hoola de nuevo. No ha pasado ni una semana desde mi último relato, pero bueno aquí les traigo otro
Las almas cogían unas hojas; tan iluminadas como la luz del sol. Eran extraños seres de luz, sin forma aparente a la humana ni a la de cualquier animal. Todos yacían aglomerados uno al lado del otro, buscando un espacio para sí mismos donde pudieran caber. El ruido que hacían las almas era insoportable, pero de pronto un inmenso silencio las calmó a todas “el Ángel había descendido”. Desde lo más alto del cielo; muy parecido a un lugar místico de color índigo, sin suelo ni nada semejante; más bien podría decirse, que era el lugar de espera antes de nacer. Una hermosa figura de luz blanca, con alas emplumadas gigantescas; con brazos, piernas, pecho y otras partes humanas, a excepción del rostro que se mostraba totalmente iluminado; descendía apreciando a todas las almas con amor: ¡miren cuantas nuevas vidas! Lentamente el Ángel fue descendiendo al invisible piso, las almas abrían espacio para su cómodo aterrizaje, de forma que terminaron haciendo un inmenso círculo alrededor de él (¿o ella?). El entorno cambió drásticamente a un atardecer, con un anaranjado muy vivo, y un ocaso del sol que parecía eternamente lejos de ellos. “¿todos tienen su propia hoja?”: preguntó el Ángel. Las almas no paraban de contemplarlo con admiración, no sabían cómo responderle a aquella figura luminosa, por lo que rápidamente comenzaron a hacer mucho ruido, tanto como podían. Alzando su mano muy en alto, les regaló a todos un único idioma temporal, de esta forma podrían comunicarse con él y responder a sus preguntas. ¡Tenemos las hojas!: exclamaron las almas. Las intensas luces amarillas de las hojas desaparecieron, revelando un trozo de papel, con una figura dibujada con un trazo infinitamente oscuro. Hombres, mujeres, aves, insectos, reptiles, caballos, anfibios, arácnidos, plantas, extraños seres y muchos más; están eran las figuras, trazadas en las hojas que tenía cada una de las almas. Nuevamente hubo un inmenso silencio, nadie entendía lo que estaba dibujado en el papel, el Ángel las siguió observando con mucho amor y rompiendo el silencio habló: “Estos serán los trajes que ustedes, mis queridas, usarán en la gran fiesta de la vida. Por favor les agradecería que los regresasen limpios, no se preocupen por las manchas, aquí serán limpiadas, pero hemos tenido miles de trajes irreparables. Podrán ponerles detalles adicionales a su gusto, pero, les pido que vean sus trajes, notarán algunas cosas que hemos decidido agregarles nosotros mismos, no podrán cambiarlas.” Sin darse cuenta ninguna de las almas, apareció un curioso lápiz de madera sin punta junto con las hojas de todas las demás. El entorno volvió a cambiar, esta vez una inmensa luna llena era pintada por encima de todas y el Ángel, estaban en presencia de una noche totalmente oscura, las almas comenzaron a sentir algo de miedo, un miedo inexplicable, sin saber qué clase de sentimiento experimentaban. Nuevamente el Ángel alzó la otra mano muy en alto, las estrellas aparecieron, todas las almas se mostraron fascinadas por el campo estrellado, volvían a experimentar un sentimiento totalmente desconocido. “Les presento la paz”: dijo el Ángel. Las almas conversaban entre sí, aprendiendo rápidamente a usar el idioma que les fue obsequiado, las conversaciones eran torpes, nadie sabía de que hablaba o cual era el significado de dichas palabras, sólo hablaban. Milagrosamente, un alma le preguntó al Ángel: ¿qué hacemos con esto? - alzando el lápiz delante de todos-. Todas levantaron el lápiz apuntando hacia las estrellas, otro sentimiento volvió a surgir dentro de cada una, sin responderle a la pregunta, ya conocieron la respuesta, las estrellas se las habían dado. El Ángel reía mientras les decía: “acaban de conocer al instinto”. La punta de todos los lápices comenzaron a desprender, un color rosado. “Este es el amor, échenle un poco a su dibujo, procuren no pasarse con este color”: dijo el Ángel. Cada una de las almas comenzaron a ponerle a sus trajes el dicho color, algunas solo dibujaban pequeños puntos, otros afincaron el lápiz mientras coloreaban, y otros sencillamente no le agradaban el color. Transcurrió mucho tiempo, entonces rápidamente la punta de todos los lápices pasó a un color morado. “Este es la paz, vuelvo a repetirles, no se pasen con el color”. Tal como sucedió con el amor, las almas iban agregándole el color morado a su trozo de papel a su antojo.
Transcurrió otro indefinido tiempo y la punta de los lápices pasó a ser de color amarillo “esta es la felicidad”, “esta es la inteligencia”, “estos son los sueños”, “este es el miedo”, el Ángel les advirtió, que este color era necesario para entrar a la fiesta, y explicaba que si, no conocían el miedo, jamás encontrarían la valentía. “Este es el odio”, era un color grisáceo muy débil, el Ángel nuevamente les dijo a las almas, que tuvieran mucho cuidado en pasarle el color a sus dibujos, un poco bastaba para que supieran diferenciarlo de las cosas buenas de la vida. Sin embargo, las almas aún no entendían del todo sus palabras, por lo que muchos afincaron dicho color en sus trozos de papel. “Esta es la honestidad”, un color anaranjado y opaco emergió, a muchas almas no les pareció gustar, pero sin protestar hicieron lo mismo con los demás colores. “No se dejen llevar por los colores”: dijo el Ángel.
Era un momento totalmente divino, al menos 20 colores diferentes emergieron de los lápices de las almas, todos finalmente habían terminado de pintar sus trajes. Los lápices desaparecieron sin señal alguna. Se les había mencionado tantas cosas a las almas, pero ellas aún no conocían ninguno de estos colores.
El entorno volvió a cambiar, estaba vez un azuloso amanecer rodeaba a todas las almas y al Ángel. El sol nacía infinitamente lejano a ellas, un extraño sentimiento pasó por cada una de ellas. Abrió sus alas lo más que pudo, varias plumas cayeron al invisible piso, y en voz baja pronunció: “les presento a la nostalgia. Quédense tranquilas, vean lo que han pintado, mis queridas, ustedes han elaborado el manuscrito de sus vidas. La hora se acerca, cuando el sol terminé de nacer, ustedes ya estarán usando sus trajes”. Las almas veían sus trajes, algunas de ellas, se movían en busca de otra alma que tuviera el mismo dibujo. Y así, dos aves se encontraron, la única diferencia entre las dos, era los colores personales de cada una; lograron además notar que un ave tenía el pico más alargado que la otra, algunas no parecían tener alas, otras mostraban ausencia de las patas. Pero esto no les molestaba a ninguna alma, reían entre sí, mientras comparaban sus dibujos. Curiosamente, dos conversaban alegremente entre ellas, se abrazaban y sabían que se llevaban bien. Uno le comentó a la otra: “espero nos encontremos en la fiesta”; otras sencillamente se mostraron solitarias, indiferentes al resto. A muchos de los dibujos parecían faltarles cosas, como si el trazo oscuro no hubiera hecho bien su trabajo. En varios papeles se mostraba dibujados varios símbolos, con un significado que el Ángel en ningún momento se molesto en explicarles, parecían musicales, letras sin sentidos, un punto luminoso, un aparato capaz de volar por el cielo, entre muchos otros. El sol ya había recorrido buen camino de su nacimiento, de repente, un alma tenía dibujado en su papel, a un ser con cuatro extremidades, una cabeza, pies, manos, cabello y torso. Tenía todos los colores perfectamente usados, sin poco uso y tampoco en exceso. Pero en silencio contemplaba su traje, algo dentro de él, le decía que no estaba bien. Caminó hacía al Ángel y le mostró su dibujo: “¿este soy yo? ¿Por qué soy así? “tranquilo, tus preguntas tendrán respuestas, pero por ahora, solo disfruta del camino y cuida tu traje”: le respondió el Ángel a la inquieta alma, ésta guardó silencio y volvió a hablar torpemente: “permíteme cambiar mi dibujo, no me gusta, hay algo que no termina gustándome”. El Ángel comenzó a reírse a pasivamente y se agachó para tener a la alma frente a frente: “serás un humano, tu dibujo está en perfecto estado, pero siempre querrás más, ten cuidado hacia donde pueda conducirte tu curiosidad.”
El día había llegado, el entorno esta vez no cambió bruscamente, las hojas desaparecieron y cada alma empezó a brillar por sí misma. El Ángel se despidió de todas deseándoles un feliz comienzo (lamentablemente, no todos gozarían de ello) las almas le gritaban adiós. De repente dejaron de hablar el mismo idioma, otra vez estaban incomunicadas entre ellas. Abriendo sus alas por última vez, voló a lo más alto de aquel lugar divino desapareciendo misteriosamente. Las almas comenzaron a desaparecer una por una, algunas se abrazaron fuertemente y desaparecieron juntas, la hora de la fiesta había llegado.
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El Ángel pensó por última vez: “todos somos artistas de nuestro propio destino, antes de nacer, durante la vida, y hasta la muerte”. Del vacío emergieron muchas hojas, que inmediatamente comenzaron a brillar tan fuerte como el sol, los nuevos manuscritos estaban listos para ser vividos.