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Desahogo

Pilar CuetoPilar Cueto Pedro Abad s.XII
editado julio 2012 en Romántica
"Desde que lo vi supe que no podría escapar de él. Tal vez fueron sus ojos los que entraron sin piedad dentro de mi alma, o la virilidad que exhibía con tanta naturalidad lo que me hizo flaquear ante su presencia. Una cosa estaba clara: mi corazón reaccionaba estando cerca o lejos de él; bastaba recordarlo para sentir una sinfonía dentro de mi ser alborotando mi sangre y mi deseo, que asomaba a mi piel sensibilizando mi cuerpo y perturbando mi razón.
Me asustó lo que provocó en mí, ya había olvidado lo que era fantasear con caricias que hacía tiempo no tenía y creía que no necesitaba. Qué equivocada estaba; pienso que no hay mujer en este mundo que no quiera sentirse amada en todo el sentido de la palabra, saberse deseada y volar bajo las alas de la pasión hacia ese instante de gloria, cuando nuestro cuerpo es moldeado y acariciado por un hombre.
No puedo olvidarlo, en noches como ésta donde la soledad es mi única compañera su recuerdo está más vivo que nunca, quemando mi alma y entristeciendo aún más mi corazón. ¡Lo necesito! y no me avergüenzo de este amor, ni de los momentos prohibidos que pasé a su lado sintiéndome completamente una mujer.
Lo conocí en la playa cuando por insistencia de mi esposo fui a descansar a la casa que tenemos en un balneario del sur. Mi madre había muerto, y el haber estado junto a ella durante meses me había dejado exhausta y sin ganas de seguir en pie.
A Mauricio no le gustaba verme ojerosa tratando de esconder mi pena por los rincones de la casa. Él creía que un cambio de ambiente me ayudaría a salir de la depresión en la que me encontraba, pero… ¿Cómo iba a superar el dolor cuando sentía que me hacían a un lado? Yo quería que Mauricio me estrechara entre sus brazos y me dijera que me amaba, pero lo único que escuché fueron palabras frías con la intención de darme ánimo. Así es la vida, dijo, golpeándome suavemente en el hombro, hay que seguir hacia adelante.
Al principio me resistí a dejar la casa creyendo que en mi ausencia todo se vendría abajo, que Carlín y Antonio no podrían estar sin mí; no quise darme cuenta que mis hijos ya tenían su mundo entre sus amigos y la universidad, y que yo había pasado a un segundo plano. Pero hoy, que reparo en el silencio que me rodea, me doy cuenta que no tengo nada, y que el haber dedicado mi vida al cuidado de mi hogar sólo me dio como recompensa convertirme en un objeto más de esta casa, a quién todos ignoran.
Es sábado y Mauricio no está conmigo, dice que tiene una cena de negocios. Alguna vez creí en sus palabras, pero ahora me doy cuenta de que hace tiempo vivimos entre medias verdades que ninguno de los dos se atreve a enfrentar ¿Por qué?, sólo puedo hablar por mí. El miedo a comenzar una nueva vida me tiene atrapada en este juego sin amor, donde cada día voy deshojando mi alegría"
Si les gusta puedo continuar con Desahogo que es una pequeña historia de amor. Me encuentran en mi blog
http://cuentosdeamordepilar.blogspot.com/

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