Soy del tipo de persona que le encanta escribir pero que considera que lo que escribe nunca es bueno, así que, publico este relato para que una opinión neutral discierna sobre cuál es la realidad. Por ello, no os cortéis ni un pelo en opinar sobre qué os parece este relato
Déjame que te cuente
Hola, ¿qué tal? No, no hace falta que contestes, es un saludo, no una pregunta.
Me presento, me llamo...bueno, no, no importa mi nombre, nunca más me verás y mañana lo habrías olvidado o me verás y no me recordarás, en fin, que siempre será como una primera vez, no merece la pena perder tiempo en presentaciones. Además, mi nombre es muy raro, mis padres creyeron que poniéndome un nombre raro sería inolvidable...se olvidaron de la posibilidad que al ser tan raro, nadie acertaría en cómo pronunciarlo o escribirlo. Así que, prefiero omitir ese detalle.
Bueno, te puedes preguntar por qué me he acercado a ti, si no nos conocemos de nada y nunca antes nos habíamos visto... o sí, pero seguro que tú no lo recordarías. Yo vengo muy a menudo a este sitio, me encanta, es un lugar en el que me puedo relajar, y yo te he visto varias veces en estos últimos días, mirando al horizonte y sin moverte un palmo. Debo admitir que cada día que te he visto he pensado en posibles interpretaciones de porqué estás aquí. Por ejemplo, estás esperando algo, un barco, un avión, una persona con un caminar lento, ¡algo! Simplemente. También he pensado que quizás sea que te han roto el corazón y mirando al horizonte piensas en cómo acabar con tu vida. Podría ser que te gusta pintar o que trabajas en la industria del cine y piensas plasmar este paisaje. Quizás, te hayas perdido, das vueltas y vueltas llegando una y otra vez a este lugar, dándote cuenta de que has estado caminando en círculos.
Ya veo que puedes estar preguntándote porqué no me he planteado que tú estás aquí por la misma razón que yo, es decir, que simplemente te gusta el lugar...eso sería problemático, es decir, yo soy yo, tú eres tú, si tú estás aquí por la misma razón que yo, entonces ¿tú puedes ser yo? ¡Pero no puede haber dos yo, sólo un yo y ese yo debe ser yo, no puede ser otro! Oh, no te burles, si yo te contara lo que he visto...
Bueno, hay tiempo y puesto que te olvidarás de esto, te lo contaré...
Resulta que hace un tiempo, lo que parecía un día normal, no sé, recuerdo que era normal porque me desperté, me duché, desayuné, me lavé los dientes, una, dos, tres veces y me los miré a conciencia por si había algo entre ellos. Sí, los dientes son muy importantes, si no tienes un espejo a mano nunca sabes como están y entonces, creerán que pueden estar como quieran, mira, mira, ¿están brillantes, verdad? Son como mi joya de la corona. Oh, estoy divagando, disculpa. Bueno, que luego de haber terminado con mi inspección, salí de casa para dirigirme al trabajo, y todo seguía pareciendo normal. Un día cualquiera de una vida cualquiera, ¿no?
Pues mira, resulta que llegué al edificio donde trabajaba y me dirigí a coger el ascensor, y entonces, me fijé en una persona que iba delante, muy cerca, misma estatura, misma complexión física, mismo pelo, misma forma de caminar, llevaba un maletín en la mano derecha ¡igual que yo!, y un periódico en la mano izquierda ¡igual que yo! Te lo aseguro, lo que estaba mirando en ese momento era...¡mi espalda! A más fue mi sorpresa cuando en mi propio estado de shock, nos dirigíamos los dos al ascensor al mismo ritmo, ¡exactamente igual! Incluso, como era mi costumbre, pararnos un momento para mirar el reloj del vestíbulo y reanudar el camino hacia el ascensor. Veo como toca el botón de llamado del ascensor y mientras espera, tararea una canción, igual que yo siempre he hecho. Entonces oí el clink y la apertura de puertas del ascensor y me entró el pánico, porque si al entrar esa persona y darse la vuelta, lo que yo viera fuera...¿a mí? Así que corrí hasta detrás de una columna y no salí hasta haber vuelto a oír el clink del ascensor junto con sus puertas cerrarse.
Me acerqué al ascensor y me fijé en los números ascender, primera planta, segunda planta, tercera planta y...se para en la cuarta planta, ¡justo donde está mi oficina! Estuve dando vueltas por el vestíbulo, intentando analizar lo que había visto, no sabía si volverme a casa y volver a dormir para despertarme de verdad o subir a la oficina. No tenía mucho tiempo para decidir, mi jefe era muy quisquilloso con la hora, le encantaba llamar la atención por ello. Recuerdo el caso de mi vecino de cubículo, tenía el reloj cinco minutos retrasados, así que, siempre llegaba para lo que él eran las en punto, pero que en realidad eran las y cinco, y todos los días yo tenía que ser testigo de como el jefe le echaba un rapapolvo por haber llegado tarde, aunque para mi vecino poco le importaba porque...para él había llegado justo a tiempo. En fin, estaba yo en el vestíbulo pensando en qué hacer y de repente vi claro que era ridículo haber llegado hasta ahí y ahora irme por una muy posible ilusión que vi. Así que, me armé de valor, toqué el botón del ascensor y mientras lo que me pareció una eternidad en que bajara volví a dudar y comencé con mi nuevo tarareo era... “me voy, no me voy, me voy, no me voy, me voy, no me voy” y en el momento en que las puertas del ascensor se abrieron lo que tocaba decir fue...”no me voy”, lo consideré una señal. Entré y esperé lo más tranquilamente que pude a que llegara al cuarto piso. Y cuando sentí que las puertas se abrieron, otra vez me dio pánico, bajé la mirada al suelo, mirando fijamente a mis pies y corrí lo más que pude sin ver a nadie hasta llegar a mi cubículo, no quería encontrarme con esa persona tan parecida a mí otra vez. Me senté, hundí la cabeza entre mis brazos encima de la mesa. Esperé un poco y otra vez decidí que era una tontería lo que estaba pensando, así que me levanté para saludar a mi vecino que me imaginaba ya habría llegado sus cinco minutos tarde...Le vi sentado y otra vez el temor se apoderó de mí porque nuevamente....¡era mi espalda! Y entonces sentí una voz que llegaba desde detrás, “¿Otra vez, tarde?”. Me giré por inercia y entonces, todo mi mundo cayó al suelo. Era mi jefe, pero a su vez no lo era porque...era yo. Era mi cuerpo, mi cara, mi voz, ¡todo yo! Vi como la escena ocurría como en cámara lenta, yo, quiero decir, mi jefe, se acercaba a mi vecino quien también me dio la cara y pude ver que sí, también era yo. Empezó mi jefe con su sermón de llegar tarde, alzaba bastante la voz, así que no tardó en captar la atención de las demás personas de los cubículos, cuál fue mi terror cuando en un acto, no sé si de valor o de inconsciencia o del mismo shock que tenía en ese momento, miré a los cubículos y las caras que salían de ellos...eran yo, todos, todos yo, todos con mi cara, todos con mi gestos, ¡todo! Lo peor fue cuando mi jefe o yo, ya no sé, se percató de que había llamado la atención de los demás y entonces los llamó por mi nombre, ¡a todos! para instarles a que volvieran al trabajo.
Salí corriendo lo más rápido que pude, todo era tan surrealista...pero mi terror no disminuyó sino que aumentó al ver a todos lados en esa alocada carrera que emprendí y ver que todos eran yo. Yo desayunando, yo corriendo, yo hablando con otra persona, yo esperando en la parada del autobús, yo que va a la Universidad, yo taxista, yo florista, yo el que me mira raro por estar corriendo como si el mismo diablo me persiguiera. No sé bien que pasó, tengo el mismo vacío que tú tendrás en breve, sólo que, como si se ataran cabos...mi carrera me llevó hasta aquí. Y cuánta fue mi alegría al ver que yo era yo, ya no habían más yo, todos eran otros menos yo. Y por eso me gusta tanto venir aquí y por eso espero que tú no seas yo...porque eso significaría que ya no puedo seguir aquí y tendría que volver a correr y correr y probablemente vuelva a ver a todos aquellos yo que dejé atrás. No, no, este es mi lugar especial, mi lugar mágico, tiene que seguir libre de otros yo, ¿verdad?. Así que, tú no seas yo, ¿vale?
-Estás aquí. Te estábamos buscando. Sabes que no puedes estar molestando a los nuevos, están en su proceso de adaptación y tu historia de que todos son tú no les va a ayudar. Ven, vamos, te toca tomarte tu medicación.
Al mirar al horizonte, verías como el reflejo de una palabra, si tuvieras un espejo como para mirarte si los dientes siguen como deben, verías que dice: Psiquiátrico.
FIN
Comentarios
Dèjame que te cuente, que tu cuento es muy loco, para estar en un siquiatrico hilvanas bien las ideas:rolleyes:
Bueno, aprovecho y publico otro relato de un género distinto al anterior (aunque, nunca he sabido definir los géneros...)
Se abre una puerta y entras. Las puertas son como líneas, fronteras, si una puerta se abre delante de ti, es una tácita llamada a cruzar esa línea. Por eso, entras. Y al entrar, un nuevo mundo conoces. Juegas, vuelves a cruzar la puerta, y ahí está de dónde vienes. Y cruzas y ahí está el adónde vas. Te gusta pensar que cruzas verdaderas fronteras. “Mi pie derecho está en pleno desierto, mi pie izquierdo está en mitad de la selva. Mi mano derecha está en el camino de los sueños, mi mano izquierda en los límites de la realidad. Camaleónicamente, mi ojo derecho mira al pasado, mi ojo izquierdo mira al futuro”. ¡Cuidado!, recuerda, no te quedes en el umbral de la puerta, donde viven criaturas que pertenecen a mundos que nos están vetados.
Una trampilla. Tiembla, recuerda aquellas enseñanzas, debajo de una trampilla hay una fosa o debajo de una trampilla están los “pinchos”, sabes que otros los han probado, te mostraron alguna vez, ese intento de contorsión fallido, te mostraron alguna vez, ese color rojizo en las puntas. Y luego, momentos más elaborados que te hacen pensar que las trampillas deberían ser conocidas como trampazas…¡Fosa con pinchos!. Tira una piedra, comprueba mis palabras. Y una vez lo hayas hecho, salta, pero ¡cuidado! Asegúrate primero que donde saltes sea suelo firme.
Escaleras. Oh, estrechas, oscuras y caracoleantes escaleras. Estiras las manos, tocas las frías paredes que la rodean. Subes disfrutando de ese suave tacto. De repente, sientes como las paredes tiemblan levemente, un ruido desde arriba empieza a tomar fuerza. El temblor aumenta, quisieras ver lo que se acerca, pero, en estas escaleras no existe “mirar a la vuelta de la esquina”, no existe mirar hacia arriba. Tu sexto sentido hace que te pegues a la pared, como si desearas traspasarla, piensas, “no sé porqué, pero luego de esto, adelgazaré”. El ruido aumenta, la pared te transmite su temor. Y entonces, un estrepitoso sonido te llega y todo queda en silencio. Te preguntas qué ha sido todo eso, despegándote de la pared sigues tu ascensión, con lentitud, con cuidado, temes que el próximo paso que des, te ensordezca de cualquier otro sonido ajeno. Entonces, ves un enorme boquete en la pared. Da directamente al exterior, te asomas, no te das cuenta de cuánto has subido hasta que ves cuán lejos está el suelo. El sonido vuelve, vuelve el miedo, vuelve tu sexto sentido, te pegas a la pared y entonces, el sonido toma forma de una enorme roca, tan enorme que roza las paredes y el techo, sale despedida por el enorme boquete de la pared y vuelve el silencio. Confirmas, “sí, luego de esto, haré dieta hasta que supere al papel en delgadez”. Recuerda, mientras más estrecho menos escape, no te confíes, hoy sólo has tenido suerte.
Subida de nivel.
Y sabes que mientras más alto, más grande será la caída. Sabes que mientras más fuerte, más envidiosos. Recuerda que cuando empezaste, nadie te tenía en cuenta, hasta consideraban que una racha de viento podría acabar contigo. Te piden que seas más fuerte, pero cuando resulta que te haces más fuerte, todos te odian, ¿por qué eres tan fuerte? Preguntan. Y tú, que quisieres responder que lo has hecho mediante sudor y lágrimas, ah y que no se olvide la sangre (que aunque alguna veces es invisible, la sientes por todo el cuerpo), no te dejan ni comenzar porque ya sacan sus propias conclusiones. Oh, ya veo, eres fuerte porque tienes un gran corazón, dicen. Y vale que tu corazón ha aguantado tener que subir las montañas más altas, corriendo y sin ningún momento de descanso , que ha tenido que superar los terribles peligros que era la noche, la noche incluso dentro de la más profunda cueva, es decir…más oscuro aún. Y vale, que incluso se para, se para durante un tiempo considerable, y luego te echan unos polvitos o unas gotas de no sé qué cosa que el tío de la esposa de un amigo mío me ha dicho que es bueno para darle cuerda al corazón y vuelve a ponerse en marcha como si nada hubiera ocurrido, pero, ¿ser fuerte sólo por un gran corazón? Recuerdas entonces, cierto corazón de vaca que una vez fue la única solución para…pero aún así, ¿dónde quedan el sudor, las lágrimas y la sangre invisible?
Y tienes que luchar, porque claro, luego viene el orgullo herido y se quiere saber si es mejor método para ser fuerte el ser malo porque vino un loco que me quemó la casa, matando a toda mi familia y por lo tanto, le haré lo mismo a todos porque por lo menos sé, que entre ellos habrá algún loco…o si es mejor método tener un gran corazón. Y la realidad es que, el método del malo es más espectacular, más fuegos artificiales, además que cuando parece que las cosas le van bien, se ríe y piensas para ti, “como mola esa risa, ojalá la mía fuera como la suya” y entonces, cuando tu método x,x,x, salto, x,x,x, agacharse, x,x,x, ¿cómo era para tirar a uno y pegarle cuando está desprotegido? y mientras estás intentando acordarte…te pasas golpeando y vences...Entonces, recordando esa grandiosa risa del rival, le perdonas la vida y él, que entre tantos golpes cree percibir tu enorme cariño, se va prometiendo que le volverás a ver.
Sigues avanzando, todo tiene una pinta de abandonado que incluso llegas a crees que aquella enorme roca que viste antes era un desprendimiento sin malicia. La sangre invisible te sale a borbotones (aunque otros digan que parezcas que no tengas ni un solo rasguño), vale, serás fuerte, tendrás un gran corazón pero, no eres invulnerable, y el método de ser malo es eficaz por lo menos, para hacerte ganar pero luego desangrarte lentamente porque vienen luego los parásitos (estos sí se dan cuenta de la sangre y de tu debilidad) que en circunstancias normales te los cargas de un plumazo, pero no cuando tienes más sangre fuera que dentro del cuerpo, y aún así sigues avanzando, porque lo que está claro es que un descanso sería mortal (nótese sarcasmo). Y de repente, cuando menos te lo esperas, te encuentras a un tipo, con un aspecto de lo más simplón. De estos que también piensas que de un solo plumazo le envías al otro mundo, y te acercas a él y ¡sorpresa! “Bienvenido a la tienda Marcelo, donde todo está a un precio que da celo” Y entonces, inevitablemente, te preguntas, “¿cómo demonios este tipo ha llegado hasta aquí con tan ENORME mercancía y no le ha pasado absolutamente nada? ¿Cómo subió por las escaleras? ¿Cómo ha eludido a todos ese monstruitos? ¿Hará mercado en un sitio tan desolado?, ¿el rival de antes habrá venido a comprar también aquí? por cierto, ¿tendré dinero suficiente para comprarme este “rare ítem”?” Y te olvidas que supuestamente, ya casi no te quedaba sangre en el cuerpo porque te das cuenta que…¡¡¡cerca del vendedor existe un aura que te protege de todo mal!!! Aún si el rival está al lado, no te atacaría, esperaría a que terminaras tus compras, los monstruitos se podrían poner a pastar al lado tuyo, como si fueran ovejitas, más mansas y majas ellas…mmm, más mansos y majos ellos. Y lo que es mejor, quizás no te recuperes, pero se te ha olvidado que estás al borde de la muerte porque, las compras hay que hacerlas con calma y tranquilidad, ¡para preocuparse ahora de que te estás muriendo! Y por supuesto, lo primero que compras es la “supermega” poción que todo lo cura conocida como “ahora ves a La Muerte y ahora no, porque se resbala con la poción y no reclamará tu vida debido a que se debe tratar sus huesos doloridos, así que, ¡te salvas!”, pero antes de usarla, debes mirar todo el inventario del vendedor, que estará en medio de la nada, pero que “cucas” las cosas que tiene.
Una vez terminadas tus compras, y ver que te ha salido un ojo de la cara y además, hasta dentro de un tiempo no vas a poder usar lo que has comprado que hasta temes que se te oxide primero…te tomas “ahora ves a La Muerte y ahora no, porque se resbala con la poción y no reclamará tu vida debido a que se debe tratar sus huesos doloridos, así que, ¡te salvas!” y cruzas la habitación y una nueva frontera y ¿qué es lo que encuentras? Al terrible enemigo final, que es muy feeeo, se nota de lejos que es malo, se ríe como un cerdo (aclaración: se ríe así porque básicamente no te gusta cómo se ríe), y que está de un engreído que no hay nadie quien lo aguante. Te va diciendo no sé qué cosas, que si el otro era un simple secuaz, que ¿cómo pensabas que ese iba a ser el líder de tal majestuosa empresa? Que si él es el mejor, que si levantara un dedo no quedaría nada de ti, y etcétera cosas a las que no le prestas atención hasta que…te llama un par de veces insecto y te cansas y sin dejar siquiera que explique su plan maestro, le atacas. Y él que ya se ve que no se esperaba tal reacción, se cae mal de su trono (una silla del montón o si es un malo rico, un trono tan “abstracto” que hace daño a la vista) y se hace mucho daño en la espalda. Entonces, te dice que no se lo esperaba de ti y se va asegurando que la próxima vez no te subestimará tanto.
Y ahí termina tu aventura, puertas, trampillas, escaleras, rocas, el rival que te gusta su risa, pero que resulta que es un simple secuaz que casi te mata desangrándote, Marcelo, que ahora guardará con celo tu dinero y el enemigo final que esperabas que fuera final (por algo se le llama así) luego de tanta aventura pero que ha huido y te hará buscarlo en otro lugar mucho más grande, mucho más mortal, y mucho más caro.
¿FIN?
PD: Me temo que este no será un final imprevisible porque básicamente es una parodia de varios tópicos. Quizás para el siguiente, me anime a sorprender
Creo que es más adecuado publicar cada relato aparte porque facilita el comentario.
Saludos cordiales.