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Utopian Odyssey escribió :
Greatest HIts escribió :
Stevie Wonder presents Greatest Hits: Utopian Odyssey Vol. I - Índice:
- Bonus track: Prólogo del autor
- Prólogo I: ¡Oh, yeah!
- Prólogo II: Honor
- Prólogo III (1ª parte): The Carlos Gil Show
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Tras mi experiencia en el foro con España en mi AAR: ¡Santiago y cierra! , afronto un reto totalmente diferente, tanto en materia de Total War como en lo que atañe a la narración, formato y contenido del mismo.
Si en mi anterior aventura mi intención era ofrecer una visión bastante profunda y literaria de lo que representa la creatividad dentro de un AAR y la elaboración y expansión de eventos que concordasen con la campaña, en este nuevo proyecto el epicentro será la historia de un jugador, con nula presencia de textos narrativos que concuerden con la campaña sino más bien, la idea de desarrollar una campaña a través de la historia de un jugador de Medieval Total War II.
Toca olvidarse pues de extensos diálogos entre personajes semi-ficticios incluidos en la partida, diversas tramas que despejen incógnitas sobre un tronco principal y disfrutar con el reto apasionante de empezar un relato más humilde y simple, con todo un extravagante camino por recorrer.
A efectos de aportar algo más de luz acerca de los criterios o parámetros que seguirá la historia, les señalo brevemente algunas de las claves de su desarrollo:
De hecho, cada post de las "Crónicas del autor", irá acompañada por una canción, íntimamente relacionada con el contenido o la situación acontecida en el post, sin recurrir a enlaces musicales relacionados en la campaña.
La idea está, como en el anterior AAR en el que utilicé dicho recurso, en leer el texto mientras la música elegida acompaña al lector, pero ésta vez como si de una secuencia cinematográfica se tratara.
Una odisea a través de la importancia de comprender las diversas preguntas que muchos de los jugadores que han gozado de Medieval II Total War no han podido resolver, basado en un profundo trabajo previo para la comprensión y el entendimiento de tan discutido factor, en el que intentaré explicar de forma productiva diferentes situaciones que nos anuncia la IA del juego, la clave de su comportamiento, e intentaré desmontar la no tan acertada teoría de la deplorable diplomacia que sustenta el modo de juego en campaña.
No quiero imponerme reglas más estrictas que las inferidas por la propia realidad y me apoyaré de manera bastante importante en la guía economico-geográfica que elaboré hace algún tiempo, para guiarme en diferentes aspectos económicos y expansionistas a la par de diferentes post en materia diplomática que se ubican en TWC.
Indicar acerca de los diferentes protagonistas que aparecerán en la historia, que todo lo que aquí acontezca será fruto de la imaginación del autor y nada tendrá que ver con hechos o actitudes reales.
Señalarles que, a grandes rasgos, la historia alternará textos basados en las reflexiones y situaciones vividas por el jugador con la del discurrir del propio juego, pese a que no habrá de inicio tramas narrativas de interés o gran complejidad, para no distanciarme demasiado del verdadero objetivo.
No les voy a negar que un reto personal es aguantar con la historia y ese es uno de los objetivos intrínsecos de la misma.
En ese sentido, me hubiera gustado poder llevar a cabo un relato exponencialmente más amplio en ¡Santiago y cierra! pero mi particular bipolaridad, de la cuál algunos tendreis constancia me impidió mantener la ilusión y la constancia necesaria para amplificar mi idea inicial, pese a las estupendas críticas y muestras de apoyo recibidas.
Ojala tuviera la paciencia y calidad que han demostrado grandes de ésto como Arthras, seven7, Sgto.Pippers, Clophitoth, y tanto otros. Pero por motivos profesionales no hubiese podido mantener el anterior AAR una vez que en mi vida personal llegasen una serie de circunstancias, por lo que me decidí a pulsar el botón de pausa y mantenerlo en "stand by", para ofreceros un proyecto más light y menos pretencioso en el aspecto narrativo, para no abandonar ésta maravillosa casa que és Caballeros de Europa y poder seguir entre vosotros aún, de manera menos activa que antes pero manteniendo cierta calidad que siempre he considerado fundamental.
Sin más, espero que disfruten de la historia y descubran a un personaje con el que vivirán una –espero- interesante aventura, cuyos primeros pasos justo acaban de empezar.
Permítanme, por último, que guarde por el momento algunos ases en la manga (como la identidad de la nación con la que jugaré) y les presente, a modo de gran prólogo de esta historia, las tres bases necesarias para cualquier argumento o historia que se precie: protagonista, un porqué y un lugar.
FCan.
Especificaciones de la partida:
Cualquier día – Pero no a cualquier hora...
“Cortaría los penes de todas las niñitas de papá en España”. Estoy convencido de que a mi profesor de Psicología en el Instituto le hubiese encantado esta portada.
No habrían opinado lo mismo respecto a las fotografías y el titular que acompañan la entrevista mi familia, con ese rictus tan de "tipo duro" y esos ademanes más propensos de un desequilibrado que de una persona respetable. Pero, sin duda, toda mi familia estaría muy orgullosa de que el desaparecido hijo de Gloria, por fín, disfrutara de sus 15 minutos de gloria sin que se tratase de compartir al hijo de Cronos con ella mísma, aunque fuera para parecer un imbécil y para hablar de algo tan extravagante e insípido como era para ellos el devenir del Estado Español, por eso siempre los odié.
A mí, ciertamente, no me disgustan las fotografías. Es más, me parecen hasta acertadas y considero que salgo realmente bien. Siempre he odiado esos ademanes diplomáticos o de museo de cera que adoptan algunos ante las cámaras. Me gusta ser natural y salir tal cual, sin tener un palo metido en el culo, ahí, apretando el orgullo y disimulando el fastidio que supone hablar de uno con una sonrisa de medio pelo.
Mi padre siempre valoró mi decisión de convertirme en un respetable y riguroso profesor como una pérdida de tiempo – respecto a mi ambicioso objetivo tenía, a la postre, toda la razón-; Para mi madre, simplemente, se constató con ello la confirmación de mi inevitable estupidez humana, además de una prueba, insustancial por desgracia para mí y para ella, de que por mis venas no corrían ínfulas empresariales – a tomar por culo con su maldito bar de platos combinados, ¡El Mesón!- y sí cierto parecido con los ademanes de mequetrefe del vecino de arriba, pijo ególatra de profesión, que sonreía plácidamente a mi madre cada mañana, al guiño de un ojo y sonrisa eróticamente profiláctica.
Y tiene gracia la cosa, pues fue precisamente mi padre quién me metió en vena esto de "la Historia de la Humanidad". Probablemente sin pretenderlo y resultando el único punto a favor del nefasto papel de padre que se trabajó en vida.
Para qué negarlo, nuestra relación y comunicación nunca fue fluida, más bien fue física en ciertos momentos. Nunca conectamos ni hablamos de padre a hijo, así que los momentos que vivimos juntos los superamos con ausencias y silencios compartidos a la par de muchas miradas complices que destelleaban odio mutuo. Era lo más cómodo para ambos.
Por ese motivo, un día cualquiera, mi padre, para solventar una aburrida y soleada tarde de sábado, decidió variar el escenario de semejante panorama familiar llevándome a un cine medio en ruinas, a ver la que iba a ser mi primera película en la gran pantalla.
Gracias a aquella decisión, todo cambió en mi vida y, a la larga, nuestra relación. Razón por la cual, de alguna manera, le sigo debiendo el pago de una incalculable deuda.
Otra cosa es que pretendiera pagársela.
Todavía hoy tengo muy presente lo vivido aquella tarde.
La primera vez que divisé entre la caravana de supporters la vetusta torre del viejo Teatro Dengra, sentí una comezón del estómago terrible, como cuando uno entra acojonado y encorvado en un edificio majestuoso y monumental, repleto de gente y que tiene el techo a la altura del cielo.
Caminábamos despacio, a ritmo de paso religioso, entre mordisco y mordisco de mi bocadillo de Nocilla que supondría, por los malditos nervios, lo único comestible que iba a zampar en las siguientes 10 horas.
Era una procesión silenciosa y de firmes creyentes, de feligreses disfrazados con esmóquin y sombreros de color negro y blanco, movidos por un mismo sentimiento y buscando cobijo y liberación entre las paredes de aquel templo de piedra y cemento.
Huían de una realidad aburrida y gris como el adoquín del pueblo, hacia un lugar de libertad y felicidad absoluta.
Quizá algún día les explique con detalle el cúmulo de sentimientos que viví aquella tarde gloriosa – de hecho, solo recuerdo una sensación igual con Soraya, la infantil y dicharachera que me rompió el corazón y la bragueta de un solo pero certero golpe a mis 16 años - pero como no pretendo aburrirles y siempre se me dio mal hablar de músculos que no sean los que sirven para patear traseros, les diré simplemente que aquella tarde nació en mi la obsesión por el cine y la pasión por la Historia, cambiando 360º mi orden de valores –si alguna vez los tuve- y germinando en mi interior una ilusión. Una ilusión a prueba de mis propias limitaciones y las burlas de mi padre.
Sí, lo adivinaron. Leí algo parecido en un libro de autoayuda. Van bien para dormir o para amarse a uno mismo. Pero, en el segundo supuesto, no olviden nunca el papel higiénico.
Aquella tarde, el público no aplaudío al letrero de "The End". Como era habitual en el Boring Boring Dengra de aquellos tiempos, en los que una sobreexposición a las críticas de cine en el diario comarcal habián acabado por hacerles inmunes a cualquier delicia hollywoodiense.
Pero aquella situación me dió igual. Disfruté como nunca, sufrí como nunca y me enamoré como nunca de lo único verdaderamente importante que tuve en mi vida. El resto, nunca llegó a ser importante.
Me fui de casa a los 14 años, a probar fortuna con dos petates colgados del hombro y un corazón lleno de ilusión, rompiéndole de paso el suyo a mi madre que nunca lo entendió y dándole la razón a mi padre, que ya me consideraba hacía tiempo una causa perdida.
Mucho tiempo habría de pasar para poder volver a casa con todas las de la ley a finiquitar deudas pendientes del pasado, incluso con sus intereses devengados. No por arrepentimiento o búsqueda de un perdón que no quiero, sino simplemente para pavonearme por aquel maldito barrio como el gran triunfador que tengo dentro.
Quizá por eso, merezca más que nunca el apelativo de bastardo.
Pero qué coño, peor sería ser pederasta, o político, o ambas cosas.
¡Me cago en ****! – Mis despertares nunca fueron buenos hasta la ingesta del café matutino, pero despertarse de un sueño así, cuando llega lo emocionante cabrea a cualquiera incluso haciendole blasfemar. Uno no puede ni confiar en su propio subconsciente. Especialmente cuando sé de sobra que me van más las mulatas.
Será la tensión, los nervios por lo que se avecina.
Lo siento por tí nena; soy el puto amo bailando el Tango.
Ante el espejo – Hoy es mi primer día. Hoy por fin llegó mi oportunidad y no estoy en situación de desperdiciarla. Quizá sea el último tren hacia cierta estabilidad o la anodina vuelta al barracón.
Me miro en el espejo y me veo pletórico, repleto de carisma, con un traje de 500 pavos impoluto y con ganas de comerme el mundo. Eres bueno... ¡sí señor!, ¡eres bueno!.
Para ello nada mejor que empezar levantándose con un buen cabreo, una sobresaliente erección matutina y la lata del café vacía.
¡Espléndido!. Me encanta comenzar mi nueva vida con ganas de llenarle la cabeza de plomo a cualquiera.
Dragon:
Me agrada saber que la primera respuesta a "Utopian Odyssey" sea de carácter positivo. Aún más agradable es conocer que te guste leer en formato "primera persona" pues, la parte narrativa de mi obra se desarrollará sobre esa estructura, Dragon.
Puede parecer confuso y extenso el prólogo de autor, se ha de tener en cuenta que es una re-publicación de los primeros capítulos. Hago mención a la página de orígen aun sin tener constancia la mísma, de este relato.
Todo ello debido a contraproducentes situaciones que se vivieron alrededor de mis obras en comunidades asociadas al foro expuesto anteriormente.
Espero que disfrutes de las distintas partes de esta paranoia (si se le puede llamar así) que generaré en esta odisea pues, no todo yace en capítulos narrativos, se trata de reproducir distinto material sobre una partida en un videojuego llamado: Medieval II Total War a través de los ojos de un jugador.
A lo largo del (aún por finalizar) trayecto pretendo haceros partícipes, a todos los que lo deseeis, de la obra. Utilizaré para ello varios recursos en los cuales podais participar y por qué no, aportar vuestro granito de arena si realmente os merece la pena compartir camino juntos.
Agradezco tu respuesta e interés.
Saludos desde la Costa del Sol.
En cuestiones de juegos de los que hablas, me pierdo bastante, ya que no juego a eso y nunca he escrito ciencia ficción, aunque deduzco, que lo tuyo no vá por ahí o sí vá y me he perdido,
Dragon:
No, no van por ahí los tiros. Para muchos escribir es una materia complicada, desean perfeccionar tanto sus textos que determinadas personas pueden rayar la locura perfeccionándolos.
Pretendo que dichos eventos sirvan para discernir aún más los elementos de mi obra y se reproduzcan de manera lúdica. Haceros partícipes sin demasiado esfuerzo de la obra y de paso (para los que la sigan) amenizar la lectura.
Todo a su debido tiempo, por ahora, nos espera el desenlace del prólogo el cuál se extiende durante tres capítulos, uno de ellos dividido en dos partes.
Me gustaría animar a todos los que tengais intención de compartir mi experiencia en "forodeliteratura.com" a recabar un poco de información sobre "Medieval II Total War" para ello, os ofreceré un enlace al análisis del juego en la página "Meristation": Análisis Medieval II Total War.
No es demasiado bueno el artículo, de hecho acabo de caer en la cuenta de que en la red no hay un gran artículo para este juego, aun recibiendo valoraciones muy altas (habrá que poner solución...), pero os servirá de apoyo para entender diversas partes de la obra (si visualizais el juego en youtube...
amparo bonilla:
Visualizar desde el palco es lo que tiene.
Hace unos cuántos días de lluvia atrás...
" La vida tiene esas cosas. ". Cuando más crees tener la sartén por el mango, ésta se encarga de darte el sartenazo en toda la cara, para quitarte la tontería y devolverte a la cruda realidad, sin anestesia que valga, a pelo y sin lubricante.
La muerte de mi padre no me pilló de sorpresa, pues todos morimos o moriremos algún día, pero nunca imaginé que alguien pudiera "matar" mi carrera por algo tan insustancial y aburrido como una puta maceta de geranios.
Hacinado en la cabina del avión que me llevó de mi retiro astur de camino a Madrid, intenté calcular las probabilidades necesarias que debían darse para que, de una entre un millón de posibilidades, le cayese a mi superior una maceta en la cabeza, partiéndosela en dos y adelantándole, por el mismo precio, las primeras flores de su estancia en el hospital.
Una entre un millón. Esa era la probabilidad de que, andando tan tranquilo por la ruta hacia la taberna del cuartel, te caiga una maceta en la cabeza y te lleve directo a la ratonera de doctores. Un dato estadístico que no paró de repetir por teléfono la estupenda de mi hermana (es contable) entre carcajadas y con notoria sensación de incredulidad, generándome un considerable dolor de cabeza.
Si te paras a pensar, a un militar no se le ocurre una forma de ir al quirófano tan cutre como aquella. Que a una mujer lerda y paleta, con dos copas de más, se le caiga una maceta por la ventana de mi habitación, es una causa-efecto de gran probabilidad. Que se le caiga haciendo un curioso ladeo a la izquierda por el efecto del viento en las hojas del geranio, menos probable, pero pase. Incluso la casualidad de que mi superior hubiera partido antes de hora del cuartel, cuando en él era habitual quedarse más tiempo para hacer sus labores, era algo dentro de lo posible. Poco probable, pero posible.
Lo que realmente me tenía acojonado era comprobar cómo se habían juntado todas esas cartas poco probables para lograr una mano tan definitiva. Y en eso, la vida era un crupier de puta madre.
Era jodido reconocer cómo se las gastaba el destino o la casualidad.
Y con qué sentido del humor, pues mi respetado Teniente Primero, burdelero de profesión, era alérgico a las flores.
"Bienvenido al Tribunal de Justicia nº12." Volver a la capital después de tanto tiempo alejado y en semejantes circunstancias, no puede provocar más que fastidio. Dicen que siempre es lo mismo: "Cómo estás, cuánto tiempo, te veo jodido, menuda juerga..., la has liado parda", "no te preocupes, eres una gran persona" ... y demás chorradas varias que suelen decirse y escucharse en los juicuios de ésta índole. Una excusa perfecta para hacer el paripé y ponerte hasta el culo y gratis en la consabida congregación tabernera de feligreses posterior. Lo cierto es que no conocía ni a la mitad de gente presente en aquel lugar y hasta me sorprendió tener semejante poder de convocatoria, aunque no pudiera vanagloriarme de ello.
Mi sorpresa, no obstante, fue encontrarle a él en este lugar y en este preciso momento.
Hacía por lo menos siete años que no sabía nada de él y encontrármelo de repente mirándome taciturno y con la sonrisa dibujada en el rostro, revolvió en mí cosas de un pasado cercano.
Carlos Gil era un granadino de esos que se ponen a cantar en los bares con cuatro acordes de guitarra española o se emocionan y se ponen a llorar al ver una fotografía de la Alhambra. Probablemente fuera el tipo más lleno de contrastes que haya conocido nunca; terco como una mula y aficionado empedernido a los crucigramas, se declaraba así mismo amante fiel de la música flamenca y la Historia Militar de nuestro país; "el único trío sostenible", como solía llamarlo él.
"Que coño haces aquí?" – dije, directo y al grano.
"Venía hablar con el juez para comentarle lo hijo puta que es su acusado, pero....me temo que llegué demasiado pronto."
"Como todos."
"Como siempre."
Nos quedamos en silencio mirando el gentío que se arremolinaba entorno a la puerta donde se produciría en breves instantes mi juicio, rodeado de enormes y coloridas banderas de diversos regimientos.
Echaba de menos aquella agradable sensación: la capacidad de estar hablando por espacio de horas y de repente quedar callados, compartiendo una ausencia o un silencio, manteniendo un profundo respeto de nuestros pensamientos. Un poco como un matrimonio, pero sin sexo ni aspavientos.
"Imagino que acabarás en la puñetera calle, ¿no? Aún echo de menos reírme de tus fracasos personales"
"Depende de toda esta jet set, supongo" – dije señalando al gentío que comenzaba a desfilar dentro de la sala.
"Tengo una propuesta que hacerte" - me interrumpió Gil, mirándome fijamente.
"Ya te he dicho mil veces que a mi hermana no le interesas. Le van menos maduritos"
"Eso prefiero que me lo diga ella. Pero esto te interesa a ti, Enrique. Me han ofrecido la posibilidad de hacerme cargo de un departamento en la universidad y les he dicho que si, pero con la condición de que te guárdasen un puesto. Sé que has hecho tus pinitos en conferencias militares y que ahora, lo más probable, es que no tengas nada. Ellos están en un momento jodido y van algo desesperados. Se les han acabado las opciones. Hasta los más emblemáticos miembros de la facultad les dijeron que no."
Me giré de golpe y busqué en su cara un rastro de sinceridad para dar rienda suelta a mi credibilidad. Pero sólo encontré esa sonrisa maldita que tantos problemas me trajo en el pasado.
"Carlos. Más respeto, que estoy con la soga al cuello. No estoy para bromitas pesadas."
"Tu uniforme si es una broma pesada. Peor incluso que el de tu Primero..." – soltó a regañadientes.
Maldito bastardo. Ya no se respeta ni a los pocos hombres de honor que quedan.
Dragon:
Créeme, "la vida es un crupier de puta madre".
amparo bonilla:
En realidad se exhibe como una mujer lerda y paleta con dos copas de más es el primer elemento del resultado final.
Claro que, previamente, hemos de pensar... ¿por qué diantres hay una mujer lerda, paleta y embriaga en laterraza de la habitación de Enrique?; quizás castigo de pecadores, podríamos llamarla.
Hará un puñado de años... Primeras sonrisas maléficas.
"Dejavú Olímpico." ”Por tu padre. Sal pitando de aquí.”
La cara desencajada de Carlos Gil fue lo primero que me encontré al entrar en aquella maldita Taberna.
Para celebrar mi entrada oficial como militar y abandonar mi insustancial vida civil, acababa de entrar al recinto con intenciones de coger una turca considerable.
Afuera, en la calle, todo permanecía tranquilo y oscuro bajo la tenue luz que desprendían los antiquísimos faroles al frente del local, pero sólo abrir la puerta, la algarabía era caótica y te repiqueteaba los tímpanos.
Apenas me dio tiempo a enterarme de nada, pues lo primero que vi fue la cara desencajada y enrojecida de aquel maldito granadino chillándome a la cara y agarrándome con fuerza del brazo.
Detrás de él, advertí el vuelo de dos sillas por el aire y un gran número de fornidos hombretones corriendo a su espalda, con un gran tumulto moviéndose en desorden en el centro del salón principal.
”Aquí se van a repartir ostias. Nos van a cambiar la cara. Ya puedes correr como el viento, joder!!”
Y corrí. Corrí como nunca hice en un campo de entrenamiento, logrando reventar incluso un jodido récord olímpico.
Salimos del local a grito pelado y saltando de golpe los dos escasos pero anchos escalones de la puerta.
El tipo no paraba de gritarme: "¡Corre gilipollas, corre!; y el subidón de adrenalina me aceleró el corazón, que parecía salirme a borbotones por la garganta.
Llegamos al final del callejón, exhaustos, con la lengua fuera y los pulmones ardiéndome en el pecho.
Con un jadeo y dificultad considerable, me giré en busca de nuestros perseguidores, con la esperanza de haberlos perdidos de vista a ellos y hasta a mi sombra, pero solo divisé una gran oscuridad y silencio tras nosotros.
”Gil, Carlos Gil. Encantado tío. Por los pelos” - me dijo extendiéndome la mano.
”Enrique Martínez” – me presenté sin poder tragar las vocales.
”Dime colega ” - añadí, ”¿qué ha pasado ahí dentro?”
”Nada hombre. Simplemente me aposté unas jarras de birra con unos amigos a que era capaz de hacer correr los cien metros lisos al primer primo que entrara en la taberna y...”
Se me cortó la respiración de golpe y noté como una sensación extraña apretaba ahí, a la altura de los cojones.
”¡Pero qué coño!”
El maldito granadino me miraba sonriente, con una sonrisa dibujada en la cara por el mismísimo diablo y un notable orgullo de ganador.
"¿Unas cervezas?. Las has pagado tú, colega” - Se levantó el muy cabrón riéndose a sonoras carcajadas y viendo de nuevo por el callejón a paso cansino a la vez que, con evidente desafino, graznaba en voz alta y a pleno pulmón una asquerosa canción:
(...)