en algún lugar del mundo hay unos ojos que te esperan...
Y detrás de esos ojos, idealmente hay un cerebro, digo idealmente pues no abundan en estos aciagos tiempos...
Luego, no basta con tener algo que decir, sino que hay que saber decirlo...
Y más ojos te esperarán impacientes...y ya saben: uno que otro cerebro...
Luego, no basta con tener algo que decir, sino que también lo dicho debe ser importante y trascendente...
Lamentablemente, con estos consejos solo les comprarán sus libros esos escasos seres con cerebro... y ya saben que el cerebro no asegura tener fortuna...
Así que olviden lo que les dije...
Y como, en realidad, no tengo nada que decir, me piro.
Me gustaría que todas las críticas que se hiciesen en general, fuesen criticas constructivas y no criticas despectivas. Pienso que, si a alguien no le gustan ciertos comentarios, o no está de acuerdo con ellos, se pueden decir las cosas con educación y respeto. Si perdemos estos valores, volvemos a la selva.
Muchas gracias por vuestra atención.
Un abrazo.
Estoy de acuerdo con Carlos Alberto. En mi caso, nadie me enseñó a escribir, he tenido que leer y tratar de usar una variedad elegante de palabras a la mano. Y ahí sigo, mejorando a mi propio ritmo ¡Yo leo una novela, más no la estudio!
Creo que casi todos los consejos que habéis dado son acertados, pero a riesgo de parecer excesivamente pedante, daré el mío sobre el tema de escribir.
En primer lugar, debes tener una motivación. La mía es la misma que la de Cervantes, Neruda, Gabriel García Márquez...: Que me apasiona escribir. Y ahí acaban, por desgracia, mis semejanzas con esos autores. Ni tengo su talento, ni su calidad, ni su técnica, ni... Pero, ¿qué más da?. De joven me encantaba jugar al futbol; mis ídolos eran Pelé, Cruyff... las grandes estrellas. Nunca jugué como ellas. Ni por asomo. Pero seguí jugando. Ellos jugaban en grandes estadios, llenos de gente que los aclamaban; yo, en la calle, usando como porterías las carteras del colegio, y más adelante, en campos "reglamentarios", con todos debidamente uniformados. Mis sensaciones eran como si estuviese jugando la final de la copa del mundo. Disfrutaba enormemente.
Ahora, los años no me han perdonado, y el futbol lo veo como espectador, que es lo máximo que puedo hacer.
La edad, por suerte, no condiciona tanto la afición por la literatura, y continúo escribiendo con la misma pasión que hace veinte años. Y continúo haciendo las mismas porquerías literarias, a pesar de que "entreno", intentando mejorar mi técnica, repasando, corrigiendo, leyendo a los grandes maestros... La evidencia siempre se me presenta delante: carezco de talento.
¿Y?
No dejé de jugar a futbol, por malo que fuese.
Y no pienso dejar de escribir, por malo que sea.
Todos los consejos que han ido saliendo aquí me han parecido útiles, pero creo que el más importante, al menos para mí, es el que estoy intentando explicar: disfruta escribiendo. Y después, perfecciona, estudia, corrige. Aprende. Pero sobre todo, disfruta.
Si no es así, no creo que la vida, con lo corta que es, merezca que pierdas el tiempo delante de una hoja en blanco.
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en algún lugar del mundo hay unos ojos que te esperan...
Y detrás de esos ojos, idealmente hay un cerebro, digo idealmente pues no abundan en estos aciagos tiempos...
Luego, no basta con tener algo que decir, sino que hay que saber decirlo...
Y más ojos te esperarán impacientes...y ya saben: uno que otro cerebro...
Luego, no basta con tener algo que decir, sino que también lo dicho debe ser importante y trascendente...
Lamentablemente, con estos consejos solo les comprarán sus libros esos escasos seres con cerebro... y ya saben que el cerebro no asegura tener fortuna...
Así que olviden lo que les dije...
Y como, en realidad, no tengo nada que decir, me piro.
Muchas gracias por vuestra atención.
Un abrazo.
En primer lugar, debes tener una motivación. La mía es la misma que la de Cervantes, Neruda, Gabriel García Márquez...: Que me apasiona escribir. Y ahí acaban, por desgracia, mis semejanzas con esos autores. Ni tengo su talento, ni su calidad, ni su técnica, ni... Pero, ¿qué más da?. De joven me encantaba jugar al futbol; mis ídolos eran Pelé, Cruyff... las grandes estrellas. Nunca jugué como ellas. Ni por asomo. Pero seguí jugando. Ellos jugaban en grandes estadios, llenos de gente que los aclamaban; yo, en la calle, usando como porterías las carteras del colegio, y más adelante, en campos "reglamentarios", con todos debidamente uniformados. Mis sensaciones eran como si estuviese jugando la final de la copa del mundo. Disfrutaba enormemente.
Ahora, los años no me han perdonado, y el futbol lo veo como espectador, que es lo máximo que puedo hacer.
La edad, por suerte, no condiciona tanto la afición por la literatura, y continúo escribiendo con la misma pasión que hace veinte años. Y continúo haciendo las mismas porquerías literarias, a pesar de que "entreno", intentando mejorar mi técnica, repasando, corrigiendo, leyendo a los grandes maestros... La evidencia siempre se me presenta delante: carezco de talento.
¿Y?
No dejé de jugar a futbol, por malo que fuese.
Y no pienso dejar de escribir, por malo que sea.
Todos los consejos que han ido saliendo aquí me han parecido útiles, pero creo que el más importante, al menos para mí, es el que estoy intentando explicar: disfruta escribiendo. Y después, perfecciona, estudia, corrige. Aprende. Pero sobre todo, disfruta.
Si no es así, no creo que la vida, con lo corta que es, merezca que pierdas el tiempo delante de una hoja en blanco.