La pregunta es: ¿para qué pongo esto aquí? Lo podría guardar en un cajón, cerrarlo y tirar la llave; salir a la calle y ver pasar los trenes, como cada día, meter aire en los pulmones, sacarlo, comer pan. No sé para que sirve la literatura: discurso de mudos que hacen que hablan en un auditorio vacío. Escribes y crees que la vida se va a detener durante un rato, querrías echar el gran freno de mano del mundo y escuchar el crack, crack, crack de los engranajes obedeciendo, pero no. Sé que en algún remoto lugar de Asia hay una pequeña fábrica donde están haciendo las velas de mi próximo cumpleaños, las que soplarán mis hijas por mí. Una adolescente china estará metiéndolas en un embalaje. Esa adolescente quizá escriba también en una pequeña libreta roja que guarda bajo la cama. Me refiero a que qué importancia tienen nuestros actos si un simple hilo a su lado parecería un cable de acero.
Escribo, escribimos, los trenes siguen pasando más o menos a su hora, los anuncios siguen empujándonos al abismo, el pan sigue crujiendo en los estantes de los supermercados, las corrientes marinas entrecruzan sus brazos a miles de kilómetros de los continentes y yo, delante del ordenador, parezco un juez casero que pretende establecer un orden de las cosas: que los planetas menores giren en torno a los mayores; luego dejo caer mi martillo y dicto sentencia. A veces pienso en todos los papeles que duermen en cajones abandonados. Envidio su paz alcanforada. Quizá sean compañeros de un manojo de facturas de teléfono y una estilográfica que nunca se usó. Literatura durmiente que no ambiciona un lugar entre el oro. Palabras que asumen felices su condición de silencio. Entonces paras, vuelves a meter aire y después lo sacas, los músculos se calman pero sabes que muy pronto volverá la pulsión, esa rabia de los dedos que te llama.
Comentarios
Sino fue un reflexión, pido disculpas por mi intervención...esa manía que tengo de meterme en todo y dar cátedra de sabiondo...
Entiendo tus palabras. No sé si es una reflexión, quizá sí, supongo que una reflexión retórica, con trampa, porque la respuesta está clara. Al menos escribir sirve para que otros también escriban, y eso ya es bueno, ¿no?
Saludos.
¿Por qué? Toda lectura procura una mirada distinta, una forma de ver las cosas diferente, una escala de valores nueva, un punto de vista inesperado, en definitiva un hermanamiento con el pensamiento del autor. No solo aplaudo el esfuerzo que todo trabajo de autor conlleva sino también la ventaja que en términos de riqueza de nuevas ideas aportarían esas hojas escritas guardadas en el cajón. No veo el almacenamiento sin salida sino como una pérdida para todo lector. Estoy cerca del argumento de que la literatura da sentido. El sentido da consuelo. Sentido es racionalidad y consuelo es, en cambio, elemento irracional. No somos máquinas, sino seres humanos. La actividad emocional e intelectual sale del mismo sujeto. A lo mejor son dos caras de la misma moneda.
A propósito, me ha gustado esta redacción luis acebes