Doy las gracias al dios munificente
que permite a mis ojos acezantes
admirar los innúmeros diamantes
de tu boca lozana y sugerente:
la que besa la linfa transparente
cuando flechas febriles y pujantes
o cuchillas agudas y humeantes
son las luces del astro omnipotente;
la que acalla con voces desprendidas
los profundos aullidos de los vientos
en las noches obscuras y medrosas;
la que, al cabo, sutura las heridas
que en el alma ocasionan los tormentos
con un néctar afín al de las rosas.
Comentarios
Un bello soneto, Littera.
Como ya te dije otras veces, para mi gusto, sobra la imagen que compite con la belleza de tus versos y distrae.
Saludos.