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Amanecer

LitteraLittera Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado agosto 2014 en Poesía General
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I
Recelan de las sombras las morenas legiones
que de los firmamentos robaron los azules,
volviendo cañamazos otrora cientos tules,
el fin irremediable de sus actos felones.
Ya tuercen el semblante, ya inquietan las facciones,
y protección o amparo ruegan a los paúles
que, entre los avellanos y entre los abedules,
niéganse a sus demandas mentando sus traiciones.
En tropel bullicioso el horizonte enfilan
al son de los clarines que ordenan el repliegue,
y como vil jauría a la cual arredilan
rivales superiores, antes de que se anegue
la tierra de claror blasfemias mil distilan
mientras corren y huyen sin paz que las sosiegue.
Se mira, pues, aquélla libre y emancipada
de la dañina soga que sus lindas bellezas
y refulgentes gemas transfigurase en nada,
y a un tiempo se desprende de cuitas y tristezas
el inmenso Neptuno, mercurio de los cielos
y engendrador silente de acuáticas noblezas.
Arroaces los nados y gaviotas los vuelos,
unos por los cristales y otras por las corrientes,
truncan con prontitud, y despiden los hielos
nervaduras de fuego como rojas serpientes
ante el advenimiento solemne e indudable
del monarca ceñido de rayos oferentes
de vida, de fortuna y de amor honorable.
II
Ínfimos son los ruidos que desmienten
del cosmos la quietud algodonosa,
y ya ni se perciben ni se sienten
en instante de paz tan deliciosa
abisales heraldos que cruenten
con centella malévola y furiosa
el uniforme pulso de los cielos
surcados de elegantes falcinelos.
Cobran los mil y un piélagos de estratos
pintas bermejas y visajes rojos,
luciendo por adarmes más boatos
que el abanico de esplendentes ojos
del ave recipiente de los tratos
de aquella ante quien póstranse de hinojos
los omniscientes e inmortales dioses,
redimidos de asfixias y de acoses.
Mas sin embargo no se relacionan
de mi pecho los rábidos latidos
con aqueste sosiego que perdonan
los aquilones fieros y buidos,
que de Vulcano anhelan y ambicionan
las fraguas en que asaz enfebrecidos
los gigantes laboran sin descanso
más que el semblante lo sostengan manso;
sea porque en la escarpa descubierta
desde la que despeño mis suspiros
no una mano fecundan fría y yerta,
esclava del dolor y de sus giros,
mas una que de médanos desierta
y colmada de fúlgidos zafiros
con la tuya por rica compañía
aguarda la explosión del nuevo día.
Así, mientras navego tu cintura
y hago que de los dedos cada yema
se deleite en elipses de hermosura,
nada hay que el ánima recele o tema
ni hay en su amor resquicio o hendidura,
conque tan sólo improbidad extrema
evitará que en el dorado instante
contigo fúndase mi ser vibrante.
Lentos corren y avanzan los segundos,
su cese en lo que pueden dilatando
y no por ello acaso verecundos,
pues es difícil huellas ir sumando
como tus niñas, vueltas dos corundos,
destellen ráfagas de fuego blando
e inunden del espacio las alcobas
de la femínea gracia con que arrobas.
Pero está en nuestro bien y en nuestra suerte,
¡oh Calíope altísona y querida!,
que den en las quijadas de la muerte,
auspiciando su pérdida y su ida
del astro soberano, rubio y fuerte
la esperada y signífera salida
que valdrá de testigo a la promesa
en mis labios por grande tiempo presa.
Ya se columbra el mágico momento
en que habrá de bañarse cada gramo
del infinito y casto firmamento
en luz que bermellón corriente llamo;
ya se gesta el glorioso nacimiento
del Sol con su rumbático rebramo
y, a compás, nuestro vínculo y enlace
a salvo de cualquier negror tenace.
III
Del modo en que letal y aguda espada
a quien con brío y gálibo aprehende
caballero de fuego en la mirada
la espesura cercena que defiende
a opresora calígine expulsada
del orco do la vida se suspende,
rayo de luz el aire inmóvil corta
y centelleos a la vista aporta.

Comentarios

  • LitteraLittera Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2012
    Es de oro cegador y rutilante
    el filo que dilata por el cielo,
    y tenaz y compacta cual diamante,
    robusta y corpulenta cual estelo,
    la guarnición que muestra por semblante,
    en que rugen y braman con anhelo
    gavilanes aduncos y enroscados
    a imagen de colúbridos dorados.

    Síguenle copias mil de su linaje
    que dispersan aljófares divinos
    ya en tímido y minúsculo boscaje
    o en algaba de músculos verdinos,
    no existiendo recóndito paraje
    que no calen de tintes opalinos
    e inciensen del olor que dan las flores
    para gozo y deleite de amadores.

    Si acaso exiguo, parco y deficiente
    pareciera el descrito panorama,
    es de beldad solsticio de repente,
    pues confinado en una estrenua llama
    del Sol el carro ilustre y excelente
    muestra de su abolengo y de su fama
    sabida incluso por la piedra hoscosa
    la verdad inequívoca y gloriosa.

    Relincha con fiereza el gran Flegonte,
    ascuas por los ollares despidiendo
    que irrigan de pasión el horizonte
    y van las aguas de calor vistiendo;
    en espléndido y tónico remonte
    hace Aetón un sordo y mudo estruendo
    mientras destellos brotan de sus cerdas
    y manan fogonazos de sus cuerdas;

    ejecuta corvetas y cabriolas
    Pirois con ligereza enorme y suma,
    reflejando en las niñas de las olas
    tórrida lava en vez de fría espuma;
    y cernido por rojas aureolas
    su mandíbula estoica como luma
    Éoo el esforzado y vigoroso
    bajo ademán agita aparatoso.

    Mírolos, y descubro sus fulgores
    tanto más sugestivos y atrayentes
    por cuanto perfeccionan tus primores,
    que desean e invidian los vivientes,
    elevan cada cual de tus hervores,
    aderezan tus pechos vehementes
    y acompañan tus hebras de cabello
    de un perfume prolijo, insigne y bello.

    Ansí, te tomo el nácar de la mano
    y, con marchar al trote en lo profundo
    de mi pecho febril un quinto y sano
    corcel que dícese sin miedo oriundo
    de toda brizna de tu cuerpo humano,
    mi espíritu pronuncia sitibundo
    los términos y voces destinadas
    a morir en tus curvas adamadas:

    “Ya de las más adversas condiciones
    o de los más magníficos azares
    sea herido con crueles azadones
    o premiado con ricos alhamares,
    tuyas serán por siempre mis canciones,
    como tuyos mis versos singulares.”
    Dicho lo cual, en invencible acceso
    te rodeo y te fío un noble beso.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado marzo 2012
    ¡¡Qué singular belleza la de tus versos !!
    Tus poemas no son de este mundo; son divinos.
    Y con lo divino no me atrevo. Por eso no sé que decirte.
    Enmudezco.


    Saludos.
  • KundryKundry Garcilaso de la Vega XVI
    editado marzo 2012
    Littera, porfa, no te enfades...el otro poema que te comenté me encantó, este lo dejaría en los huesos a lorquiano modo...
    muasssssssss ojalá no te pierda como amig@/compi o lo que tú quieras y creas que podamos ser...:p
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2014
    Otro amanecer... sin ti:)
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