Mi voz suena tímida y vacilante,
Pero quedará grabada en la bruma de las montañas.
Volví de mi viaje tras aprender a sumar lo restante.
Volví de mi viaje, volví del pasado, para olvidar el mañana.
Y los hombres ignorantes no entienden mi grito.
Mi grito iracundo, que en realidad no dice nada.
Los barcos se marchan, en un viaje al infinito,
Ofuscados en perderse en un mar de agua templada.
Llegará el día en que la lluvia expíe los pecados.
Llegará el día en que alguien me coja el teléfono.
Llegará el día en que los sueños no suenen apagados.
Llegará el día en que los días no sean monótonos.
Y las almas han visto más de lo que creen,
Han visto paisajes pintados por dioses paganos.
Las almas han visto paisajes ahogados en ocre,
Las almas han visto dolor en las almas de los humanos.
¿Cómo te sienta recordar el olor del hogar?
¿Cómo te sienta llorar en un hombro ajeno?
Todo sería más fácil si pudiéramos volar,
Pero no amigo, estamos anclados al suelo.
En tierras lejanas han muerto los relojes,
Y los segundos se escurren como lágrimas.
Es mentira eso de quien siembra recoge,
Pues siempre recoge la muerte enmudecida.
Comentarios
Me gustó esta partecita;):p:)
Un melancólico poema; quisieras volar... yo también.Mas, como dices,"estamos anclados en el suelo". Solo podemos volar con la imaginación, alimentando sueños que de antemano sabemos imposibles.
Saludos.