Al norte
Este es un sitio que no admite pertenencia.
Cualquier intento de sentirla
se verá mutilado por algún grito de horror.
Se debe volar con cuidado
entre las bocanadas de monóxido
o se corre el peligro de enredarse
entre el cablerío de electricidad
que mantiene agonizante pero viva
a semejante lugar.
Los edificios no son sino manchones oscuros,
unos iguales a otros,
como la gente:
una igual a otra.
Del cielo bajan trazos de carboncillo
(o quizá del suelo suben)
que se difuminan en la mirada
y forjan horizontes tenebrosos
oscuros, oscuros, como el alma propia.
¿O es agua lo que veo caer?
Ácido que deshace los caminos;
se debe andar con cuidado entre los charcos
o se corre el peligro de deshacerse
mansamente sobre el pavimento.
Es un lugar de gigantes que esclavizan
y emanan la toxicidad que nos corroe
pero alimenta,
morir de inanición resulta una promesa sonora
que pega y pega en los gastado tímpanos,
en las orejas casi sordas de un montón de mudos.
Ya las aves vigilan la destrucción,
vigilan la pesada caída de la noche sobre las líneas de carbón
y el levantamiento de los vapores
de bosques que no dejan de arder.
Qué oscuro es todo.
Qué llenas de humo se producen las cosas.
Cuánta gente muerta.
Cuántas madres hastiadas,
y niños llorando como tontos en las esquinas
porque se han perdido, no volaron con suficiente altura.
Es un sitio que no admite que sus muertos descansen,
de panteones que parecen basureros,
en donde unos yacen encima de otros,
y se conforman, hasta muertos, se conforman.
Los gritos se quedan en los muros, apáticos,
porque el único ruido que se escucha,
es ese molesto engranaje, que como reloj
divide el tiempo de los hombres
en “tú sirves” y “tú ya no”.
Es un sitio de perros destrozados en las avenidas
y palomas caídas en los techos.
Es un sitio de melancolías falsas y mecánicas,
de emociones en diminutas pastillas listas para procesarse.
Las estaciones son iguales, todas escondidas tras los edificios.
No se atreven a asomar a las ventanas.
Siempre parece ser invierno, siempre,
y espesa los delgados hilos
que se desprenden de las antenas de televisión
al punto de no dejar pasar al sol, nunca más.
Este sitio es una mujer que llora
y hace que el delineador corra en torrente,
negro y caótico,
por las mejillas-montes
hasta su boca…
Siempre con ese horrible ruido
de alguien que se ahoga
y se niega a morir.
Comentarios
Pienso en noticias funestas, que conozco, de la ciudad que habitas y tal vez sea por tener que vivir día a día presenciando tristezas,impotente, por lo que te muestras tan pesimista.
En esta estrofa siento escalofrío:
"Este sitio es una mujer que llora
y hace que el delineador corra en torrente,
negro y caótico,
por las mejillas-montes
hasta su boca…
Siempre con ese horrible ruido
de alguien que se ahoga
y se niega a morir".
Un abrazo.
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Ese, es el "progreso"... Esa es la monstruosidad a la que hemos dejado llegar al mundo. Amo tu poema, amo tu tristeza enrabiada.... Es maravilloso amiga mía.
A donde vayas y con quien vayas, fractalmente se repetira tu imagen, y la tripa se revuelve, entre la esperanza y la lucha.
Saludos
Yo diría cansado, hastiado, no sé...
A saber, lo cierto es que las cosas han mejorado, pero no sé, supongo que en cuanto a frustración y miedo, toqué fondo estos años. Es bueno que el poema te haya estremecido n_n gracias por leer y eso...
Gracias por pasarte, si supongo que es un ir y venir entre las dos cosas =/
Pd. Por cierto, partes de este poema salieron de una portada, no sé, así concibo mi presente y futuro
Las imágenes aterran, has logrado una idea y que esa idea se vea.
Un saludo.
Tequendama