Siempre me ha parecido que el mejor
regalo que Dios nos ha hecho son las palabras. Son tantas las cosas, los sentimientos y estados de ánimo que con ellas podemos transmitir que todo lo demás se oscurece ante el poder de la palabra. Sin embargo no dejo de reconocer que a veces estas mismas palabras se pueden volver vanas y dejar de tener significado. En todo caso, en manos de quien las usa está el darles el tono exacto y la cadencia adecuada para que digan exactamente lo que hemos pretendido decir.
Pero lo grave es cuando las palabras nos dan miedo y empezamos a disfrazarlas; y eso todos lo hemos hecho en algún momento. Ahora mismo me viene a la mente una reciente conversación y me doy cuenta de cómo sin intención se usan eufemismos y giros para evitar esa palabra concreta que tememos. Hay muchas: cáncer, muerte, sufrimiento, pobreza, hambre...Pero quizá una de las más temidas es Amor. Si, da miedo pronunciarla y da mucho más miedo todavía sentirla. Y lo que verdaderamente a algunas personas les da pánico es que alguien les ame por encima de todas las cosas. Es entonces cuando usamos expresiones como dependencia emocional o frases similares.
Y es entonces cuando pienso que hay que ser valiente para amar pero todavía mucho más para dejarse amar. Porque en el fondo tal vez duela pensar que puede haber alguien que nos ame tanto que no necesite subterfugios y nos lo haga saber sin rubor, y peor todavía, se atreva a demostrarlo a las claras. Eso nos confunde, especialmente cuando no estamos acostumbrados a despertar ese sentimiento. Y entonces nada mejor que intentar rebajarlo y hacer que algo tan hermoso y dulce se convierta en una especie de obsesión enfermiza.
Yo siempre defiendo a la gente valiente y que dice la verdad, aunque a veces haya que ser inteligente y no hacerlo so pena de acabar dañado. Pero el amar nunca podrá hacer inferior a nadie; antes al contrario; cuando en una
relación, sea cual sea, alguien pone más, puede considerarse afortunado, porque será quien más se lleve si esa relación se acaba, o quien al final de su vida tenga su “Haber”´más lleno.
Por eso yo le ruego a Dios que me permita en todas las relaciones que mantenga ser quien ponga más. Porque podrán quitármelo todo, pero me quedaré con el sentimiento de haber amado sin límites. Y si alguien tiene dudas, que le pregunte a una madre. Esa madre le dirá que nunca ha sido tan feliz como cuando lo ha dado todo por sus hijos. Ocurre sin embargo que lo que entendemos en la relación entre la madre y sus hijos, nos avergüenza o resulta extraña en otra relación. Yo reivindico amar sin tasa; porque al final cuando todo se acaba quien más ha amado se lleva lo mejor y puede estar
seguro de dejar un poso en el corazón que una vez latió a su lado.
Será por todas estas absurdas reflexiones que siempre me han gustado unos versos de Ernesto Cardenal que dicen así:
Al perderte yo a ti,
tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras
lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo:
porque yo podré
amar a otras
como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán
como te amaba yo.
Comentarios
Saludos, Nefertiti.
Gracias por tus comentarios. A mi entender tienes razón en parte, nos enamoramos de manera involuntaria, pero hay gente que por los motivos que sean huyen del amor. Ellos sabrán, igual hasta tienen razón y yo soy la equivocada
Me ha llamado la atención este escrito intimista y reflexivo sobre el amor o, más bien, sobre el desamor, que es el que causa verdadero temor, por ser un duelo doloroso. Ante el mismo surge el consuelo de pensar que por haber amado con el alma nos alzamos ganadores de la trajedia.
Pero eso es solo un consuelo, un refranillo para mitigar la pena...
Un abrazo.
A prueba de contrarios estoy hecho
de blanda cera y de diamante duro,
y a leyes del Amor el alma ajusto.
Entallad o imprimid lo que os dé gusto,
Que de guardarlo eternamente juro."
Miguel de Cervantes
Muchas gracias, no acierto a pensar en mejor manera de iniciar el día que con estos versos