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Sábado de Gecko

KundryKundry Garcilaso de la Vega XVI
editado febrero 2012 en Narrativa
Sábado de Gecko

Es demasiado pronto, o demasiado tarde. El teléfono suena, tengo un terrible dolor de cabeza, probablemente, el Gecko, una especie de licor a base de vodka caramelizado. La noche eterna y blanca, demasiadas luces encendidas en la casa, me estaba destrozando los ojos.

Son las diez de la mañana, normalmente llevaría horas con el trabajo a cuestas, pero es domingo y medio duermo o medio vivo. Me doy cuenta, con horror, de que se puede beber a solas, pero no hay que beber a solas. Sin duda, ya era tarde para la mala conciencia. Así que apagué todas las luces, aún encendidas, apagué el teléfono y silencié mi conciencia. Un par de horas de sueño reparador serían suficientes para devolverme el control y el pulso.

Tras esa pausa reparadora, la niña que aún me habita decidió volver a dejarse llevar por el oleaje de una noche cualquiera de tormenta. Me sirvió de amuleto un falso tattoo y unos cuantos tarros de cristal repletos de fetiches. Fue entonces cuando me encontré delante de las páginas en blanco, repletas de palabras que bailaban buscando una correcta o musical alineación.

El teléfono móvil también está sonando ahora. No respondo. Tengo que comprar otro teléfono. Las malas noticias siempre terminan por llegar antes que las familiares voces. Últimamente no hay demasiadas buenas noticias en ese teléfono reservado al grupo familiar. Además sé que no puede ser mi padre, me llamaría desde el fijo, es un hombre de claras costumbres. Bien podría ser mi hermano, aunque a esta hora lo más probable sería que estuviese disfrutando del aire libre sobre el océano. Mi madre, es mi madre, pienso rauda, la que aún me quiere cual princesita con flores en el pelo y delicadas maneras. No pienso responder. Me siento demasiado molesta. No he creído nunca en príncipes azules o princesas que se casan con azules príncipes para ser felices para siempre. Siempre se termina pagando la factura de las cucharadas de miel que decidas ingerir.

Cada vez que me enojo, pongo un CD con mis canciones preferidas de Marie Laforêt. Un amigo malgache me llevó a descubrir sus virtudes sanadoras. Después de un par de canciones me siento bastante tranquila. Me pregunto cómo voy a salir de esta. Quiero volver a mi arena y no quiero volver, pero al menos sé que permanecer aquí me llevará a un lugar hecho de asfalto por el que aún no sé andar sola. Estoy harta de recordar su alegato: “Cuando sepas cuidar de ti misma, cuando hayas decidido lo que tienes que dejar atrás y lo hayas hecho, entonces me vas a necesitar y ahí estaré”. Ya entendí que no se iba a convertir en mi salvador. El camino a la libertad hay que ganárselo a pulso. Curiosamente sólo habla cuando quiere hablar, no tenemos nada que ocultar o perder, y sin embargo sigo oyendo su voz de forma perenne en mi cabeza. No va a facilitarme las cosas, es un hecho.

Me gusta el timbre de su voz, ¡ Dios, como me gusta su voz y su sonrisa y como la extraño!. Me resulta conmovedor que él y su orgullo sean capaces de hacer concesiones a la nostalgia. Debo ser idiota, me hace la confesión del siglo y salgo con la misma cantinela de siempre. Es fácil culpabilizar a otros, obviamente.
¿ Estaría preocupado por mí? ¿ Me echaría de menos tanto como yo a él?. A veces pienso que nadie está preocupado por mí ni siquiera yo, especialmente, yo. Mi cabeza entra en un trance volcánico. Mis fantasmas gritan o bailan y me arde el rostro. Hice algo estúpido, tan simple como eso. Sólo quiero recorrer el camino que me queda por recorrer, sin lastres. Que la familia se quede en casa. Todo para la familia. Si sigo sin negarme me volatizaré y se podrá ver a través de las paredes de mi alma. Estoy asistiendo, como proactiva espectadora, qué curioso, a la construcción de un sueño. Ese sueño no va a facilitarme la entrada a un mundo que dice que no es el mío. Seguro que no quiere sentir culpa si echo de menos “cosas”.

Hoy tengo una especie de fascinación por el vacío. Es así, así que mientras más me acerco al arcén más me acerco al fin del trayecto. Todo parece tan claro. Respiro despacio y siento oleadas de valor surgiendo de las vísceras. Siento como voy erradicando apegos, necesidades superfluas que, antes, simplemente, me habían hecho sentir vergüenza o cargo de conciencia. Cosas, lo más vacío de mí y todos los demás.

Me gustaría que terminara este tránsito entre dos mundos. Me gustaría acabar de una vez el resto del trayecto. No es que haya cumplido todos los objetivos, pero ahí están los pequeños logros, ahí están. Hace demasiado frío hoy o aún no me he acostumbrado al frío de Sevilla y estoy un poco sorprendida. Las sorpresas que da la vida, me digo, eso es lo que la hace extrañamente dolorosa, o extrañamente dulce. No soy la misma chica que decidió vivir en esta ciudad hace, ya, un par de años. Me pregunto cómo voy a llenar los vacíos que tanto me martirizan. Me pregunto cómo voy a llenar su vacío. Y espero, espero que algo suceda mientras sigo avanzando, lentamente, por el camino que he decidido transitar.

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Comentarios

  • Juan HumblebyJuan Humbleby Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2012
    Hola Kundry. Por lo general no soy muy afín a los relatos que son casi exclusivamente introspectivos. Cuestión de gustos, prefiero que los mismos viajes se vean reflejados en la acción. Sin embargo como dije, me gustaron muchas cosas de este. Sobretodo desde la referencia y la puesta en práctica de esa “correcta y musical alineación” en la que cada tanto se te descuelgan frases encantadoras. A un tipo que intenta escribir le dan ganas de pesar cada una de las palabras y probar infinitas combinaciones antes de elegir las definitivas. Me ha gustado mucho. Gracias por compartirlo.
  • KundryKundry Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2012
    Gracias Juan, es gratificante, justifica tantas cosas, que te sean sinceros , directos y honestos....muasssssssssssssss
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2012
    Hola, Kundry.
    Más de una vez y más de uno, ha mantenido un monólogo similar consigo mismo. Por eso me gusta tu relato: porque alguien puede reconocerse en él.
    Y llegar a la misma difícil conclusión que tu escrito:

    "Me pregunto cómo voy a llenar los vacíos que tanto me martirizan. Me pregunto cómo voy a llenar su vacío. Y espero, espero que algo suceda mientras sigo avanzando, lentamente, por el camino que he decidido transitar".

    Saludos.
  • KundryKundry Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2012
    Pleno al quince, gracias wapisssssssssssss:p
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