Nos habían quitado la tierra, nuestras casas fueron destruidas con el incendio final. Yo le había dicho a madre que las cosas no pintarían mejor, que ya nada tenía sentido y ella me dio que la muerte era demasiado fácil. Pasaron los días en que andábamos buscando algo, comida, agua o más personas que buscaran; otros días sólo buscábamos sin saber qué. Los incendios habían destruido ya las casas de muchos, la de los Tapia, los Ramírez, los Tovareña; y la búsqueda se superpoblaba por todos los que sufríamos el mismo mal.
La historia continúa, sin embargo el autor ha solicitado editarlo, ya que se encuentra realizando un tabajo al respecto.
Agradecemos a todos sus comentarios...
Saludos,
Dimiga
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