En el volumen que he escrito: Cuentos Reino Encantado, habitan muchos personajes fantásticos. Este cuento está protagonizado por uno de ellos, sapito Leo, uno de los amigos del bosque, al que le encanta cantar.
¿Sabes aquél cuento en el que un sapo se convierte en príncipe?
No aquél en el que un príncipe se trasforma en un sapo, no, sino al revés.
"Por motivos personalísimos y literarios he tomado la decisión eliminar mis textos, agradeciendo su interés a todos mis lectores, en especial a aquellos que dejaron sus comentarios, siempre gratos: Juancho, Jeno, Sinrima, Shaianti, Ariel, Dragón, Tigre, Fabrizzio, Amparo, Necrocrymi, Nefertiti y todos los demás... Gracias por alumbrar mis textos. Mis más cordiales saludos a todos."
Claudine
Comentarios
“Ha sido por obra de esta princesilla ilusa.”
“Yo solo quería librarlo de su hechizo” se excusó Lilian.
“Pues menuda la has montado ¿No sabes que Leo lleva siglos siendo sapito? Y muy sabio, por cierto.” Dijo Gladys.
Entonces apareció ranita Lis.
“¿Donde está Leo? No le veo por ninguna parte.”
“Lo tienes delante” Gladys señaló al príncipe.
“¿Tuuuu?”
“El mismo que viste y calza estos ropajes extraños” dijo Leo colorado como un fresón.
“Pero, pero…” ranita Lis contempló sus ojos con fijeza y advirtió que sus pupilas y su iris verde ciertamente eran los del sapito.
“Ohhh Leo… no sé qué decir, estas muy, muy… ¿Gracioso? ¿Raro? ¿Divertido?”
“Oh, no me digas que tú también vas a reírte de mí.”
Bueno… para ser sinceros no solo Gladys y ranita Lis se rieron del nuevo aspecto que presentaba Leo, también lo hizo el grillo Ramiro y las pequeñas hadas. Solo Roseta se apenó al verlo pues sabía que a Leo le gustaba ser sapo y no príncipe encantado.
Al llegar la noche el pobre Leo se mostró tan melancólico que entonó canciones muy tristes. Las hojas de la charca sobre las que dormía tras los juncos no podían sostenerlo y se sintió muy desgraciado. Desde su ventana May escuchaba los lejanos lamentos del sapito y también se puso triste. Todos los habitantes del bosque se acercaron hasta el sapito convertido en príncipe para alentarlo y reconfortarlo.
Las melodías desconsoladas e infinitos lamentos del sapito llegaron hasta los oídos del Gran Hada de los bosques. Llevaban un olor dulzón a miel y margaritas. Al despuntar los primeros rayos de sol sobre el bosque el Hada se presentó ante Leo.
“¿Qué ha pasado Leo? ¿Cómo te convertiste en príncipe?” Le preguntó con sorpresa.
“Oh, fue una princesita que creía en cuentos de sapos que se convierten en príncipes.”
“Ya veo…” Dijo el Hada pensativa.
El sapito-príncipe imploraba una solución con sus ojillos negros derramándose en lágrimas.
“Ella creía en algo con todas tus fuerzas Leo y tú dudaste de tu verdadera condición. Esto propició el hechizo.”
“Pero, pero…”
“Nunca vuelvas a dudar de ti mismo, ni de quien eres. Escucha siempre a tu corazón y a tu razón.”
Y diciendo esto el Hada movió suavemente su varita y regreso a Leo a su estado original.
Profundamente agradecido al Hada y a todos los amigos que lo habían acompañado en sus horas más tristes, Leo saltó de hoja en hoja hasta su charca y luego, junto a la rana Lis, cantó canciones muy bellas para ellos.
Y, siguiendo los consejos del Hada jamás volvió a dudar de sí mismo.
Ja, ja, ja ¿Quien sabe?