La primera vez
La primera vez que lo hizo sin los resquemores que le asaltaban y sin el descreimiento que había mantenido durante tanto tiempo, esa noche en que finalmente había decidido experimentar con aquello que desde hacía algunos meses le venía rondando cada vez más seguido por la cabeza, no le había parecido algo muy placentero, y luego de hacerlo en las penumbras del parque Rodó, terminó en la cama con la cabeza llena de pensamientos negativos y desordenados.
A partir del día en que había oído hablar de ella, sus pensamientos, y si se quiere, sus emociones, habían pasado por varias etapas; desde aquel temor inicial, y habiendo visitado la férrea negativa primero y la total indiferencia después, había llegado finalmente a las primeras tentativas.
Estaba seguro que los primeros intentos habían sido solo un acto físico que, por otro lado, se encargó de negar con la mente; y además, tenía la certeza de que lo había realizado de forma incorrecta.
Pero los años fueron pasando hasta que, una vez, cuando casi promediaba su cuarta década de vida, tomó la decisión de hacerlo física y mentalmente por vez primera, y ello sucedió durante una noche en Punta del Diablo.
Había alquilado una cabaña con vista al océano, cosa que desde ese momento realizó casi cada verano, y la primera semana la disfrutó en soledad, más allá del incidente que tuvo con una tarántula que encontró en el marco de la ventana que pretendía abrir. Los días transcurrieron entre las arenas de la playa, el mate, el vino tinto, la música y la comida. En realidad, nada diferente de aquello que realizaba en su casa casi todos los días, con la diferencia no poco importante de que en lugar de habitar una casa ubicada en la calle más transitada de la ciudad, lo hacía en una desde donde podía ver el mar sentado en el sofá. Tal vez, por haber conocido el océano recién a los veintisiete años, sentía verdadera devoción hacia él, y si bien no se pasaba mucho tiempo metido en sus aguas, lo contemplaba durante casi todo el día.
Por la mañana se colgaba la matera al hombro, cogía los cigarros, un par de libros que nunca llegaba a leer durante más de diez minutos, una toalla, una silla, y se dirigía hacia la playa para sentar a la orilla del mar. Al mediodía, y luego de cocinarse algo, sacaba la mesa al balcón y se sentaba a comer, y el sabor del vino, la carne y los vegetales, se mezclaban con la salinidad del viento.
Por la tarde volvía a la playa en compañía del mate, el diskman y la reposera, pero siempre regresaba antes del atardecer. Aunque la tardecita junto al mar estuviera espléndida, atravesaba el inmenso médano en dirección de la cabaña que había alquilado en el complejo La vía láctea, ya que si el atardecer no le encontraba en su casa, solía ponerse de mal humor. Por la noche repetía la operación del mediodía, y sacando la mesa al balcón, se sentaba a cenar contemplando las estrellas y escuchando el rumor del mar mezclado con la música.
Pero cuando en la segunda semana llegó él, la cosa cambió y sus rutinas se vieron modificadas por su presencia. Y fue junto a Leonardo, que Lucas se atrevió a probar por primera vez.
Sentado en el piso en la posición de un indígena, y dando la espalda a los parlantes, compartía el vino con su amigo mientras escuchaban el sonido del bajo de Natural Mystic. Fue entonces cuando comenzó a sentir las vibraciones en su médula, y una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Era la primera vez que conseguía disfrutarla en un estado de completa relajación, y luego de esa vez, ya nada volvió a ser igual.
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Comentarios
He advertido un detalle que, particularmente, me resultó evidente y un tanto molesto; se trata de la reiteración del verbo haber formando, en la mayor parte de lo destacado a continuación y en negrita, el imperfecto del indicativo: había. Fíjate cómo, en los primeros párrafos, aparece y se repite:
Como sabrás entender sólo he dejado mi opinión acompañada de la sugerencia que, entiendo, podría ser útil.
Gracias, Aljamod, por dejarnos ver lo que escribes.
Saludos cordiales.
¡Hola, Ariel!
Me alegra que te haya gustado.
Con respecto a la repetición de "había", tienes toda la razón.
Lamentablemente, recién luego de que me lo marcaste, me resultó evidente; y eso que lo leí varias veces. Me llevó casi dos horas armarlo, y luego lo repasé unas cuantas veces.
Supongo que en parte, es como dicen: uno se va fijando en la evolución de la historia y se le pasan por alto detalles o errores que saltan a la vista.
Esto no pretende ser una excusa. Procuraré prestar más atención en la próxima.:)
Muchas gracias por comentar, y por marcar puntualmente los errores.
Saludos
PD: así quedó mucho mejor (eso creo).
La primera vez
La primera vez que lo hizo sin los resquemores que lo asaltaban y sin el descreimiento que había mantenido durante tanto tiempo, esa noche en que finalmente decidió experimentar, no le pareció algo muy placentero, y lo realizó en las penumbras del parque Rodó, terminando luego en la cama con la cabeza llena de pensamientos negativos y desordenados.
Desde el día en que oyó hablar de ella, sus pensamientos y sus emociones fueron pasado por varias etapas; desde el temor inicial, y habiendo visitado la férrea negativa primero y la total indiferencia después, llegó finalmente a las primeras tentativas.
Estaba seguro que los primeros intentos habían sido solo un acto físico que, por otro lado, se encargó de negar con la mente; y además, tenía la certeza de que lo realizó de forma incorrecta.
Pero los años fueron pasando hasta que, una vez, cuando casi promediaba su cuarta década de vida, tomó la decisión de hacerlo física y mentalmente por vez primera, y ello sucedió durante una noche en Punta del Diablo.
Había alquilado una cabaña con vista al océano, cosa que desde ese momento realizó casi cada verano, y la primera semana la disfrutó en soledad, más allá del incidente que tuvo con una tarántula que encontró en el marco de la ventana que pretendía abrir. Los días transcurrieron entre las arenas de la playa, el mate, el vino tinto, la música y la comida. En realidad, nada diferente de aquello que realizaba en su casa casi todos los días, con la diferencia no poco importante de que en lugar de habitar una casa ubicada en la calle más transitada de la ciudad, lo hacía en una desde donde podía ver el mar sentado en el sofá. Tal vez, por haber conocido el océano recién a los veintisiete años, sentía verdadera devoción hacia él, y si bien no se pasaba mucho tiempo metido en sus aguas, lo contemplaba durante casi todo el día.
Por la mañana se colgaba la matera al hombro, cogía los cigarros, un par de libros que nunca llegaba a leer durante más de diez minutos, una toalla, una silla, y se dirigía hacia la playa para sentar a la orilla del mar. Al mediodía, y luego de cocinarse algo, sacaba la mesa al balcón y se sentaba a comer, y el sabor del vino, la carne y los vegetales, se mezclaban con la salinidad del viento.
Por la tarde volvía a la playa en compañía del mate, el diskman y la reposera, pero siempre regresaba antes del atardecer. Aunque la tardecita junto al mar estuviera espléndida, atravesaba el inmenso médano en dirección de la cabaña que había alquilado en el complejo La vía láctea, ya que si el atardecer no le encontraba en su casa, solía ponerse de mal humor. Por la noche repetía la operación del mediodía, y sacando la mesa al balcón, se sentaba a cenar contemplando las estrellas y escuchando el rumor del mar mezclado con la música.
Pero cuando en la segunda semana llegó él, la cosa cambió y sus rutinas se vieron modificadas por su presencia. Y fue junto a Leonardo, que Lucas se atrevió a probar por primera vez.
Sentado en el piso en la posición de un indígena, y dando la espalda a los parlantes, compartía el vino con su amigo mientras escuchaban el sonido del bajo de Natural Mystic. Fue entonces cuando comenzó a sentir las vibraciones en su médula, y una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Era la primera vez que conseguía disfrutarla en un estado de completa relajación, y luego de esa vez, ya nada volvió a ser igual.
Es bellísimo el cuadro que ha pintado, pincelada a pincelada, hasta sumergir al lector en su atmósfera e inquietudes.
En cuanto a las repeticiones del "había", ocurre que, a veces abusamos de utilizar formas verbales compuestas para crear un pasado en lugar de un solo verbo en pasado que nos indique la acción. La corrección realizada tras la observación de Ariel me parece muy acertada.
Realmente se trata de un texto y de una historia muy bellas.
Saludos cordiales.
Muy bueno el relato.
Besos a todos
Dos semanas no lo serían. Dos meses, dirían un escritor reconocido, dos años exageraría otro.
Dos horas te parece mucho?
Totalmente de acuerdo contigo, Clamaga.
En el texto de Aljamod, la consecutio (secuencia de tiempos) es: acción contemporánea al imperfecto (a veces usa también el perfecto), acción anterior debe estar escrita al pluscuampecto.
Saludos cordiales.
Una interesante historia sobre la complejidad del amor.
Un abrazo.
Luego de padecer una bronquitis que me llevó a experimentar un estado febril que hacía muchísimos años no sentía, debo admitir que ese sábado me exedí al fumar más de un paquete de cigarrillos mientras escribía "La primera vez".
Más allá de la "consecutio" que utilicé, y de si la corrección que hice quedó bien o no, les doy las gracias por comentar este texto, y me alegra que les haya gustado.
También me satisface que el texto tenga más de una interpretación. Mi intención no fue hablar del amor y sus complejidades. Desde el principio quise relatar las primeras experiencias que Lucas tuvo con el Cannabis, pero cuando adevertí que podía cobrar un doble significado, le hice unas modificaciones para que así fuera. Lucas, hasta el momento, es heterosexual.:)
Saludos
Auxi:
No sé si fueron dos horas. Puede que hayan sido cuatro, o cinco. No lo recuerdo.
Tal vez un escritor reconocido diría 2 meses, o 2 años, pero el caso es que no entro en esa categoría. Vamos, ni siquiera me considero un escritor.
Muchas gracias por comentar y saludos
PD: Como aún no me repuse del todo, creo que me vuelvo a la cama.
De todas maneras, lo que más me gusta del texto es la atmósfera en la que nos zambulles (o me zambulles) a partir de su estancia en Punta del Diablo, en esa cabaña con vistas al océano, que pude visualizar como si se tratara de una película y que he releído ya varias veces.
Tu escrito me recordó a un libro que fué finalista del premio planeta en el 98, de José María Mendiluce "Pura vida", en lo que se refiere a ambientación (aunque se trata de lugares distintos).
Vuelvo a decirte que me parece un texto muy hermoso, que escribes muy bien y, aprovecho para desearte una pronta recuperación.
Saludos cordiales.
¡Hola, Claudine!
Tu interpretación del texto me deja conforme, porque intenté que tuviera más de una, y que lo hayas releído, es el mejor de los cumplidos.
Te agradezco muchísimo tus conceptos.
Y ya ves. Aquí estoy, recuperado al fin (eso creo):)
Saludos