hablo dentro de mí. Soy dos seres, en uno.
- Venga, te estás quedando conmigo. Te ha sentado mal la infusión, has vomitado y todo esto es para gastarme una broma.
- No – mi voz melancólica hacía honor a la verdad -. Mi aldea fue atacada por elfos. Tranquilo, no guardo rencor a tu raza, incluso comprendo su defensa férrea de los bosques que nos vimos obligados a cruzar. Uno de los elfos me mató mirándome desde unos ojos hechizados. Cuando me desperté, tenía varias de las habilidades élficas. Como si me hubiera poseído, como si fuera parte de mí.
- Deberías tomarte un descanso, en serio. Deja que vea si tienes fiebre, empiezas a desvariar.
[FONT="]- ¡No me lo invento! – aparté su mano de mi frente -. Los días que estuve inconsciente antes de despertar no dejaba de ver las mismas imágenes de manera repetida. Una guerra entre Luskan y Nohivern que se extendía por todo Faerun, nuestro mundo. Y un héroe, de sangre mezclada, era clave en la alianza entre humanos y elfos que se enfrentaría a las hordas de bestias dirigidas por Luskan. Yo soy ese semielfo, y de alguna manera el destino me protege hasta que cumpla mi papel, por eso pensé que no podía morir. Esta misión sólo sirve para convertirme a mí en un héroe y así poder guiar tanto humanos como elfos a la batalla cuando estalle la guerra. No puedo morir hasta que cumpla mi papel. El elfo que tomó posesión de mi cuerpo me ha estado protegiendo, pero no sé si será capaz de seguir haciéndolo.
- No te lo tomes como algo personal, pero me alegro de que tu destino no se cumpla. Quiero decir, si no mueres y esa profecía no se equivoca, habrá guerra.
- La habrá, Eve – lo dije casi sin sentimiento, yo ya lo había asumido -. Deseo sobre todas las cosas equivocarme, porque el dolor y las muertes, el sufrimiento de todo Faerun que veo en las imágenes, es sencillamente inaceptable.
- ¿Y te dicen tus imágenes quién gana la guerra al final?
Tras haber descansado lo suficiente como para seguir andando le dije a Eve que no teníamos que retrasarnos más y que debíamos retomar el camino.
- Nadie gana en las guerras, Eve. Nadie.
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Aquí como es el quinto pino se está notando más desde mediados del año pasado. Pero bueno, hay que capear el temporal que después de la tempestad viene la calma. Y sino, siempre están Nohivern o Semarin o cualquier otro mundo donde perderse por un ratillo para volver al nuestro con ganas, ponérnoslo por montera y tirar hacia delante.:)
Chelo
(P.D. Tekai se nos está cayendo a trozos, tu o los liquidas rápido o lentamente pero lo de cargarte al personal se te da de miedo