Aquel habitáculo de no más de cuatro metros cuadrados, solo albergaba en su interior un camastro sin sábanas y una banqueta pegada a la pared, en la que el asesino permanecía sentado, sujeto por muñecas y tobillos a cuatro férreos grilletes.
El guardián les entró dos sillas que habían pedido, ya que el interrogatorio se podía alargar en el tiempo si el tipo aquél no colaboraba.
-¿Quién eres? ¿De donde has venido? En fin…, las preguntas típicas que solían hacerse en los interrogatorios.
El gigante de negro, como si no hubiera oído nada, ni parpadeó.
-Anoche se te vio en el prostíbulo. Sabemos que estuviste en la habitación de la chica que fue asesinada, ¿la mataste tú? ¡Contesta!
En ese momento entró en el receptáculo, el dueño del bar de las meretrices, se le quedó mirando y dijo: -Sí, es él. Estuvo allí anoche. No tengo dudas; yo ya le conocía de otras veces.
-Bien, puede retirarse. Aquel hombre se dio la vuelta y sin replicar, se marchó de los calabozos.
-Sargento: tome nota de la declaración del dueño del prostíbulo.
El comisario Morales, se acercó al reo lentamente. Fue agachando su cabeza lo suficiente para comprobar que su chaqueta, estaba manchada de sangre. No era fácil distinguirla, pero el comisario Morales era un avezado e intuitivo policía.
-Esas manchas son de sangre. ¿Donde te las hiciste? ¿Hacia donde te dirigías esta mañana cuando te hemos aprehendido? Está bien ¿No quieres decir nada? Aquí te quedarás hasta que hables. Si no lo haces, no volverás a salir de aquí.
Al oír estas palabras, el oscuro personaje levantó la cabeza como un resorte y dijo:-He venido a ojear ganado y… esta mañana iba a comprarle unos dulces a mi mujer antes de irme. ¡Ya les he dicho que yo no he hecho nada!
El comisario Morales le solicitó a su colega Echeverría que saliese un momento con él. Una vez fuera del alcance del oído del monstruo, Morales le dijo: -¿Has visto? Solo ha reaccionado cuando le he amenazado con no dejarle salir de aquí si no habla. Déjamelo a mí; si es el autor de los crímenes le haré confesar.
El presunto asesino había cometido un definitivo error ante la sagacidad del comisario Morales: había mostrado gran debilidad al decir que tenía esposa y que iba a llevarle un presente de su viaje a la ciudad.
Ambos inspectores volvieron al calabozo del homicida. El comisario Morales acercó tranquilamente su silla a solo medio metro de él. Le miró fijamente y le dijo: -¿sabes? Vamos a hacer venir a tu esposa para que te vea entre rejas y te identifique. En ese momento, el enlutado grandullón se desmoronó y se echó a llorar como un niño: -¡No, a mi mujer no! ¡Dejadla en paz! Ella no tiene nada que ver.
-¡Confiesa! Le urgió el comisario Morales. Dime donde estuviste anoche y qué hiciste.
-Yo no quería-balbuceó derrumbado entre sollozos-. No puedo evitarlo. Cuando veo a esas putas tengo que matarlas. ¡Sí, disfruto matándolas! ¡Hay que matarlas a todas! ¡Son malas mujeres!
Los dos comisarios se miraron cómplices; sabían que aquella pesadilla había llegado a su fin. Ambos salieron de la celda cogidos del brazo entre los infantilones sollozos del monstruo. Impresionaba ver a aquel asesino llorar como una plañidera, con las manos tapando su rostro, seguramente por la vergüenza de verse ridículo ante aquellos agentes.
Los comisarios se dirigieron al despacho de la jefatura y ya, a modo de despedida, Echeverría le dijo a su amigo Morales: -eres un lince, amigo mío. No has perdido ni un ápice de tu prodigiosa sagacidad. Me das envidia, pero estoy orgulloso de ti.
-¡Vahh! No tiene importancia-le replicó Morales-. A este tipo de gente la tengo bien calada. Son personas que, en su ámbito, intentan mostrar una imagen distinta de lo que en realidad son. Sus familias no suelen saber nada. Estos asesinos patológicos, representan lo más depravado dentro del catálogo de homicidas perturbados.
-Bien, bien, querido Morales. Hemos resuelto esto en un abrir y cerrar de ojos, y hasta ayer no teníamos ni un solo indicio en que basarnos. Tu colaboración ha resultado inestimable. ¿Qué harás ahora?
-Pues irme a casa y descansar. Han sido dos días muy ajetreados y mis huesos no resisten más. Eso sí, me voy con la satisfacción de ver enchiquerado a un peligroso asesino como este.
-Muy bien, amigo. Te deseo un buen viaje de regreso y espero verte pronto por aquí.
-Dicho queda.
Los dos volvieron a fundirse en un fuerte abrazo y con un apretón de manos, siguieron sellando la amistad inquebrantable que existía entre ambos.
Mientras el comisario Echeverría se alejaba por el pasillo central de la planta baja del palacete, el comisario Morales cruzó la puerta de salida, henchido de satisfacción. Se había quitado un gran peso de encima. Volvió a mirar al cielo como el día en que llegó. Era costumbre suya, que el conocimiento atmosférico le acompañara en sus viajes. El día estaba como siempre: pintando lluvia. En esto, llegó el coche de caballos que le trajo a Vitoria dos días antes. Bajó las escalinatas y se acomodó en el almohadillado asiento púrpura interior. Miró hacia el edificio con cierta nostalgia, hizo un enérgico saludo uniendo las puntas de los dedos de su mano derecha con su sien, dio unos golpecitos en la madera del carruaje para que el conductor del mismo supiera que ya podía iniciar la partida, y desapareció por la carretera empedrada que le conduciría a su ciudad, donde continuaría ejerciendo su labor de defensor de la ley.
El monstruo de Vitoria, fue juzgado y declarado culpable del asesinato de, al menos, seis prostitutas.
No llegó a tres meses el tiempo que tardó en ser ajusticiado.
Murió en la horca gimiendo, pero no porque iba a morir, sino porque no vería más a su esposa, a la que este ser diabólico tenía como centro de su vida.
Fue enterrado con el mismo traje negro que le acompañó en la comisión de sus terribles crímenes.
La niña, paulita, seguiría feliz jugando con su hermano Ignacio y sus demás amiguitos. Pero la imagen de aquel gigante, estaría presente en ella, el resto de su vida.
Esta historia ha sido novelada sobre hechos reales.
Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.
Comentarios
Me gustó la forma de narrar, entretenido y sin tantos rodeos:p